Reparto y preliminares
UN PASEO Á BEDLAM,
;L> RECONCILIACION POR LA LOCURA.
i'
! COMEDIA EN UN ACTO.
Traducida libremente del francés
• . ‘ ‘
Don Manuel breton de los herreros
Representada en Madrid por primera vez en
Julio de 1828.
Madrid
Imprenta de Repullés.
Junio de 1 8 3 í .
Actores
Alfredo de Roseval. Sr. Carlos Latorre.
¡Amelia, su muger. . |
El Barón de Saint- Pabiani.
Elme . )
Crescendo, músico José Cubas.
compositor. . . . . J
■i
4 r^w A. < . ÍL íl
T ■
El teatro representa un parque d Id in¬
glesa muy elegante^ adornado de estatuas y
árboles exóticos. En el fondo un jardín cer¬
cado coa verja practicable. A la izquierda
en el primer bastidor un. pabellón, y en el
tercero la entrada del parque. A la dere¬
cha enfrente del pabellón un sauce , y al pie
un banco de piedra.
Acto único
ESCENA PRIMERA.
El Barón, Amelia y Crescendo.
Si signora , la música italiana di-
manda voce , espression é gusto. Voi
possédete tutto questo á la perfeccione.
Temo que no os haga honor vues¬
tra discípula.
¡Oh! non temete. Dieci leguas á la
redonda non si trova una Ledy que
pueda Compararse con voi.
Cada día me admiro mas , seíior
Crescendo , de ver confinado en In¬
glaterra un talento como el vuestro.
¡Eh! ¿che volete? Le belle arti e
il talento non trovan qui tanta gloria
com’ en Francia, ma si y)aga megllo á
.i professori... E di pin , riiuomo gran¬
de, é Fhiiomo de tnttas las naciones. —
Signorina, io vi porto un aria beilissl-
ma que acabo de componer In questo
momento... (i)
¡Bárbaro amor, criidel tirano!...
j Oh ! io com posso sempre cosí , im¬
provisando é andando di quá in lá
per donare mis lecciones.
Ya entiendo ; virtuoso ambulante.
lusto. Mi desayuno en Bedlam,
como en Londre, é ceno ’ in Tudor-
Hall. II genio come in todas partes,.,
ma la vostra casa e la piu estima-
ta da me. Ancor que siate francés
voi apreciati i macarrón! : lo tro¬
vo qui molía consideración per me,
una voce divina , cocinero francés é
música italiana.
Mucho celebro que os guste tanto
mi casa. ¿Pero no continuáis la lección?
Crescendo.-
La signora mi sembla cansada. An¬
tes de comer voglio revisar la roman-
(() Canta,
za cbe la vostra bella nepóta m’a per-
mcsso dedicarla - jAh! ¿Come chia-
marla? ¿Madama ó madamicela?
Es material.
jOh! non per certo _ Vedrete; lo
faro gravare in grossi caratteri : dedi-
cata peí suo obligatisslmo humilissimo
servltore Cescendo , &c. , 8cc. Ma ia
fá un mese que lo dono lecclone á la
signora , e non so ancora si ella é ma-
riata b non.
¿Era tan necesario el saberlo para
enseñarla dúos y cabatinas?
Non 5 certamente. Escusate mi in¬
discreción.
No; no es indiscreción. Y podéis
poner sin riesgo... ,
A madamicela...
No; á madama la condesa Amella.
jAh!... Ma io in’ admiro que ancor
non abiamo vediito al signor conte.
II signor conte e assai felice: jcorpo di
Baco! — Voi vi avete meridato troppo
gibvane... Ma perdón... io ben vego che
r amor e la gioventú. (i)
L" amor e la gioventú...
Io bo fatto un rondó di questo te¬
ma. (2) Aspetate... al fin ho trovato 1’
allegro de mi aria... Ya sono due gior-
ni que li cerco. (3) - .
Crudel tirano... ah... ah...
listo. Yo corró á ser ibirlo. Bisogna
profitare de la inspiracione.
Que no os ocupe demasiado tiempo.
• ■ M.
Siete tranquila ; non decaré pasar
r hora di comer- (4)
(i) Canta.
Dándose una palmada en la fvetitet
(3) Canta.
’■ (4) Se va cantando.
ESCENA II.
j Amelia y el Barón.
! Amelia.
’ -'Vamos; también ese estra vagan te
iva á hacer ahora comentarios sobre la
conducta de mi marido. Estrañará que
el conde...
Motivos hay para estranarlo,
f ¿Por qué? No es ninguna cosa del
¡otro mundo el estar un marido ausen-
|te de su muger.
Sí; pero ¡tanto tiempo! ¡cerca de
diez meses!... No obstante, me han ase¬
gurado que te amaba con estremo.
Vos no estabais en París cuando
jme casaron con Mr. Alfredo de Bose-
ival. Asi no podéis saber... -
No ; pero sin conocerle sé que es
el mas aturdido ^ el mas amable y el
lO
mas valiente de todos los oficiales fran¬
ceses.
Un niíío en todas sus cosas. Se juz¬
gaba el mas feliz de los hombres cuan¬
do lucia su gran uniforme , ó monta¬
ba su caballo de escuadrón. Todo lo
hubiera sacrificado al , placer, de pasar
revista á su regimiento.
¿Sí ? pues me parece imposible que
no sea encantador un hombre de ese
carácter.
¿Queréis ponerme de mal humor^
í ip ?
