Jornada primera
GONZALO NÜÑEZ.
Méjico 1567.
f/úarcío.-Dejadme libre la puerta.
pues busco la puerta sola.
Pulgenda, -A llave de una pistola
cualquiera hallareis abierta.
El mayor imponbU.
(Cámara de Muñoz, decentemente adornada.-Una
puerta d la izquierda de los aetores, otra pequeña y escu-
sada á la derecha, un armero embutido en la pared del
fondo; en el proscenio y día derecha un bufete de caoba
suntuosamente lahrad/o, un sitial cubierto de relieves, y al¬
gunas sillas esparcidas en la estancia. - Noche.)
MUÑOZ, (¡sentado en el sitial.)
Agitación y pesar,
Y martirios furibundos,
Me atormentan iracundos
Sin dejarme respirar.
¡Qué úó pueda yo encontrar
El reposo (jue deseo!....
Triste estuve en el paseo
Y en la actualidad lo estoy... .
Por donde quiera que voy
Fantasmas y espectros veo.
Temo que los mejicanos
Se levanten contra mí,
Y penetren hasta aquí
Sus puñales inhumanos:
Temo se gozen ufanos
En despedazar mi pecho:
Veo mi cuerpo deshecho,
Y en sangre miro bañado
Mi aposento perfumado
Y mi suntuoso lecho.
(Enira Gonzalo Núlíez, por la puerta de la izquierda, con ú sombrero en ¡a mano,
y «« pone detras de Muñoz.)
Temo Felipe se enoje '
Por los hombres que mandé
Al cadalso, y temo que
Su voluntad á él me arroje.
Entónces otro recoge
£1 fruto de tanto afan:
Mis enemigos verán
Mi muerte con alegría,
Y á gozarse en mi agonía
Los que aprisioné saldrán.
Cuando se apodera el aueño
De mis sentidos cansados.
Multitud de condenados
Me miran con torvo ceño:
i
Con tenaz feroz empeño
Me acosan y me atormentan,
Todas mis venas revientan,
Me sacan el corazón.
Me dejan ya sin acción,
Y silenciosos se ahuyentan.
( Vase Núñez de puntillas hasta la puerta por donde entró, y allí arrastra tos pies para llamar la ateruAon de Muñoz, el cual sigue hablando.)
Disimular deberé
Las inquietudes de mi alma, .
Y que mi pecho está en calma
Que todos crean haré.
Bien mis tormentos sabré
Ante la corte ocultar.
-Si-
Mandaré decapitar
A todos los sospechosos:
Con suplicios espantosos
Haré á Méjico temblar.
(Núllez hace qut tierra la puerta, y tose con fuerza-)
11 .
MUÑOZ, NUNEZ.
(Ojmwíb ft«er & Nüllez.)
¿Ahí estas Gonzalo NCiñezl
Mucho tardabas.
Señor,
Es tan difícil la empresa
Q.ue vuecencia confió
A mi cuidado y afanes,
Y es el tiempo tan veloz,
Q,ue pasan horas y dias
Para dar un paso. /
Estoy
En ello; pero tu astucia,
¿Por filtimo consiguió
Seducir á los criados,
Y entrar en la habitación
De la esposa de Sotelo?
Nada he conseguido.
(Sorprendida.) ¿No?
Ya dinero les he dado.
Que es el remedio mejor
Para hacer que me ayudasen
En tan ardua comisión;
Pero solos ellos nada
Harán eh nuestro favor.
Si primero no arruinamos
Una fortificación,
Q,ue es robusta, inexpugnable.
Como el ángel del Señor.
Seducir es necesario
A Berta, porque si no
Para habfor á Celestina
Vanos los intentos son.
Pues esa Berta....
Es muger
Q,ue aunque ahora está en la flor
De sus años, es prudente
Como un viejo setentón;
Ademas, adora mucho
A Celestina Albornoz:
Con ella ha vivido siempre.
Con ella en fin se crió.
Berta era hija de. un sargento
Que quiso con muChó ardor
Al padre de Celestina,
Y dio muestras de adhesión
Siempre á la familia toda
De su rico protector.
Cuando ya cargado de años
Al sepulcro descendió.
Dejó el triste abandonada
La niña á su bienhechor.
Esta á Celestina quiso
Con tan fervoroso amor.
Que nunca, ni un solo instante
De su lado se apartó;
De suerte que es imposible
Conseguir haga traición
A lo que mas en el mundo,
Después de Dios adoró.
Quiere decir esa historia,
Que refrene mi pasión,
Y aparte mis preten cione
De Celestina Albornoz.
(Levantándose.)
Pues no será así; yo tengo
Fuerza: soy visitador:
Como la del rey Felipe
Es poderosa mi voz.
Si tú no me sirves, ciento
Ansiando están el honor
De ser confidentes fieles
Del licenciado Muñoz.
Y aun cuando estos me faltaran.
Señor Nuñez el traidor.
Del verdugo el hacha fuerte
Dividirla veloz
La cabeza de Sotelo,
La de Berta y la de vos;
Y pisando vuestra sangre,
Celestina aquí....
Señor,
Vuecelencia me dispense,
Infiel y traidor no soy;
Os he servido con celo.
Trabajado he con tesón....
No es culpa mia que sea
Celestina de Albornoz
Casta, y á su esposo adore,
Y que Berta tenga honor.
Un medio de seducirla
No mas se proporcionó:
Lleno de afan y con maña
Lo puse en ejecución.
He hablado á Berta de amores:
Ella al fin correspondió,
Y todas las noches me habla
Desde un pequeño balcón.
¿Podré hacer mas? Ella misma,
Luego que bastante amor
Me tenga, nos servirá:
Bien seguro dello estoy.
(Pensativo.)
Es verdad, Gonzalo Nuñez,
Veo que tienes razón.
Tú me has servido.. . .Ni menos
Jamás esperaba yo
De tu celo y tus virtudes,
Y de tu buen corazón.
Altamente satisfecho
De tus servicios estoy:
Nunca he pensado que tu alma
Se cubriera de baldón.
Sacándote de soldado
Te hizo alférez mi amor,
Y ya veo que mereces
Otro nueve galardón.
Señor, de bondades tantas
Confieso que indigno soy.
Bien.-Ya puedes retirarte,
Que tengo quehaceres hoy.
Guárdate de ir esta noche
A la cita del balcón.
No hagas nada por ahora;
Mañana al ponerse el sol
Ven á verme, y diré entonces
Cual es mi resolución.
En este momento mismo
A un asunto grande voy
De estado.
¡Tantos negocios!... .
Es verdad.-Vete con Dios.
Mañana...
A las oraciones.
(aparte al irse.)
(Nunca de amistad la voz
De un miserable tirano
Los oidos halagó.)
(Luego que se va Núñez, cierra Muñoz ¡a puerta izquierda con una llave, y saca otra
pequeña de su bolsa, con la cual abre la puertecilla escusada.)
MUÑOZ, TRISTAN.
Diego Tristan.
(Sale Tristan por la puerta escusada.)
¿Escuchaste
Todo, señor.
¿Ha mentido?
No, señor: en lo que he oido
Dice verdad.
¿Espiaste
Sus pasos, como te dije?
Sin hacerle sospechar
Q,ue le quiero vigilar,
Le sigo á do se dirige.
Es cierto que enamorado
De Berta está; mas decir
No podré si es por servir
De vuecelencia el mandado.
Desde un balcón no muy alto,
Le habla siempre la criada:
Puede él dar una escalada
Al balcón, no mas de un salto.
¿Tan bajo está?
Si señor;
Con un pequeño cordel
Bien podrá subir á él
Uno que tenga valor.
(Muñoz se asienta; apoya el codo en la mesa, y carga la cabeza en la mana, rumo en
actitud de meditar.)
No es grande empresa por cierto;
Q,ue cien veces he subido,
Del mismo medio valido,
A una torre, y no estoy muerto.
Contra mi astucia seguros,
No hay balcones, ni terrados,
Ni paredes, ni tejados.
Ni de un castillo los muros.
Cierta vez, como por broma,
Subí á un oscuro aposento:
Me sintieron, y al momento
Bajé por una maroma.
Sin duda en el cielo se halla
Un amigó que tenia:
Como gato se subia....
(levantándose sídñteimenie, y como engolfado en sus
Ponme una cota de malla.
(dirigiéndose al\armero y sacando la cota.)
¿Q,ué vais á salir, señor?
Sí, que olvidarla no puedo.
(Por no tener tanto miedo
No fuera iitador.)
(Poniendo la’cota á Muñoz.)
Ni una bala de cañón
Podrá romper esta malla.
jQ,ué tejido! una muralla
Es corta comparación.
Si Pizarro hubiera estado
Cubierto con esta cota,
Sin duda el puñal se embota,
Y no muere asesinado.
¿Crees que riesgo tengo yo
Cual Pizarro lo tenia?
¿Q,uién dice?. ... jJesus María!
Ni lo penséis.... eso no.
Aunque yo tengo valor. . ..
Ciertamente.
-Andarse quedo.. .
(Por no tener tanto miedo
No fuera visitador.)
Y ¿vais solo?
No, Tristan.
La guardia. ...
No voy con ella.
Es arrojo.
Lo atropella
Todo mi amor.
jPor san Juan!
¿Q,ue esa muger no se rinda
A vuestro inmenso poder?....
Ya se ve. ... si al fin muger,
Y retrechera, y muy linda.
¿Mas cómo queréis, señor.
Que os ame una joven bella.
Sin hablar antes con ella,
Sin decirla vuestro amor?
Celestina, aunque muger,
Dicen que adora á su esposo:
Matarle era, pues, forzoso
Para llegarla á vencer.
Dadme la orden que os pedí
Para que muera Sotelo,
Y yo os juro por el cielo
Q,ue al punto os la traigo aquí.
Nada perdéis, vive Dios,
En matar á ese malvado;
Que es un hombre acostumbrado
A maldeciros. . (Vitndoá Muñoz indeciso.) VOS.
Esta mañana se hallaban
En un oculto parage
Hombres de altivo linage
Que un grande corro formaban.
Yo iba entonces disfrazado
Con un infeliz vestido,
Y, sin ser de ellos sentido,
Sus palabras he escuchado.
Don Baltasar de Sotelo. ...
¡El esposo de mi bien!....
Allí se hallaba también
Poniendo el grito en el cielo.
Largo tiempo en maldeciros
Se ocupó su infame lengua:
Fsclamaba que era mengua
Desta colonia sufriros.
Dijo, en medio de su saña.
Que atravesaría el mar,
E iría él propio á acusar
Al visitador á España;
E hincado ante el soberano.
Le suplicarla ardiente
Q,ue los librara clemente
De tan pérfido tirano.
Y si lo que iba k pedir
El rey no le concedía
Al Africa niarcharia
Entre fieras á vivir;
Pues diferencia, por cierto,
No encontraba entre Muñoz
y una pantera feroz
Habitante del desierto
¿Hablaba ese infame así
Del que les hace temblar?
Con todos he de acabar,
A ver que dicen de mí.
Antes que lleve á su alteza
Su demanda ese Sotelo,
Separaré, vive el cielo,
De su cuello la cabeza.
Yo le haré ver á esa grey,
Aunque se exalte su saña
Q,ue si el rey manda en España,
En Méjico soy yo rey.
Y si vengar se me pone
De mis injurias el cúmulo.
En vez de cárcel un iúmulo
Será do los aprisione.
Pero la noche se avanza
Y el tiempo pasa volando....
El reino verá temblando
Lo que mi poder alcanza.
Sígueme, Tristan.
Señor....
Hoy solo tú me acompañas:
Entre todas tus hazañas
Esta será la mayor.
Lleva tu puñal desnudo
Debajo del ferreruelo.
Vé con cuidado: tu celo
Será tan solo mi escudo.
De mí no te apartarás,
Y sin preguntar su nombre,
Si se acercare algún hombre,
Muerto allí le dejarás.
Carro parezco de guerra:
Dos pistolas, un puñal.
Una espada sin igual:
Si ando -yo, tiembla la tierra.
Confiad en mí, señor.
(¿En qué parará este enredo?
Por no tener tanto miedo
No fuera visitador.)
(Vanse por la puertecilla eseusada.)
(
( Una alcoba de la casa de Sotelo, sencillarrmUe ador¬
nada.-Una puerta en el fondo, otra á la izquierda, un
balcón al costado opuesto; en el foro, á la izquierda, una
cama con su pabellón de damasco; enfrente, y cerca del
público, un taburete, una mesa pequeña con algunos li¬
bros, y una que otra silla.)
BERTA (Canta sentada en el taburete.)
Es opaca linterna
De espirante fulgor;
Es profunda caverna;
Es noche sempiterna
Es prado sin cultura;
Es marchitada flor;
Muger sin hermosura;
Es potro de tortura
Es uiia=ruta incierta
De un bosque en lo interior;
Ea una virgen muerta
Descolorida, yerta,
La mda sin amor.
Es un cielo sombrío;
Abismo de terror;
Es un sepulcro frió;
Es hórrido vacío
Es deshojada planta
En desierto de horror;
Es una mar en calma;
Es un cuerpo sin alma
Es prolongado hibierno;
Es fruta sin sabor;
Es un martirio eterno;
Es insufrible infierno
(Repreatnta.)
jOh qué desesperación
Es aguardar á un amante!
¡Cómo late el corazón,
Cómo la dura afiiccion
Pone lánguido el semblante!
Si yo lo hubiera sabido,
A Nuñez le digo: No,
Y no hubiera consentido;
El se hubiera entónces ido,
Y quedo tranquila yo.
¡Pero qué! No era posible:
Lo quiso el destino impío....
Cuando con voz apacible
Me decía; “Sé sensible,
Siempre te amaré, bien mió,”
¿Pudiera yo resistir?
No, señor; y era forzoso
Adorarle hasta morir.
¿Pero es preciso sufrir
Para amar á un hombre hermoso?
Mi mente se ocupa en él
De la noche á la mañana.
Nunca, nunca seré infiel....
¡Es tan apuesto doncel!
Yo le amo como una hermana.
Dicen que sirve á Muñoz:
Es su page, ó no sé qué....
¿Y qué de hombre tan feroz .
Constante en la casa esté?....
Esa si es maldad atroz.
¿Por qué no se vendrá aquí?
Tuviera mejor empleo,
Cerca estuviera de mí,
Q,ue es todo lo que deseo,
Y no degradado allí.
Celestina de Albornoz
Tanto como yo le amara.
No mas con oir su voz;
Y no le viera la cara
A ese bárbaro Muñoz.
Don Baltasar de Sotelo
También mucho le querría;
Y tal nñ gozo seria.
Que á los ángeles del cielo
Envidia les causaría.
(iS« Inania y se asoma al balcón.)
Mucho tarda.-No le veo.
jOh qué noche tan oscura!
jQué solo está esto! ¡qué feo!....
Venir seria locura
Solo porque lo deseo.
Que no venga: se expondría
En este parage horrendo.
¿Quién, ¡ay! le socorrería
Si acaso un puñal tremendo?... .
Dios le libre, Virgen mia.... (sv.ctum.)
Yo me fastidio.... ¿Qité haré?
¿Cómo mi mal calmará?
¿Bailando? Sí, bailaré... .
(Bailando.)
Tá, tárala, taralá.. ..
¡Ay! se me ha torcido un pié.
No, señor, tendré juicio:
Me pondré á leer.-¿A quién?
-A Amadis de Caula.-Bien;
Este me saca de quicio.. ..
¡Qué viva Amadis!-Amen.
(Buscando míre algunos libros.)
Mas no lo hallo por aquí....
(Tomando un libro de á cuarto m pergamino.)
¡Qué veo! ¡Orlando furioso!....
Este sí es libro famoso;
Cuantas veces lo leí
Me pareció delicioso.
(Se müve á sentar.)
Aquí Angélica, y Medoro,
Su apuesto y gallardo amante;
Aquí Ferraguto el moro,
Reinaldos y Bradamante,
Y lanzas y yelmos de oro.
¿Por qué en Méjico no habrá
Cosas tan interesantes?....
Yo quisiera estar allá.
jPero qué!.. .. dicen que ya
No hay caballeros andantes.
Lo siento.-Me gustaría,
Montada en un palafrén,
Andar de noche y de dia
Con un magnífico tren....
¡Ah!.... y una maga por guia.
Leamos. . . Qiojeadlibro:seJijaenuTuipágina,ydice:)
Aquí el gigante
Orillo, con gran destreza
Batalla con Aquilante;
Le corta este la cabeza,
Y él se la pone al instante.
