TEATRÓSFERA · EL TEXTO CUANDO ENTRA EN ESCENA  

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Antonio García Gutiérrez

El trovador

5 jornadas · 17 personajes · 2,751 versos

Modo

Jornada primera

JORNADA PRIMERA.

Antecámara de la habitación de doña Leonor, en el palacio

de la Aljaferia. Puerta al fondo y á ambos lados del teatro.

ESCENA PRIMERA.

Jimeno. Guzman. Ortiz. Están sentados al rededor de una

mesa, y bebiendo.

Jimeno

Ninguno mejor que yo

puede contar esa histeria.

Desde los tiempos del viejo

don Lope, que de Dios goza,

estoy sirviendo en la casa:

ya veis si hay fecha!

Guzman

Y no poca.

Guzman

Han corrido sobre el caso

noticias contradictorias.

Ortiz

Es lo que sucede.

Guzman

Y luego,

se abultan mucho las cosas!

Jimeno

¡Ahora bien! Sucedió el lance,
aunque la fecha no importa,
en rail trescientos noventa.
si no es infiel mi memoria.
El señor conde vivia
comunmente en Zaragoza,
viudo entonces, con dos hijos
de su malograda esposa.
Don Ñuño, el menor de entrambos,
y don Juan que está en la gloria,
y ya contaba dos años
con diferencia muy corta.
Una noche penetró
hasta la cámara propia
del mayor, una gitana
harapienta y quintañona.

Guzman

Era bruja sin remedio.

Jimeno

Bien lo digeron las obras.

— Se sentó á su lado: estuvo
mirándole, silenciosa,
largo rato, y la encontraron
estasiada en esta forma.
Nada malició don Lope ;
la vieja pasó por loca,
y cuando echarla quisimos,
ella, ¡nada! se hizo sorda.

Ortiz

A palos...

Jimeno

Ese fué el medio ;

mas desde aquel punto y hora,
enfermó el niño. Le habia
hechizado la bribona.

Guzman

¡Cáspita! ¿pues?

Jimeno

Le atacaron

convulsiones y congojas
tan grandes, que se nos iba
de entre las manos por horas.

Ortiz

Diantre!

Jimeno

Y nos contaba el aya

que en legiones numerosas
se desataban las brujas
por las noches en su alcoba,
y con algazara horrible,
sacudiéndole furiosas

Jimeno

contra la pared, jugaban
con el niño á la pelota.
Jesús! yo me hubiera muerto!
Era pesada la broma!

Y don Lope?

Hizo quemar
á la vieja encantadora.
Cuánto me alegro! y el chico,
sanó?

Sí ; pero qué importa?
No quisieron entenderme,
que si mi opinión se adopta,
no me queda una gitana
diez leguas á la redonda.

Y á Azucena, sobre todo.
Su hija?

Sí ; y era la moza
pintiparada á su madre,
como una gota á otra gota.

Y en fin, dime con quien andas
Pues en estas y en las otras,
el niño que estaba ya

redondo como una bola,
desapareció.

Qué diantre!
Nuestra diligencia toda
fué inútil: solo encontramos
un tizón de humana forma
en el sitio donde habían
ajusticiado á la loca.
Le mataron!

Y en la hoguera.

Y no la buscasteis...

Toma!
Pero en vano ; y sin embargo,
como la viese yo ahora...
La conocierais?

Sin duda.
La venganza fué diabólica!
Mas yo apuesto á que la vieja
está pagando la costa
en el intierno.

Quién sabe!
Pues qué?...

Mi opinión es otra.

Han sucedido después
ocurrencias misteriosas!...

Ortiz

Contádmelo á mí!

Jimeno

Pues cómo?

La habéis visto?

Ortiz

Sí.

Jimeno

En persona?

Ortiz

Si no en la suya, á lo menos,
bajo mil distintas formas.
Noches atrás, convenida
en lechuza, entrón deshora
en mi aposento, mirándome
de una manera espantosa.
Me apagó la luz, y yo
me arrebujé con mis ropas
por no ver aquellos ojos
que brillaban en la sombra!
Póseme á rezar, y... nada!
hasta que al tin, pavorosa
levantó el vuelo, azotando
las paredes de la alcoba.
Al sentir que me tocaba,
di un grito, y ella furiosa
lanzó un horrible graznido,
y se escapó... y hasta ahora.
Bravas cosas me contais ;
pero en cambio sabréis otras
que son mas frescas, si no
tan raras y tan curiosas.
Sí?

Pero cuenta que nadie
trasluzca que de mi boca
ha salido..

Pues?

Si el conde
llega á saberlo, me ahorca.
El conde?

Todo ello es nada!
nada! travesuras propias
de la juventud, que es siempre
tan ardiente como loca.
(A Orliz.)

Ya sabes que está perdido
de amores por tu señora.

Ortiz

No ha de estarlo?

Jimeno

Es muy discreta

y tan noble como hermosa.

Guzman

Pero no lo sabéis todo.

— Podréis creer que ella adora
á ese trovador, que antaño
pasaba las noches todas
desvelando nuestro sueño
con su laúd y sus trovas?

Ortiz

Y que aun viene.

Jimeno

Pues no dicen

que la pretensión apoya
de ese conde que dispula
á nuestro rey la corona?

Guzman

Pues sin embargo...

Ortiz

Atreverse

un hombre de tal estofa
á pretender á una dama
de estirpe tan generosa!

Jimeno

No negareis, sin embargo,

que es muy galán, y que goza
fama de valiente.

Ortiz

Y eso?...

Jimeno

Para las mugeres, sobra.

Guzman

Pero quién es?... no se sabe!
cuál es su cuna? se ignora.
— Es lo que el conde decia ;
dónde está su ejecutoria?
Tal vez será algún hidalgo
pobrelon, y aun se me antoja...

Jimeno

Al cuento.

Guzman

Ya sabéis bien

la confianza que me otorga
el conde. — Anoche, en su cámara,
estando con él á solas,
me dijo: «Escucha Guzman!
esa lealtad que te abona,
me obliga á que te confie
mis penas y mis zozobras.
Esta noche me acompañas
á una empresa peligrosa ;
que hoy se cumple mi ventura,
ó mis desdichas se colman.
Sigúeme,» añadió, y salimos
aprovechando las sombras,
y esperando sorprender

en su nido á la paloma.

Jimeno

Cómo! en palacio...

Guzman

(A (Miz.) Cuidado!

que duna Leonor conozca...

Ortiz

Va sabes que puede el conde
contar conmigo.

Guzman

En buen hora.

Pues al llegar al vedado
umbral! figuraos su cólera!
del laúd del trovador
oyó las pausadas notas.

Jimeno

Del trovador! pues estaba
en el palacio á esas boras!

Guzman

Y en el jardín de su alteza.

Jimeno

Locuras de gente moza!

Guzman

Allí estará, esclama el conde
con voz conmovida y ronca,
y á la escalera se lanza.
— La noche era tenebrosa!
El cantor, que, por lo visto,
á mi señor equivoca
con algún pobre escudero,
el campo nos abandona.
Doña Leonor llega entonces,
y a la parte mas remota
del jardín, lleva á don Ñuño
enamorada y gozosa.
Pero bien pronto, al oir
las atrevidas lisonjas
del conde, su error comprende
y le rechaza y se enoja.
En esto un hombre se llega
con faz encendida y torva,
y ambos en silencio cruzan
di' sus espadas las hojas.

Jimeno

Y qué?

Guzman

Desarmado el conde,

perdió en una dos victorias.
— Cuando llegué, todo habia
volado como en tramoya.

Jimeno

No os parece una locura

que así mi señor se esponga...

Ortiz

En efecto.

Jimeno

Y si la reina

llega a saber estas cosas!...

ab

Ortiz

(Mirando adentro.)

Silencio! pienso que está

levantada mi señora.

Guzman

Temprano para quien vela i

Jimeno

Nadie dirá que trasnocha.

Guzman

No es aquel su hermano?

Ortiz

Él es,

siempre con la cara fosca!

Jimeno

Hay tempestad.

Ortiz

Vamonos

antes que la nube rompa.

( Vánse por el fondo ; un momento después, salen

por la izquierda Don Guillen, Leonor y Jimena.)

ESCENA U.

Don Guillen. Leonor. Jimena.

Guillen

Mil quejas tengo que daros
si oirme, hermana, queréis.

Leonor

Hablar, don Guillen, podéis,
que pronta estoy á escucharos.
Si á hablar del conde venís
que será en vano os advierto,
y me enójate por cierto
si en tal lema persistís.

Guillen

Poco estimáis, Leonor,
el brillo de vuestra cuna
menospreciando al de Luna
por un simple trovador.
Qué visteis, hermana, en él
para así tratarle impía?
No supera en bizarría
al mas apuesto doncel?
A caballo, en el torneo
no admirasteis su pujanza?
A los botes de su lanza...

Leonor

Que cayó de un bote creo.

Guillen

En fin, mi palabra di

de que suya habéis de ser,
y cumplirla he menester.

Leonor

Y vos disponéis de mi?

Guillen

O soy ó no vuestro hermano.

Leonor

Nunca lo fuerais por Dios,

que me dio mi madre en vos

en vez de amigo un tirano.

Guillen

En fin, ya os dije mi intento:

ved cómo se ha de cumplir.

Leonor

No lo esperéis.

Guillen

O vivir

encerrada en un convento.

Leonor

Lo del convento mas bien.

Guillen

Eso tu audacia responde?

Leonor

Que nunca seré del conde....

nunca; lo oís, don Guillen?

Guillen

Yo haré que mi voluntad

se cumpla aunque os pese á vos.

Leonor

Idos, hermano, con Dios.

Guillen

Leonor...! á Dios os quedad.

ESCENA III.

Leonor. Jimena.

Leonor

Lo oiste? Negra fortuna!
Ya ni esperanza ninguna,
ningún consuelo me resta.

Jimena

Mas por qué por el de Luna
tanto empeño manifiesta?

Leonor

Esa soberbia ambición

que le ciega y le devora

es ¡triste! mi perdición.

Y quiere que al que me adora

arroje del corazón!

Yo al conde no puedo amar,

le detesto con el alma:

él vino ¡ ay Dios! á turbar

de mi corazón la calma

y mi dicha á emponzoñar.

Por qué perseguirme así?

Jimena

Desde anoche le aborrezco
mas y mas.

Leonor

Yo que creí

que era Manrique... Ay de mí!
todavía me estremezco.

Por él me aborrece ya.
Jimena. Don Manrique?

Leonor

Sí, Jimena.

Jimena

De vuestro amor dudará?

Leonor

Celoso del conde está,

y sin culpa me condena. ( Llora.

Jimena

Siempre llorando, mi amiga?

no cesas....

Leonor

Llorando, sí ;

yo para llorar nací ;
mi negra estrella enemiga,
mi suerte lo quiere asi.
Despreciada, aborrecida
del que amante idolatré,
qué es ya para mí la vida?
Y él creyó que envilecida
vendiera á otro amor mi fé.
No, jamás... la pompa, el oro,
guárdelos el conde allá ;
ven, trovador, y mi lloro
te dirá como te adoro,
y mi angustia te dirá.
Mírame aquí prosternada;
ven á calmar la inquietud
de esta muger desdichada:
tuyo es mi amor, mi virtud...
ftle quieres mas humillada?