Yo le supongo jovial, franco, íñ-
capaz de engañar , muy cariñoso .para
con su miiger... y en fin, digas lo que
quieras, alguna culpa tendrás tú...
jYo! Bien sabe Dios - Escuchad^
me, y juzgad. Nos casaron. El decía
que me adoraba: yo consentí en creeiv
lo. Todos lo dicen, y todas lo creemos.
En los ocho dias primeros , debo ha¬
cerle esta justicia, pareció mas apasio¬
nado de mí que de sus caballos, y aun
!de su uniforme. Tuvo que~ partir con
juna comisión importante. jCon qué
dolor se separó de mis brazos! A los
ocho dias debí recibir carta suya; se
pasaron quince, y al fin llega la carta
retardada por una multitud de acci¬
dentes mas ó menos estraordinarios..,
¡Mentira todo! Le contesto con mucha
frialdad. Vuelve á escribirme, pero con
un tono... Ya veis que á mí no me to¬
caba ceder... ¡Jesús! primero muerta.
Cualquiera se hubiera irritado como
yo. No respondo. Espero que se dis¬
culpe, que me pida perdón... Nada:
pasa un mes, pasan dos sin saber si es
jinuerto ó vivo. En esto venis á Fran-
¡cia. Me proponéis dejar á París, cuya
mansión me parecia ya insípida , y
|venir á habitar con vos la quinta que
¡poseéis á orillas del Támesis cerca del
jnuevo establecimiento de Bedlam. Acep-
^to gustosa vuestra proposición, y olvi¬
do al ingrato que me abandona. En
este asilo delicioso, en el seno de las
^rtes y de la amistad , nada echo de
menos. Vos solo sois el objeto de mi
carino, vos solo; y gracias á Dios, go¬
zo de una tranquilidad, de una, indi¬
ferencia inalterables.
* Barón.
El tono con que me lo dices me
lo persuade. Es cierto que en la rela-
.cion que me acabas de hacer hay cir¬
cunstancias que aun no me habias di¬
cho. — No importa; tienes razón; sí,
mucha razón. — ¿Y qué hace ahora Bo-
•seval?
He sabido que su comisión se ha
terminado, y que viaja por divertirse.
Andará de capital en capital derra¬
mando el oro, y haciendo el amor á
cuantas se le presenten.
Por pasatiempo tal vez. ¿Pero quién
mas digna que tú de su ternura? Cuan¬
do menos lo imagines le verás volver...
No lo creo. — Y seria inútil. Mi
¡resol ucíon es Irrevocable. — No veré
¡70, no restituiré mi cariño ni mi esti-
hiacioii'á un hombre que voluntaria-
¡nente ha vivido un año entero sepa¬
rado de mí.
ESCENA IIL ■
■ Los precedentes' y Tomy. -
j ■
í Barón.
' ¿Qué traes de bueno, Tomy?
Tengo que pediros un favor.
; Barón.
! ¿Qué es? Sepamos...
Pues señor, yo vengo de la taber¬
na del Almirante... -
! Barón.
Lo creo , sin que lo jures.
Tomy. •
Que es también parador. Estaba yo
’.rincando con unos amigos, y me veo
ilegar una silla de posta... seis caba¬
llos... tres postillones... clic... clac... **¡riola!
La muchaclia, los mozos, toda la casa*
Que me den de almozar.” Iban á ser¬
virle de aquel tintillo que me gusta á
mí tanto. jOh, y es escelente el que
hay en la taberna del Almirante!...
^'Quita allá. Venga Champagne, Bor-
deanx^ vino de Francia... Viva la Fran¬
cia.” — Eso sí ; él nos ha tratado como
compatriotas. — Ya veis que nada me
dejo en el tintero.
jEs hombre exacto en sus narra¬
ciones el buen Tomy !
‘^Huéspeda , ¿no podré yo visitar
la nueva casa real de Bedlam? Soy es^
trangero , y quisiera ver despacio tan
bello establecimiento...” La posadera
responde que no está abierto para to¬
do el mundo, y que sin recomenda¬
ción de uno de los propietarios de las
inmediaciones... Eh! ¿quién diablos
me ha de recomendar? Yo no conozco
á nadie.” Entonces yo me acerqué, y
le dije que con su permiso yo se lo
diría á mi amo...
Barón.'
' Adelante.
í ToMy. i . ■
Que es un rico y amable señor...
¿Le has prometido mi recomen-
ación? '
Tomy. r '
^ Sí señor. El deseo de complacerle...
Is Verdad que me ha dado una mone-
la de oro, y aun espero nueva propina,
í ' Amelia. . -
j ¡Oh! y tampoco es cosa de com-
Irometer el crédito del señor Tomy.
[ Ya veo que ha hecho muy bien en |mtar con tu protección, (i)
: Vos conocéis al director de la casa
¡3 locos; y con dos letras... (2) Vol-
"lenclo al joven estrangero, alli le he
iqado componiéndose el corbatín de¬
nte del espejo, y diciendo chicoleos á
0) Abre la puerta del pabellón y escribe.
(2) A Amelia.
i6
la criada, que es una linda muchacha,
á fé de Tomy. Pero ¡qué cabeza de
gorrión ! Pide la cuenta ; se la dan;,
paga sin examinarla^ habla; rie; can¬
ta; todo á un tiempo, f Dice que viene
á ver. las gabias de Bedlam. ¡Pardiez:
Cualquiera dina que se habia escapa¬
do de alguna de ellas.'