(Leyendo.)
‘La cabeza le rompe, y él desciende,
Tentando siempre hasta que la .halla;
Por los cabellos ó nariz la prende,
Y no sé con qué clavo veis soldada.
El un brazo Grifón por aire tiende.
Echalo al rio, y no há fin la batalla,
Q,ue Orillo nada, así como un pescado,
Y sale de sus miembros reforzado.”
(Levaniándose.)
Esta octava es parecida
A un viejo que conocí:
Tenia un poco torcida
Una pierna, y encogida,
• De suerte que andaba así. (Ojeando.)
Ha! haTTiaí Me hace reír.
(Escuchando.)
Parece que escucho ruido.. ,.
jEl es! voy á recibir
A mi Núñez....
(Al torrer para el balcón se detiene espantada, ñmdo entrar por él d un hanbrt
desconocido.)
jQ,ué atrevido!
jGran Dios!
VMfi-‘-(Poniéndole vnpuflal al pecho.)
Callar, 5 morir.
BERTA, MUÑOZ.
¡Socorro!!!
Callad, arpía.
¿Está Celestina aquí?
Si, señor.-¡Virgen María! (Llorando.)
¿Sotelo?
No.
Desde allí (Senakmdo la cama.)
Voy á ser constante espía.
Si una palabra profieres,
Jiiro por el alto cielo
Q,ue con esta daga mueres,
Y Celestina y Sotelo
También; tú sabrás si quieres.
Si te vas á otro aposento,
Mi vista te seguirá.
¡Tiembla! soy atroz, sangriento.
De tu labio un solo acento
Muerte á vosotros dará.
(Escbudese tras de las cortinas de la cama.)
BERTA, CELESTINA.
(Salimdo por la puerta de la izquierda.)
¿Q.ué tienes?... ¿qué ha sucedido?
¿Cómo al balcón no te veo?....
Estás llorando... ¿qué ha sido?....
Habla.... en tu semblante leo
Q,ue un accidente has tenido.
Toda tiemblas.-Ven, mi Berta,
Descansa sobre mi seno.. ..
(La abraza, Berta oculta el rastro en el seno de Celestina.)
Pálida estás.... como muerta....
¡Infeliz!... helada.. . yerta...
¡Oh, cuánto al mirarte peno!
No temas... no, por mi vida...
(Con voz balbtudente.)
Una fantasma....
Visiones.
Es verdad, madre querida,
Pero siempre en los balcones...
No sé allí qué te convida.
El aire....
¿Tanto calor
Tienes?..., Ya ves; a mi lado
Siempre estuvieras mejor;
No te hubieras asustado.
No cambiarás de color.
Perdóname, madre mia. -
Yo te perdono, mi bien;
¿Mas quién me consolaría
En mis pesares, di, quién.
Si acaso la muerte impía?_
Berta, tu existencia cuida,
No por tí. sino por mí,
Sabes cuanto amo tu vida,
¡Cuánto, cuánto eres querida
De tu Celestina!
¡Ah! sí.
Eras niña todavía
Cuando tu querido padre
Descendió á la tumba fria;
Desde entonces fui tu madre,
Y aun doce años no tenia.
Pasé yo mi juventud
Siempre á tu lado, mi Berta,
Mostrándote de virtud
La senda áspera y desierta
Q,ue da a las almas salud.
Mucho te quise, ¿es verdad?
Y procuré libertarte
Del hombre, y de su maldad.. >
Solo pagué con amarte.
¿Y me amas aún?
Tocad.
(Llevándola su mano al corazón.) ■
CEL*- (Abrazándola.)
Berta mia, en tu alma pura
Sé que tengo mi dosel.
Túj con llanto de amargura,
Irás á mi sepultura
Y la regarás con él.
A visitarla contigo
Irá mi querido' esposo;
Mi esposo, mi dulce amigo.
El velará cuidadoso
Sobre tí, será tu abrigo.
¿Lloras?
¡Dios mió, Señor!
¿Tú morir, madre querida?
¿Tú morir? ¡Cielos! ¡qué horror!
(¡Imprudente! de su herida
Yo misma aumenté el dolor.)
Sosiega. Si pude hablar
De cosas tristes, no creas
Q,ue se puedan realizar
Tan espantosas ideas.
Cesa, cesa de llorar.
Tus fuerzas repararás
Yendo al instante á la cama'
Tranquilo sueño tendrás,
(Llevándola abrazada á la cavia,)
Ven, una madre que te ama....
(apartándose con horror.)
¿En ese lecho?. . .. ¡Jamas!
(conduciéndola háda la puerta del/oro.)
En el mió te pondré:
Allí estarémos las dos:
De tu salud cuidaré,
Y mas contenta estaré
Junto de tí.-Ven....
(Al entrar vuelve Berta el rostro, yveá Muñoz que le hace señas de silencio y le
muéalra su puñal
¡Gran Dio!
Celestina de Albornoz
Es hermosa como un cielo,
Es dulcísima su voz... .
Digna amante de Muñoz....
Fuerza es que muera Sotelo.
Mi poder es soberano;
En Méjico soy yo rey:
Querer resistirme, es vano.
Tengo en mi mano la ley....
Tengo la muerte en mi mano
Si una palabra profiero,
Tiembla toda una nación:
Desde el infeliz pechero,
Hasta el noble altivo y fiero,
Vienen á pedir perdón.
Pende no mas de mi aliento
La vida de miles de hombres.
¡Tiemblen!. .. que en solo un momento»
Esparciendo un soplo al viento.
Desparecerán sus nombres.
Me quieren amedrentar
Con Don Felipe Segundo.
¡Necios! ¿Pueden olvidar
Que entre él y Muñoz un mar
Se interpone ancho y profundo?...
Mas veamos si es verdad
Que está Tristan vigilando.
( S« aioma al halcón: toca un silbato; y Tristan entra algunos momentos después.)
MUÑOZ, TRISTAN.
¿Hay alguna novedad?
Estoy ansioso esperando
Que venga aquí mi beldad.
¿Y está ahí el marido?
No.
¿Y Celestina?
(mostrando la puerta del fondo.)
Está alli.
Pues bien..
No ha mucho que entró,
¿Y volverá?
No sé yo.
TRi s.-L1 amé inosla.
¿Cómo?
Si;
Es preciso: el tiempo vuela,
Y el marido fantasmón
Vendrá. Si mucho la cela....
Siento pasos....
¡Por mi ahucia!
(Buscando donde esconderse.)
Escóndete en el balcón.
MUÑOZ, CELESTINA
¿Rumor escuché?.... ¿Acaso ilusión?-
Realidad.
¡Oh cielos!.... ¿Quién sois?....
¡Celestina!
¿Quién sois?... ¿Quién osado aquí os encamina?
Hablad....
Me conduce tremenda pasión.
Dolores, tormentos mi fiel corazón
Por vos abrigara, frenético, ciego:
Ocultarlos supe; mas furioso luego.
El volcan hirviente hizo la esplosion.
¿Y á quién se dirige?.... ¡Socorro!!!
(querierda irse.)
(deteniéndola de una mano.)
Esperad;
Esperad, os digo, si no, por el cielo
Os juro que. hoy mismo perece Sotelo....
¡Dios mió!. . . . Mentis. . . . (am entereza.)
He dicho verdad.
¿Q,ué habíais? ¡Dios Eterno! ¡qué fiera maldad!
En sangre bañado vereisle al momento
Tendido por tierra, sin voz, sin aliento,
Cubierto su rostro de horrible fealdad.
¡Mi esposo adorado!.... Jamas, hombre atroz.
Podréis á un valiente, cual es Baltasar;
En un desafio la vida quitar.
¡Temblad! que la espada maneja veloz.
¿La espada?.... ¿lá espada?_Me basta la voz
Para que á tus ojos humillado espire,
Y yo ante mis plantas postrada te mire. .. .
¿Q,uién sois para tanto?...
(smiriétuiosei.) ¿Q,UÍén SOy?
Sí.
(cayendo en una silla, y ocultándose el rostro con las manos.)
¡Q,ué escucho!
¿Os espanta mi nombre, señora?
¿Sabéis que mi pecho no abriga piedad?
¿Sabéis tan terrible, tan cierta verdad?
Si no, vuestros ojos lo verán ahora.
Cuando de una joven, cual vos, se enamora
Un hombre que tiene poder soberano,
Querer resistirle, señora, es en vano,
Y mas si en su pecho blandura no mora.
En mi mano puso Felipe la ley:
Yo haré della el uso que mas me convenga:
Que Méjico espadas, puñales prevenga.
No importa; desprecio tan mísera grey.
El marques de Falces no soy: ¡qué virey!
Con tiernas caricias al pueblo halagaba.
Con miel en los labios riendo le hablaba;
Así irritó presto la ira del rey.
Ya veis, Celestina, ya veis; en mi mano
Está la cabeza del fiero Sotelo;
O me amais, 6 al punto tirada en el suelo
La vereis, tronchada por hierro inhumano.
Bien sé que es un hecho de crudo tirano:
Yo lo soy: no quiero deciros que no;
Lo que vos pensáis, también pienso yo:
Si yo así lo creo, negarlo era en vano.
Teneis una niña, que amais con ternura:
Inocente, bella, divina cual vos:
Pues bien, á esa niña, lo juro por Dios,
Fatídico hierro pondrá en sepultura.
¡Muger desgraciada! ¡fatal hermosura!
¿Sabéis lo que puede la ardiente pasión?
(levantándose.)
¡Perdón!.. .Ah! Mi Berta... mi esposo.. .¡Perdón!
De tu voz depende su suerte futura.
¡Perverso!
No extrañes en mí tal dureza,
Q,ue yo acostumbrado ya estoy á mandar,
Y no rae es posible mi estilo ablandar,
Ni á mi voz quitarle su mucha aspereza.
Rendido me tiene tu ideal belleza:
Serás mi señora, yo esclavo seré.
Hincado en el suelo tus pies besaré;
Mas aplaca, oh joven, tu fiera crudeza.
A España después irémos.-Gk)zosa
Absorta, admirada veráte Madrid;
No habrá una beldad que acepte la lid,
Y quiera la palma quitarte de hermosa.
Y aun el rey diráme con risa graciosa,
Alzando su mano que al hombro me lleva:
“Lo mejor que traes de España la Nueva
“Es esa lozana bellísima rosa.”
¿Y pensáis, infame, que amaros pudiera?.
Jamas en mi pecho cabida tendréis;
Antes con la noche reunida veréis
Del astro del dia la luz placentera.
Si tu alma á la mia al fin conociera,
De mis sentimientos no hablaras así;
Aun no me conoces, ¿qué quieres de mí?..
Ctue vos me dejaseis tan solo quisiera.
Celestina, si hora con tanto rigor
Me muestras tan fiera, tan dura esquivez.
Mis muchas bondades y el tiempo, tal vez,
Harán que tu odio se trueque en amor,
De honores cubierta, de rico esplendor,
En esta ciudad, cual reina imperando,
¡Oh cuántas mugeres veránte, envidiando. .
Callad miserable-
K - Temed mi furor.
_ Pues bien, no lo temo: la tumba fatal
Oculte los restos de Berta y Sotelo.. ..
¡Temblad! ya prepara sus rayos el cielo,
Oue hieren y matan, sin dar la señal.
¿Pues qué, soy acaso, cual Dios inmortal?.
Soy hombre, y al cabo preciso es morir...
En tanto no puedes á mí resistir:
No tienes amparo.
_ Me queda un puñal
x - ¿Prefieres, ingrata, la muerte temible
A ser opulenta, dichosa, potente,
A tener del labio la suerte pendiente
De un pueblo rendido....
De un pueblo invencible,
De un pueblo que presto lanzando terrible
El grito de guerra, veréisle delante,
Blandiéndoos al pecho la espada tajante,
Sacándoos el alma perversa y horrible.
)yjüÑ.- Celestina, ¿piensas que está Nueva-España
En poder de oidores imbéciles, necios,
Q,ue, haciéndose dignos de viles desprecios.
Del marques del valle temian la saña?
Infamia tan ruin, deshonra tamaña.
De Muñoz el pecho jamas manchará;
Méjico de sangre regadas verá
Las calles, las plazas, la estensa campaña.
Ya gimen temblando de asombro y terror
En los calabozos oscuros, tremendos.
Sediciosos viles, que en gritos horrendos
Maldicen su suerte, su mísero error.
Muy pronto, muy pronto verán con horror
De impío verdugo la ruda cuchilla,
Y ante él humillando la débil rodilla,
(Quedará vengado mi justo furor.
No hagas que fiero decrete tu ruina,
No canses, no canses mi mucha bondad:
Yo te amo, te adoro, ingrata beldad;
Tu suerte depende no mas. ...
(dentro.) ¡Celestina!
j Q,ué escucho! ¡Mi esposo! ¡Clemencia divina!
¡Oh dicha! ¡6 fortuna! ¡ó dulce consuelo!.
¡Temblad! hombre infame, mi amado Sotelo
á daros la muerte veloz se encamina.
(sacando la espada.)
Su vida primero.-Tristan?....
(viéndole.) ¡-i
Mandad.
¡Un hombre! ¡Dios mió!....
Conoce quien soy.
-Tristan al instante de aquí yo me voy:
Saca una pistola, y atiende.
('Pristan obedece: Celestina trata de irse; Muñoz la detiene.)
Esperad.
Dejadme-¡Sotelo!-Dejadme...
MUÑ._ Callad.
(A Pristan.)
Te ocultas al punto tras esa cortina;
Si mienta mi nombre aquí Celestina,
á Sotelo matas....
¡Horrenda maldad!
(TVistan se esconde; Muñoz suelta á Celestina, y corre ‘precipitado al balcón; Sotelo
sale á la escena por laizquierda y leve de espaldas al descolorarse por él.)
CELESTINA, TRISTAN. SOTELO.
(corriendo á abrazar á Sotelo.)
¡Esposo mió.... ¡oh Dios!...
(yendoal balean.) ¡Q,Ué eS lo que mÍro!
No así, cobarde, las espaldas vuelvas;
Tú tienes una espada, yo tengo otra:
Ven, y probemos nuestras mutuas fuerzas.
Se fué.-¿Quién es ese hombre, Celestina?
Al venir hasta aquí, ¿qué es lo que intenta?
Habíame: ¿lloras? ¿el semblante ocultas?
¿Debilitada estás? ¿tus miembros tiemblan?... .
¿Qué debo yo temer?.. .. Habla, y del pecho
Arráncame esta duda atroz, horrenda... .
¡Esposo mió!-
Al punto por tu vida,
Por el amor que siempre me tuvieras,
Por tu querida madre, que en sosiego
Yace feliz debajo de la tierra;
Díme, díme ¿por qué tail atrevido
Ha osado ese hombre traspasar las puertas
De esta casa? Quién es?... cuál es súí nombre?
¿Por qué precipitado así se ahuyenta?....
¿Por qué ese tu penar?... ¿por qué en tu rostro
Terror y agitación se manifiestan?.... (silencio.)
¿Callas?
¡Eterno Dios! ¿por qué delito
Mi corazón destrozas? ¡Ah!....
Tus penas,
Tus angustias en mi alma deposita,
Ese llanto que viertes me atormenta;
Rompe el silencio; en mi sensible pecho
Consuelo encontrarás; di, ¿qué te aqueja?
¿Ya para tí no soy tu dulce amigo?
¿Ya no eres tú mi amiga verdadera?
¿Volaron, por desgracia, aquellos dias
En que era toda mia tu existencia;
En que tu amigo un pensamiento solo
Que pasara veloz por tu cabeza
Nunca ignoraba, y éramos modelo
De constancia, virtud y amistad tierna?
¿Se ha trocado tal vez aquella vida.
Vida de amor y de placeres llena,
Con el sol de la dicha iluminada.
En tenebrosa retorcida senda?....
Apénas dejo tus amantes brazos,
Apénas las caricias y las muestras
De la pasión mas firme, cuando vuelvo
Y ya no eres la misma; ¿quién creyera
Que en tan cortos momentos se mudara
Una muger, modelo de terneza?. ...
¡Ah! ten piedad de mí.... ¿Piensas acaso
Que extraño, impuro amor mi alma alimenta?
Si tu agitada mente se calmase,
Tan crueles palabras no dijeras.
Mi corazón conoces, ¿y te atreves
A suponerle cosas tan horrendas?
Hazme justicia: de alma tan corrupta
Por favor de los cielos no naciera.
Primero que olvidarte, esposo mió.
Un rayo ardiente mi cabeza hienda,
Y entre mortales bárbaras angustias,
Y entre tormentos hórridos perezca.