Jimena

Qué haces, Leonor?

Leonor

Yo no sé....

alguien viene.

Jimena

Él es, por Dios!

Y dudabas de su fé!

Leonor

Jimena!

Jimena

Te estorbaré....

solos os dejo á los dos.

ESCENA IV.

Leonor. Manrique. (Rebozado.

Leonor

Manrique! eres lú?

Manrique

Yo, sí...

no tembléis.

Leonor

No tiemblo yo:

mas si alguno entrar te vio...

Manrique

Nadie.

Leonor

Qué buscas aquí?

qué buscas...? ah! por piedad...

Manrique

Os pesa de mi venida?

Leonor

No, Manrique, por mi vida;

me buscas á mí, es verdad?

Sí, sí... yo apenas pudiera

tanta ventura creer ;

lo ves? lloro de placer.

Manrique

Quién, perjura, te creyera!

Leonor

Perjura?

Manrique

Mil veces, sí...

mas no pienses que insensato

á obligar á un pecho ingiato,

á implorarte vine aqui.

No vengo lleno de amor

cual un tiempo...

Leonor

Desdichada!

Manrique

Tembláis?

Leonor

No, no tengo nada...

pero temo tu rigor.

Quién dijo, Manrique, quien,

que yo olvidarte pudiera

infiel, y tu amor vendiera,

tu amor, que es solo mi bien!

Mis lágrimas no bastaron

á arrancar de tu razón

esa funesta ilusión?

Manrique

Harto tiempo me engañaron.

Demasiado te crei

mientras tierna me halagabas

y, pérfida, me engañabas.
Qué necio, qué necio fui!
Pero no, no impunemente
gozarás de tu traición:
yo partiré el corazón
de ese rival insolente.
Tus lágrimas 1 yo creer
pudiera, Leonor, en ellas
cuando con tiernas querellas
á otro halagabas ayer?
No te vi yo mismo, di?

Leonor

Sí; pero juzgué engañada

que eras tú: con voz pausada

cantar una trova oí.

Era tu voz, tu laúd,

era el canto seductor

de un amante trovador

lleno de tierna inquietud.

Turbada perdí mi calma,

se estremeció el corazón,

y una celeste ilusión

me abrasó de amor el alma.

Me pareció que te vía

en la oscuridad profunda,

que á la luna moribunda

tu penacho descubría.

Me figuré verte allí

con melancólica frente

suspirando tristemente

tal vez, Manrique, por mí.

No me engañaba... un temblor

me sobrecogió un instante...

era sin duda mi amante,

era ¡ay Dios! mi trovador.

Manrique

Si fuera verdad, mi vida
y mil vidas que tuviera,
ángel hermoso, te diera.

Leonor

No" te soy aborrecida?

Manrique

Tú, Leonor? pues por quién
asi en Zaragoza entrara?
por quién la muerte arrostrara
sino por tí, por mi bien?
Aborrecerte I quién pudo
aborrecerte, Leonor?

Leonor

No dudas ya de mi amor,

Manrique?

Manrique

No ; ya no dudo.

Ni así pudiera vivir:

¿me amas, es verdad? lo creo,

porque creerte deseo

para amarte y existir.

i'orque me fuera la muerte

mas grata que tu desden.

Leonor

Trovador!

Manrique

No mas; ya es bien

que parta.

Leonor

No vuelvo á verte?

Manrique

Hoy no, muy tarde será.

Leonor

Tan pronto te marchas?

Manrique

Hoy:

ya se sabe que aqui estoy ¡

buscándome están quizá.

Leonor

Sí, vete.

Manrique

Muy pronto fiel

me verás, Leonor, mi gloria,

cuando el cielo dé victoria

á las armas del de Lrgel.

Retírate... viene alguno.

Leonor

Es el conde!

Manrique

Vete.

Leo- Cielos!

Manrique

Mal os curasteis mis celos...

qué busca aqui este importuno?

ESCENA V.

Manrique, Don NuSo.

Nuño

Qué hombre es este?

Manrique

Guárdeos Dios

muchos años, el de Luna.

Nuño

(Pesia mi negra fortunad

Manrique

Caballero, hablo con vos ;

si porque encubierto estoy...

Nuño

Si decirme algo tenéis,

descubrid...

Manrique

Me conocéis? (Descubriéndose

Nuño

Vos, Manrique!

Manrique

El mismo soy,

Nuño

Cuando á la ley sois infiel

y cuando proscrito estáis,

asi en palacio os entráis,

partidario del de Urgel?

Manrique

Debo temer por ventura,

conde, de vos?

Nuño

Un traidor...

Manrique

Nunca ; vuestro mismo honor

de vos mismo me asegurra.

Siempre fuisteis caballero.

Nuño

Qué buscáis, Manrique, aqui?

Manrique

A vos, señor conde.

Nuño

A mí?

Para qué saber espero.

Manrique

No lo adivináis?

Nuño

Tal vez.

Manrique

Siempre enemigos los dos

hemos sido.

Nuño

Sí, por Dios.

Manrique

Pensáislo con madurez.

Nuño

Pienso que atrevido y necio

anduvisteis en retar

á quien débeos contestar

tan solo con el desprecio.

Qué hay de común en los dos?

Habláis al conde de Luna,

hidalgo de pobre cuna.

Manrique

Y bueno tal como vos.

En fin, no admitís el duelo?

Nuño

Y lo pudisteis pensar?

yo hasta vos he de bajar?

Manrique

No me insultéis, vive el cielo,

que si la espada desnudo

la vil lengua os cortaré.

Nuño

A mí, villano? No sé(Saca la espada.

cómo en castigarte dudo.

Mas tú lo quieres.

Manrique

Salgamos.

Nuño

Sacad el infame acero.

Manrique

Don Ñuño, fuera os espero ;

cuidad que en palacio estamos.

Nuño

Cobarde, no escucho nada.

Manrique

Ved, conde, que os engañáis..

Vos... vos cobarde llamáis

al que es dueño de esta espada?

Nuño

La mia... Y lo sufro, no...

Manrique

A recobrarla venid.

Nuño

No, que no sois, advertid,

caballero como yo.

Manrique

Tal vez os equivocáis.

Y habladme con mas espacio

mientra estamos en palacio.

Os aguardo.

Nuño

Dónde vais?

Manrique

Al campo, Don Ñuño, voy,

donde probaros espero

que si vos sois caballero.,.

caballero también soy.

Nuño

Os atrevéis?

Manrique

Sí, venid.

Nuño

Trovador, no me insultéis

si en algo el vivir tenéis.

Manrique

Don Ñuño, pronto, salid

Jornada segunda

JORNADA SEGUNDA.

En el fondo del teatro se verá la reja del locutorio de un

convento: tres puertas, una al lado de la reja que co-

munica con el interior del claustro, otra á la derecha,

que cae á la iglesia, y otra á la izquierda que figura

ser la entrada de la calle. Al levantarse el telón se verá

á don Guillen á la puerta de la derecha, mirando hacia

la iglesia.

ESCENA PRIMERA.

Don Guillen: luego Don Ñuño.

Guillen

Comprendo, sí, nada alcanza,
su loco amor á estinguir,
y aqui viene á despedir
su ya inútil esperanza!
La herida que al pecho tiene
abierta, en ahondar se empeña.
— Habrá entendido mi seña?
tan ciego está... Pero él viene.

Nuño

(Sale de la iglesia.) Me llamabais, don Guillen?

Guillen

Señor!...

Nuño

Conmovido os veo!

Guillen

Os he buscado en la Seo

y en el palacio también.

Nuño

Hoy quebranté mi costumbre.

¡Pero tenéis la color

perdida!

Guillen

Os traigo, señor,

nuevas de gran pesadumbre.

Nuño

Su alteza!...

Guillen

Guárdele el cielo!

de salud completa goza.

Nuño

Pues qué pasa?

Guillen

En Zaragoza

todos lloran sin consuelo.'

Nuño

Cómo!

Guillen

La traición impía

que en yermo á Aragón convierte,

dio al arzobispo la muerte.

Nuño

Qué decís I á don García?

Guillen

Ahora se acaba de hallar

su cadáver junto al muro,

que de la noche en lo oscuro

le debieron de matar.

Murió como bueno y fiel.

Nuño

Siempre lo fué don García.

Guillen

Porque osado combatía

la pretensión del de Urgel.

Nuño

Infame y cobarde acción

que he de vengar por quien soy!

Guillen

Sí, sí l

Nuño

Sabed que desde hoy

soy justicia de Aragón,

y si mi poder alcanza

á los traidores, os juro

por mi honor, como el sol puro,

que han de sentir mi venganza.

Guillen

Quién hay que seguro esté

de algún traidor homieida?

Nuño

Dígalo yo.

Guillen

Vuestra herida...

Nuño

Grave y peligrosa fué.

v mucho debo a mi suerte.

Guillen

Cierto.

Nuño

Por milagro existo,

que, por Dios l muy cerca he visto
el semblante de la muerte.

Guillen

La suerte, al fin, del traidor
os dio la venganza presto.

Nuño

Sí, mas ya que hablamos de esto ;
qué me décis de Leonor?
Conmigo siempre irritada
está? por qué su hermosura
marchita en esa clausura
de la corte retirada?

Guillen

Señor...

Nuño

Desde que dejó

el servicio de su alteza,
de contemplar su belleza
dura también me privó.

Guillen

Ya no os lo puedo encubrir...

Nuño

Alas por qué á la pasión miá
se muestra Leonor, impía?

Guillen

Conde! qué os puedo decir?
En vano fué amenazar,
y nada alcanzó mi ruego:
esposa de Dios va luego
á postrarse ante su altar.
Los lazos de su amor, rotos
mira, y al mundo renuncia,
y en fin, hoy mismo pronuncia
en ese templo sus votos.

Nuño

Conque era cierto I insensible,
á mi cariño prefiere
un claustro! nada hay que espere!
mi ventura es ya imposible.

Guillen

Bien lo veis.

Nuño

En mi aflicción,

largo tiempo esperé en vano
ablandar aquel tirano
indomable corazón.
Ha despreciado mi fé
y mi amor, y el sufrimiento
con que llevé mi tormento
y sus rigores lloré.
V hoy poniendo entre los dos
de la religión el muro,
contra mi amor, el seguro

amparo busca de Dios.

Guillen

Tal flaqueza apenas creo!

de ese amor débil vasallo...

Nuño

Siempre.

Guillen

Por eso aquí os hallo

cuando os buscaba en la Seo!

Nuño

Ingrata...

Guillen

Cuando el rumor

llegó, don Ñuño, á su oido,

de que habia sucumbido

en Velilla el trovador,

desesperada, llorosa...

Nuño

No habrá un medio, don Guillen?

Guillen

Ninguno: ni ya está bien...

Nuño

Decís que aun no es religiosa?

Guillen

Pero lo será muy luego.