> ' Bajion. (j)
¿Y tu sabes quién es ese original?
Tomy. . ,
- í - .Vw* : w» i .
Uno de sus criados le nombró _
¿Cómo'dijo? — El conde... ¡Ah! 'El con¬
de de Bosevab < =
;E.oseval! , f
Amelia. , ^
¡Alfredo! Dios rnio.
Barón. ' /
¡Eh!... ¿A dónde vas? / .
Amelia. (.3)
Tío , yo no me quedo aquí. • No
(0 Í2« e ha acabado de escribir.
(2) Corre hácia el laclo por donde vino
ToiJiy.
(S) Volviendo»
^7
quiero esponerme á su encuentro.
' i Niñerías! jSl no viene aqui! — ¿Y
' acaso te conieria?
Amelia, (i) ;
Teneis razón.
Barón. (2)
'' ¡Qué aventura! ¡ Alfredo aquí!-—
No perdamos tan buena ocasión .. ¿Pero
de qué medio me valdría... ¡Oh! ¡Es*
celente idea! (3) Toma, llévale esta car¬
ta... Dile que tú mismo le conducirás
j á Bedlam.
Si; a la casa de locos. — Está dos
pasos de aqui.
Sí; pero escucha. (4)
j Cómo 5 señor !... Es un cargo de
conciencia...
(i) Esforzándose á reprimir su a<yi^
tacion. ' ^
(2) Aparte.
(3) A Toiny.
(4) Le habla al oido.
i8
Barón. - ■ ^
Haz lo que te mando; y silencio.
Bien está, señor. ( r ) El diablo me.
lleve si entiendo esta pantomima.
ESCENA IV.
El Barón y Amelia.
Pero, tío, ¿cuál es vuestro designio?
No tengas cuidado.
v*» -
Ya os lo be dicho. Jamas, jamas
volveré á verle. Lo he jurado.
En hora buena. Tu no puedes so¬
portar su presencia. Eso es muy justo.
Pero yo que nada he jurado, debo re->
cibir con agasajo á un sobrino desco¬
nocido que viene á verme sin pen¬
sarlo. — ¿Temes que permanezca mu-
(í) Aparte,
^9
clio tiempo en casa cíe nn pariente ig¬
norado , cuando apenas puede \ivir
ocho dias ai lado de cjuien ama?
¡Ah! ¡Qué placer tendida yo en
verle á mis pies., en desesperarle!
. Barón.
Todo eso es muy posible.
¿ Cómo ?
Vete allá dentro. Vuelvo al ins¬
tante, y te esplicaré mi proyecto.
¿No tardareis: verdad, tío?
Dame siquiera tiempo para reci¬
birle.
¿No me lo podéis decir ahora?
No, c|ue siento pasos...
No es nadie. Decidme...
¡Oh, Dios mió! — Vete; ya viene.
jMe consumo!.. — Siento una in-*
quietud... — j Buena necesidad tema¬
mos por cierto de recibir aqui á ese
tarambana! (i)
ESCENA V.
El Barón, y después Alfredo cotí-
ducido por Tomy.
Por aqui, señor, por aqui.
Alfredo. (2)
jLa entrada es soberbia! ¡Qué her¬
moso jardín! ¿Quién habia de creer
que esta era una casa de locos? (3)
¿Es aquel uno de ellos?
No señor, es el director.
¡Ah! ¡El director! Me alegro. Re¬
tírate... Toma para beber á mi salqd.
(1) S^ retira^ mirando mucho hácia el
lado por donde ha de venir Alfredo*
(2) En el fondo.
(3) Señalando al Barón.
2.1
Te doy las gracias por haberme con-
ducido á Bedlam.
Tomy. (i)
No hay por qué... Mi deber...
Di á tu amo que el conde de Ro-
seval solicita el honor de ofrecerle sus
respetos antes de partir para Londres.
^ Tomy.
Se lo diré, señor. (2) jVaya un di¬
nero bien ganado !
ESCENA VI.
Barón y Alfredo.
Barón. (3)
jEs un joven muy atento mi so¬
brino !
¿Es el señor doctor Wills á quien
tengo el honor de hablar ?
(í) Haciendo cortesías*
(2) Aparte.
. (S) Aparte*
22r
Barón. '
Servidor vuestro.
Aquí tengo una carta para vos.
Hacedme ei gusto de leerla.
Barón, (i)
Bien podría escusarlo. (a) — Eem,
eem... — Me piden que os enseñe la
nueva casa de Bedlam. — No necesita¬
bais recoinendacion. Un caballero co¬
mo vos siempre es bien recibido. —
Siento mucho que havais venido en
este día. Muchas habitaciones no están
visibles, y hasta dentro de un rato no
os puedo enseñar lo interior del esta¬
blecimiento.
jOh! no quiero molestaros. Espe¬
raré cuanto gustéis. El jardín basta
por sí solo á llamar la atención de un
viajero. ¡Qué buen gusto! ¡Qué varie¬
dad ! Pocos he visto tan bellos.
(1) Aparte.
(2) AltOp como quien lee entre dientes*.
Barón, (i)
’ j Oírse uno alabar ele tal suerte!
¡Un propietario! ¡Oh delicia!
Vuestros locos son los mas felices
Ael mundo. No los tratan asi en otras
naciones. jOh! Y lo que es en Francia
hay buena cosecha de ellos.
Ese ganado abunda en todas partes.