Pues bien, querida esposa, díme el nombre
Del que salió de aquí.
¡Oh si pudiera!
¿Por qué? ¿por qué no puedes, Celestina?
¿Quién te impide alejar la copa acerba
De los labios del hombre que te adora?
¿Quién?.... Mi deber.
¿Y tu deber te ordena
Que desgarrando mas y mas mi herida
Aumentes el dolor que me atormenta?
Habla por compasión.
(de rodillas.) Hiucado
El esposo que te ama te lo ruega.
( Temando la mano á Celestina.)
Toca mi corazón, tócalo y mira
Cómo violento y alarmado tiembla.
¿Quién te puede impedir, jóven hermosa,
Que de un hombre infeliz te compadezcas?
Resistir no irje es dado.. . ¡Dios Eterno! ...
-Yo todo lo diré,
( TVistan asoma medio cuerpo y dirige la pialóla á Sctelo.)
-Bien que me cuesta
Horrible agitación. ¡Baltasar mió!
¡Habla: su nombre, por piedad! ...
¿Lo ordenas?
Te lo ruego, por Dios.
Se llama. . . (viendo á TrUtan).
¡Cielos!
¡No lo diré jamas!. ..
(Escóndese IVistan.)
SOT .•-(levantándose.) ¿No?
No.
¡Perversa!
No me lo digas, ¡no!.... De mi desdicha
Veo una clara y evidente prueba...
Si antes la duda me inquietaba, agora
La realidad mi corazón aprieta.
¡Muger infame, vil y detestable,
Bajo el velo de cándida inocencia.
Bajo de un esteriqr puro y risueño
Escondias el alma de una hiena!... .
¿Quién hubiera pensado que una joven.
Que de ángel parecia su belleza.
Bajo un seno de nieve ocultaría
Corazón tan malvado, alma tan negra?
¿Y que tantos y tantos beneficios
Que de instante en instante yo le hiciera.
Olvidara tan presto, en solo un dia,
A par de sus caricias y promesas?... .
¿Mas qué debo esperar, si tú me engañas,
Tú, que amante endulzabas mi existencia?...
Mis amigos... mi hermano... el cielo misma..
jQ,ué profiero?... jinfeliz!...
¡Calla!
¡Blasfemias,
blasfemias son, que á mi pasar la mente
se atreve á confiarlas á la lengua!...
-Celestina, decidme presto el nombre
del que ahora salió.
¿Piensas
Q,ue así me has de engañar? Si con blandura
De amor y de amistad te ha dado pruebas.
Fue porque tu alma, estúpido creia.
Que era tan pura, cual tu faz es bella.
Pero ya que así rompes nuestros lazos.
También los romperé: sí; te detesta
Mi atormentado corazón... ¿No miras
Que en mis ojos los celos centellean? ...
¡Dios poderoso! ¡Celos!
Así llaman
A esta ponzoña que mi pecho quema,
A esta rabia interior.... frió de muerte....
A esta hoguera voraz, que en mi cabeza
Se alza ardorosa, y por mis venas cunde,
Y mis entrañas sin cesar incendia;
A esta insaciable sed de sangre humana....
¡Oh! la de ese hombre con placer bebiera....
Y también.. . y también... la tuya...
¡Cielos!
(Empufímdo involuntariamente la espada.)
Prepárate á morir, muger perversa.
¡A morir!
A morir.... ¿En mi semblante
No ves el ceño de la muerte horrenda?
¿No ves mi mano que la espada vibra,
Y por rasgar tu pecho se impacienta?
jOh si en lugar de derramar tu sangre
Mi angustia y mi dolor darte pudiera!
iDespuep de tm rrurmenío de suspensión,)
-Díme, díme quién es y te perdono....
Volaré presuroso ú su presencia,
Le haré érapuñar su espada miserable,
También la mia empuñará mi diestra,
Se chocarán veloces los aceros,
Emprenderá cada uno su defensa:
Yo ardiendo en ira, de furor temblando
Haré besar á mi rival la tierra,
Y encarnizado, con mi mano misma,
De su caliente sangre ya cubierta.
El corazón le arrancaré del pecho,
¡El corazón! do se verá mi huella.
-Habla
No puedo, Baltasar; ya dije.
Si quieres de tu amor darme una prueba,
Si las palabras dulces, amorosas,
Q,ue ántes me dirigías fueron ciertas
No me preguntes mas... ¡por Dios!
Escoge
Entre la muerte y tu deber.-¿Ya tiemblas?
(hincándose.)
¡Perdón! mi Baltasar, postrada pido
Que un crimen tan horrendo no cometas....
Si me arrancas la vida despechado
Porque te engañan falsas apariencias,
Porque en tu corazón diste cabida
A una infamante y bárbara sospecha.
Te seguirá sañudo y espantable
Mi sangriento cadáver por do quiera;
Y al fin entre tormentos y martirios
Acabará por grados tu existencia.
(levantando la espada.)
El nombre de ese vil, ó bien jla muerte!....
No lo puedo decir....
(en ademan de malaria.)
¡Mujer perversa!
abrazando las rodillas de Sotelo.)
¡Perdón!....
¿Su nombre?
¡Por piedad!
¿Su nombre?
(presentando el pecho.)
Rompe mi corazón.. . .
¡Maldita seas!
(Sotelo va á herir á Celestina y se detiene como quien la ama todavía y no se resuelve á
tan duro sacrificio; dsspues arroja la espada, empuja con fiereza á su esposa, al malde¬
cirla, y se va precipitadamente. Celestina queda tendida en el sudo; 'Pristan sale rá¬
pidamente por el balcón.-Este final ha ele ser instantáneo.)
Jornada segunda
Paso primero.
(La plaza del Volador sin el mercado que ahora tiene .- En el fondo se ve la aoequia, por donde bogarán algunas canoas con luces; adelante una esquina, del pakwvo anti¬ guo descubriéndose por los balcones la iluminación inte¬ rior. De cuando en cuando, entre el palaxAo y la ace¬ quia, se verán pasar apresuradamente, y en enccmtradas direcciones, algunas personas con farol en mano. Por el foro, á la izquierda do los axres, se oye de tiempo en tiempo el ¿Q,uién vive? del centinela. Noche tempes¬ tuosa
DON PEDRO DE QUESADA, DON BALTA¬
SAR DE QUESADA, DON FERNANDO DE
BOCANEGRA, y tres conjurados.
(II levantar el telón aparecen en una tanoa, sin IrjLZ, estas seis personas, de las que cin¬ co saltan en tierra.)
Dichoso el que satisfaga
Antes que otro su rencor,
Hiriendo al visitador
Con la punzadora daga.
Muy cerca está el miserable.
Valor y constancia, amigos;
Temer á los enemigos
Es infamia despreciable.
Allí se mira una puerta
Q,ue es la que al costado da
Del palacio: al Sur está,
Y hay un centinela alerta.
No siempre, que á toda luz
Suele dormir; y á lo lejos.
Tendido entre arneses viejos.
Se ve el mohoso arcabuz.
Mas no es fácil penetrar
Hasta el centro del palacio,
Q,ue Muñoz no anda despacio,
Y se sabe asegurar.
Cerca de su alcoba tiene
Hombres que su vida guardan,
Y solo una seña aguardan
Para hacer lo que á él conviene.
Con ciento no mas que fuéramos
Nada habria que temer.
Ni tendríamos que hacer
Mas que entrar, aunque muriéramos.
Pero, señores, ya veis:
Q,uerer penetrar es vano
A la estancia del tirano,
Pues no somos mas que seis.
Fuerza es que aquí le esperemos
Y si llegare á salir.
Bañado en sangre morir
Llenos de rabia le harémos.
No vamos á asesinar
A un hombre, no, que es perfidia:
Con fuerza digna de envidia
Al tigre hemos de matar.
Uno solo le saldrá
Al frente; y si este muriere,
El que mas cerca estuviere
Su puesto reemplazará.
No quiero que diga el mundo
Q,ue asesinos hemos sido,
Sino hombres que hemos vencido
A un opresor furibundo
¡Ojalá fuera mi suerte
Tan felice, que mi mano
Diera ejemplo al mejicano
De ser libre, y de ser fuerte!
Como á esta nación del yugo
Del visitador librara.
Aunque después me cortara
La cabeza el vil verdugo.
¿Qué nos importa vivir.
Si entre pesadas cadenas.
Maldiciendo nuestras penas,
Nos miramos consumir?
Maldito aquel hombre sea
Que libre un brazo teniendo,
A un déspota esté sufriendo,
Y en calma su infamia vea.
Miéntras tenga pundonor
Dispuesto estará Quesada
A dar muerte con la espada
Al que nos quita el honor.
No quiero á mis hijos ver
Las rodillas humillando
A un pérfido, que abusando
Siempre está de su poder.
Calabozos inclementes
Por donde quiera se miran,
Y por donde quiera espiran
Cientos, miles de inocentes.
¿No veis gemir al valiente
Y su cabeza caer?
¿No miráis ríos correr
De sangre, sangre caliente?...,
Dispuestos todos estamos
A dar la muerte al tirano;
Impaciente está la mano.
Solo el momento esperamos.
Dicen que anoche embozado
Salió el infame Muñoz.
Y que de Tristan feroz
No mas iba acompañado.
Si tan benigna la suerte
Nos le presenta, volando
Irémos todos, ansiando
Por darle espantosa muerte.
Y con impaciente afan
El corazón romperemos
De ese pérfido, que vemos
A su lado, ese Tristan.
Si vamos á perecer.
Grabaremos nuestros nombres
En la historia de los hombres
Q,ue libres supieron ser.
Mi alma de gozo sublime
Se inundara, si al abismo
Precipitara yo mismo
Al hombre que nos oprime.
Ojalá y él admitiera
Cuerpo á cuerpo un desafio,
Y su acero con el mío
En igual campo midiera.
Canas tengo en la cabeza;
Mas cumpliera mi deber,
Que la espada he de poder
Aun manejar con firmeza.
Entonces decir podria:
“En Nueva-España el primero
“Fui, que blandiera el acero
“Contra la opresión impía.”
De la gloria allá en el templo.
Gozoso alzando las manos.
Gritara á los mejicanos:
“Seguidme, yo os di el ejemplo.”
¿Quién de placer no palpita
Al oírte, hermano mió?....
¿A quién tu nobleza y brio
A la venganza no incita?....
Con violencia el pecho late
Ansiando por el momento
En que llenos de contento
Nos lancemos al combate.
Los Bocanegras odiamos
De muerte al visitador,
Y el sublime pundonor
Por la vida no trocamos.
Pues bien, varaos a buscar
La gloria con el acero.
Venturoso del primero
Que el golpe le pueda dar.
Pero vuelvo á repetir:
Aunque es Muñoz un tirano,
Nadie levante la mano
-To¬
para en la espalda le herir;
C¿ue es de cobardes acción;
Y siempre infama su nombre
Aquel que mata algún hombre
Con vil y baja traición.
Y si no, al mayor guerrero
Que el mundo miró asombrado,
Y cuyo nombre ha sonado
En uno y otro hemisfero,
Al Cid, á ese gran león,
Un rebozado puñal
Pudiera haber hecho igual
A los condes de Carrion.
Es cierto: y bien pénetrados
De tus razones, jamas
Con negra traición verás
Nuestros pechos infamados.
Pues vamos, y que se quede
En la canoa el que está,
Y que reme para allá:
Tal vez ofrecerse puede.
La noche nos favorece:
Está pavorosa, oscura;
El huracán con bravura
De instante en instante crece.
Matarémos sin piedad
Al cruel visitador;
Será el trueno el confesor.
Sus salmos la tempestad.
( Vant y la canoa tamMen, por la izquierda de loe actoret.)
SOTELO, (por la derecha.)
jOh noche! ¡oh noche.... que mi dum suerte
Me recuerdas feroz! ¡yo te maldigo!
¿Por qué tu manto fúnebre de muerte,
Que solo a la maldad sirve de abrigo
No me envuelve violento y furibundo,
Y me aleja por siempre de este mundo?
Ayer, como ninguno, era dichoso,
Y hoy.... ¡oh fortuna impía y detestable!
En el centro del báratro espantoso
Se consume mi pecho miserable....
A él arrojaron por mi mal los cielos
Rabia, furor, destrozadores celos.
Muger, muger, cuyo nevado seno
Ocultaba de hiena las entrañas;
Muger, que de mortífero veneno
Mi triste corazón pérfida bañas,
¿Por qué tu pecho no rompí sañoso?
¿Por qué tu sangre no bebí rabioso?
¿Pero, adonde me arrastran las pasione.s
Fuerza es obedecer á mi destino... .
Volaé á recorrerr varias naciones,
Y á mi alma inundará placer divino
Otro clima buscando y otro cielo,
Y corriendo á mi mal oscuro velo.
SOTELO, TRISTAN (por la derecha.)
(No es mala idea por cierto
Ordenar á un triste pobre’,
Q,ue ande exponiendo su vida
En tan negra, horrible noche,
Para saber si So telo
Anda por aquí 6 se esconde.)
(¿Es ilusión que me engaña
O aquí se acerca algún hombre?..
¿Si será el que á este paraje
Me escribe venga veloce?)
-¿Q,uién va?
Uno que sus pies
Atras y adelante pone.
Tenga mas cortesanía,
Y al punto diga su nombre,
Si no, juro por el cielo
Que hablaré con el estoque.
TRIS.’-(Por el salto de Alvarado,
Que este parla como noble.)
-Me llamo.... (¿Qué le diré?...)
-Ne llamo Martin Ordoüez.
Señor don Martin...
El don
Me viene como de molde.
Pues Martin, ¿aquí qué busca,
Cuando ya los resplandores
Del claro sol se perdieron
Tras los elevados montes;
Cuando el cielo mas y mas
Se cubre de nubarrones;
Cuando el relámpago brilla
En el oscuro horizonte,
Y presto de agua y granizo
Caerán torrentes enormes?....
(Este es Sotelo.)-Es el caso.
Q,ue me saca de mi esconce
La necesidad forzosa
De ir á mis obligaciones:
Os lo diré por lo claro:
Tengo una cita esta noche.
(¡Una cita!¿Si será?....) -Decidme cómo, y adonde.
Pues vuesa merced lo manda,
Preciso será le informe
De mi vida y mis virtudes,
Q,ue pueden servir de norte
A los pasados, presentes
Y futuros pecadores;
Si bien jamas acostumbro
Imponer en mis acciones
Así al primero que llega.
No mas porque él lo dispone.
Teneis razón. Si indiscreto
Y audaz os hice cuestiones,
Q,ue hacerlas á un hombre, solo
A un amigo permitióse,
Fué porque hoy he recibido.
Cerca de las oraciones.
Un anónimo billete
Q,ue un desconocido envióme;
En el cual dice le espere
En este lugar, adonde
Sobre importantes asuntos
Me dirá varias razones:
Creí que era desafio,
Y por lo tanto veloce
Me encaminé á esta plazuela,
Ansiando encontrar á mi hombre.
Si sois vos, decidme al punto
Cuáles son las intenciones
Con que aquí me habéis citado,
Y si es cosa del estoque.
Muchas ganas de reñir
En vuestro hablar se conoce.
¿Habréis acaso tenido
Hoy crueles aflicciones.
Que el corazón y la mente
Os martiricen feroces?
Es cierto que acá en el alma
Siento un peso atroz, enorme,
Que eternamente me oprime
Y el corazón me corroe;
Pero esto para el asunto
De que tratamos conformes,
De nada sirve, si no es
Para aumentar mis dolores.
-Decidme, ¿sois por ventura
El que á este lugar citóme?
No, señor, porque mi cita
Es puramente de amores:
Se ha empeñado mi beldad
En que yo su casa ronde,
Y como otra Melisendra
Me habla desde sus balcones.
(Sálelo está pentaUvo.)
Suele haber sus cuchilladas;
Pero esas son por otro orden
Q,ue el de un desafío.-Viene
Alguno á quien le incomode
Verme andar de uno á otro lado,
O estar fírme como un poste.
Se me acerca, y luego grita
Con voz de rinoceronte:
“Amigo, ¿qué se le ofrece
“En esta calle, y tan noche?”
Yo, sin responder palabra,
Empuño mi espada noble,
Y á él arremeto con fuerza,
Dando formidables golpes.
Ambos aceros se cruzan.
Saltan chispas á los choques.
Ya doy una cuchillada,
Y ya me quito un mandoble.
Que resistirme no puede.
Con grande aflicción conoce,
Y alza la voz tembloroso,
Y lleno de miedo entonces.