Nuño

Iré yo á verla: yo iré!

si es fuerza. la rogaré.

Guillen

Despreciará vuestro ruego.

Nuño

Tan en estremo enojada

está?

Guillen

No sabéis, señor,

que no hay tirano mayor

que la muger si es rogada?

Nuño

Pues bien: la arrebataré

á los pies del mismo altar.

Si ella no me quiere amar...

yo á amarme la obligaré.

Guillen

Conde!

Nuño

Sí, sí! loco estoy!

no os enojéis, no he querido

ofender...

Guillen

Noble he nacido,

y noble, don Ñuño, soy.

Nuño

Basta! ya sé, don Guillen,

que es ilustre vuestra cuna.

Guillen

Y jamás mancha ninguna

la oscurecerá.

Nuño

Está bien: (Con impaciencia.)

dejadme.

Guillen

Quién mas que yo

este enlace estimaría?

mas si amengua mi hidalguía,

no quiero tal dicha, no.

Nuño

Decís bien. (Enojado.)

Guillen

Si os ofendí...

Nuño

No, dejadme: fuera están (Reprimiéndose.)

mis criados; á Guznian

que entre, diréis.

Guillen

Lo haré asi. (Váse por la izquierda.)

ESCENA II.

Don Ñuño, luego Guzman.

Nuño

Gracias á Dios, se fué ya,

que, por cierto, me aburría.

Qué vano con su hidalguía

el buen caballero está!"

Si no me quiere servir,

será diligencia vana:

ó ha de ser mía su hermana

ó por ella he de morir.

Guzman

(Sale por la izquierda.) Me llamabais?

Nuño

Ven aqui:

acércate.

Guzman

Qué tenéis

que mandarme?

Nuño

Habla mas bajo,

Di, le atreverás á hacer

lo que te diga?

Guzman

Estoy pronto.

Nuño

A todo? piénsalo bien.

Guzman

Aunque me cueste la; vida,

podéis de mí disponer.

Nuño

I. o sé, Guzman: siempre has sido

de mis gentes el mas fiel.

Guzman

Y lo seré mientras viva:

vuestro capricho es mi ley.

Nuño

Ya conoces á la ingrata

doña Leonor de Sesé,

y sabes cuanto he sufrido

por su rigor y esquivez.

Guzman

Demasiado!

Nuño

V para siempre

voy mi esperanza á perder

si no me ayuda tu arrojo.

Para eso el llamarte fué.

Yo debí olvidarla ; pero

mi corazón, y tal vez

mi orgullo, me impulsan hoy

á humillarla: esto ha de ser.

Cuando Manrique murió

en Velilla, imaginé

que resignada á su suerte,

ó instable como muger,

consintiera en aceptar

mi nombre y mi amor con él.

Inútilmente! la ingrata,

en su invencible desden,

prefiere á mi amor, de un claustro

la espantosa lobreguez.

Guzman

Y donde?...

Nuño

Hoy mismo aqui debe

profesar.

Guzman

Hoy mismo! y qué?...

Nuño

Estorbarlo es necesario. (Con intención.

Guzman

Daros gusto es mi deber.

Nuño

Nada te sucederá:

yo te lo prometo. El rey

me hace justicia mayor

de Aragón: por tanto...

Guzman

Pues!

Nuño

Contra ti no habrá justicia.

Guzman

Es claro! quién la ha de hacer?

Nuño

Elige antre mis criados

quien te acompañe.

Guzman

Queréis

que hable á Ferrando?

Nuño

Me agrada.

Yo le recompensaré.

ESCENA III.

Dichos y Don Lope. Sale apresurado por la izquierda.

Lope

Su alteza os manda á llamar,

señor conde.

Nuño

Qué tenéis,

don Lope? venis turbado!

Lope

Turbado? pudiera ser.

Han venido corredores

del campo..

Nuño

Y qué dicen?

Lope

Qué?

Malas nuevas! ha sufrido

nuestro ejército un revés.

Nuño

Qué decis"?

Lope

Y Castellar,

según pude comprender,

fué entrada á saco.

Nuño

Imposible!

Lope

Y se asegura también,

que han venido á Zaragoza

gentes del conde de Urgel.

La ciudad está desierta,

porque dicen que ha de haber

rebelión para esta noche.

Nuño

(Ají. á Guzman.)

(Todo eso nos está bien.)

Guzman

(Voy...)

Nuño

(Lo mismo.) (Escucha: si encontrares

resistencia, no te des

por vencido: espada tienes.)

Guzman

(Pero aquí?...)

Nuño

(Yo soy tu juez.)

(Váse Guzman por la izquierda.)

ESCENA IV.

Dichos, menos Guzman.

Lope

Pero lo mas admirable

del caso, aun no lo sabéis.

Quién pensáis que es el caudillo

de los contrarios?

Nuño

No sé.

Lope

Un muerto.

Nuño

Don Lope!

Lope

Justo.

Y á que no acertáis quien es?

Nuño

Yo?...

Lope

Pues le habéis conocido,

y aun odiado.

Nuño

Pero quién?...

Lope

Ese trovador.

Nuño

Manrique!

No dicen que muerto fué

en Velilla?

Lope

Sí, aunque nadie

le pudo allí conocer.

Nuño

No era el mismo?

Lope

0 lo que yo

he sospechado después...

Nuño

Qué?

Lope

Debe de andar en esto

la mano de Lucifer.

Nuño

Don Lope! os queréis burlar?

Lope

Cada cual tiene su fé.

Nuño

Y está en el castillo?

Lope

No,

sino aqui.

Nuño

No puedo creer...

Lope

Esta mañana le ha visto

quien le conoce muy bien.

Nuño

Y el caudillo de la trama

urdida, sin duda es él.

Lope

Es el mas osado.

Nuño

Cierto:

mas puede su intrepidez

costar le cara: esta noche,

si viene, lo hemos de ver.

(Váse por la izquierda.)

Lope

Pues si los soldados son

como el caudillo... pardiezl

una legión incorpórea!

— Que todo pudiera ser!

( Váse detrás del conde, y queda el teatro por un

instante solo.)

ESCENA V.

Se dejan ver algunas religiosas en el locutorio ; la puerta

que está al lado de la reja se abre, y aparece Leonor

apoyada del brazo de Jimena': las rodean algunos sacer-

dotes y religiosas.

Leonor

Jimena!

Jimena

Al fin abandonas

á tu amiga.

Leonor

Quiera el cielo

hacerte á tí mas feliz,

tanto como yo deseo.

Jimena

Por qué obstinarte?

Leonor

Es preciso:

ya no hay en el universo

nada que me haga apreciar

esta vida que aborrezco.

Aqui de Dios en las aras

no veré, amiga, á lo menos

á esos tiranos impíos

que causa de mi mal fueron.

Jimena

Ni una esperanza..

Leonor

Ninguna:

él murió ya.

Jimena

Tal vez luego

se borrará de tu mente

ese recuerdo funesto.

El nial como la ventura,

todo pasa con el tiempo.

Leonor

Estoy resuelta ; ya no hay
felicidad, ni la quiero,
en el mundo para mí:
solo morir apetezco.
Acompáñame, Jimena.

Jimena

Estás temblando.

Leonor

Sí, tiemblo

porque á ofender voy á Dios
con pérfido juramento.

Jimena

Qué dices?

Leonor

Ayl todavía

delante de mí le tengo,
y Dios, y el altar y el mundo
olvido cuando le veo.
Y siempre viéndole estoy
amante, dichoso y tierno...
mas no existe ; es ilusión
que imagina mi deseo.
Vamos.

Jimena

Leonor!

Leonor

Vamos pronto

le olvidaré, lo prometo.
Dios me ayudará... sostenme,
que apenas tenerme puedo.

ESCENA VI.

Queda la escena un momento sola: salen por la izquierda

Don Manrique con el rostro cubierto con la celada, y

Ruiz

Este es el convento.

Manrique

Sí,

Ruiz

pero nada veo.

Si te engañaron?

Ruiz

No creo.

Manrique

Estás cierto que era aquí?

Ruiz

Señor, muy cierto.

Manrique

Sin duda

tomó ya el velo.

Ruiz

Quizá.

Manrique

Ya esposa de Dios será,

ya el ara santa la escuda.

Ruiz

Pero...

Manrique

Déjame, Ruiz ;

ya para mí no hay consuelo.

Por qué me dio vida el cielo

si lia de ser tan infeliz?

Ruiz

Mas qué causa pudo haber

para que así consagrara

tanta hermosura en el ara?

Mucho debió padecer.

Manrique

Nuevas falsas de mi muerte

en los campos de Velilla

corrieron, cuando en Castilla

estaba yo.

Ruiz

De esa suerte...

Manrique

Persiguiéronla inhumanos

que envidiaban nuestro amor,

y ella busca al Redentor

huyendo de sus tiranos.

Si supiera que aun existo

para adorarla... no, no...

ya olvidarte debo yo,

esposa de Jesucristo.

Ruiz

Qué hacéis? Callad!...

Manrique

Loco estoy

Y como no estarlo ¡ay cielo!

si infelice mi consuelo

pierdo y mis delicias hoy?

No los perderé: Ruiz,

déjame.

Ruiz

Qué vais á hacer?

Manrique

Si yo la pudiera ver...

con esto fuera feliz.

Ruiz

Aquí el locutorio está.

Manrique

Vete.

Ruiz

Fuera estov.

ESCENA VIH.

Manrique

Después Güzman, Ferrando.

Manrique

Qué haré?

turbado estoy... llamaré?
Tal vez orando estará.
Acaso en este momento
llora cuitada por mí:
nadie viene... por aqui...
es la iglesia del convento.

Ferrando

Tarde llegamos, Guzman.

Guzman

Quién es ese hombre?

Ferrando

No sé.

( Las religiosas cantarán dentro un responso: el canto no

cesará hasta un momento después de concluida la jornada.)

Guzman

Oyes el canto?

Ferrando

Sí á fé.

Guzman

En la ceremonia están.

Manrique

Qué escucho.-, cielos! es ella...

( Mirando á la puerta de la iglesia. )
Allí está bañada en llanto,
junto al altar sacrosanto,
y con su dolor mas bella.

Guzman

No es esa la iglesia?

Ferrando

Vamos.

Manrique

Ya se acercan hacia aqui.

Ferrando

Espérate.

Guzman

Vienen?

Ferrando

Si.

Manrique

No, que no me encuentre... huyamos.
(Quiere huir, pero deteniéndose de pronto se apoya vaci-
lando en la reja del locutorio. Leonor, Jimena y el sé-
quito salen de la iglesia y se dirigen á la puerta del
claustro; pero al pasar al lado de Manrique éste alza la
visera, y Leonor reconociéndole cae desmayada á sus pies.
Las religiosas aparecen en el locutorio llevando velas en-
cendidas.

Guzman

Esta es la ocasión... valor.

Leonor

Quién es aquel? mi deseo (A Jimena.)

me engaña... Sí, es él!

Jimena

Qué veo!

Leonor

Ah! Manriquel...

§jj* \ El trovador! (Huyen.)

Jornada tercera

JORNADA TERCERA.