Si la locura habita un palacio en
Inglaterra, ¿qué reserváis á la sabidu¬
ría? — ¿Sabéis lo que digo? Aqui me
establecerla yo de muy buena gana.
¿Qué decis? Aqui solo residen los
que tienen la cabeza...
Pues si os he de decir la verdad,
otros puede que esten en Bedlani con
menos motivo.
¿Por desgracia os aflige algún pesar?
m:
K (í) Aparte.
^4
Es segiin... Mirad. Si diera yo en
reflexionar sobre rni suerte, no me fal-
tarian penas. Aqui donde me veis, soy
casado. Vos no lo hubierais creído, ¿eb?
Ni yo tampoco. Tengo una muger ado¬
rable que, si no vuelvo por mí, á es¬
tas horas ya me hubiera enterrado á
pesadumbres.
Es posible!... ¿Y en dónde está
ahora?
Os vais á reir - La verdad , yo
no lo sé. Presumo que estará en París
cercada de placeres y de adoradores.
Estamos reñidos... [pero cómo! á ma¬
tar - Una ligereza... un capricho....
Es largo de contar. ¡Oh! Yo no vol¬
veré á verla; lo he jurado.
¡Lo habéis jurado!
Sí señor. — Y mirad; siendo yo el
ofendido, la escribí _ No me contestó.
aS
^ • — Ella sabrá por qué. MI conciencia
' está tranquila.
¿No le hicisteis ninguna recon-
vención ?
Esa idea tuve al principio; pero
|l luego reflexioné... Ya veis , harto tra-
! bajo tiene uno con ser marido, sin ser
ademas marido regañón. |Qué horror!
Me hubieran silvado.
Son tantos ya los maridos que se
quejan de sus mugeres...
jQué! jSi eso es una epidemia! —
Sea despecho , sea amor propio , yo
preferí una venganza mas digna de
mí. — De baile en baile; de tertulia en
tertulia... porque en tales reveses es
preciso escudarse con el auxilio de la
razón. Esta es la reflexión que me hago
hace cerca de un año. Asi los bailes,
los conciertos, los viajes, los espectá¬
culos son mi único consuelo. \ Soy el
hombre mas desgraciado déla tierra!
^ Barok.
jEh!... no hay que desanimarse.
Es preciso llevar con paciencia los tra¬
bajos... (i) Está visto: mi sobrino es
un atolondrado.
ESCENA VIL
Zo5 precedentes y Tomy.
Tomy. (2)
¡Chit... chit!... Señor Barón.
Voy allá. (3) Es preciso prevenir
á mi sobrina... (4)
^ ¿A qué esperamos? ¿No me ense¬
ñáis el establecimiento?
Lo que vais á ver os sorprenderá;
os lo aseguro.
(1) aparte.
(2) En el fondo , haciendo señas,
(3) Aparte.
(4) Tomy parte.
á7
Lo qnc mas me sorprenderá es el
considerarme la persona de mas juicio
entre las gentes de que voy á verme
rodeado.
ESCENA VIH.
!' Los precedentes y Crescendo.
¡I Crescendo, (i)
! ¡ Slgnor harón ! iSignor harón ! Ecco
¡ 3’ aria finita. (2)
Criulel tirano. jAh! jah! ¡ah!...
Barón. (3)
! ¡El mnsico ahora! ¡Por vida de!...
¡ No habia yo previsto...
. Alfredo.
¿Que hombre es ese?
Barón. (4)
Un loco... pero pacílico. — Le de¬
jamos gozar de alguna libertad. — No
lo creyerais ; es un gran personage.
(í) Fuera de sí.
Canta.
(3) Aparte.
(4) Bajo A Alfredo.
a8
Un canciller Jubilado. No habla sino de
rnusica. Se tiene por un gran compo¬
sitor. No ve un hombre que no se lo
imagine protector suyo. A mí mismo
me ha tomado por un barón, á quien
quiere dedicar una ópera.
¡ Ah ! j ah! j ah ! ¡ P obre hombre!
Barón,
Ese es un principe ruso, gran pro¬
tector de las bellas artes; hombre que
delira por la música italiana.
Que bel piacere !
Barón. ^2)
Dispensadme por un momento. (3)
Instruyamos a Amelia. — Pronto vuelvo.
ESCENA IX.
Alfredo y Crescendo.
¿Mi Sara permesso ofrerlrvi 11 mió
(í) Bajo á Crescendo*
(2) A Alfredo*
(3) Aparte.
rispeto? Ci honora molto la vostra
visita.
Alfredo, (i)
iQué caricatura! ¿Quién diablos re¬
conoce á un canciller en este mamar¬
racho? — Caballero, yo soy el que me
puedo llamar dichoso en conocer á un
talento tan distinguido... ¿Cómo es
vuestra gracia?
^ Crescendo.
1 lo mi cbiamo il signor Crescendo.
Es muy singular por cierto, señor
Crescendo , que el furor filarmónico
os haya hecho olvidar enteramente
vuestras antiguas funciones.
lo me ne ramento. — Sono stato
maestro di capiglia in Pádova; ma
r intriga 5 T invidia... jEh! Non mi
cale. E meglio per 1’ huomo di genio
la libertade T independenza. Non v’é
un stato pin nobile , piü sublime che
il de compositore. 11 canto reanima la
(i) Examinándole , aparte.
3o
natura, la 5ortír glí mor tí ele la tomba*
Una cabatina fabbricb il muro di Tebe^
e il de Jerlcó fd distrutto per un altra.