Por ver si entre los vecinos
Viene alguien y le socorre.
Se alborota todo el barrio
Con sus plañideras voces.
Salen el padre y parientes
De mi idolatrada joven:
Nos separan y examinan
De los piés hasta el cogote,
Y luego entran á su casa
A hacer las indagaciones
De quien es el del gaban,
Y quién es el del bigote.
-Q,uereis, pues, acompañarme?...
(Péro este hombre no responde.)
-Venid, vereis que mi mano
Es robusta como un roble.
(pensativo.)
Está bien... no perdáis tiempo...
Id adonde os corresponde.
(Si yo pudiera llevarle
Hasta el palacio... ¡Oh! entonces. ..)
-Como yo estáis impaciente
Por desnudar el estoque:
Si queréis acompañarme,
No os faltarán baladrones
De quienes con vuestro brazo
Podréis ser vos el azote.
Venid.
(distraído.) (jGran Dios!)
Venid presto
A dar pruebas de ser noble.
Dejadme en paz. Yo os suplico...
Venid. ('Tirándole de un brazo.)
Por favor....
Los hombres...
(Desprendiéndose con fuerza.)
Los hombres se desesperan
Si hay alguien que los enoje,
Y saben dar cuchilladas,
Y los viles pechos rompen.
¿Soy yo acaso?_
Idos, os ruego...
Me iré.-(Las paredes oyen.)
Vase por la izquierda, y aparece poco después.)
He quedado solo, sí.
Ya puedes venir, recuerdo,
A descargar sobre mí
Las penas en que me pierdo.
Pensando en lo que antes fui.
Amado de una muger....
No muger, ángel del cielo,
Q,ue derramaba el placer
En mi pecho, y fue el consuelo
Que tuve en mi padecer.
Y se torna en un instante
En fiera, aleve, peijura,
Que busca un segundo amante,
Y la copa de amargura
Vierte en mi pecho constante.
¿Mas si por ventura es fiel,
Y yo, frenético, y ciego.
Lleno el corazón de hiel.
Tal vez al pesar la entrego,
Y quizá al furor con él?....
Se va acercando por la izquierda una canoa, en la que vendrán. Nulíez y Derla, vesti¬
da de paje, quien luego salla á tierra, y registra la escena, como buscando á alguno.)
¿Qué hará sola, abandonada
Del hombre que mas amó?....
Acaso desesperada
Se arroje sobre una espada....
Y el asesino soy yo.
Volaré, sí, presuroso,
Y perdón la pediré:
La suplicaré afanoso
Que olvide que la injurié,
Y que me vuelva el reposo.
(Yéndéit.)
¡Celestina!. . . . (se detiene.)
-¿Adonde voy7
Pues si satisfecho estoy
De que ella no es inocente,
, ¿Dónde me arrastra la mente?
¿Cómo intento verla hoy?
¿Tan necio de ser habia
Que á la que me hundió al abismo
De la desventura impía,
Rendido y postrado iria
A pedir perdón yo mismo?
¡Imposible! no.... ni el cielo
Tal exigiera de mí.
Correr es preciso el velo
De cuando dichoso fui.
Yo la olvidaré....
t(irándole del ferreruelo.) Sotclo.
SOTELO, BERTA, TRISTAN.
(Tristan se mantendrá al “paño escuchando.)
¿Quién sois?
(acercándose al rostro un farol que traerá.)
¿No me conocéis
¡Berta!.... ¿Cómo en ese trage?
A esta hora y en tal parage?
Señor, ¿no lo comprendéis?
Solo que ya eres un page.
Preciso era este vestido
-To¬
para conseguir mi intento,
¿Y cuál?....
¿Habéis recibido
Una carta?
Y al momento
A este lugar he venido.
Pues yo esa carta os mandé,
Y ya lo que quieres pienso;
Pero en nada variaré
El partido que tomé.
¿Y es?
Surcar el mar inmenso.
Cuando mi madre querida,
Sufriendo tormentos mil,
Supo guardar vuestra vida.
Vos pensáis que es una vil,
Y la dejais abatida.
El rostro bañado en llanto,
Y el sensible corazón.
Presa del feroz quebranto,
De la duda, del espanto,
Y de la cruda aflicción.
Presto en honda sepultura
La veréis, señor, tendida.
Marchitada su hermosura,
Sin rosas su boca pura.
Sus ojos sin luz, sin vida.
Entonces maldeciréis
Vuestros infundados celos;
Entonces demandaréis
Q,ue os la devuelvan los cielos,
Y que es ya tarde veréis.
Y entonces su sombra augusta
- 80 '‘~
Vuestros pasos seguirá:
Triste, silenciosa, adusta.
Tomando venganza justa
Vuestra alma destrozará.
Y vos, huiréis desolado
Vuestra suerte maldiciendo;
En vano ¡ay! que el desdichado
Corazón os va diciendo:
“Ni el sepulcro es tu sagrado.”
Pues ni aun allí, ni aun allí;
Encontraréis el sosiego....
Ten piedad, Berta, de mí:
Estoy delirante, ciego,
Y siento un dolor aquí.. . (Señalando el toraxon.)
Déjame, Berta, por Dios;
Vete, ya no me hables mas.
¿Pero cómo queréis vos7_
Todo mi haber tomarás,
Y vivid con él las dos,
Yo nada os pido, señor;
Tan solo que me escuchéis:
Compadeced mi dolor;
Sofocad vuestro furor,
Y todo, todo sabréis.
Habla, ya escucho tu voz.
Un hombre con Celestina
Estaba: un hombre feroz.
Cuya audacia se encamina.
¿Cuál es su nombre?...
¡Dios Eterno!
El corazón
Ardiendo de odio, de envidia.
Y cubriendo de baldón
Su pecho con vil traición,
Comete infame perfidia.
A vuestra morada entró
Con un puñal en la mano,
Violento me sorprendió,
Y su intento consiguió.
Porque resistir fue en vano.
Tristan, de Muñoz criado.
Estaba de una cortina
De la cama resguardado,
Cuando casi, ya cegado,
Matabais á Celestina.
Si ella pronunciado hubiera
Del visitador el nombre.
Aleve balazo os diera
Por la aspalda ese vil hombre.
¡Celestina! ¡Ah! ¿quién creyera'?...
Volemos: verla deseo;
A sus pies me postraré.
Mi perdón la pediré;
Y, si al pensamiento creo,
En su pecho lo hallaré.
Y luego de ese Muñoz
Penetraré al aposento,
Y con la espada, feroz
Despedazaré y sangriento
Su pecho, su pecho atroz.
Tiempo ha que detesta mi alma
A ese perverso, á ese vil..
Basta ya de infame calma,
Y aspiremos á la palma
Del esfuerzo varonil.
Si acaso en la empresa muero,
Tengo amigos, que empuñando
Están va el filoso acero,
Llenos de furor ansiando
Dar muerte al déspota fiero.
-Sígueme, Berta, al instante.. .
¿Pero adonde queréis ir?
A ver á mi esposa amante.
Luego, á matar ó morir
Con pecho firme y constante.
jAh desdichado Sotelo!
Teneis mas que padecer,
Pedid fervoroso al cielo
Q,ue os dé valor para A’er
Lo que os cubre denso velo.
Mi labio está tembloroso
Al deciros la A erdad.. . .
Ese tirano espantoso
Aun cometió otra maldad
Q,ue referiros no oso.
Habla; presto el corazón
Acaba de destrozar. .. .
Díme. ...
A su propia mansión
Dio luego disposición
De á Celestina llevar.
¿A Celestina? ioh furor!
En el palacio encerrada
Desde anoche, su dolor
Exhala desesperada,
Y os llama á gritos, señor.
¡Oh rabia! ó furor ardiente,
Que me destrozas el pecho!
|Por qué una mano potente
No me deshizo en mi lecho
Cuando aun era un inocente?...
üER, - Mirad como corre el llanto
Por mis mejillas, señor:
jAh! no aumentéis mi quebranto,
Mi agudísimo dolor. . . .
No hay fuerza en mí para tanto.
¿Y en mi?. ... ¿y eii mí? ¡desgraciado!
En premio de la viftud.
Ordena el cielo irritado,
Q,ue pene desesperado
En mi triste juventud.
Mas me queda la venganza:
Dulce, divina al mortal.. . .
Cuando acaba la esperanza.
Una cuchilla fatal
Es lo que la mano alcanza.
Y satisface con ella
El ardimiento feroz
Q,ue le ha infundido su estrella...
-jO mi Celestina bella!
Muerto verás á Muñoz.
-Vamos, Berta, ansiando estoy
Mas ¿dónde insensato voy?....
Yo solo, nada valdré:
¿Cómo al palacio entraré?
¿Q,ué? ¿nada podré hacer hoy?...
A mis amigos buscar;
Sí.. . . pronto... . Don Baltasar
Y Don Pedro de Quesada....
Los Bocanégras, y. .. .
Nada
- 8
Necesitáis para entrar.
¿Cómo?
Las puertas están
Abiertas para nosotros.
Las guardias impedirán.. ..
No, señor; si fueran otros -
Pero no resistirán.
-¿Gonzalo? (Salta Nuñez de la canoa.)
¿A quién llamas, di?
A un hombre que me acompaña.
¿Q,uién es?
(acercando el farol al rostro de Nuflez.)
Miradle
Yo vi
Esta cara otra vez.. ..
Sí:
La habéis visto.
(a/oido de uíCTto.j Este te engaña
SOTELO, BERTA, TRISTAN, NUÑEZ.
(TVistan permanece al paño. Núñez hácia el fondo.)
No temáis, que bien segura
Estoy de su corazón,
Y sé que su alma es tan pura
Q,ue nunca será perjura
¿Tienes dél satisfacción?
El es quien la carta os dio,
Y además quien la escribió.
Señor, os respondo dél:
Es prudente, honrado, fiel;
Por eso le adoro yo.
Ven presto, Gonzalo mió.
Acércate pronto acá;
Habla, que apenas te oirá;
Si en mi corazón confio,
Malvado no te creerá.
(Acercándose.)
Yo sirvo al visitador;
Pero mi alma estremecida
Siempre lia visto con horror
A ese cobarde homicida.
(Ya sé que eres un traidor.)
De nuestra parte ya está
La guardia, y espera ansiosa;
Q,ue volemos presto allá.
Veréis luego á vuestra esposa.
(Todo Muñoz lo sabrá.) (Váse.)
Dulce, angélica verdad
Vuestras palabras respiran.
En vos hay sinceridad.
Señor... .
Con velocidad
Vamos: las horas espiran.
Aligeremos el paso,
Que ver á mi esposa anhelo.
(Al irse, te detienen repentinamente oyendo ruido de espadas por la parte teyuierda.)
(dentro.)
¡Socorro! ¡socorro!
(Retrocediendo.) ¡Ciclo!
(á Sotelo.)
¿Escucháis?
El viento acaso....
(Acercándose con cautela.)
Son unos hombres, Sotelo.
(Aparece Tristón defendiéndose de un conjurado que lo ataca: á este ídtim» Ittigum
do.s de sus compañeros con la espada en la mano.)
Al que socorro pedia.
Tres, en combate feroz,
Rechazan.
(empuñando la espada y dirigiéndose á los canjuTadst.)
¡Qué villanía!
¿Dónde vais?
Le auxiliaría
Aun cuando fuera Muñoz.
(Soleto se pone al lado de T.istan; Núfíez le imita, y te meten amiehillando á los ton-
j arados.)
(Un aposento de palacio, bellamente adornado .- tina
puerta en el fondo, otra á la izquieida, cuyas hojas se
abren hacia la escena.-Un estrado de almohadones al
estilo oriental.-Peiíctra de cuando en cuando, por la
puerta del fondo, la luz de los relámpagos.
Vil.
CELESTINA, (tentada en el ¿tirado.)
jOh muger desdichada,
A quien la suene pérfida
Tiene aquí abandonada
Sin encontrar alivio á su dolor.
Yo que era tan dichosa.
Me encuentro sola y mísera.
Lamentando llorosa
De mi pesar indómito el furor.
¿Cuál será nuestra suerte?...
Sotelo, errante y prófugo,
Recibirá la muerte
En un pais remoto ó en el mar.
Yo de un feroz tirano,
Desventurada víctima,
Luchando, siempre en vano,
Por mis duras cadenas quebrantar.
Siento un peso eii el alma,
Que me atormenta bárbaro,
Y én impotente calma
Tiene hundido mi triste corazón.
Es calma de la muerte;
Que ya mi vista el túmulo
No muy léjos advierte.
Que ha de ser mi postrera habitación.
(Apartce Muñoz “por la puerta izquierda, y se detiene escuchando d Ctltetina.)
¿Sumidos en espanto
Los mejicanos, tímidos.
Derramando su llanto
Primero que su sangre quieren ver?
A la señal de alarma.
Como mugeres débiles.
Si alzar pretenden su arma
Desfallecidos déjanla caer. ..
CELESTINA, MUÑOZ.
(Al oir ta voz de Muñoz, Celestina se levanta despavorida, como pretendiendo huir mas luego se detiene, y permanece á cierta distancia de él.)
¿Al cabo lo conoces?.. . . ¿Ya no esperas
Que á tu socorro vuele el mejicano?....
¿Te convences al fin de que á mis plantas
Gime ese pueblo débil y humillado.-
jOh loca fantasía! En tu cabeza
Vagan y te deleitan sueños vanos;
Pero la realidad viene sañuda,
Y tu (festino con furor mostrando,
“Ríndete, dice, á ese mortaV potente,
“O verás á tu esposo en el cadalso,”
¡En el cadalso!... ¡ó Dios!.. iy vuestro pecho
Seria tan cruel, tan inhumano,
Que en la inocencia mísera os vengaseis
Sin haber della recibido agravio?...
Eso no puede ser: aunque de fiera
El corazón tuvieseis despiadado.
Al fin conoceréis vuestra injusticia
Viendo mis ojos por el lloro hinchados,
Y oyendo mis suspiros y mis quejas
Roncos salir de mi convulso labio.
Mi dolor, mis angustias, mis martirios.
Capaces de mover al frió mármol,
Vuestra alma ablandarán, estoy segura,
Y me daréis la liberfed al cabo.
Poneos en lugar de mi Sotelo,
Y suponed que sois el desdichado
A quien arrancan su querida esposa,
A quien inundan de dolor amargo.
¿Cuáles fueran las ansias, los tormentos,
Q,ue con robusta poderosa mano,
Rompiendo vuestro pecho os despeñaran
Del negro abismo en los profundos antros?...
¡Si yo fuera Sotelo! pero sabes
Que no lo soy, y suponer es vano
Cosas que de por sí son imposibles.
Pensamientos inútiles y vagos.
Solo sé que Muñoz es mi apellido,
Q,ue una estensa nación tengo á mi mando,
Pues represento en ella al gran Felipe,
Q,ue es de España el potente soberano;
Q,ue tengo harto poder, que me obedecen
Tímidos, y á mis plantas humillados.
Millares de hombres, que serian libres
Según la ley, pero que son esclavos.
No mas de un modo quiero ser Sotelo:
como tu esposo.
Nunca, hombre malvado...
jAh!... ¿qué digo?... jPerdon! Mi lengua solo...
Tu lengua ayer estúvome insultando,
Y ora duda... ¿por qué? ... ¿Dónde tu brio,
* Tu arrogancia y furor se han ocultado?
¿Q,ué se ha hecho tu valor?... ¿Tiemblas ahora
Y altiva ayer me estabas despreciando?
¿Q,ué es de tu defensor? ... ¿De ese Sotelo,
¿Dónde está, dónde, el furibundo brazo?
¿Por qué no vuela á tu socorro, y vierte
La sangre de Muñoz, del que insensato
Se atreve á aprisionar á Celestina,
Y continuo de amores la está hablando?
No insultéis mi dolor... ¡Piedad!
Tu esposo
Te entrega infiel á tu destino infausto.
Cuando estabas guardando su existencia
Te cubría de injurias el ingrato,
Y hasta darte la muerte pretendia
De su rabia frenética guiado.
Y quien sabe si ahora enfurecido
Maldice su piedad, y preparando
Está el cuchillo que tu pecho hienda;
Y ya mira tu cuerpo desangrado.
Y ya te. ve gimiendo moribunda,
Y en tu agonía el vil se está gozando.
No; de su corazón nunca creyera
Semejante maldad: es un engaño.
Yo le conozco bien: si olvidar pudo
Por un mohiento mi virtud; si tantos
Ultrajes profirió contra su esposa,
Y aun pretendió colérico, indignado.