Interior de una cabana: Azucena estará sentada cerca de una

hoguera; Manrique á su lado de pie.

ESCENA PRIMERA.

Manrique. Azucena.

Azucena

(Canta.) Bramando está el pueblo indómito de la hoguera en derredor;

al ver ya cerca la víctima

gritos lanza de furor.

Allí viene; el rostro pálido,

sus miradas de terror,

brillan de la llama trémula

al siniestro resplandor.

Manrique

Qué triste es esa canción!

Azucena

Tú no sabes esta historia

que está, á par que en mi memoria,

guardada en mi corazón.

Manrique

Por qué?

Azucena

Jamás te lie contado

este doloroso y triste

suceso; ¡nunca! Te fuiste

tan pequeño de mi lado!

Manrique

Don Diego de Haro me dio

su amparo, y por él medraba.

Azucena

Es verdad; mas no te amaba

tanto como te amo yo.

Manrique

Perdonad! mi pobre cuna

esta ambición deslucía,

y yo vengar pretendía

agravios de la fortuna.

Haceros feliz, ha sido

mi esperanza.

Azucena

Sí, te creo.

Manrique

Pero en vano es mi deseo:

vos nunca lo habéis querido.

Azucena

Feliz! pobre lo seré

mejor que dueña de un trono.

Yo, Manrique, no ambiciono

riquezas... Y para qué?

Me basta mi libertad,

y las montañas que fueron

mi cuna, y donde vivieron

tus padres siempre.

Manrique

Es verdad!

siempre! Triste condición

á los mios ha tocado!

Azucena

Tú nunca me has preguntado

por ellos.

Manrique

Tenéis razón.

De un temor, bajo el imperio,

que dominar no he podido,

madre, jamás me he atrevido

á aclarar ese misterio.

Azucena

Sí, Manrique! es un arcano

horrible! aqui de esa historia

vive eterna la memoria!

Quiero olvidarla, y en vano

Manrique

Por qué os quisisteis fijar

en este siliol

Azucena

Por qué?

porque aquí mismo, aquí fué
en donde la vi espirar.

Man- Quién, madre mia?

Azucena

Sí! es cierto!

tú no sabes este amargo
suceso, no! y sin embargo...
era mi madre! aquí ha muerto!

Manrique

Vuestra madre!

Azucena

Era inocente;

mas se dijo entonces que era
encantadora, hechicera...

Manrique

Infames!

Azucena

Y á una demente!

s!, hijo, estaba loca ; pero
el vulgo desatentado
la acusó de haber aojado
al hijo de un caballero.

Manrique

Y qué?

Azucena

No hubo compasión

para ella, y fué condenada
á morir... á ser quemada,
sin mas causa ni razón.

Manrique

Y se atrevieron tal vez...

Azucena

Aquí! donde está esa hoguera,
sin que ninguno tuviera
lástima de su vejez!
Yo, Manrique, la seguía
llorando como quien llora
á una madre á quien adora ;
porque adoraba en la mia!
Unido contra mi seno
llevaba yo á mi hijo... á tí.
Volvió mi madre hacia mí
el rostro grave y sereno,
y me miró, y me bendijo:
y ya del suplicio al lado,
con acento desgarrado;
véngame! véngame! dijo.
Oh! no puedo recordar
aquella palabra, en calma!
se grabó en mi pecho, en mi alma,
y no la puedo olvidar.
Ofrecí en aquel momento
vengarla, de una manera

horrible, espantosa, fiera...
y cumplí mi juramento!

Manrique

Si, la vengasteis? hablad!

Para una acción tan malvada
mil crímenes eran nada!
la vengasteis, es verdad?

Azucena

Bien pronto, tuve ocasión
de lograrlo. Yo no hacia
sino acechar noche y dia
de aquel noble la mansión.
Descuidáronse: entré en ella;
al niño en brazos cogí,
y aunque salieron tras mí,
les hice perder mi huella.
Aquí vine, por mi ardor
y mi venganza, impulsada.
La hoguera ya preparada...

Manrique

Cómol tuvisteis valor?...

Azucena

El inocente lloraba!

tal vez implorar quería
mi compasión, y gemia,
y mi rostro acariciaba.
Quién no se doliera, quién,
de aquel acerbo dolor?
Temblé! me faltó el valor!...
— No era yo madre también?

Manrique

l'ero en fin?

Azucena

Yo, sin embargo,

no me olvidaba un momento
de mi madre. Aquel lamento
desgarrador cuanto amargo;
aquel espantoso grito,
que cual postrera esperanza
me encomendó una venganza
empujándome á un delito,
una y otra vez heria
mi corazón con espanto,
mientras que del niño el llanto
me helaba ó me enternecía.
Oh! bien pronto se agotó
mi esfuerzo en aquel martirio,
y un espantoso delirio
de repente me asaltó!
Entonces, como en un sueño,
allá, delante de mí

pasar á mi madre vi,

triste la faz, torvo el ceño!

y vi en tomo del suplicio

sayones que discurrían

armados, y se reian

del infando sacrificio.

Sonó un grito, «véngame! »

que cual doloroso ruego

salió espirante del fuego:

y dije: « te vengaré! »

Óyeme! desesperada,

á todas partes tendí

mi vista, y al niño así

entre mis manos, airada!

Con ánimo ya resuello,

pero ciega y delirante,

le vi rodar un instante

entre las llamas envuelto.

A sus gritos, desperté

de mi ciego desvarío!

Ay! aquel niño era el mió!

Manrique

Dios santo!

Azucena

¿Qué he dicho, qué?

Manrique

No sois mi madre!

Azucena

Insensato!

Ves como en vano se esconde

tu presunción? el del conde
era el niño.

Manrique

Oh Dios!

Azucena

Ingrato!

No quieres tú que yo sea
tu madre?

Manrique

Pregunta estraña!

Azucena

Al menos, mi amor engaña

de modo que yo te crea.

Manrique

No: si otro nombre codicio
con esperanzas que halago;
si ya á mi pesar no os hago
de mi orgullo el sacrificio,
todo este anhelo de gloria
en que abrasado me siento,
no hará que os borre un momento
oh madre! de mi memoria!
lis cierto que alguna vez
he acusado á la fortuna

que puso desde mi cuna
remoras á mi altivez.
Muchas veces digo yo:
si, como mi afán desea,
fuese un Lanuza, un Urrea...

Azucena

Un Artal... (Mirándole con atención.

Manrique

Un Arlal nol

Si ese nombre fuera el mió,
le negaba.

Azucena

Por qué es eso?

Manrique

Antes hijo de un confeso.
de un esclavo, de un judío!
— Decis bien! condición necia
del hombre! vana inquietud
del que busca la virtud
en lo mismo que desprecia!
No sufriré que esa ley
injusta, en mi orgullo mande,
no! mi corazón es grande
como el corazón de un rey!
Tengo mi brazo y mi espada.

Azucena

Cierto 1 qué ambicionas mas!

Manrique

(¡Mirando al fondo.)
(Aun no viene!)

Azucena

Pero estás

inquieto. ¿Qué sientes?

Manrique

Nada.

Azucena

Algún pesar te devora!
Te pesa de haber nacido
tan pobre, tan desvalido?...

Manrique

Pesarme? no, no, señora!

Azucena

No temas: yo no diré

que soy tu madre. ¿No estoy
cierta yo de que lo soy?
pues bien: me contentaré.
Pero al menos...

ESCENA II.

Dichos y Ruiz al fondo.

Manrique

(Ahi está!)

Azucena

Esperas á ese hombre?

Manrique

Sí,

madre! que no os halle aquí.

Azucena

No temas: no me verá.

(Se aparta á un lado.)

Manrique

(Dirigiéndose á Ruiz.)

Qué hay, pues?

Ruiz

Que llegó el momento.

Manrique

Noche de luto ó de gloria!

alcance yo esa victoria

ó exhale el postrer aliento! (Vánse los dos.)

ESCENA III.

Azucena: luego Don Ñuño, Don Gullen, Don Lope,

Jimeno y Soldados.

Azucena

Ingrato! ingrato! partió
sin decirme una palabra
de cariño! sin volver
á su madre, una mirada!
— Su madre I oh Dios! que no sepa
jamás de esa historia infausta
la horrible verdad! que ignore
el brillo de su prosapia.
Si le digera, « tú no eres
hijo mió: de mas alta
familia tienes origen!...»
Qué hiciera? me despreciara!
Verme en la fria vejez
sola, triste, abandonada...
Oh! no! que nunca lo sepa!
esta es mi sola venganza.
Y para qué le salvé
la vida?

' ( En este momento se ven aparecer al foiulo solda-
dos con hachas de viento encendidas. )
NuSo ( Dentro. ) Que nadie salga

de aquí!

Azucena

Cielos! viene gente!

soldados! ay! quién me ampara!

(Corre á esconderse por la derecha.)

Guillen

Nadie hay aqui.

Nuño

Nos habrán

burlado?

Guillen

Tal vez se amparan

de ese bosque en la espesura:

mas no es posible que salgan.

Nuño

La impaciencia me consume,

don Guillen 1 oh! si lograra

dar esta noche á mis celos

y á mis agravios venganza!

Guillen

Pero es cierto que aun existe...

Nuño

Verdad es por mi desgracia.

Ferrando y Guzman le vieron

hoy mismo, y él de esta trama

es el caudillo.

Guillen

Imposible

parece tan loca audacia.

Nuño

Ya lo veréis ; mas si logro

que hoy entre mis manos caiga...

( Se oye dentro rumor y algazara. )

Guillen

Qué ruido es ese?

ESCENA IV.

Los mismos. Guzman.

Guzman

Señor?

Nuño

Quién motiva esa algazara?
Qué traéis?

Guzman

Vuestros soldados

que por el bosque rondaban,
han preso á una bruja

Nuño

Qué?

Guzman

Si señor, á una gitana.

Nuño

Por qué motivo?

Guzman

Sospechan,

al ver que de huir trataba

cuando la vieron, que venga

á espiar.

Nuño

Y por qué arman

ese alboroto? qué es eso? (Mirando á dentro.)

Guillen

No veis como la maltratan?

Nuño

Traédmela, y que ninguno

sea atrevido á tocarla.

ESCENA V.

Los mismos. Azucena conducida por soldados y con las

manos atadas.

Azucena

Defendedme de esos hombres
que sin compasión me matan,
defendedme.

Nuño

Nada temas:

nadie te ofende.

Azucena

Qué causa

he dado para que asi
me maltraten?

Guillen

Desgraciada!

Nuño

A dónde ibas?

Azucena

No sé...

por el mundo: una gitana
por todas partes camina,
y todo el mundo es su casa.

Nuño

Vienes de Castilla?

Azucena

No ;

vengo, señor, de Vizcaya,
que la luz primera vi
en sus áridas montañas.
Por largo tiempo he vivido
en sus crestas elevadas,
donde pobre y miserable
por dichosa me juzgaba.
Un hijo solo tenia,
y me dejó abandonada:

vine á Aragón á buscarle,

que no tengo otra esperanza.

Y le quiero tanto! él es

el consuelo de mi alma,

señor, y el único apoyo

de mi vejez desdichada.