Alfredo, (i)
|Ab! i ah! jah! Como soy que me
divierte.
A propósito, alteza...
Alfredo. (2)
jEh! Ya soy príncipe.
Volete ascoltare 1’ aria nuova... (3)
‘ Grudel tirano. ¡Ah! ¡ah! ¡ah!..
Mettetevi in situazione. II giovane
eroe parte al suplizio, é anzi di suhir
al patiholo conmicia en mi bemol.
j Ah ! ¡ah ! ¡ah !
El aria me parece muy bien situada*
Voi non conoscete mi opera. ¡Que
felicita per voi! Adesso vi la cantero
( í ) Aparte,
' (2) Aparte.
(3) Canta.
(4) Canta,
tiitta. La staiino enrayando al gran
teatro c!i Lonclre. L’ ho nieritato ai fí-
¡ne; non íenza pena. Mi le injustk ie,
'un anno al stuclio... 11 contrallo con Ja
¡gorgla mala chi sá qnanto tempo. 11
soprano*... ¡Oh! Non avrei suclatq plü
al opera de Madrid. — L’ overtura...'
¡Maestoso I
Tra, la, la, la, la, tra, la, la...
E l’oboe que si fá sentiré...
pon, pon, pon, pon... í-
¡Ma que bella idea!.. ¡Ab inio prín¬
cipe! Si no fosse abusar de la bontá,
di .Yostra alteza... io li pregare!...
Hablad sin temor.
D’ aceitare la dedicatoria de mi
! opera. .
Con mucho gusto, insigne com¬
positor.
, jSono felice!
ESCENA X.
Dichos y el Barón.
jAli! ¡Slgnor barón! II principe e
inamorato de mi opera. Ancora non.
r ha ascoltato , ma si degna acettare la
dedicatoria. Eccomi conoscintto á San
Petersburgo. lo parto á scribere mi
grande aria; e noi la canteremo dopo
pranzo. A Dio, signor barone. Alteza...
humilissimo servo... (i)
¡Que veggio! ¡Qual spettacolo!
Suona 1’ orribil tromba. (2)
Crudel tirano. ¡Ah! ¡ah! ¡ah! (3)
ESCENA XL
nAlfredo y el Barón.
¡Ah! ¡ah! ¡ah! Confieso que al prln-
(í) Recitado.
(2) Cantado.
(3) Parte cantando y haciendo gestos.
€¡p¡o me ciaba compasión... ¿pero quién
no se rie... ¡Pobre canciller! ¿Sabéis
■ Barón.
Otros vereisque os llamarán mas la
Atención - Venid... (i)
j ESCENA XJI.
Dichos y Amelia.
[que es un loco muy cliverticlo?
¿Quién es acpiella pven? ¿Es loca
también ?
Sí. — Es una condesita... ¡Callad!
Apuesto á que va á recitar los versus
que acostumbra.
Amelia. (2)
Huyes tu tierna Silvia ,
Huyes la dulce patria,
j ¡Ingrato! Amor castigue
Tu bárbara inconstancia.
(/) ■Amelia aparece á lo lejos en el jardín.
Declamando.
¿No lo dige?
Alfredo, (i)
¡Qué dulce voz!
Cual leve mariposa
Vuela de rama en rama,
Eu pos de los placeres
Tu, fementido, vagas, (sí)
Venid por aqui; no la interrum¬
pamos.
Permitidme; un momento...
No. Esta es la hora en que acos¬
tumbra a [)asearse ; y ama la soledad.
— Respetemos su dolor.
No la veo bien desde aquí ; pero
apuesto la cabeza á que es muy her¬
mosa.
¡Oh! Como una plata. Y tiene tan
(I) Conmovido,
(i?) Se pasea por dentro de la‘ verja.
buenas prendas... Pero es digna de
compasión. Está casada con ún tronera.
jQué lástima de muchacha!
La mala conducta de su. marido ha
sido causa de que pierda el juicio.
¡Que haya hombres tan Infames!
¡Y aun le adora la infeliz!
Amelia. ( i)
Otra será á tus ojos
^ Mas gentil y mas grata;
¿Mas quién pudiera amarte
Como Silvia te ama? (a)
¡Ah! dejadme hablarla... ¡Pobreci-
11a! ¡Loca de amor!
Si os empeñáis... Yo os acompa-
ñaria , pero tengo ocupaciones...
(/) Abre la vcrja^y se va acercandi.
{'J) Se sienta bajo el sauce.
Anclad, señor doctor, no os inco¬
modéis por mí. Andad á vuestros ne¬
gocios.
Pero...
Al instante voy á buscaros, (i)
ESCENA XÍII.
Alfredo y Amelia.
Tu me dijiste un día
A la sombra de un haya,
¡ Acuérdate ! no he visto
Tan donosa zagala.
Bellos son tus luceros
Mas que el de la mañana;
Como el aura de mayo
Lúh rica tu garganta.”
Aquella voz... jQué ilusión!... No;
no es posible.
(í) Le despide con afanpor la izquierda.
3?
Amelia, (i)
AI fin ya estoy sola. — Sola aquí...
!|Sola en el mundo!
^ ¡Cielos! ¿No es ella?... ¡Qné alte¬
ración en sus facciones!... Pero no;
¡ella es ! ¡ Amelia es ! | Mas hermosa
que nunca!
jx4melia!... ¿Qién me llama? — ^Es-
trangero, ¿qué me queréis?