La vida arrebatar á la que tierna
Le estrechó tantas veces en sus brazos,
Al fin su error conocerá, y violento
Volará en mi socorro...
Si obstinado
Pretendiera venir á recobrarte,
jAy infeliz! ¡que tiemble el temerario!
Mirarías entóneos con la espada
Su corazón infame traspasado.
Lleno de sangre, pálido, convulso,
Por las hondas heridas respirando,
Y diciéndote adiós con voz doliente,
Y tendiendo hácia tí sus tibios brazos...
Cesad por compasión.. . ¡Dios de justicia!...
jQ,ué detestable y horroroso cuadro!...
¿Y seríais capaz? ... ¿y del infierno
No temeis el furor?
Piensa que te amo
Y deja lo demas. -La paz de mi alma
Y de la tuya, quedará á mi cargo.
Para el hombre que al crimen se abandona,
Religión y virtud son nombres vanos. '
El que en su pecho una pasión abriga,
Rompe furioso lo que encuentra al paso.
Cede á mí, Celestina, y yo te juro
Que en el instante me veras trocado.
Seré modelo de virtud sublime,
Y á tí lo deberé. Mas si al contrario,
En vez de amor y de caricias tiernas,
Solo repulsas y desprecios hallo,
Hará la fuerza, lo que no han podido
Los ruegos, las ofertas, los halagos;
Y de crimen en crimen... nada importa:
¡Un crimen mas! un crimen!... y entre tantos!
¿Queréis ser virtuoso, cometiendo
Una maldad, indigna del humano? ...
Si no temeis del cielo la venganza,
Y sus sagradas leyes despreciando.
Os arrojáis del crimen detestable
En el inmenso y tenebroso caos,
A los honibres temed: del rey Felipe,
La indignación no provoquéis cegado:
Quizá se canse, oyendo las plegarias
Del oprimido pueblo mejicano,
Y con mengua de vos, ardiendo en ira,
Os arrebate de la diestra el mando.
Os despoje de bienes y de honores,
Y en la indigencia os hunda despiadado.
¿Qué haréis entonces? Pobre, miserable.
Sin encontrar ni protección ni amparo.
De puerta en puerta vagareis humilde,
Y sereis por do quiera rechazado.
Como un insecto vil y despreciable
Vuestra existencia mísera arrastrando.
La muerte invocaréis, y ni la muerte
Oirá vuestro clamor desesperado.
Y el hombre que cual rey, bajo de un solio
e asentó lleno de esplendor y fausto.
Y con sangre inocente se bañara,
La Nueva-España pérfido asolando,
Como inmundicia hedionda y asquerosa,
A un cenagal se mirará arrojado.
¡Oh necias Unciones!... Si Felipe
De esta colonia me arrebata el mando,
Oro me quedará, y el opulento
Ha sido en todos tiempos apreciado.
¿Q,ué vale la virtud sin la riqueza?
El infeliz en triste desamparo
Gemirá siempre, aun cuando sea un ángel,
Y quien enjugue no hallará su llanto.
En vez que el hombre que en sus arcas tiene
Plata, y oro, y diamantes encerrados.
Aun cuando fuere un bárbaro asesino.
Es ante el mundo de virtud dechado.
#
¿Y si la vida el rey os arrancase
Mandándoos espirar en un cadalso?
Entonces moriré con el consuelo
De haber ántes gozoso descansado.
Sin descontento, sin zozobra alguna.
De Celestina en los amantes brazos.
Eso nunca verás, hombre perverso.
Primero en polvo se hundirá el palacio.
¿Y quién en este instante, infortunada,
Q,uién podrá libertarte de mis manos?
CEL, (sacando un jmfíal que lleva escondido tn el seno.)
Este puñal.
(sorprendido.) ¡MugOr!
En vuestro pecho.
Si audaz os atrevéis á dar un paso,
Al penetrar aquí los guardias viles.
De horror cubiertos lo verán clavado.
¡Detestable muger! ¿tendi’ás aliento
De mancharte con sangre?.. ..
. Adelantaos.
Estás resuelta, bien lo veo: ta alma
Ya de su triunfo se estará gozando;
Empéro tu placer cesará en breve:'
(Mostrándola una cota.)
Mira: ¿no ves mi pecho resguardado?
¡Una cota!.... ¡Gran Dios!
Fuerte, robusta,
Impenetrable.
Soy perdida....
¿Acaso
Soy loco miserable, imbécil niño?
Pues dad un paso, y el puñal me clavo.
(Empieza á oirse d bramido de la tempestad.)
(después de un instante en que ha asomado feroz sonrisa á sus labios.)
¿Y te darás la muerte, si iracundo
En calabozo lúgubre te lanzo?....
No lo dudéis.
¿Y si á tu Berta amada
Miras pisar las gradas de un cadalso,
A gritos demandándote la vida,
Teniendo atado á su garganta el lazo?
cel: -¡Mi Berta!. ... ¿y qué delito cometiera?....
Habla: impaciente tu respuesta aguardo.
Me mataré también.
¿Y si á Sotelo
Ves en la atroz tortura rebramando
De angustias y dolor, pidiendo á voces
Perdón! perdón! y del convulso labio.
Entre horrorosos penetrantes ayes,
Execrables blasfemias arrojando?
¡Oh Dios! (cubriéndose el rostro.)
Responde al punto, Celestina
¿Valor tendrás para mirarle?....
' ¿Acaso
Sois ángel de terror, que del abismo
Sale á oprimir mi pecho con espanto?
( Un trueno.)
¿No temeis del Eterno la venganza?
¿No oís, no oís como retumba el rayo?
Nada temo. Habla pronto. ¿Qué resuelves?....
(Pausa.)
-Me mataré también, feroz tirano.
(Muñoz duda por un momento entre irse ó permanecer; al fin vase precipitado por la
izquierda, Celestina cae en uno de los almohadones dd estrado, - Algxs instantes
después aparece Berta por el fondo, mira cautelosamente á todos lados, se precipita ha¬
cia Celestina, y se sienta junto á ella.)
CELESTINA, BERTA
Aquí estoy, madre querida,
Volved gozosa á la vida:
El cielo su ardiente cólera,
Por nuestra dicha aplacó.
Ya no temas al tirano:
Sus artes serán en vano:
Las armas tu esposo intrépido
Ya generoso empuñó.
¡Mas cielos! ¿qué es lo que veo?
¡Ay! á mis ojos no creo.
Tienes el semblante pálido,
Y en tu mano está un puñal.
Abrázame, madre mia... (la abraza y la besa.)
Me hiela tu frente fria....
¿Por qué así te miro trémula?
¿Te ha sucedido algún mal?
Mitiga el duro quebranto
Que baña mi rostro en llantó?...
Mi Berta, serémos víctimas
De esa serpiente cruel.
No lo temas. En la tumba
Ya su planta se derrumba:
Al pueblo verás de súbito
Que fiero acude en tropel;
Y que al palacio se allega:
Sus puertas al fuego entrega,
Las desquicia con estrépito,
Y entra lleno de furor:
Busca hasta su alcoba misma
Al déspota, que se abisma
Desalentado y atónito
Oyendo sordo rumor.
En tomo de sí recorre
Con la vista, y luego corre
Del palacio por los ámbitos,
Al trueno del arcabuz.
En vano á sus guardias llama:
Solo mira que la flama
Do quiera se extiende rápida
Lanzando siniestra luz.
¡Cómo te ciega el deseo!
Yo solo infortunios veo.
Huye, Berta, de ecta cámara
Y no vuelvas á ella mas.
Huye del polacio presto
Huye del signo funesto
Que nos persigue, y en Méjico
Jamas te vean. . ..
¡Jamas!
¿Y tú, Celestina, quieres? ....
No puede ser, ó ya no eres
Como en nuestros diaá prósperos,
En que unidas.
-Las dos....
(Levantándose: Celestina hace lo mismo.)
Mas el tiempo no perdamos.
Vamos, Celestina, vamos,
Q,ue ya tu esposo esperándote.
Mi esposo!_
Mírale.
¡Oh Dios!
Sol si o aparece por la puerca del fondo; Celestina, al verle, corre, seprecipUa en sus
bravos, y estrechados permanecen algunos tnstoní*».)
CELESTINA, BERTA, SOTELO.
(Crece la tempestad, y va en aumento hasta el fin de la jomada.) * soT.-¡Ah Celestina mia! ¿Será verdad que tengo entre mis brazos A mi amor, á mi bien, á mi consuelo? .. . ¿Será verdad que el cielo Aplaca la ira de la suerte impía?.... ¡Oh cuánto padecí!.. .Mi error perdona; Yo te ofendí, mi dueño, Y con feroz empeño Tu corazón despedacé insensato; Empero el velo se rasgó, y ardiente Tu agravio y mi baldón de vengar trato. -Habla, por compasión; que oiga tu acento, Que mi alma se embriague de contento Al escuchar tu voz encantadora. ¡Cuán feliz soy ahora! Ya no temo perderte, Ya no temo á la suerte, Ya la sangre en mis venas se acaloia. -Habla.... -'"EL.- No puedo.... El corazón me mata.... Mi fantasía, perturbada y ciega. Mis ideas confunde, Y de placer me anega. -Al opresor temia; Pero he sabido resistir... .La muerte. Antes que verme deshonrada y triste. Antes, Sotelo mió, que perderte.
No morirás, mi bien. Siento en mis venas
Arder la rabia y el furor altivo.
Cesarán nuestras penas;
Romperé las cadenas
Que nuestro cuerpo oprimen.
Borraré la señal que en él imprimen.
-Visitador, venid, aquí os espero:
Arrancad de mis brazos á mi esposa;
Venid con vuestra guardia poderosa,
A todos hablaré con el acero.
No alarmes á la fiera sanguinosa.
Nos escuchan quizá...
(íín aienderlas.') • Dc CUCOnO mUCrO.
Ríos de sangre correrán: ¡lo juro!
O moriré como hombre en la demanda.
Manda, perverso, á tus soldados, manda!
En mi cuchilla encontrarán uri muro.
(A Celestina.')
Nos favorece el cielo:
¿Oyes tronar de Dios la voz potente?
¿Sientes temblar el suelo?
¿Del relámpago ardiente
No ves la luz veloce y reluciente?
(Abrazando d la vez d Celestina y d Berta.')
¡Oh noche de placer! ¡Dios poderoso!
Tú que al mísero huérfano protejes,
No á esta familia en desamparo dejes
En este mundo impío y borrascoso.
Ha estendido su mano
El Supremo Hacedor, y la luz cubre.
Su poder soberano
Nos servirá de guia
Por entre medio la tiniebla fría.
Sígueme, Celestina;
Yo volveré después á esta morada
Empuñando frenético la espada.
A ser libertador de aqueste pueblo
El cielo bondadoso me destina.-
Síguenos, Berta, mi querida Berta:
la que abriga en su pecho un alma pura
Modelo de virtud y de hermosura,
Mi consuelo y mi bien.
(Al irse todos, Tristan sale por la izquierda)
No hallareis puerta.
CELESTINA, BERTA, SOTELO, TRISTAN.
¡Oh cielos! Perdidos somos.
¡Ah señor! piedad! piedad!
(saecaido la espada.l
Traspasando vuestro pecho
Mi espada la encontrará.
A vuestro dueño y á vos
Buscaba lleno de afan.
Aquí me teneis. Sotelo;
Mas vuestra rabia calmad:
No vengo como enemigo.
Sino como hombre de paz.
Del palacio ya cerradas
Todas las puertas están,
Pues Muñoz ha descubierto
Q,ue aquí, Sotelo, os halláis.
Iban á prender á Núñez;
Pero ha podido escapar.
A vos os guardan la muerte....
Q,ue vengan.
No, no temáis:
Vos me salvásteis lá vida,
Y ahora os la vengo á pagar.
¿Yo la vida?
Vos; no ha mucho,
Cerca de aquí, ¿os acordáis?
(SoíeZo guarda la tspoda\
-Hay una puerta escusada
En el palacio, y que da
A la calle; yo y Muñoz
La conocemos no mas.
Os conduciré; mas luego
Ctue del palacio salgáis,
Ya no seré vuestro amigo,
Sino contrario mortal.
Os favorece la noche:
Negra, borrascosa está;
Por entre las negras sombras
Hallareis la libertad.
No hay momentos que perder;
Seguidme presto.
jJamas!
-¿Qué decís? ...
¿Quién me asegura
Que habíais con sinceridad?
¿No podrá ser este un lazo
Que tendéis para mi mal?
■Si yo perderos quisiera,
¿Tendría necesidad
Mas que de traer soldados
Que os prendiesen? Ademas
Llevad, Sotelo, en la diestra.
Si os queréis asegurar.
Este puñal que os presento. ... , . (La acción.
Vamos, Sotelo, tomad. (Soíeio r«Ai«o.i
Iré delante de vos;
Y luego que conozcáis
Que soy un traidor infame.
Con furia me le clavad.
Pero vamos al momento
Porque Muñoz llegará.
Tomad. ... . (Dándole el puñal.)
¡Nunca!.no lo tomo,
No quiero vuestro puñal.
Confio en vuestra palabra;
Y si acaso me engañáis,
La cólera del Eterno
De un traidor me vengará.
((Se oye ruido de armas por la izquierda.)
Marchemos, que ya las armas
Oigo allá dentro sonar:
Muñoz se acerca.
Marchemos.
Vamos con velocidad,
Berta mia, y Dios permita
Q,ue nos podamos salvar.
1 Vánse precipitados por el fondo; Berta los sigue hasta la puerta, y se vuelce sin que
ellos lo noten.)
(Sfi escucharán hasta el fin de la jomada, truenos repetidos que produce latempestad .-
Esta escena y la siguiente deberán ser ejecutadas con la mayor rapidez posible.)
¡Q,ué miro!... Soldados!... armas!
(Pasos dentro.)
No, por aquí no entrarán.
(Corre á la puerta de la izquierda, la cierra, dando multa á la llave, y la atranca con
su cuerpo.-Empujan la puerta por dentro.)
Q,ue se salve Celestina,
Y perezca yo.
(dentro.) Tirad
Esa puerta.
(Golpes dentro.)
(con el acento de la desteperadonu)
¡Horrible trance!
Señor, amparo me da.
(La chapa se rompe; Berta cae eU empuje de la puerta.)
BERTA, MUÑOZ, soldados.
(recorre con la vista rápidamente la escena, y esclama despechado.)
¡Se han ido!...
j Saca violentamente de su cintura un puñal, y hiere á Berta, que hincada abraza
rodillas.)
-Muere_
ícayendo exánime.) ¡Dios mió!...
(ycTidoje por la puerta del fondo, seguido de la guardia.)
Sigamos á los demas.
Fin de la Jornada segunda.
Nunca la sombra vil vierou del miedo.
CAIjDERON:-E l sitio de Bredá.
(Sala pobre en una casa de la cálle de los Rebeldes junto
al colegio de San Joan de Letran.-Una puerta á la iz¬
quierda délos actoree otra en el fondo; á la derecha una
ventana con celosías; sillas toscas de madera labrada. -
En esta jornada aparecen vestidos de luto Sote-
loj Celestina y Nüñez
Aparece sentada, y como hundida en una profunda afliccúnu sxu ojo» estarán aún hú¬
medos con el llanto.
¡Muerta!... muerta sin piedad!
Resonaron us gemidos
A la par que los bramidos
De la horrible tempestad...
¡Oh noche de atrocidad,
Para el crimen abortada,
Y con sangre señalada!...
Noche fatal y siniestra,
¿Por qué del Señor la diestra '
No te sepultó en la nada?
Caminabas entre flores.
Oh niña inocente y pura,
Gozando de la hermosura
De sus variados colores.'
Sus apacibles olores
Tus sentidos confundieron,
Y tus ojos no advirtieron
Que bajo tapiz tan pulcro
Se ocultaba hondo sepulcro
Donde tus plantas se hundieron.
Quizá al morir pronunciaste
Mi nombre en voz apagada,
Y trémula, ensangrentada,
Quizá ansiosa me buscaste.
Oh niña, que tanto amaste
A esta infelice muger.
No me queda ni el placer
De hincarme en tu sepultura,
Y sobre la losa dura
Una lágrima verter.
(Silencio.)
Dentro tu seno fecundo,
Madre común, tierra fría,
¿Cuándo de la suerte impía
Me alejarás, y del mundo?
Contra el hado furibundo
Solo la tierra es el puerto:
Allí sosegado, muerto,
Halla el hombre su fortuna...-
La mas delicada cuna
Seria el sepulcro yerto!