Guzman

Me hace sospechar, don Ñuño.

Nuño

Teme, muger, si me engañas.

Azucena

Queréis que os lo jure?

Nuño

No ;

mas ten cuenta que te habla

el conde de Luna.

Azucena

Vos! ( Sobresaltada.)

Sois vos! ( Gran Dios! )

Jimeno

Esa cara!

esa turbación...

Azucena

Dejadme...

permitidme que me vaya...

Jimeno

Irte...? Don Ñuño, prendedla.

Azucena

Por piedad no... Qué! no bastan

los golpes de esos impíos,

que de dolor me traspasan?

Nuño

Que la suelten.

Jimeno

No, don Ñuño.

Nuño

Está loca.

Jimeno

Ésa gitana

es la misma que á don Juan

vuestro hermano...

Nuño

Qué oigo!

Azucena

Calla!

no se lo digas, cruel,

que si lo sabe me mala.

Nuño

Atadla bien.

Azucena

Por favor,

que esas cuerdas me quebrantan

las manos... Manrique, hijo,

ven á librarme.

Guillen

Qué habla?

Azucena

Ven, que llevan á morir

á tu madre.

Nuño

Tú, inhumana,

tú fuiste!

Azucena

No me hagáis mal,

os lo pido arrodillada....

tened compasión de mí.

Nuño

Llevadla de aquí... apartadla

de mi vista.

Azucena

No fui yo;

ved, don Ñuño, qué os engañan.

ESCENA VI.

Los mismos, menos Azucena, que se vá conducida por al

gunos soldados.

Nuño

Don Lope, á la Aljafería

en el momento llevadla.

Vos de ella me respondéis

con vuestra cabeza.

Lope

Basta!

cumpliré con mi deber. ( Fase. )

Nuño

Obi logré mas que esperaba!

No lo oísteis, don Guillen?

es hijo de esa gitana!

Guillen

Volvamos á Zaragoza,

señor, si acaso intentaran

en nuestra ausencia....

Nuño

Eso quiero!

midamos al fin las armas.

Guillen

Don Ñuño!...

Nuño

Sucumbirán;

pero aunque vencer lograran,

no lograrán arrancarme

de las manos, mi venganza. (Váuse.

w$^<m%m$;

El teatro representa el jardín ó huerto del convento de las
monjas de Belén. En el fondo una tapia, y en medio
de ella una gran puerta. Al levantarse el telón, se vera
á Ruiz acabando de forzar la puerta, y un soldado su -
bido sobre la tapia.

ESCENA VII.

Ruiz

el Soldado.

Ruiz

Ten cuidado...

Soldado

Estoy alerta.

Abriste ya?

Ruiz

Poco falta.

Este pestillo... ya salta! (Abre la puerta.)

Soldado

Al fin! maldecida puerta!

Ruiz

No habrá llegado el rumor

á las madres?

Soldado

Será estraño.

Quién viene? (Se baja por el lado afuera de la tapia

Ruiz

Si no me engaño...

si, no hay duda: es mi señor.

ESCENA VIII.

Dichos y Manrique.

Manrique

Ruiz?

Ruiz

Qué mandáis?

Manrique

Junto al muro

toda mi gente apostada
tengo: allánale la entrada.

Ruiz

Entrará: yo os lo aseguro.

Manrique

Ya se sabe nuestro intento.

Ruiz

Es posible?

Manrique

No te asombres.

Tienes aquí muchos hombres?

Ruiz

Apenas llegan á ciento.

Manrique

Ayudando los de fuera
bastarán para forzar
la puerta: vé sin tardar,
y ayude Dios á quien quiera.

&rf*

aj

Ruiz

Voy. (Váse cerrando la puerta del fondo.)

Manrique

Pavorosa mansión,

en cuyo espacio se encierra

cuanto hoy existe en la tierra

querido á mi corazón!

perdóname, si con tanta

ceguedad, luchando voy,

y osado, tu suelo estoy

profanando con mi planta 1

Me o\es! yo he venido aquí

á salvarte, Leonor mia!

—No perderá mi osadia

la dicha que busco en tí?

Rechazarás con horror

esta pasión invencible

que me arrastra?— No! imposible!...

ó no fueras tú Leonor!

Oh! si debiera á mi estrella

tal ventura...-Alguno viene

aquí! ocultarme conviene

hasta averiguar si es ella.

(Se interna en el jardín: Leonor sale un momento

después por el lado opuesto.)

ESCENA IX.

Leonor sola.

Leonor

Ya el sacrificio que odié
mi labio trémulo y frió
consumó: perdón, Dios mió,
perdona si te ultrajé.
Llorar triste y suspirar
solo puedo ; ay, Señor, no...
tuya no debo ser yo.
recházame de tu altar,
Los votos que alli te hiciera
fueron votos de dolor
arrancados al temor
de un alma tierna y sincera.
Cuando en el ara fatal
eterna fé te juraba,
mi mente ¡ay Dios! se extasiaba
en la imagen de un mortal.

Imagen que vive en mí
hermosa, pura y constante...
No, tu poder no es bastante
á separarla de aqui.
Perdona, Dios de bondad,

perdona, sé que te ofendo:

vibra tu rayo tremendo
y confunde mi impiedad.

Mas no puedo en mi inquietud

arrancar del corazón

esta violenta pasión

que es mayor que mi virtud.

Tiempos en que amor solía

colmar piadoso mi afán,

qué os hicisteis? dónde están

vuestra gloria y mi alegría?

De amor el suspiro tierno

y aquel placer sin igual,

tan breve para mi mal

aunque en mi memoria eterno'?

Ya pasó... mi juventud

los tiranos marchitaron,

y á mi vida prepararon

junto al ara elatahud.

Ilusiones engañosas,

livianas como el placer,

no aumentéis mi padecer...

sois por mi mal tan hermosas!

(En este momenle aparece Manrique, y al verle,

después de un momento de duda se arroja Leonor

en sus brazos.)
Leo- Sueños ; dejadme gozar...

no hay duda... él es... trovador...

(Viendo entrar á Manrique.)

será posible...
M\n. Leonor!

Leonor

Gran Dios! ya puedo espirar.

X

ESCENA ^ÍVr-

Manrique

Te encuentro al fin, Leonor.

Leonor

Huye: qué has hecho?

Manrique

Vengo á salvarte ; á quebrantar osado

los grillos que te oprimen, á estrecharte

en nú seno, de amor enagenado.

Es verdad, Leonor? Dime si es cierto

que te estrecho en mis brazos, que respiras

para colmar, hermosa, mi esperanza,

y que estasiada de placer me miras.

Leonor

Manrique!

Manrique

Si, tu amante que te adora

mas que nunca feliz.

Leonor

Calla...!

Man No temas:

todo en silencio está como el sepulcro.

Leonor

Ay! ojalá que en él feliz durmiera

antes que delincuente profanara,

torpe esposa de Dios, su santo velo.

Manrique

Su esposa tú...! jamás.

Leonor

Yo, desdichada,

yo no ofendiera con mi llanto al cielo.

Manrique

No, Leonor, tus votos indiscretos

no complacen á Dios: ellos le ultrajan.

Por qué temes? huyamos: nadie puede

separarme de tí., tiemblas..? vacilas...?

Leonor

Sí ; Manrique...! Manrique.-.! ya no puede

ser tuya esta infeliz ; nunca... mi vida,

aunque llena de horror y de amargura,

ya consagrada está, y eternamente,

en las aras de un Dios omnipotente.

Peligroso mortal, no mas te goces

envenenando ufano mi existencia ;

demasiado sufrí, déjame al menos

que triste muera aqui con mi inocencia.

Manrique

Esto aguardaba yo! Cuando creia

que mas que nunca enamorada y tierna

me esperabas ansiosa, así te encuentro
sorda á mi ruego, á mis halagos fría!
Y tiemblas, di. de abandonar las aras
donde tu puro afecto y tu hermosura
sacrificaste á Dios..V Pues qué...! no fueras
antes conmigo que con Dios perjura?
Sí, en una noche...

Leonor

Por piedad!

Manrique

Te acuerdas?

En una noche plácida y tranquila...
qué recuerdo, Leonor! nunca se aparta
de aqui, del corazón: la luna hería
con moribunda luz tu frente hermosa,
y de la noche el aura silenciosa
nuestros suspiros tiernos confundía.
«Nadie cual yo te amó,» mil y mil veces
me dijiste falaz: «Nadie en el mundo
como yo puede amar ;» y yo insensato
fiaba en tu promesa seductora,
y feliz y exlasiado en tu hermosura
con mi esperanza allí me halló la aurora.
Quimérica esperanza! quién diría
que la que tanto amor asi juraba,
juramento y amor olvidaría!

Leonor

Ten de mí compasión: si por tí tiemblo,

por tí y por mi virtud, no es harto triunfo?
Sí, yo te adoro aun ; aqui en mi pecho
como un raudal de abrasadora llama
que mi vida consume, eternos viven
tus recuerdos de amor ; aqui, y por siempre,
por siempre aqui estarán, que en váoó quiero
bañada en lloro, ante el altar postrada,
mi pasión criminal lanzar del pecho.
No encones mas mi endurecida llaga ;
si aun amas á Leonor, huye, te ruego,
libértate de tí.

Manrique

Que huya me dices...!

yo, que sé que me amas...!

Leonor

No, no creas...

no puedo amarte yo... si te lo he dicho,
si perjuro mi labio te engañaba,
lo pudiste creer...? Yo lo decia,
pero mi corazón., te idolatraba.

Manrique

Encanto celestial! tanta ventura
puedo apenas creer.

Leonor

Me compadeces...?

Manrique

Ese llanto, Leonor, no me le ocultes ;

deja que ansioso en mi delirio goce

un momento de amor ; injusto he sido,

injusto para tí... vuelve tus ojos,

y mírame risueña y sin enojos.

Es verdad que en el mundo no hay delicia

para ti sin mi amor?

Leonor

Lo dudas...?

Manrique

Vamos...

pronto huyamos de aqui.

Leonor

Si ver pudieses

la lucha horrenda que mi pecho abriga!

Qué pretendes de mí? que infame, impura,

abandone el altar, y que te siga

amante tierna, á mi deber perjura?

Mírame aqui á tus pies, aqui te imploro

que del seno me arranques de la dicha:

lus brazos son mi altar, seré tu esposa,

y tu esclava seré ; pronto, un momento,

un momento pudiera descubrirnos,

y te perdiera entonces.

Manrique

Ángel mió!

Leonor

Huyamos, sí... no ves alli en el claustro

una sombra...? gran Dios!

Manrique

No hay nadie, nadie...

fantástica ilusión.

Leonor

Ven, no le alejes ;

tengo un miedo! no, no... te han visto... vete...

pronto, vete por Dios... mira el abismo

bajo mis pies abierto: no pretendas

precipitarme en él.

Manrique

Leonor, respira,

respira por piedad: yo te prometo

respetar tu virtud y tu ternura.