! Alfredo.
ii
IjNo me conoce! ¡Amelia! (2)
Dejadme: vuestra vista rae hace mal.
¡Ah! Y yo soy la causa...
No; no te vayas.— Tú suspiras; te
¡afliges - Escucha : ¿te ha sido infiel
tu querida ? ¿te ha abandonado?
He perdido el bien c{ue amaba.
: (i) Quitándose el sombrerillo con el velo
que cubría su rostro,
(2) La toma la mano.
¡Yo también! Quédate, quédate
aquí. Tú no sabes... ¡Partió lejos de mí!
¿Es posible que haya perdido la
razón en tales términos?... ¡Amelia!
vuelve en tí^ reconóceme^ yo soy Al¬
fredo.
¿ Alfredo has dicho? — Sí; Alfredo
se llamaba... ¿Dónde está?
A tu lado , amor mió.
¿ Qué oigo ? ¡ Mi esposo ! — Sí ; he
aqui su voz 5 su rostro... No; qué tus
ojos me miran con mucha ternura. ¡No
eres Alfredo! Me engañas. — Alfredo
no volverá jamas... ¡Oh! él pierde mas
que yo. No es coquetería , pero todos
me dicen que cada dia estoy mas be¬
lla... y mi espejo me lo dice también...
Por mucho que me engañen me p>a-
rece cjue no soy tan despreciable. ¿Es
verdad? ¡Y el perjuro me abandona!
Alfredo, (i)
Y tiene razón. jSi está heclilcera!
Amelia. (2)
Y habéis de saber... jPero cuidado
con decirlo á nadie !... Quería sorpren¬
derle á' su vuelta con mis progresos.
jCon qué placer estudiaba! ¿Sabéis que
jhe hecho su retrato? — Si supiera que
no le habíais de decir nada , os lo en¬
señaría. (3) Miradle; miradle pronto.
¿Se le parece?
jAh! no puedo mas. ¡Moriré de
dolor !
¿Y mis adelantos en el harpa , en
el piano? — Pero ya sabéis cuán aficio¬
nado era al vals... Pues bien; en el dia
valso deliciosamente.
¡Valsa deliciosamente! ¿Ha^ hom¬
bre mas infeliz? ¡Qué muger he perdido!
(í) Aparte.
j (I;^) Con muter'n.
j , (3) Le da el retrato^ mirando al rede-
dor primero.
4o
Amelia, fi)
Tra 5 U 5 la , la 5 la , la 5 la.
jAhí mírame á tus pies. Soy Alfre¬
do , soy tu esposo , que nunca ha de¬
jado de adorarte.
ESCENA XIV, ^
Dichos y Crescendo,
Crescendo. (2)
¡Que veggio! jQual spettacolo!
Amelia. f3)
Ah!
jSu alteza á i piedi dé la niia dis-*
cepola! -
(í) Le 7nira tiernamente ^ y luego val ^
sa talareando,
(2) Aparece por el fondo con un papel de
música en la mano.
ii^^ d descubrirse^ da un gri-^
to av ver a Crescendo y y huye cerrando la
verja.
4i
j Ha desaparecido ! (i) ¡Miserable!
Tu figura de tapiz la ha dado miedo.
¿Dónde ha ido? Dímelo. Tú me res¬
ponderás de ella.
lo... Alteza... (2) ¡San Genaro!
¿Qué hago? Tan insensato soy co¬
mo él. ¿Pero se ha visto desventura
igual á la mía? (3) ¡Amelia! ¡Amelia!
Serenissimo slgnore... L’ aria magr
nifica en mi bemoL..
¡Eh! Dejadme en paz... Dime, ¿co¬
noces tú á esa señorita ?
SicLiro.
¿Tú la conoces? ¿La ves con fre¬
cuencia? Háblamede ella; yo te lo ruego.
(í) Asiéndolo dcl cuello á Crescendo.
(^) Aparte.
(3) Mirando el retrato.-
4^
Qüella c la condesa Amelia.
Sí.
Ncpdta del signor barón , el pa-
drone di questa quinta... quello cli’
avette vcdnto qni.
Alfredo, (i)
¡ A Dios!... Quinta, barón... Ya pier¬
de la cabeza. ¡ De buen ente me iba yo
á informar! . .
lo son no il siio precettore de mii-
■sica. — Qiiella si cli’e voce , e puré il
mió método e eccellente.
¡Ob! basta ya. Acordaos de que sois
tan músico como yo.
• ¡Come! ¿Yo no son músico?
No por ci(;i to , señor canciller.
(í) Aparte.
! Crescendo.
|j jYo cancelliere!... ¡Degradare xosl
j un celebérrimo compositore!
1^ ' Alfredo, (i)
Vamos; es tiempo perdido. — De-
jadme con mil diablos.
‘ Qualche calnnnia... Lei coooscerá
bien presto al signor Crescendo. Vede-
te qiii i testimonii onorebolissiini cbi
atestano il mió mérito, segnati per una
caterva di principi é direttori d’ or¬
questra. Vedete altre tante lettere di
raccomandazione de i piii nobili sig-
nori di Francia, residenti adesso in
Londre: P ambasciator , il marqúese di
Valmont, il conte di Roseval...
¿De Roseval decís?
Sicuro. . '
Alfredo, (a)
¿Qué viene á ser esto?
(í) Aparte.
(2) Quitándole la carta de la mano , y
í abriéndoia.