Deátle hoy mas, cuando levante
Su faz la pálida luna.
Verá rodar una á una
Lágrimas por mi semblante;
Y vagando delirante
Entre amargura y dolor, !
De mi labio sin color
Tristes gemidos saldrán,
Y mis quejas se alzarán
Hasta el trono del Señor.
CELESTINA, NUÍÍEZ.
I Nülíez aparece por d fondo, con los brazos cruzados y muy peniaííwj.)
decantándose.
¿Ya estáis aquí, Gonzalo?
¿Dónde dejásteis á mi amado esposo?
¿Por qué sin él os veo?
No sois, á la verdad, muy cuidadoso:
No habéis cumplido bien con mi deseo.
Nada temáis, señora;
La vida de Sotelo está segura.
¿Adonde se halla ahora?
.NuÑ.-De sombría tristura
Su varonil semblante oscurecido, *
Vaga inquieto, afanoso, convocando
A todos sus amigos, que anhelando
Dar al déspota muerte.
Ya preparan el hierro enmohecido.
Aquí deben venir, este es el punto
Q,ue para su reunión han elegido.
¿Cuál será nuestra suerte
Si Muñoz lo sorprende, Dios Eterno?
No hay nada que temer: os lo aseguro.
Esta casa infeliz donde habitaron
Los que indefenso al mundo me arrojaron,
No es conocida del tirano impuro.
-lio-•
Contiguo está Letraii: por él la puerta
Para escapar tendremos,
En el instante mismo que observemos
Q,ue esta mansión ha sido descubierta.
¿Y qué necesidad, Nuñez, habia
De tal conjuración?-¡Murió mi Berta!...
Dejar este país mejor seria.
Dejarlo, sí... ¡Dejarlo!... Yo el primero
Me alejaré del suelo mejicano...
Pero antes en el pecho del tirano
Mil y mil veces hundiré el acero.
Deste país de execración, de muerte.
Partir será forzoso, sí, forzoso!...
-Tierra de maldición, ¡oh cuán dichoso
Seré cuando consiga ya no verte!
-Cien veces pude ahogar entre mis brazos
Al déspota Muñoz; de rabia lleno
Pede haber arrancado de su seno
Las pérfidas entrañas á pedazos.
Pude beber su sangre emponzoñada
Pafa irritar la rabia de mi pecho;
Pude bajo mis piés verle deshecho
Al rudo golpe de mi dura espada!
¿Por qué no lo hice?... imbécil! miserable!
No padeciera, no, cual hoy padezco.
El cielo me castiga: lo merezco:
Fui de Muñoz esclavo despreciable.
Pero aun es tiempo, es tiempo todavía;
Sonará presto de su muerte la hora.
Mañana al relucir la dulce aurora,
Le verá presa de la tumba fría!
¡Cómo se alza en mi pecho la esperanza!
¡La esperanza! de Dios rayo luciente. ..
jAh! cómo se alza en mi agitada mente
Devoradoi: deseo de venganza!
El hombre débil que la frente humilla
Bajo el látigo infame de un tirano,
Merece que de un vil la torpe mano
Imprima la deshonra en su mejilla.
gEL.-Callad, por compasión. Furor insano
Agita vuestro seno proceloso.
¿Sangre queréis verter? ¿queréis venganza?
¿Q,ué espíritu maligno,
Q,ué irresistible signo,
A difundir el esterminio os lanza?
Sois poco generoso:
Esas ideas desechad al punto
De vuestra fantasía;
No al precipicio oscuro y escabroso.
Como niño sin guia, os dejéis arrastrar.. .
Es imposible.
¿Imposible? ¿por qué? ¿No son bastantes
Las penas todavía
Que nos hace sufrir la suerte impía?
Escuchadme, señora,
Y me disculpareis.-Huérfano y pobre
En el mundo vivia;
Y en medio á mi dolor me figm*aba
Que Dios me rechazaba
Y lleno de furor me maldecía.
Para mí no sonaba
La voz consoladora
De la amistad, que tanto apetecía;
Pues ni á vos ni á Sotelo conocía.
Que sois mi alivio, mi esperanza ahora.
¿Qué habíais?.
Pura verdad. ¿Queréis que calle?
¿Queréis que dentro el alma
En despreciable calma
El grato bien reciba
Que me alarga una mano compasiva?
-Os dije que era huérfano, señora,
Sin amparo ni abrigo.
Sin apoyo ni amigo:
Solo, como en el árido desierto
La palma vividora.
Necesitaba un ángel inocente
Que fuera mi consuelo, mi tesoro,
Que con sus manos cándidas mi lloro
Enjugara clemente.
Que llenara el vacío de mi pecho.
Que ocupara mi ardiente fantasía.
Que al corazón volviese la alegría,
Del mortal á despecho..
Y que, con sus caricias deliciosas.
Su dulce voz y su mirar amante
Pudiera disipar de mi semblante
Las nubes tenebrosas.
Encontré esta muger: bella, sensible,
Tierna, sencilla, pura.
Era un niño inocente.
Era aurora luciente.
Destello del Señor era apacible.
No hubiera yo trocado una caverna
Por un trono en el sol, sin ella al lado;
Y un infame, un. malvado
Me la arrebata todavía tierna!.
-¡Oh mi Berta infeliz! si desde el cielo.
Donde debes estar, ves á tu amante.
Dale fuerzas, protégele: su mano
Rasgará el pecho al que te dio la muerte,
Y ahora la cabeza alza triunfante.
-Si verdinegra sierpe venenosa
Relazara mi cuello y le oprimiera,
Y con filosos dientes, rencorosa
Mi triste pecho sin cesar rompiera;
Ningún esfuerzo hiciera
Por arrancarla, y firme sufriría
El amargo dolor.y la agonía;
Pero con tal de que ávidos miraran,
Saltando de sus órbitas, mis ojos,
De Muñoz desgarrados los despojos,.
Y en su sangre mis miembros se bañaran.
Esa sed de venganza, al precipicio
Os arrastra veloz.-También yo amaba,
También yo idolatraba
A la muger que lamentamos muerta,
A la infelice, malograda Berta.
Pero yo alivio mi dolor, llorando
Su acerba desventura,
Su muerte prematura,
Y al Dios Eterno con fervor rogando,
Conseguiré algún dia
Q.ue de la suerte impía.
Q,ue feroz nos persigue,
El bárbaro rigor al fin mitigue,
rs UxÑ.- Para llorar el infortunio adverso
Creó el Señor á la muger sensible,
Y es formado su labio ■ ‘
Para calmar al Dios del universo:
Empero contra un déspota temible
Que agravio sobre agravio
A1 mortal infelice hace perverso,
De fuerza debe armar el hombre su alma
Para adquirir la palma
A la constancia y al honor debida:
No consuma su vida
En impotente y vergonzosa calma.
‘-EL.-Si la muger criada
Fué para orar, para llorar tan solo.
Es ciertamente bien desventurada!
Ver en peligro lo que mas adora.
Después del Dios Eterno,
Y no poder volar á defenderle,
No poder, si le hieren, socorrerle,
Y sentir los martirios del infierno!
-¡Oh dolor sempiterno.
Que el corazón me rompes furibundo!
¿Cuándo me alejarás de aqueste mundo?
¡Infeliz Celestina!
¡Oh cuánto vuestra suerte compadezco!
¡Cuánto al veros padezco!....
¿Por qué la ira divina
Su furor Ceba en la muger hermosa?.
(Pasos dentro, héLda d fondo.l
Nuñez, ¿oís? .... ¿oís? .... Alguien se acerca. .
En esta noche negra y pavorosa
Mucho temer debemos.
(Nuflez se asoTtia por la puerta ddfondo.
Por fin llegó.
¿Quién es? Hablad, Gk)nzalo.
Tiemblo.¿Quién es?
Don Baltasar.
•SOT.-■ (entrando por d fondo.)
¡Esposa!
CELESTINA, NUÑEZ, SOTEI.O.
Baltasar, ¡cuánto tardabas!
Dolores, penas agudas,
Atormentaban mi pecho
En encarnizadas luchas.
Ya me figuraba verte
Entre las garras impuras
De la fiera sanguinaria
Q,ue nos persigue iracunda.
Mas no es así, no; ¡qué dicha!
jQ,ué imcomparable fortuna!
Te estoy mirando á mi lado.
Junto de mí estás, no hay duda.
Sí; Celestina adorada,
Contigo estoy, y se funda
Mi felicidad en vrte.
En comtemplar tu hermosura,
En escuchar arrobado
Las palabras que pronuncias.
Mas presto debo dejarte:
Ya mis amigos empuñan
Las espadas, que al tirano
Sepultarán en la tumba.
Yo sus almas he movido:
Lo debí hacer, que ya es mucha
Esta servidumbre infame
Que nos consume y abruma.
Basta ya de sufrimientos,
De humillaciones injustas,
Q,ue envilecen nuestras almas
Y el corazón nos enlutan.
Aquí mis amigos todos,
Llenos de fuerza y bravura,
Se reunirán esta noche
A la secreta consulta.
-Velad á la puerta, Nuñez,
Y esperad los de la junta;
Ya sabéis la contraseña.
- (yéndose por la puerta del Jando.)
Sí señor.
CELESTINA, SOTELO.
Calma tu angustia.
Teme una desgracia, esposo,
Y mis consejos escucha.
No á tu perdición te arrojes
Con desordenada furia,
Q,ue no solo tú pereces.
Sino también. ¡Ah! cuál turba
Mi mente triste presagio
Q,ue mis ideas ofusca.
Miseria, muerte, esterminio
Estoy mirando circundan
A Méjico desolada, *
Y ya fieros la aseguran.
¿Por qué, Celestina mia,
El corazón te atribulas
Representándote escenas
De sangre, horror, amargura?
¿Por qué con afan molesto
Empeñada siempre buscas
El modo de atormentarte
Con imágenes que asustan
Tu corazón, y que están
De toda verdad desnudas?
Está preparado el golpe:
Nuestra victoria es segura.
¿Qué temes? Presto al tirano
Verás débil, sin ayuda.
Pálido, sin voz ni aliento.
La faz llorosa y confusa.
Pedir perdón prosternado
A los que hoy altivo burla,
A los que inhumano ahora
En subterráneos sepulta.
si la desgracia nuestra
Hace que triste sucumbas
Bajo su poder inmenso,
¿Qué será de mí?.¿Te turbas?
Nada temas: un hermano
Me concede la fortuna;
Será tu apoyo y defensa,
Y del Estado columna;
Sabrá vengarme valiente.
Yendo de Muñoz en busca;
Sabrá arrancar de sus garras
Al pueblo, que atroz subyuga.
Mi hermano es Diego Sotelo:
Tú conoces su bravura, .
Su constancia, su firmeza,
Y sabes, cual yo, que nunca
De uii déspota las infamias
Ni las bajezas adula.
Mas no está en Méjico.
Es cierto;
Pero vendrá con presura,
Que ya le escribí ima carta
Y se la he mandado oculta;
Le digo en ella que luego
A mi llamamiento acuda;
Y lo hará, seguro estoy:
Caminará con premura
A socorrer á su amigo.
Presa del dolor y angustia.
Desde la infancia mas tierna.
Ante las aras augustas,
Juramos amor eterno.
Juramos defensa mutua.
Si á un afrentoso cadalso
Me arrastrara la fortuna,
Diego volara á vengarme
Y pereciera en la lucha.
Mas tú lloras, Celestina,
El dolor tu faz anubla:
¿Por qué desolada entregas
El alma á las penas duras?
¡Ah! solo hallaré reposo
Bajando á la sepultura.
Huyamos, Sotelo mió;
Mis penas, mis ansias juntas
El corazón me comprimen
Y despedazan con furia.
Este país malhadado
Entre la quietud nocturna
Dejemos, dejemos pronto,
Y no regresemos nunca.
Una vida de tormentos
Mi fantasía me anuncia,
Y veo que la desgracia
Ya se aproxima iracunda.
Desde su solio esplendente
Cuida Dios á su criatura:
El, que es sabio y justiciero,
Vengará nuestras injurias.
¿Y én tanto, prófugo y triste,
Llena el alma de pavura,
De mi esposa acompañado
Iré por estrada ruta,
Entre cansancio y fatiga,
Y entre la pobreza ruda,
A buscar tétrico asilo
En negra, escabrosa gruta?
(Aparecen, ha canjuradoa; Nutíez cierra la puerta del/ondo.)
¿Y en tanto al déspotá fiero
Alzando la faz sañuda
Y oprimiendo al mejicano.
Veré que bárbaro triunfa?
No, jamas. Si á los perversos,
Q,ue de la virtud se burlan
Y oprimen á la inocencia,
Dios indignado derrumba;
Si halla recompensa el justo
AUá del cielo en la altura,
Y entre ángeleá relucientes
Un puesto por fin ocupa;
También el hombre en la tierra,
Con diestra firme y robusta
Debe, contra los tiranos
Alzar la espada desnuda,
Y hacer brotar de sus venas
La sangre negra y corrupta.
-Pero ya nuestros amigos
Inpacientes me circundan,
Y estoy mirando en sus rostros
Deseos de entrar en pugna.
-Vete, Celestina mia,
Nada temas.
Dadme ayuda,
Dios Eterno y poderoso,
Para sufrir tanta angustia.
( Vást por la puerta dtr la izquierda.'\
SOTELO, NUNEZ, DON PEDRO DE Q,UESADA,
DON BALTASAR DE QUESADA, DON
jAmigos!
( Todos saludan á Sotelo: éste se sienta, invitando á los demos á hacerlo. )
-La hora lla de la prueba:
0 Armaos de fuerza, constancia y/valor.
De Méjico débil serémos columnas,’
En sangre bañado perezca Muñoz.
Cubiertos de espanto miramois encierros
Do nunca penetran los-rayos del «sol:
En ellos gimiendo la victima triste
Espira entre angustias*y amargo» ddlór.
Y vemos do quiera cadalsos horrendos,
Cobardes verdugos de rostro feroz,
Las calles y plazas regadas de sangre,
Familias cubiertas de luto y pavor.
Y en tanto en un trono, cual fiero monarca,
Se sienta orgulloso el déspota atroz.
Cercado de guardias, de viles esclavos.
De fausto y grandeza, de régio esplendor.
¿Iremos rendidos, los ojos en tierra.
Latiendo alarmado el vil corazón,
A hincar la rodilla delante del trono.
Con rostro amarillo de miedo y terror?
Jamas tal bajeza permitan los cielos.
En vez de abatidos pedirle perdón.
Su pecho destroce la espada buida;
Muramos! empero morir con honor.
Valiente Sotelo, tu voz poderosa
Infunde en mis venas volcánico ardor;
Estoy impaciente de entrar en combate;
Entremos! entremos! delante iré yo.
Cubierta de canas mi frente rugosa
Miráis, mis amigos; mas tengo valor;
Aun fuerzas conserva la trémula mano.
Aun late sañudo mi fiel corazón.
Más quiero teñidas de sangre mis canas.
Más quiero en cadalso morir al rigor
De ruda cuchilla, que una alma cubierta
De vileza infame, de feo baldón,
so r.-Ilustre Q,uesada, anciano valiente,
Q,ue tiene de un joven el fuego y vigor,
Sereis el caudillo: jamas hallaremos
Un hombre mas firme, mas digno que vos.
A tí pertenece. Solelo, ese cargo,
Como á tí, á ninguno Muñoz agravio;
Tu tienes derecho de ser el que mande.
-¡Sotelo es el gefe! \AIo$ conjurados.')
'-(menos Soieloy D. Pedro de Qitesada.) jQ,ue Sea!.... (Silencio.)
Muñoz
Agora en los brazos de sueño apacible,
De ser sorprendido no tiene temor.
Al punto volemos; es débil su guardia,
De darle mil golpes llegó la ocasión.
No creo prudente que vayamos ora;
El cielo está limpio, su claro fulgor
Esparce la luna: parece que brilla
En medio al espacio la llama del sol.
Acaso tendremos que estar esperando
Q,ue el cielo se cubra de oscuro color
Para ir valerosos, la éspada en la diestra,
A dar al tirano la muerte feroz?
Q,ue espere el cobarde, el vil asesino,
De espesas tinieblas el manto de horrorj
De luna apacible la luz no es temida
Del hombre que salva la opresa nación.
Demas que bastantes ya somos nosotros;
Es débil la guardia, repito, y valor
No falta en los pechos para ir, cual valientes,
A hundir en la tumba al bajo Muñoz.