No alienta. Sus sentidos trastornados...

me abandonan sus brazos... no, yo siento

su seno palpitar... Leonor, ya es tiempo

de huir de esta mansión, pero conmigo

vendrás también. Mi amor, mis esperanzas,

tú para mí eres todo, ángel hermoso.

No me juraste amarme eternamente

por el Dios que gobierna el firmamento?

Ven á cumplirme, ven, tu juramento.

(Al quererla llevar en brazos hacia la puerta del fon-

do, se abre esta de par en par, y un soldado

sale por ella manifestando grande agitación.)

Soldado

Pronto, señor!

Manrique

Qué es eso?

Soldado

El enemigo!( Vase.)

Manrique

En qué momento 1

Leonor

Por piedad!

Manrique

Alienta!

Leonor

Dónde estoy?

Manrique

En mis brazos!

aqui, contra mi seno,

presa de amor en los estrechos lazos.

Leonor

Horrible amor! horrible!... Vete, deja...

sálvate por piedad... No oyes, no miras...

(Dirigiendo con ansiedad la vista hacia el fondo del

teulro.)

Manrique

Pero ante el riesgo mi valor no ceja.

(Mis gentes no vendrán, pese á mis iras!)

Leonor

Ay! no ves que te pierdes?

Manrique

Qué me importa,

si no te pierdo á tí?

Leonor

Mira á lo lejos

armas...

Manrique

■> Armas!

Leonor

Sí, sí! la calle inundan

de esas luces brillando á los reflejos.

Manrique

Oh! sí!., pero no temas: á tu lado

no estoy yo? moriré por defenderte

si asi lo manda mi destino airado.

Leonor

Y qué será de mí, si te dan muerte?

Huye! sálvate.

Manrique

No.

Leonor

Ves que se acercan?

Es el conde!

Manrique

Gran Dios! y he de perderle?

(Se oye tocar á rebato.)

Leonor

Oyes?

Manrique

Si ; es la señal: en salvo estamos.

Voces

(Dentro.) Traición!

(Manrique desenvaina su espada.)

Leonor

Oh! qué haces?

Manrique

Si mi voz esperan!...

Mis valientes, aquí!

— m —

>/

ESCENA IX.

En este momento aparecen Don Ñuño, Don Lope y Solda-

dos con luces, y por otra parte Ruiz que con su gente

se coloca al lado de Manrique. Este defenderá á Leonor

ocultándose entre los suyos y peleando con Don Guillen y

Don Ñuño. Entretanto no cesarán de tocar á rebato.

Nuño

Traidor l íe encuentro

al fin!

Leonor

Piedad, piedad!

Nuño

Que todos mueran!

Jornada cuarta

JORNADA CUARTA.

Una sala en la torre de Castellar con puertas laterales y al

fondo.

ESCENA PRIMERA.

Leonor. Ruiz.

Leonor

Qué nuevas?...

Ruiz

De contento: la victoria

otra vez nuestro esfuerzo ha coronado.
El enemigo osado

que nuestros muros á sitiar venia,
hacia los montes va desbaratado,
á ocultar su vergüenza y cobardía.

Leonor

(Cuántas desdichas!)

Ruiz

De la lid despojos,

rendidos al rigor de los aceros

hoy llegarán tal vez á nuestros muros
cuantos allí cayeron prisioneros.

Leonor

Calla! deja que ignore

males que lloro y que lamento en vano:
vencido ó vencedor fuerza es que llore...

Ruiz

Os comprendo. (Infeliz!)

Leonor

Tengo un hermano!

Ruiz

Es cierto: perdonad...

(Después de un momento de pausa.)

Y don Manrique?

Ruiz

Aun reposando está.

(Leonor hace una seña, y se retira Ruiz.)

Leonor

Duerme tranquilo

mientras rugiendo atroz sobre tu frente
rueda la tempestad, mientras llorosa
tu amante criminal tiembla azorada.
Cuál es mi suerte? Ó Dios! Por qué tus aras
ilusa abandoné? La paz dichosa
que allí bajo las bóvedas sombrías
feliz gozaba tu perjura esposa...
Esposa yo de Dios? no puedo serlo;
jamás, nunca lo fui... tengo un amante
que me adora sin fin, y yo le adoro,
que no puedo olvidar solo un instante.
Ya con eternos vínculos el crimen
á su suerte me unió... nudo funesto,
nudo de maldición que allá en su trono
enojado maldice un Dios terrible.

ESCENA II.

Leonor. Manrique.

Manrique

eres tú?

Manrique

Sí, Leonor querida.

Leonor

Qué tienes?

Manrique

Yo no sé...

Leonor

Por qué temblando

tu mano está? qué sientes?

Manrique

Nada, nada.

Leonor

En vano me lo ocultas.

Manrique

Nada siento.

Estoy bueno... Qué dices? que temblaba
mi mano?., no... ilusión... nunca he temblado.
Ves cómo estoy tranquilo?

Leonor

De otra suerte

me mirabas ayer... tu calma fria
es la horrorosa calma de la muerte.
Pero qué causa, díme, tus pesares?

Manrique

Quieres que te lo diga?

Leonor

Sí, lo quiero.

Manrique

Ningún temor real, nada que pueda
hacerte á tí infeliz ni entristecerte
causa mi turbación... Mi madre un dia
me contó cierta historia, triste, horrible
que no puedes saber, y desde entonces
como un espectro me persigue eterna
una imagen atroz. No lo creyeras,
y á contártelo yo te estremecieras.

Leonor

Pero...

Manrique

No temas, no; tan solo ha sido

un sueño, una ilusión, pero horrorosa...

un sudor frío aun por mi frente corre.

Soñaba yo que en silenciosa noche

cerca de la laguna que el pié besa

del alto Castellar contigo estaba.

Todo en calma yacía ; algún gemido

melancólico y triste

solo llegaba lúgubre á mi oido.

Trémulo como el viento en la laguna

triste brillaba el resplandor siniestro

de amarillenta luna.

Sentado allí á su orilla y á tu lado

pulsaba yo el laúd, y en dulce trova

tu belleza y mi amor tierno cantaba,

y en triste melodía

él viento que en las aguas murmuraba

mi canto y tus suspiros repetía.

Mas súbito azaroso, de las aguas

entre el turbio vapor, cruzó luciente

relámpago de luz que hirió un instante

con brillo melancólico tu frente

Yo vi un espectro que en la opuesta orilla

como ilusión fantástica vagaba

con paso misterioso,

y un quejido lanzando lastimoso

que el nocturno silencio interrumpía,

ya triste nos miraba,

ya con rostro infernal se sonreía.

De pronto el huracán cien y cien truenos

retemblando sacude,

y mil rayos cruzaron,

y el suelo y las montañas

á su estampido horrísono temblaron.

Y envuelta en humo la feroz fantaema

huyó; los brazos hacía mí tendiendo:

Véngame! dijo y se lanzó á las nubes:

Véngame í por los aires repitiendo.

Frió con el pavor tendí mis brazos

adonde estabas tú... tú ya no estabas,

y solo hallé á mi lado

un esqueleto, y al tocarle osado

en polvo se deshizo, que violento

llevóse al punto retronando el viento.

Yo desperté azorado ; mi cabeza

hecha estaba un volcan, turbios mis ojos,

mas logro verte al fin, tierna, apacible,

y tu sonrisa calma mis enojos.

Leonor

"Y un sueño solamente
te atemoriza así?

Manrique

No. ya no tiemblo,

ya todo lo olvidé... mira, esta noche
partiremos al fin de este castillo...
no quiero estar aquí.

Leonor

Temes acaso...

Manrique

Tiemblo perderte: numerosa hueste

del rey usurpador viene á sitiarnos,
y este castillo es débil con estremo ;
nada temo por mí, mas por tí temo.

ESCENA IU.

Dichos y Ruiz. Sale por el fondo.

Ruiz

Señor?

Manrique

Quién?

Ruiz

A Castellar

en este momento llegan
prisioneros, y me ruegan
qne os venga en su nombre a hablar.

— JÓ —

Manrique

Prisioneros! y de dónde?...

Ruiz

Abandonó la fortuna

ayer, al conde de Luna.

Manrique

Cómo! derrotado el conde!

Y no prisionero?

Ruiz

No.

Manrique

Agradézcalo a su suerte I

Leonor

(En tono de reconvención.)

Manrique!

Manrique

El quiere mi muerte...

y la suya quiero yo.

Leonor

No l calla!

Ruiz

Pagar es ley.

Manrique

Yá quién se debe la gloria?...

Ruiz

El rey ganó esta victoria.

Manrique

Ese es digno de ser rey!

Ruiz

Al entrar en el castillo,

un prisionero que viene

con el rostro oculto, y tiene

las insignias de caudillo,

dijo que hablaros queria.

Manrique

Quién puede ser!

(Aparte los dos.) (Sabéis quién?)

Manrique

(Le conoces?)

Ruiz

(Don Guillen.)

Manrique

(No te engañas?)

Ruiz

(No, á fé mia,

le he visto.)

Manrique

Leonor, atiende!

Leonor

Te dejo, sí.

Manrique

Un desgraciado

que ahora gime aprisionado

y hablarme á solas pretende..

Leonor

No me digas mas: te dejo,

Manrique: tus iras doma.

Oye ¡i ese infeliz, y toma

de tu corazón consejo. ( Váse por la izquierda.)

Manrique

Ya le abona tu piedad

y mi cariño también.

Haz que venga don Guillen.

Ruiz

Cerca estaba.

(Se dirige á la puerta del fondo: un momento des-
pués sale conduciendo á don Gidllen, y se retira.

ESCENA IV.

Manrique. Don Guillen.

Guillen

Perdonad!
Vos aquí!

Sí ; que la suerte,
robándome una esperanza,
donde busqué mi venganza
me precipitó á la muerte.
Teméis no hallar en mi pecho
compasión...

Nada me obliga.
Al odio que aqui se abriga
mi corazón viene estrecho.
Piedad de vos! compasión
del que manchó la pureza
de mi honor, de mi nobleza!
Eterna abominación.
Si en vuestro pecho no grita
esta voz dulce y clemente:
si es tal vuestro enojo ardiente
que mi clemencia os irrita:
á que venis, don Guillen?
Es que á buscar aqui vengo
mi muerte.

No!

Es porque tengo
afán de hablaros también.
No os aterra mi presencia,
Manrique? no os dice nada,
ni el fuego de esa mirada
ni vuestra propia conciencia?
Aplaudo ese noble arrojo.
Hijo es del odio: que mucho?...
Mas ya lo veis: ya os escucho
sin prevención, sin enojo.
Prefiero vuestro rencor.
Y si salvaros quisiera?
Deberos la vida? fuera

mi desventura mayor.

La muerte dadme, ú os juro

por el odio que arde aquí,

que no os valdrán contra mí

falanges ni fuerte muro.

No habrá medio ni camino

vedado para mi saña.

Manrique

No! vuestro ardor os engaña!

Ya es este nuestro destino.

Don Guillen... con pena doble

en este instante me veis;

pero olvidar no podéis

que sois bueno, y que sois noble.

A qué ese mentido alarde

que en vos sospechar no puedo?

Guillen

Qué bien se revela el miedo

en el alma del cobarde?