¡Eh! ¿Ma que fatte?..
Yo puedo leerla; no os inquietéis.
- — Es del caballero de Forüs, mi ami¬
go íntimo.— Leamos — "Según me di¬
ces en tu última carta, ya debes de es¬
tar en Londres. Te recomiendo al señor
Crescendo, que te visitar á de mi parte;
Ha sido mi maestro de música...”
Crescendo. . ‘
Humllissimo servitore. . .
í Alfredo.
"Es un original .”
Humil issimo servitore.
"Que no carece de talento.” — jCó-
mo! ¿Sei'á cierto? ¿No sois loco? ¿Músi¬
co nada mas? Y esta quinta... Amelia...
el barón...
Vi bo detto la nerita. '
¡Qué dicha! Sí, sí: la verdad me
habéis dicho. Mi corazón tiene necesi-
dad de creerlo. Yo vuelo á acabarme
de informar por mí mismo... (i) Mi
linda Amelia... Su tio... ¡Bueno! ¿Que¬
ríais darme una lección? Yo me des¬
quitaré. ¡Cuántas ideas se cruzan, se
confunden en mi cabeza! — ¡Mió caro
Crescendo! (2)
¡Oh! mib signore... ¿ Adesso ascol-
tarete mi aria?
Alfredo.'
Sí , sí : canta hasta que te se caiga
la campanilla.
Crescendo. (3)
Tra 5 la 5 la , la.
Alfredo.' (4)
Pero Amelia viene con el barón.
No perdamos tiempo. (5)
(1) Aparte, *
'(2) Le abraza.
(3) Canta.
(4) Aparte.
(5) Se va corriendo por la izquierda.
ESCENA XV. -
Crescendo, el Barón y Amelia. ( i)
- . Crescendo. (2)
- ^ - Tra 5 la , la , la , la.
Blsogna ‘correggere
queste note... (3)
. Amelia.
¡Tío, ya no está aquí!
Le dejas sin esperar mi venida. Eso
no es lo tratado.
Amelia. .
Esc Crescendo tiene la culpa. — Nos
sorprendió á lo mejor.
Crescendo. (4)
Tra , la , la , la.
Mió caro principe... ¿Ma dove...
*' • Amelia.
¡Si hubierais visto su agitación, su
despecho!
( i ) Entra con precaución por la derecha,
(!2) Continuando.
(3) Corrige con lápiz.
(4) Canta,
Me parece que estás ya menos irri¬
tada contra él. i
Mas que nunca lo estoy. No basta
^ un instante de arrepentimiento para
expiar tantos delitos.
Dlteml, signor barón, ¿non vi pare
; un poco pazzo il principe ruso?
¿Cómo? " V
jOh! La sua testa é inferma. jChia-
marmi cancel liere ; strapparmi una let-
tera di raccomandazione , e quando
voglio cominciare mi aria sparire conv
un lampo! - •
Barón, (i)
jOh! Pues en eso prueba tener al¬
gún juicio. (2)
(1) Abarte á Amelia.
(2) Ruido dentro.
ESCENA XVL
Dichos y Tomy. (i)
j Ah , señor barón !* j Ah señorita!-*
j Quién lo hubiera creido! jPobre joven!
¿Qué es eso? ¿Le ha sucedido al¬
guna desgracia?
Ha perdido la cabeza.
¿Dlceba io bene?
No sé qué revolución repentina le
ha trastornado los -cascos. Está loco;
loco de atar.
jMl esposo! ¿Dónde está? Condúccr-
ine...
•-* - Crescendo.
¡Vedete l’ altra!.. |Il suo sposo! ¿Tut-
ti perdono la testa in questo giorno?
(1) Llega acelerado.
Tomy. '
Pero qué frenesí ! Todo lo atro¬
pella, todo lo desbarata...— jSe llevó el
diablo el melonar! — Pregunta por su
muger; se aciisa; la pide perdón...
, ¿Qué hemos hecho, tío?— Mirad
Jas consecuencias de vuestro ardid.
jPobre Alfredo! Bien sabia yo que me
amaba. jAh! volemos á socorrerle.
Sí ; yo voy á ver... No seria estra-
j ño que una cabeza como la suya...
íi Amelia.
1}
j Corred!
Vuelvo al instante.
ESCENA XVn.
Dichos^ jTienos el Baron.
¡Por allí viene! Retiraos que está
furioso.
5o
¿Furioso?... jOhime! — Fnggite, sig-
noriiia.
No ; yo no le abandono aunque
sepa morir.
Crescendo, (i)
¡Tnorridisco tremo! ’’
Alfredo. (2)
Dejadme. Dejadme. (
ESCENA XVm.
Alfredo y Amelia.
Alfredo. (h)
j^í; e«e Alfredo es un monstruo!
|Le he de matar!
(í) Encuentra á Alfredo^ y huye ^or
el Oiro la.io.
(:2) Enira.ido en la escena,
(3) Entra con aire espantoso, y los ves-
tidoj en desorden. Crescendo y Toiny dan
un grito, y hujen.
(4) Alfredo corre por el teatro corno fu¬
rioso. Amelia se retira detrás de un árbol.
5i
Amelia, (i)
¡Dios mió! ¡qué cara pone! — Al¬
fredo; yo soy. — No me hagas mal.
¿Quién eres? — Acércate.
¿No me harás mal?
No. Alfredo solo merece mi saña.