¿Quién puede mas tiempo sufrir vilecido
A ese hombre que infame nos roba el honor?
A ese hombre altanero, que á mengua tendría
La gorra quitarse delante de Dios.
Do quiera que llevo la planta, señores,
Escucho las quejas del hombre infeliz.
Que al cielo elevando sus tristes clamores,
Desea del yugo librar la cerviz.
Alzando nosotros la voz ,de venganza,
Al punto los bravos irán en tropel,
Blandiendo el acero con firme pujanza,
Al débil palacio del monstruo cruel.
Si alguno atrevido miró frente á frente
Su rostro, do el crimen el cielo marcó,
Al punto, lanzando quejido doliente.
Del potro las aspas temblando sintió.
Parece que al cielo declara la guerra,
Y quiere al Eterno su solio usurpar,
Que altivo, soberbio, jamas á la tierra
La erguida cabeza se digna bajar.
Aquel que á su vista desplega los lábios.
Cargado de hierros en cárcel se ve.
Aquel que no llora funestos agravios,
De amigó el cadáver detiene su pié.
¿De cándida virgen que llora al amante,
Los hondos gemidos en vano serán?
¿Los hombres, inmobles, la espada tajante,
De orín renegrida, colgada tendrán?
¿Habremos dejado los cielos de allende,
Los campos de España, la tierra del Cid,
Para que un cobarde, un déspota aquende
Nos llene de infamia, de oprobio?_Decid!
Los que hemos nacido en este hemisfero,
¿Habremos de humildes el yugo sufrir?
¿No habrá entre nosotros un solo guerrero
Que sepa la espada con fuerza blandir?
¿Nos falta el aliento? ¿nos faltan puñales?
¿Acaso la muerte nos causa pavor?....
Estamos resueltos, y somos leales;
Aun arde en los pechos sublime furor.
Por cruda venganza mi pecho palpita,
Venganza mi esposa requiere también,
La sombra de Berta, ¡venganza! nos grita.
Venganza reclamas, ¡venganza! mi bien!
La cárcel horrenda, ¡venganza! retumba;
Palabra que al cielo vibrando llegó.
Del íntimo seno de cóncava tumba
La voz de venganza tronando salió.
Marchemos! que el tiempo se avanza veloce.
Hoy mismo daremos el golpe fatal.
Hoy mismo, (iSc levanta: todos le imitan.')
Marchemos!
El monstruo feroce
Espire entre sangre!
Sí! sí!
¡La señal!
Al punto esparcidos, silencio guardando,
Al débil palacio violentos marchad,
Y en él, á los guardias con fuerza atacando,
Al déspota fiero rabiosos buscad.
Ya os sigo: no tardo.
(menos Sotelo.) ¡Marclicmos! ¡marcliemos!
De “Muera el tirano” daré yo la voz;
Y luego, cual tigres, furiosos entremos.
¡Pensad en la gloria!.
(alirse, menos Sotdo.) ¡Q,Ue mUCra Muñoz!
SOTELO, NUÑEZ.
(Solelo se qtieda pensativo; luego va precipitadamente hasta la puerta del fondo, toma de una mano á Nufíez, que ya se iba con los demas, y le conduce al proscenio.)
¿Me amais, Gonzalo?
Quien lo dude, al punto
Probará el filo de mi fuerte acero.
Esas palabras, generoso Nuñez,
De gozo llenan mi afligido pecho.
¿Queréis de mi amistad alguna prueba?
La exijo.
¿Queréis mi vida?
Quiero
Sacrificio mayor.
¿Cuál es? decidme:
Estoy pronto: mandad.
Lo que pretendo
Es mucho, es mucho.
Si exigís que inmoble
Sufra del potro los martirios fieros.
Estoy pronto: ni un grito, ni un gemido
Se escapará de mi angustiado seno.
Por Dios potente y por mi honor lo jiu’o;
Y yo sabré cumplir lo que prometo.-
Aquí teneis mi mano.
(tomándola con afecto. Jóveil dignO
De mas benigna suerte, yo agradezco
Tu buena voluntad: viertes en mi alma
El bálsamo suave de consuelo.
-Celestina infeliz, mi cetra esposa.
Queda entregada á su letal tormento,
Sin que una mano generosa y pía
Venga á aliviar su corazón opreso.
¿Qué será della en tan amargo trance.
Sin mas apoyo que el benigno cielo?
Sola, y hundida en el profundo abismo
De zozobras, temores y recelos.
Por los pesares comprimida el alma,
1 ¿ 6 -
Cederá del dolor al duro peso.-
Tú la acompañarás, mi fiel Gonzalo:
De tu amistad esto es lo que pretendo.
¿Y pretendéis que cual muger, cual niño,
En calma permanezca en este encierro,
En tanto que los otros, mas felices.
Vuelan, la espada con furor blandiendo»
Al palacio del déspota feroce
A matar ó morir como guerreros?
Ya sé que un solo, un solo amigo
En este mundo de dolor no tengo.
¡Ah!.. .¿qué dije? ¡Perdón! Mi fantasía
Es un mar agitado por los vientos.
Volad, don Baltasar; yo á vuestra esposa
Serviré de defensa y de consuelo.
(estrechándóle la mano.)
¡Caro amigo! mi hermano! si en la lucha
Q,ue por mi honor y la virtud emprendo.
Una cuchilla ó ardorosa bala
Rompen con furia mi agitado pecho,
Y entre el horror de la tremenda pugna
Quedó por tierra desangrado y muerto,
Tú serás el sosten de Celestina.
En compañía de mi hermano Diego
A otras naciones partiréis, en donde
La tiranía atroz no tenga imperio.
Allí felices viviréis.
¡Felices!
¿Felices, Baltasar? . . . (Aparece CelesUna.)
(abrazándole.) GonZalo, sientO
Que lágrimas descienden de mis ojos.
¡Debilidad! ¡debilidad!...-El tiempo
Rápido vuela. Adiós, hermano mió!
Tal vez por siempre: adiós!.
¡Adiós!
¡Oh cielos!
irse Solelo apresuradamente por el fondo, ve á Celestina que está inmóvil y con los
ojos clavados en é/.)
SOTELO, NUÑEZ, CELESTINA.
\Suñez se retira hacia el fondo, se sienta, inclina la cabeza pensativo.')
(después de un momento de silencio,')
¿Y así te vas á recibir la muerte?.
¿Y así precipitado, ardiente, ciego
Te vas de esta mansión? ¿No habrá siquiera
Un adiós para mí?
Grandes tormentos
Desgarran ya tu corazón, esposa.
Para afligirte mas. El hado adverso
Nos condena á sufrir duros martirios.
Nosotros aumentarlos no debemos.
Hoy los gemidos de virtud opresa
Me están llamando á combatir cual bueno:
Siento en mis venas el ardor terrible
Q,ue anima en los combates al guerrero.
Miro de libertad los fuertes hijos
De la gloria sentados en el templo:
Yo los quiero imitar: oigo sus voces,
Y en ellas percibir mi nombre creo.
Me llaman, sí, me llaman! ¡Celestina!....
¡Cómo palpita de placer mi pecho!
Suda mi frente, se estremece mi alma,
Lanzan mis ojos devorante fuego.
¡Oh dulce, oh dulce, indefinible gozo!
Me mata ¡oh Dios! me mata este contento!
Mañana, al relucir la luz del dia,
No soy un hombre, no, soy héroe excelso.
¡Oh loca fantasía! ¡Dios! mañana
Mis ojos te verán tendido y yerto:
¡Mañana! no: tal vez dentro de una hora;
Mi angustia y mi dolor lo están diciendo.
¿Por qué, mi Celestina, buscas siempre
De los pesares el fatal estremo7
¡Muerte! muerte! ¿y por qué? Los que pelean
Por fuerza han de tener un fin sangriento?
¿Tan cierta estás de que enemiga bala,
Venida de arcabuz firme y certero.
Mi corazón ha de rasgar? ¿Acaso
Carezco de valor, de noble esfuerzo.
Para impedir que rompan mi cabeza
Los cortantes fatídicos acerosí?
Y aun cuando fuere así: gloria es y grande
Morir en los combates truculentos.
Morir por la inocencia perseguida.
Por la sublime libertad!-Yo mesmo
A Gil González y á su hermano Alonso
Vi perecer en el cadalso horrendo:
Yo los miré, yo los miré! el verdugo
Sus cabezas tronchó con duro hierro,
Y de mis ojos lágrimas ardientes,
(Quemando mis mejillas descendieron.
Odio, venganza atroz juré de entonces
A la audiencia y al rey. Cuando el empleo
De virey ocupó el marqués de Falces,
Se mitigó mi encono y mi despecho.
Yo le amé, le adoré... mas fué lanzado
Por vil calumnia de su infirme puesto;
Y cual tigre, cual peste asoladora,
Gigantesco sé alzó Muñoz el ñero.
Yo le supe sufrir, bajé la frente,
Y toleré de esclavitud el peso.
Desde mi hogar pacifico y aislado,
Solo, y en triste oscuridad envuelto,
Vi levantar al monstruo la cabeza,
Vi de sus ojos el ardor sangriento,
Y vi el pais temblando desplomarse
Al fuerte impulso de su soplo infecto.
Fué egoismo, maldad! De mí apatía.
De mi necia apatía me avergüenzo:
Mas voy á reparar ora mi falta:
De libertar á Méjico aun es tiempo.
El déspota mi honor amancillando.
Súbitamente me arrancó del sueño,
Y afiló la cuchilla que esta noche
Ha de romper su envenenado seno.
¡Fatal honor, que al hondo precipicio
Te arrastra, tu razón oscureciendo!
¡Fatal honor! que desolada y triste
Me abandona en el árido sendero
De una vida infeliz, que me arrebata
A mi bien, á mi esposo, á mi universo.
No te aflijas así, querida mia;
Tu suerte entrega en brazos del Eterno:
El es el defensor de la inocencia,
De la virtud y la orfandad consuelo.
Si el crimen alza la orgullosa frente,
Su triunfo, Celestina, es pasagero,
Q,ue cae al fin en el inmundo polvo
Cuándo el potente Dios estiende el dedo.
El aire que respiro es una carga
Insoportable para mí. .... En el cielo
Busco del sol la magnitud sublime,
Y un helado cadáver solo veo:
Miro velados de funéreo luto
Los campos, la ciudad, el firmamento: >
Todo es horrible para mí, y amarga.
Amarga como hiel la agua que bebo.
-¡Adiós! ¡adiós! mi cara Celestina:
O vencedor me encontrarás ó muerto!
(como saliendo de tm ligero estupor, ‘ando en Sotelo sus ojos atónitos y
CELi. llenos de lágrimas.
¿Te vas, por fin?_
Esperan mis amigos,
Empuñando impacientes el acero.
yAbrazando á Celestina.
Dame los brazos. ¡Ah! gozo divino
circula por mis venas cuando siento
junto á mi amante corazón el tuyo,
Y entrambos laten á la par.¿Q,ué veo?
¿Tü lloraé, Celestina? ¿tú? ¡Dios mió!
¿Serán mis males en el mundo eternos?
(«yuá'áTw/ose las lágrimas.)
Este martirio despedaza mi alma.
Dame, Dios de bondad, dulce consuelo!
Una voz se levanta aterradora
Del interior de mi agitado pecho,
Y mi desgracia atroz me pronostica.
Entre aullidos horribles y siniestros.
Gran Dios! ¿qué debo hacer? honor me llama.
Amor liga mis piés..... ¡amor funesto!....
No, no.Partamos, sí; partamos pronto!
Te esperan, Baltasar, tus compañeros,
Q,ue mas firmes que tú.No, la firmeza
Aun se abriga en el alma de Sotelo.
Soy hombre, sí.debilidad de niño.
De muger delicada, huye, huye presto.....
-Celestina, valor, en Dios confia....
El protege la causa de los buenos!
(Abrazándola otra vez.)
jAdios, mi bien, adiós!
¡Esposo mió!
¡Una faja de luz miro en el cielo!
1 Separándose de Celestina con dignidad, alza Sotelo los ojos y manos al cielo, y se va
'precipitadamente por dfondo: Celestina cae en un sillón, cubriéndose d rostro; Nuflez
permanece inmóvil, con los ojos en tierra, y cruzados los ¿rasos.)
CELESTINA, NUNEZ.
(Después de un momento de silencio, y como teniendo la imcnacion estra- viada, haciendo dilatadas pausas en su discurso, como lo indican los puntos,) Por fin se fue, se fue.¡Dios poderoso!_ ¿Ya en mis brazos jamas volveré á vérlo7 ... Sí.... lo veré, pero tendido en tierra Vertiendo sangre del llagado seno. Lanzar de muerte el postrimer suspiro Entre gemidos tristes, lastimeros. Y su lívido rostro contemplando, Y atronando los aires con lamentos. Apresurada buscaré el sepulcro. Como de salvación único puerto. ¡Ah!... mi cabeza es un volcán ardiente.... Tiemblan y sudan á la par mis miembros. Mi vista ofusca opacidad estraña, Bajo mis piés volar la tierra siento. ¡Todo es horror! todo es horror!. (Levantándose despavorida y Jijando los ojos en tierra.) -¡Dios mió!_ jQ.ué ensangrentado y espantoso espectro Ante mí se levanta formidable, Una cuchilla con furor blandiendo!.... (Temblando y can voz terrible.'l jSocorroll! (Jurúando las manos y en tono suplicante.) Por piedad no le asesines! No asesines, cruel, á mi Sotelo!.
jOelestina! (mirándola espantado, y acercándose á ella.)
¡Qué voz!_
())irándole con ojos inmótiles.)
¿Qué es lo que quieres?.
¿Vienes tú compasivo á socorrerlo,
O á hundirle otro puñal? ....
(Separándolo can dulzura.)
Dejadle, amigo;
No interrumpáis su apetecible sueño.
Apartaos, dejadle!.Su alma pura
Gozando está del etemal sosiego!....
(tomando una rnano de Celestina.)
¡Celestina! ¡oh dolor!.... ¿Habrás perdido
Acaso la razón?.... Signo funesto
Nos persigue tenaz.Mírame: ¿acaso
No me conoces ya?.... Tu amigo tierno.
El que llora contigo tus desgracias,
Gonzalo Nuñez. ,
■ ¿De verdad?
Yo mesmo;
¿No me conoces ya? ....
(üoranda) Sí; te conozco:
Tú eres mi solo, mi único consuelo.
Te engañas, Celestina, existe un hombre
Que te idolatra delirante, ciego.
Que si morir acaso le mandaras,
La muerte se daría en el momento.
¿Quién esl ¿quién es? ....
Don Baltasar.
¡Mi esposo!_
Tienes razón, no me acordaba.es cierto.
(Cm actnio ddorido.'\ \
¡Mi esposo!_¡cielos!....
Por piedad!
-Habita
Acaso ya el palacio del Eterno.
Cálmate, Celestina: no así apartes
Tu fantasía del camino recto.
Tu esposo ante el palacio del tirano
Ora ésta como bravo combatiendo:
Dentro de presto le verás gozoso,
Entre los vivas del alegre pueblo,
Venir á colocar ante tus plantas
De la noble batalla los trofeos.-
¡Oh si yo tan feliz!....
¿Qué te detiene?
¿Por qué no vas como leal guerrero
A combatir junto á mi esposo amado?.
Vuela, por compasión, vuela.
¿Tienes temor tal vez? Sígueme al punto:
Una débil muger te dará ejemplo.
¿Yo temer, yo temer al enemigo?_
Te juro por mi espada que no temo;
Que de estar como estúpido encerrado,
Cuando llama el honor, estoy inquieto;
Que por alzar las armas enconoso
Y entrar en el combate estoy ardiendo;
Pero he empeñado mi palabra, y nunca
La pueden quebrantar honrados pechos.
Acompañarte prometí á tu esposo;
Mi deber es cumplir lo que prometo.
cEi..-¿Y qué puedo temer?_Este paráge
Parece un largo y tétrico desierto,
Nadie podrá venir. ¿Sabe el tirano
Q,ue en esta triste habitación me albergo?
Y aun cuando fuera así, ¿de visitarme
Tendria ahora por ventura tiempo?
He dado mi palabra.
La levanto!
Por la amistad y por tu honor te ruego
Que veloz te reúnas á mi esposo,
Y que le auxilies en tan noble empeño.
¿Y si vuelve otra vez tu fantasía
A perder la razón, el buen sendero?
Ya estoy tranquila, sí; lo estás mirando:
Mi rostro, Nuñez, te lo está diciendo.
Dulce calma mi espíritu reanima;
Ya duerme el corazón en el sosiego.