Manrique

(Exaltándose y volviendo repentinamente á calmarse.

Yo miedo 1 cobarde yo!

Preguntádselo á la gloria

que ya en mas de una victoria

con sus palmas me cubrió.

Guillen

Tal vez la necia fortuna

con su favor nos impele ;

mas... también descubrir suele

liviandades de la cuna.

Manrique

(Irritado.)

Silencio!

Guillen

(Sonriéndose con aire de triunfo)

Toqué en la herida 1

Manrique

Basta ya! basta de mengua...

ú os haré arrancar la lengua,

ya que no quiera la vida.

ESCENA V.

Dichos y Leonor.

Leonor

Manrique!

Manrique

Tú aquí!

Guillen

Villana!

Manrique

Don Guillen! silencio os digo!

Guillen

No, no! llegó ya el castigó

de vuestra pasión liviana.

Leonor

Mi hermano aqui!

Guillen

Sí, yo soy l

Te espantas! oh! temes bien 1

Escúchame.

Manrique

Don Guillen!...

Leonor

Habla: resignada estoy.

Manrique

(No sé que temor...)

Leonor

Va espero.

Gdill.

Al dar tu cariño á ese hombre,

pensaste que era su nombre

el nombre de un caballero.

Pues bien, Leonor, te engañó.

Es hijo de una gitana...

Manrique

(Cielos!)

Guillen

Y mi noble hermana

noble también le creyó.

Leonor

(Ocultando el rostro con las manos.)

Ay! calla!

Manrique

Implacable encono!

Guillen

Ahora, que estoy vengado,

herid.

Manrique

Me habéis desgarrado

el corazón... v os perdono.

Salid.

Guillen

No, sin que me deba

vuestra piedad un aviso.

Manrique

No os quiero oir!

GlILL.

Es preciso ;

que os interesa esa nueva.

Presa vuestra madre...

Manrique

Oh Dios!

es cierto?

Guillen

De su hijo implora

vida y libertad.— Ahora,

haced" lo que cumpla á vos.

Manrique

Ruiz!

ESCENA VI,

Dichos y Ruiz.

Ruiz

Señor?

Manrique

Haz que al momento

para marchar se preparen

mis gentes.

Leonor

Qué vas á hacer?

Manrique

( A don Guillen.)

Y vos, salid al instante!

En el campo nos veremos.

don Guillen 1 — Oyes? que nadie (A Ruiz

le ofenda: que libre salga,

y después... que Dios le amparel

Guillen

Vida y libertad os debo,

Manrique ; pero aun no valen,

ni la humillación que hoy sufro,

ni el honor que me robasteis.

Manrique

Nada me debéis: la muerte

de uno ú otro...

Guillen

A todo trance.

Leonor

Oh, Dios mió! qué mayor

castigo, pudierais darme!

Guillen

Adiós, pues.

Guillen

espera!

Guillen

Apartad.

Leonor

No me rechaces.

Guillen

Yo no tengo hermana.

Leonor

Cielos!

Guillen

Yo no. os conozco: dejadme.

(Váse seguido de Iiuiz.)

ESCENA VII.

Manrique

Leonou.

Leonor

Era verdad!

Manrique

Sí, Leonor,

sí! bien puedes despreciarme!
Ya era tiempo! esa gitana,
esa infeliz... es mi madre.

Leonor

Tu madre!

Manrique

Llora si quieres,

maldíceme porque infame
uní tu orgullosa cuna
con mi cuna miserable.
Pero déjame que vaya
á salvarla si no es larde ;
si lia muerio, la vengaré
de su asesino cobarde.

Leonor

Esto me faltaba...!

Manrique

Sí:

yo no he debido engañarte
tanto tiempo... vete, vete:
soy un hombre despreciable.

Leonor

Nunca para mí.

Manrique

Eres noble,

y yo, quién soy? ya lo sabes.
Vele á encerrar con tu orgullo
bajo el techo de tus padres.

Leonor

Con mi orgullo! tú te gozas,
cruel, en atormentarme.
Ten piedad...

Manrique

Pero soy libre

y fuerte para vengarme...
y me vengaré... lo dudas?

Leonor

Si necesitas mi sangre,
aqui la tienes.

Manrique

Leonor!

qué desgraciada en amarme
has sido! Por qué, infeliz
mis amores escuchaste?
Y no me aborreces?

Leonor

No.

Manrique

Sabes que presa mi madre
espera tal vez la muerte?
Venganza infame y cobarde!
qué espero yo?...

Leonor

". Ven... no vayas.

mira, el corazón me late
y fatídico me anuncia
tu muerte.

Manrique

Llanto cobarde!

Por una madre morir,

Leonor

es muerte envidiable.
Quisieras tú que temblando
viera derramar su sangre,
ó si salvarla pudiera,
por salvarla no lidiase?

Leonor

Pues bien, iré yo contigo ;
alli correré á abrazarte
entre el horror y el estruendo
del fratricida combale.
Yo opondré mi pecho al hierro
que tu vida amenazare:
sí, y á falla de otro muro,
muro será mi cadáver.

Manrique

Ahora te conozco, ahora

te quiero mas.

Leonor

Si tú partes,

iré conligo, la muerte
á tu lado ha de encontrarme.

Manrique

Venir tú... no: en el castillo
queda custodia bastante
para tí... escuchas? adiós!
(Suena un clarín. )
El clarín llama al combate.

Leonor

Un momento.

Manrique

No es posible.

Adiós! adiós, pobre mártir
de mi amor fatal! que el cielo
de tus dolores se apiade,
y solo á mí de su cólera
el tremendo rayo alcance.

Leonor

Qué dices?

Manrique

Voy á morir!

bien auguraba tu amante
corazón! ya aqui no siento

^62 —

aquel valor indomable...

Leonor

Huyamos; mira...

Manrique

El destino

me arrastra: vencido el ángel

está, que ayer rae cubria

con sus alas celestiales.

Leonor

Por piedad, no me abandones!

escúchame ; espera!

Manrique

Es tarde!

Leonor

La voz del amor te llama.

( Suena el clarín. )

Manrique

La de mi deber es antes.

( Desprendiéndose de ella, vése por el fondo. )

Jornada quinta

JORNADA QUINTA

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Salón en el castillo de la Aljaferia. Puerta en el fondo y d

la izquierda del actor. A la derecha una ventana.

ESCENA PRIMERA.

Leonou, Don Lope, Ruiz. (Salen por la puerta del fondo.

Lope

Podéis entrar, pero temo

que en este momento el conde...

Leonor

Quiero verie.

Lope

Le veréis,

si no hay causa que lo estorbe.

Leonor

A todo trance: es preciso!

Está la vida de un hombre

en grave riesgo, y espero

que me ayudareis, Don Lope.

Lope

Me conocéis? En tal caso...

Leonor

Y quién, señor, no os conoce,

siendo, como sois, tan bueno,

y tan piadoso y tan noble?

Lope

Tal vez el conde pudiera...

si dijeseis vuestro nombre...

Leonor

A él solo.

Lope

Como gustéis.

Leonor

Están aquí las prisiones?

Aquí

Desde esa ventana

se ve, señora, la torre,

donde entre cadenas gimen

los que á su rey son traidores.

Leonor

Ah!-Gracias!

(Dirigiéndose rápidamente á la ventana.

Lope

Voy á serviros.

(Preciso es tener de bronce

el corazón para... Y temo

que su esperanza no logre.)

( Váse por la izquierda.)

ESCENA II.

Leonor. Ruiz.

Leonor

Ruiz, tragiste...

Ruiz

Aquí está ya,

señora: por un jarope

que no vale seis cornados...

Leonor

El precio nada te importe.

Toma esta cadena, tú.

Ruiz

Judio al fin!

Leonor

No le enojes.

Ruiz

Diez maravedís de plata

me llevó el Iscariote.

Leonor

Vete, Ruiz.

Ruiz

Os quedáis

sola aqui? no, que me ahorquen

primero...

Leonor

Quiero estar sola.

Ruiz

Si os empeñáis... buenas noches.

ESCENA III.

Leonor

Esa es la torre; allí está,

y maldiciendo su suerte

espera triste la muerte

que no está lejos quizá.

Ésas murallas sombrías,

esas rejas y esas puertas

al féretro solo abiertas,

verán tus últimos dias!

Por qué tan ciega le amé?

Infeliz! por qué, Dios nño,

con amante desvarío

mi vida le consagré?

Mi amor le perdió, mi amor...

yo mi cariño maldigo,

pero moriré contigo

con veneno abrasador.

Si me quisiera escuchar

el conde...! si yo lograra

librarte así, qué importara...?

Sí, voy tu vida á salvar.

A salvarte... no te asombre

si hoy olvido mi desden.

Voz

(Dentro.) Hagan bien para hacer bien

por el alma de este hombre.

Leonor

Ese lúgubre clamor...

ó tal vez lo escuché mal?

No, no... ya la hora fatal

ha llegado trovador!

Manrique! partamos ya,

no perdamos un instante.

Voz

(Dentro.) Ay!

Leonor

Esa voz penetrante...

Si no fuera tiempo ya!

(Al querer partir se oye tocar un laúd: un momento

después canta dentro Manrique.)

Despacio viene la muerte,
que está sorda á mi clamor:
para quien morir desea,
despacio viene por Dios.

Ayl adiós, Leonor,

Leonor

El es; y desea morir

cuando su vida es mi vida!
Si asi me viera afligida
por él al cielo pedir!

Manrique

(Dentro.) No llores si á saber llegas
que me matan por traidor,
que el amarte es mi delito,
y en el amar no hay baldón.
Ay! adiós, Leonor,

Leonor

Que no llore yo, cruel!

No sabe cuanto le quiero.

Que no llore, cuando muero

en mi juventud por él!

Si á esa reja te asomaras

y á Leonor vieras aqui,

tuvieras piedad de mi

y de mi amor no dudaras.

Áqui te buscan mis ojos

á la luz de las estrellas,

y oigo á par de tus querellas

el rumor de los cerrojos.

Y oigo en tu labio mi nombre

con mil suspiros también.

Voz

(Dentro.) Hagan bien para hacer bien

por el alma de este hombre.

Leonor

No! no morirás; yo haré

por salvarte I del tirano

feroz, la sangrienta mano

con mi llanto bañaré.

Temes? Leonor te responde

de su cariño y virtud.

Calma tu amante inquietud...

que nunca seré del conde.

ESCENA IV.

Leonor. Don Lope.

Lope

Señora?

Leonor

Decid!... consiente

en verme?

Lope

Ni aun yo he podido

hablarle.

Leonor

No habéis querido!

Lope

Como! un hidalgo no míenle;

Mas, lo juro por mi fé:

veréis á don Ñuño.

Leonor

Cuando?

Lope

Está en su cámara hablando

con don Guillen dij Sesé.

Leonor

Don Guillen! dónde está, dónde?

Lope

Le conocéis?

Leonor

Sí. (Qué escucho!)

Lope

Sois dichosa: él puede mucho

en el ánimo del conde.

Queréis hablarle?

Leonor

No, no!

primero... (El cielo me valga!)