Amelia. (í)
No quiero contradecirle; á ver si
logro calmarle. — Sí; es un mal sugeto,
teneis razón... pero si me amais, per¬
donadle como yo...
¿Conoces á Amella ?
Sí.
Alfredo. (3)
¡La conoces!
(<) Tímidamente. ■
(2) Aparte.
(3) Coa vehemencia.
Amelia, (i)
jAy de mí! No señor, no; no la
conozco. (2) jDios mió! ¿Va á estar asi
toda la vida?
¿Con que no la conoces?
No señor,
Si la conocieras la amarias como
yo, jNo sabes tu cuál lia sido mi con¬
ducta , sobre todo después que me ale¬
jé de ella! Escucha: todo te lo voy á
contar,
¡Si supiera á quién elige para su
confidente!
Cuando llegué á Viena... Bien lo
sabes... Jamas ha estado aquella corte
tan brillante — Un sin número de be¬
llezas...
(/) Huyendo,
('J) Abarte.
Amelia, (i)
Ay, ay , ay. ¿En qué vendrá á
parar esto?
i;
Una sobre todo , ^ubia como el
¡sol 5 fresca como una rosa, dio en mi-
rarme con tanta ternura...
¿ Y os dejasteis querer ?
Ocho dias no mas. — jSi no he podi¬
do olvidar á mi Amella !
j .Amelia.
¡Perfectamente!
Te acuerdas en Genova aquella
condesa morenita , ojos negros... ¡He¬
chicera muger !
Amelia. (2)
Estoy divertida.
¡ Alfredo.
¡ Me veía triste , cabiloso...
(/) Abarte.
(2) Aparte.
Bien, ¿y qué?
y me consoló,
Nada mas justo.
Pero Amelia , Amelia no se apar¬
taba jamas de mi corazón.
jPues! jY aun se atreverá á acu¬
saros, siendo el modelo de la fidelidad
conyugal!
Tú misma que eres tan linda...
jOh! No he visto criatura mas encan¬
tadora. Pues bien. En vano intentarlas
seducirme.
Amelia, (i)
Lo hemos de ver. — Alfredo, si yo
me hubiera engañado , si convencida
de vuestra constancia os perdonase...
(i) Aparte.
' Alfredo, (i)
■ MI... — No; no puedo escucharte.
Amelia. (2)
¡Dios rulo!... Ahora va á serme de-
iiiasiado fiel. — Si fuera yo esa Amelia
puya pérdida sentís con tal estremo...
¿ Amelia dices ? ¿ Estás bien segura
le que tú eres Amelia?
Sí ; os lo juro.
Escucha. — No pienses engañar-
¡me. — Si fueras Amelia, me hablarías
(de tú.
[ Alfredo.
j ¡Bien! Yo te lo joro, Alfredo.
Alfredo. '
Amelia Uvsai)a conmigo de un len-
guage mas cariñoso.
No riñamos por eso. — Yo te quie-
(1) Haciendo un movimiento que re-
prime. ''
(^) Abarte.
ro , Alfredo mío... (i) Preciso es darle
gusto.
Amella me miraba con mas ter¬
nura.
Amelia. (2)
¿No es asi como te miraba?
Sí ; hé aquí su blando mirar , su
dulce sonrisa... Pero Amella me aban¬
donaba su preciosa mano.
Amelia. (3)
j Jesús qué hombre! jEsta es. — ¿La
reconoces?...
Sí, sí... ¿Podría yo desconocerla?..
pero...
¿Otro pero? (4) SI no llamo á
mi tio...
(í) Aparte.
(2) Le mira tiernamente.
(3) Se la da.
(4) Aparte.
Amelia , mi amada esposa , me es-
j:r echaba en sus brazos...
' Amelia, (l)
Será preciso abrazarle _ Al fin es
¡ni marido. — Vuelve en tí, mi cjueri-
!lo Alfredo, acaba de reconecer á tu.
Amelia. (2)
' Alfredo.
jOh delicia !
^ ESCENA ULTIMA.
Todos los Actores.
. Amelia.
¡Tío, no os acercpieis! Yo sola puedo...
. Venid , venid , cpierido tio. Nada
ieraais. Ya tenia deseo de conoceros y
abrazaros. Cesó la íicclon , pues ha ce¬
bado también el enojo de mi Amelia.
Me has dado un mal rato con tu fin-
(f) Aparte.
(2) Le abraza.
gida locura , y la venganza es muy
sabrosa.
j Como ! ¡ Y yo tan tonta que lo
creía! Lo has hecho tan á lo vivo...
j Oh ! poco habrá tenido que esfor¬
zarse para representar su papel.
No me ocurrió mejor arbitrio para
recobrar tu gracia - ¿Me perdonarás,
Amelia ?
Eso no se pregunta. — ¿Qué nm-
ger no perdona las locuras qne hacen
por ella? No te perdono yo tan de
buena gana el estropicio que me has
hecho en el melonar.
¿Con cpie todo ha sido una farsa?
Qnecío convencido de que soy un zo¬
quete.
Adcsso ch’ avete tutti ricoverato
il cervello, ¿volete ascolfare l’aria... (i)
Tra, la, la', la...
Después de comer.
jSapientissima parola!
' Alfredo.
Querida Amella , tus brazos, que
larian perder el juicio al hombre mas
ensato , me lo han hecho recobrar á
ai. Estoy por añadir una jaula al es-
udo de mis armas,
jBuen capricho seria!
Sí; porque una locura nos separó,
otra nos reconcilia para siempre.