Vuela, Gonzalo, vuela.¿No me escuchas?
Dame por compasión este consuelo.
¿Quién velará por la preciosa vida
De mi querido Baltasar? ....
(yéndose •pTecipitadamenie.'\ Yo mesmo.
CELESTINA. (sentada) '
jOh consuelo celestial
El de una amante muger.
Cuando en trance tan fatal
Halla un amigo leal
Que sienta su padecer!
Que empuñando valeroso
La espada tajante y luenga,
A socorrer al esposo
Lleno de ardor se prevenga,
Y luego acuda afanoso;
Que su fuerte escudo sea,
Y si le mira caer,
No abandone la pelea,
Ni satisfecho se crea
Hasta morir 5 vencer.-
Es del cielo la amistad
Don dulcísimo, sublime.
Es bálsamo de bondad,
Consuelo al triste que gime,
Esplendorosa deidad.
¿Qué fuera sin ella el mundo?
-Fuera un cadáver inmundo.
Cárcel con duras cadenas,
Pozo tétrico y profundo.
Abismo de eternas penas.
Sin ella, mi caro esposo
Ora tal vez morirla.
Porque nadie presuroso,
Blandiendo acero filoso.
En su ayuda acudiría.-
Ensánchase el corazón
Anegado en dulce calma;
Veloz huye la aflicción,
Y se apodera del alma
La grata consolación.
Cuando la esperanza brilla,
El ánimo nada teme:
Luce ominosa cuchilla,
La tierra bramando treme,
Y el corazón no se humilla....
(Se lemaita.
Quiero el aire respirar,
Que el fuego mi frente inflama,
Y la abrasadora llama,
Después del pecho inundar
Por las venas se derrama.
(Abre la veTitana y se osoTno.)
jQué silencio pavoroso!
Ni el viento siquiera zumba:
Todo, todo está en reposo.
Parece el hueco espantoso
De la solitaria tumba!....
En brazos del torpe sueño
Los que la ciudad habitan,
Ceden al mortal beleño
Que á beber les dio su dueño,
Y á los valientes no imitan.
Desque al sepulcro bajó
Guatimoc el valeroso,
El mejicano perdió
Aquel ardor belicoso
Que mil veces demostró;
Y humilde y cautivo ahora,
Lanzando grito doliente,
Sus tristes desgracias llora,
Y ante España, su señora.
Dobla abatido la frente.
Y el temido castellano,
Descendiente del gran Cid,
Besa temblando la mano
De un orgulloso tirano
Que el rey mandó de Madrid.
¿Por qué vas á libertar
A esos esclavos del yugo,
Valiente y fiel Baltasar?
¿No miras que á ellos les plugo
La coyunda soportar?
De Gronzalez y su hermano
Las nobles cabezas Vieron,
Tronchadas por hierro insano,
En el suplicio inhumano,
Y apenas se entenercieron.
Y acaso en cadalso impío
Te mirarán perecer!....
jOh, qué horror!.jEsposo mió!
(Cerrándola ventana y senLdndase.1
jQué feroz, qué horrible frió
Siento en mis venas correr!
Tiemblo toda.¡Dios potente!
¿Y yo le veré subir
Como un hombre delincuente
Hasta el cadalso inclemente,
Y en él la muerte sufrir?....
¡Ah! primero sus entrañas
Abra la tierra bramando,
Y rugiendo las montañas
Se desquicien, sepultando
Las dos miseras Españas.
Parece que se conjuran
Los abismos en mi daño,
Parece que me aseguran
Y despeñarntó procuran =
Por la fuerza ó’por engaño.
Ya mi razón se estravia.;...
¡Socórreme, Dios Eterno! -
¡Ah! piedad, Virgen María!....
' Prefiero la muerte impía
A este martirio de infierno!. 4 ..
I Permaneu un instante sümeiosa con los ofasfijos en tierra, como entregada á una pro¬
funda agitación, y luego se levanta despavorida, registrando la pieza.)
¡Q,ué escucho!.... Yo me estremezco.
Alguien pasó junto á mí......
Sí, yo misma lo sentí.....-
¡Oh Virgen! cuánto padezco.-
Todo está tranquilo aquí.....
(Cayendo de rodillas.)
Madre mia, Virgen pura.
Por la letal amargura.
Por el dolor que sentiste
Cuando á Jesucristo viste
Tendido en la sepultura,
Consuela mi dura pena,
Arráncame la aflicción,
Rompe la férrea cadena
Que me oprime el corazón
Y alentar me deja apena.
(Permanece silenciosa y luego se levanta. |
Ahora sí, ya mi mente
Tranquilizada se siente:
Ya no sufre el fiero embate
. ! i . 1- , „ í í . ;
De huracán que la combate
Con su furor inclemente.
(Sentándose)
Están mis miembros cansados,
Y siento horrible temblor;
Mis párpados agobiados
Se cierran desalentados
De las fatiga al rigor. (
Mi esposo ahora quizá
Ve de la muerte la saña;
Y exangüe, y convulso..... ?
oye á lo lejos rumor confuso, que se acerca rápidamente.')
¡Ah!...
Si mi oido no me engaña.....
(Leoantándose alborozada.)
¡El momento llegó ya!
oyen truenos de arcabuces: Celestina corre á la ventana, la abre y se ocoTna.)
Truena la arcabucería
Hácia el palacio sangriento.
Crece mas la vocería.
Llegó el dichoso momento!....
¡No me ahogues, alegría!
(Asoma con oTisía medio cuerpo fuera de la ventana, y luo dice;)
Miro lucir los aceros.
Ya se alarma la ciudad;
Los hombres acuden fieros,
Y se apresuran......
(Gritando con fuerza.)
¡Güérreros!
Id!.O muerte ó libertad!.
(En ademan de tríe.)
Vueloj esposo, á socorrerte,
O contigo á perecer!-
Cuando el váron se convierte
En héroe temible y fuerte,
Sé vuelve hombre la riiuger!
‘ ICon entusiasmo varonil .)''
¡Cómo se agita mi mente!.
Hoy espiro de placer!
Ardor guerrero se siente,
Irresistible, potente,
Por pecho y venas correr.
Aquí se acerca el rumoh...
I Corriendo otra tez á la ventana y gritando con jidñlo;)
¡Ellos son! ¡Es mi Sotelo!....
(Cayendo de rodUlaa, alzando loe qjot y manos al cielo.)
Gracias, ¡oh! gracias. Señor!....
(Levardásidoee preeipitadamenle, y corriendo á la puerta del fondo.)
Voy á abrazar á mi amor.
¡Albricias!
(Mitendo.) EspCra.
(retrocediendo aterrorizada.) ¡Ciclo!
CELESTINA, MUNOZ.
(Aparece Muñoz ain armas; permanece un instante, inmóvil y mirando á Celestina con sonrisa irfemal; despuea se adelanta y la tama de un brazo.-En toda esta escena debe la irania marcar las polábraa de Muñoz.)
Otra vez en mi poder,
Nueva Melisendra, estás;
De mis manos no te irás,
Perversa, ingrata muger.
¿En donde está tu marido?
Aquí le aguardo, que venga,
Q,ue contra mí se prevenga.
Acaso estará escondido.
Llámale, que aquí le espero;
Llámale al punto, muger.
Nada tiene que temer:
Vengo soló y sin acero.
Ese tigre, ese león
Que Méjico vio asombrado,
¿En qué parte se ha ocultado?
¿Tiembla ya su corazón?
VuesUo Gaiferos ahora
A las tablas jugará,
.
Y no se acüerda quizá
De la princesa que adora.
Mas Garlo-Magno, que vio
A su sobrino Gaiferos
Jugando con Oliveros,
Desta manera le habló: -
“No con los dados se gana
“Ni con las tablas el crédito,
“Ni arrojando leves cañas
“Reputación entre buenos.
“Melisendra está en Sansueña,
“Vos en París descuidado:
“Vos ausente, ella muger....
“Harto os he dicho: miradlo.
(Viendo llorar á Cdettina.)
“No lloréis vos, mi señora,
“No queráis así llorare.” (*)
Catad que el triste penare
La vuesa faz descolora.
Tomad esos ojos bellos
A vueso cativo amante.
(Romancero de Meíisendra.)
Ca, si bien, non es andante,-
Non deja de merecellos. ... ■
Dueña fermosa é garrida,:
Ruego vos que me fablédes, ; >
Q,ue escudo en mí fallaredes
Contra el mal que vos trucida.
Monstruo que el averno lanza
Para desgarrar mi pecho,
¿No estás áun sátisfecho
De tan horrible véngáriza?
El seno á Berta rónipió
Vuestra cuchilla sangrienta,
¿Y vuestra maldád sédientá
Del crímén no se sáció'?
Os burláis de mi dolor '
Como un hbmbre endurecido:
¿No os enternece él gemido '
De la víctima, señor?
A mi doliente penar
Un tigre sé énteruéciera,
Y á mi ápacíble viniera '
Mi espíritu á consolar. '
Y vos os entretenéis
En aumentar mi tortura, • *
Y en mi feroz amargura
Parece que os complacéis. '
¿Qué mucho, si una mliger
No me da cohsolacioii,
Y hace que mi corazón ‘
No cese de padecer?
¿Solo ella sabe sentir?....
No ignora que mi alma abriga
Una pasión enemiga
C¿ue penas me-hace,sufrir;
Y conIdesprecio y..desden
Mira mi vor pasión_
También tengo corazón,
Males padezco' también.
Soy muger y, tengo dueño,
Y soy hija,del honor.».
Dejad vuestro ciego amor,
Abandonad vuestro empeño.
Si ¡os preciáis - de castellano.
No agenu muger busquéis;
Ni el oro de otro toquéis,
Q,ue os tacharán de villano.
El lionrado. caimllero
A nadie nada arrebate;!
Solo en sangriento combate
iQ,uite al contrario el acero.
Bien se mira no teméis
De Felipe rey de España
La j usta tremenda saña,
Puesto que asi. procedéis.. .
No os desasone mi suerte
Todo mi amor lo soporta.
(¡Oh dolor!)
¿Y qué os importa
Q,ue el rey me mande dar muerte?
Mientras en Méjico esté ■ ,
Y el poder se halle en mi mano.
Aunque parezca tirano.
En mi palacio os tendré.
(Señor, Señor de bondad,
¿Do estará mi esposo ahora?)
Mi ardiente pecho te adora,
Irresistible beldad.
Cuando el rey me lláme á España,.
Conmigo te llevaré,
Y claramente veré
Si he provocado su saña.
Los hechos del soberano
Imita el vasallo fiel;
Tirano, dicen, que es él.
Por eso soy yo tirano.
A la faz del mundo entero
El rey los favores gozá
De la muger de Mendoza
Su ministro y conséjelo.
Yo, que le quiéro imitar,
A tí elgo por amanté.
Que eres bella, interesante.
\inquiela.‘\
(¿Qué será de Baltasar)
jAh señor! tened piedad
Desta muger desdichada,
Huérfana, desmnparada.
Que no os ofende.....
r-
Sosten de la religión
Y dé la sagrada ley.
Nuestro magnánimo rey
Protege la inquisición;
Y ha jurado esterminar
A los perversos impíos;
Y á hechiceros y judíos
Mira con gozo quemar.
(¡Cuánto padezco!)
Yo acá
A los rebeldes castigo:
Tu esposo, tu dulce amigo,
A hierro perecerá.
Por lo que Cristo sufrió
Dadme piadoso la muerte,
Señor!....
De la misma suerte
Pensamos Felipe y yo.
Si él á su hijo con desden
Manda matar, yo á Sotelo.
¿,Y qué no temeis al cielo?_
El papa nos quiere bien.
¡Cómo el tormento apagar
Q,ue abrasa mi corazón!.
Tened, señor, compasión
De mi horroroso penar.
i
(Q,ueriendo irse.)
Dejadme, dejadme!.... Corro
Desesperada y.
(deteniéndola.) ¿Dó VaS? . . .
De mi lado no te irás.
¿Pensabas pedir socorro?
Aquí me teneis, matadme!_
Romped furioso mi seno,
Un ardoroso veneno
A beber al punto dadme;
Mas tened de mí piedad.
(■Se hinca.)
Os lo pido de rodillas.
Al fin, ingrata, te humillas
Ante mi poder.-Alzad; (La leearua.)
Q,ue no quiero á la muger
Que tiene en mi pecho un trono,
En tan mortal abandono
Delante mi ojos ver;
Sino á mi cuello pendiente,
Con sus brazos relazado,
Respirando entusiasmado
Su hálito puro y ardiente.
(jOh prisión, dura, terrible,
Que me privas de buscar
A mi amado Baltasar!)
Celestina, sé sensible:
Sígueme al punto, muger,
Si no, juro por el cielo
Que perecerá Sotelo.
¡Ay! ¿está en vuestro poder?
No lo sé.
¡Dios poderoso!
Dad á mi alma fortaleza!....
(A Mufloz,)
-Aquí teneis mi cabeza,
Pero volvedme á mi esposo.
Anhelo tu corazón.
Arrancádmelo del pecho.
Teme, teme mi despecho!
Dura desesperación!.
((diéntase como deafallecida, y después de un corto montentoprotigtu.\
Nada, nada de vos quiero:
Esto ya es mucho sufrir.
Sé que voy presto á morir:
Ya nada en el mundo espero.
¿Por qué á mi doliente voz
No me sepulta el infierno?....
Si allí el tormento es eterno,
Ha de ser menos atroí!
jCómo mis sienes se agitan!
jCuál tiembla mi corazón!
jCómo á la cruda aflicción
Mis miembros se debilitan!
Deseo ansiosa llorar
Y están mis ojos exhaustos!...
Ah! mis dolores infaustos
Van por último á cesar.
Se rompen por fln los lazos
Q,ue me sujetan al suelo.
Ya se abre para mí el cielo,
Ya Dios me estiende l,os brazos!....
(Inclina la caljcza mirandofijamente la tierra, y cruza los brazos.)
Tu ardiente imaginación
Visiones te hace mirar,
Mas pronto se ha de calmar
Tu rebelde corazón.
Si tal vez no fuere así.
Tú lo mereces, muger,
Q,ue te quisiste perder
Tú misma.
(Ufando.) Ya estoy aquí.
CELESTINA, MUÑOZ, TRISTAN, soldados.
( TVisían se acerca á Muñoz, y luego se aparta hácia un lado; los soldados se quedan
en la puerta del fondo.)
(á THstan.)
¿Has concluido?
Sí señor.
~(ó Cdestina.\
Resuélvete: 5 á venir,
O á Sotelo ver morir.__
¿Q,ué dices? ¿Tendrás valor!.
Habla, Celestina, al punto:
No creas que con callar
Te has de poder libertar
De ver tu esposo difunto.
Alza del suelo la faz;
Y en el instante sí ó no
Responde_¿Q,ué dices?.
(volvicTvda en sí, y con voz desfallecida.) Yo.
Dejadme, por Dios, en paz.
Ya cumplo con tu deseo,
Y para siempre me voy;
Mas compañero te doy
De tu agrado, según creo.
En tan triste soledad
No os dejaré, por mi gusto,
Pues no me parece justo
Q,ue esté sola una beldad.
Y al separarme de vos
Os entregaré á Sotelo.
(levantándose precipitadamente, dando ver su regocijo, y buscando á Sotelo con ansiedad.)
¿De veras? ... ¡Benigno cielo!.
(señalando al fondo.)
Allí le teneis.
¡Gran Dios!!!
I A una seña de Muñoz se abren los soldados y adelantan el cadáver de Sotelo en una
silla: Celestina corre adonde está Sotelo, cae de rodillas delante de él, y abrazándolo
confuerzo, grita con voz penetrante la esclamacion que está arriba,)
Si el rebelde pereció,
A la fortuna culpad.
(A TVistan.)
De Sotelo separad
A esa muger.
( 'Tristan y vn soldado tratan de levantar ó Cdeatina,)
jYa espiró!
ImtraTido á Celestina con ojos despavoridos.)
¿Qué hablas?.. jAh!.. Desdicha fuerte....
(Queriéndola levantar.)
¡Ha muerto! ¡ha muerto! ¡Piedad!.
¡Soldados! venid, volad!
Y dadme pronto la muerte!
Los soldados se apartan aterrorizados.-Muñoz continúa, separando el rostro como
poseído de horror.)
¡Espectáculo funesto
Tengo ante mi vista aquí!
(Corriendo á la puerta dd fondo.)
¡Soldados! huid de mí,
Que yo mismo me detesto!
O-'