Lope

Esperad hasta que salga.

Leonor

(Quién mas desventuras vio?)

Lope

Mirad: ahi vienen. Podéis

afuera, esperar en tanto,

y escudada con el manto...

Leonor

Venid, venid! no tardéis.

( Vénse por el fondo, después salen por la izquierda

don Ñuño y don Guillen.)

ESCENA V.

Don Ñuño. Don Guillen.

Nuño

Visteis, don Guillen, aireo?

Guillen

Dispuesto á morir está.

Nuño

Llegue ese momento ya:
cúmplase al fin mi deseo.

Guill Si mereciera piedad,
tal vez...

Nuño

Qué vais á decir?

— Para ayudarle á morir,
á un religioso avisad,
y despachaos con presteza.

Guillen

El hijo de una gitana I

Nuño

Cierto; diligencia es vana.

Guillen

Mas no dais cuenta á su alteza?

Nuño

Para qué? Ocupado está
en la guerra de Valencia.

Guillen

Si no aprueba la sentencia...

Nuño

Yo sé que la aprobará.
Para aterrar la traición
puso en mi mano la ley:
mientras aqui no esté el rey
yo soy el rey de Aragón.
Mas... vuestra hermana?

Guillen

Yo misino

nada de su suerte sé ;
pero encontrarla sabré
aunque la oculte el abismo.
Entonces su torpe amor
lavará con sangre impura.
Solo asi el honor se cura,
y es muy sagrado el honor.

Nuño

No: tanto rigor no es bien
emplear.

Guillen

Mi ilustre cuna...

Nuño

Si algo apreciáis al de Luna,
no la ofendáis, don Guillen?

Guillen

Tenéis algo que mandar?

Nuño

Dejadme solo un instante.

ESCENA IV.

Don Ñuño, después Don Lope,

Nuño

Leonor, al fin en tu amante
tu desden voy á vengar.
AI (in en su sangre impura
á saciar voy mi rencor:
también yo puedo, Leonor,

gozarme en tu desventura.

Fatal tu hermosura ha sido

para mí, pero fatal

también será á mi rival,

á ese rival tan querido.

Tú lo quisiste; por él

mi ternura despreciaste...

Por qué, Leonor, no me amaste?

yo no fuera tan cruel.

Ángel hermoso de amor,

yo como á un Dios te adoraba.

y tus caricias gozaba

un oscuro trovador.

Harto la suerte envidié

de un rival afortunado:

harto tiempo despreciado

su ventura contemplé.

Ah! perdonarle quisiera...

no soy tan perverso yo.

Pero és mi rival... no, no...

es necesario que muera.

Lope

Vuestras órdenes, señor,

se han cumplido ; el reo espera

su sentencia.

Nuño

Y bien! que muera,

pues á su rey fué traidor.

A qué aguardáis?

Lope

_ Si asi os plugo...

Nuño

No fue perjuro á la ley

y rebelde con su rey?

Pues bien, qué espera el verdugo?

Esta noche ha de morir.

Lope

Esta noche? pobre mozo!

Nuño

Junto al mismo calabozo.

Lope

( Hace que se va y vuelve. )

Voy al instante.— Es decir...

Nuño

La bruja?...

Lope

Con él está

en su misma prisión.

Nuño

Bien.

Lope

Pero ha de morir?

Nuño

También.

Lope

De qué muerte morirá?

Nuño

Como su madre, en la hoguera.

Lope

Por último confesó

que á vuestro hermano mató!

Maldiga Dios la hechicera.

Nuño

Molesto, don Lope, estáis...

idos ya.

Lope

Si os incomodo...

Nuño

Quiero estar solo.

Lope

Con todo...

(Mal templado está!)

Nuño

No os vais?

Lope

( Hace que se va, y vuelve. )

Perdonad ; se me olvidaba

con la maldita hechicera.

Nuño

Don Lope!

Lope

Señor, ahí fuera

una dama os aguardaba.

Nuño

Y qué objeto aqui la trae?

dice quién es?

Lope

Encubierta

llegó, señor, á la puerta

que al campo de Toro cae.

Nuño

Que entre, pues: vos, despejad.

Lope

El conde, señora, espera.

Nuño

Vos os podéis quedar fuera,

y hasta que os llame aguardad.

ESCENA VIL

Don Ñuño. Leonor.

Leonor

Me conocéis? ( Descubriéndose.

Nuño

Desgraciada!

Qué buscáis, Leonor, aqui?

Leonor

Me conocéis, conde?

Nuño

Sí:

por mi mal, desventurada,

por mi mal te conocí.

A qué vinisteis, Leonor?

Leonor

Conde, dudarlo queréis?

Nuño

Todavía el trovador!...

Leonor

Sé que todo lo podéis,

y que peligra mi amor.

Duélaos, don Muño, mi mal.

Nuño

A eso vinistes, ingrata,

á implorar por un rival?

por un rival! insensata!

mal conoces al de Arjtal,

No, cuando en mis manos veo

la venganza apetecida,

cuando su sangre deseo...

imposible...

Leonor

No lo creo.

Nuño

Sí, creedlo por mi vida.

Largo tiempo también yo

aborrecido imploré

á quien mis ruegos no oyó,

y de mi afán se burló;

no penséis que lo olvidé.

Leonor

Ah! conde, conde, piedad. ( Arrodillánúosi

Nuño

Vos, la tuvisteis de mí?

Leonor

Por todo un Dios.

Nuño

Apartad.

Leonor

No, no me muevo de aqui.

Nuño

Pronto, Leonor, acabad.

Leonor

Bien sabéis cuanto le amé ;

mi pasión no se os esconde...

Nuño

Leonor!

Leonor

Qué he dicho? no sé,

no sé lo que he dicho, conde:

queréis?... le aborreceré.

Aborrecerle! Dios mió!

y aun amaros á vos, sí,

amaros con desvario

os prometo... amor impío,

digno de vos y de mí!

Nuño

Es tarde, es tarde, Leonor.

Y yo perdonar pudiera

á tu infame seductor,

al hijo de una hechicera?

Leonor

No os apiada mi dolor?

Nuño

Apiadarme! mas y mas

me irrita, Leonor, tu lloro,

que por él vertiendo estás:

no lo negaré, aun te adoro,

mas perdonarle? jamás.

Esta noche, en el momento...
nada de piedad.

Leonor

(Con ternura.) Cruel I

Cuando en amarte consiento!

Nuño

Qué me importa tu tormento,

si es por él, solo por él?

Leonor

Por él, don Ñuño, es verdad ;
por él con loca impiedad
el altar he profanado.
Y yo, insensata, le he amado
con tan ciega liviandad!

Nuño

Un homhre oscuro....

Leonor

Sí, sí...

nunca mereció mi amor.

Nuño

Un soldado, un trovador. «,

Leonor

Yo nunca- os aborrecí.

Nuño

Qué quieres de mí, Leonor?
Por qué mi pasión enciendes,
que ya entibiándose va?
Di que engañarme priendes,
dime que de un Dios dependes
y amarme no puedes ya.

Leonor

Qué importa, conde? no fui
mil y mil veces perjura?
Qué importa, si ya vendí
de un amante la ternura,
que á Dios olvide por tí?

Nuño

Me lo juras?

Leonor

Partiremos

lejos, lejos de Aragón,
y felices viviremos,
y siempre nos amaremos
con acendrada pasión.

Nuño

Leonor,., delicia inmortal!

Leonor

Y tú en premio á mi ternura...

Nuño

Cuanto quieras.

Leonor

Oh ventura!

Nuño

Corre, dile que el de Artal
su libertad le asegura;
pero que huya de Aragón:
que no vuelva, lo has oido?

Leonor

Sí, sí...
Ñuño- Dile que atrevido

no persista en su traición ;
que tu amor ponga en olvido.

Leonor

Sí... lo diré... (Dios eterno!

tu nombre bendeciré. )

Nuño

Mirad, que os observaré.

Leonor

( Ya no me aterra el infierno,

pues que su vida salvé. )

Fin De La Primera Parte

SlMMimil>.& &&&$$,

Calabozo oscuro con una ventana con reja, á la izquierda,

y una puerla en el lado opuesto. Otra puerta grande al

fondo. Al levantarse el telón, Azucena estará recostada

en un escaño, y Manrique sentado en el lado opuesto.

ESCENA PRIMERA.

Manrique. Azucena.

Manrique

No dormís? (Acercándose ú Azucena.)

Azucena

No, hijo mío!

Quisiera ; mas no puedo: de mis ojos

huye el sueño.

Manrique

Tembláis!

Azucena

Qué?

Manrique

Tenéis frió?

Azucena

No; pero di: quién causa tus enojos?

Suspirabas! por qué? Si son tus penas

con ser tuyas no mas, las penas mias ;

por qué en silencio tu dolor refrenas?

y esa angustia mortal no me confias?

No soy tu madre yo?

Manrique

De este profundo

pesar, ya nada á libertarme alcanza.

Azucena

Espera!

Manrique

Inútil es ; no hay en el mundo

ya para mi consuelo ni esperanza.

Azucena

Te comprendo I es verdad, ya no es posible

huir de aqui: mas si á matarme vienen,

tú me defenderás.

Manrique

(Tormento horrible I )

Azucena

Es tu deber, Manrique: eres mi hijo!

tú consentir no puedes...

Mas, ay! que en vano y sin razón te aflijo!

Nunca hará tu valor, ya aprisionado

entre fuertes paredes,

que llegue el sol hasta mi cuerpo helado,

y vendrán, no lo dudes:

me quitarán sin compasión la vida!

Manrique

Mataros I y por qué?

Azucena

Ya esta es mi suerte.

Manrique

Por vengarse de mí! madre querida!

y yo la causa soy de vuestra muerte!

Azucena

Calla! ven.. ruido siento!...

Manrique

No!., nadie.

Azucena

Tiemblo toda!..Oh! si me amas,

mátame! líbrame de ese tormento

horrible de las llamas!

Manrique

Mas, no tendrán valor...

Azucena

- No lo tuvieron

cuando á mi pobre madre condenaron,

y arrastrando al cadalso la trageron,

y sin piedad la vida le quitaron?

Debe de ser horrible ese suplicio!

Oh! la hoguera- la hoguera! á cada instante

viéndola estoy allí, siempre delante,

y me miro llevar, y en vano ruego,

y víctima arrastrada al sacrificio,

siento en mis carnes penetrar el fuego!

(Pausa.)

Siempre en mi corazón está presente

ese recuerdo del infausto dia

en que sufrió la muerte, la inocente,

la tierna madre mia.

El trage desgarrado,

ocultas las facciones ¿

bajo el largo cabello enmarañado,

al lugar del suplicio caminaba

entre la turba vil de los sayones.

Yo, postrada en el suelo,

mi rostro desgarraba

sangre y venganza demandando al cielo.—

Escuché que mi madre me llamaba

y á abrazarla corrí ; pero la fiera

impiedad, me atajó, de sus verdugos,

y fué arrojada en la fatal hoguera.

Aquel grito feroz, desesperado,

que la arrancó el dolor ¡ay! todavía

aqui, en mi corazón está encerrado.

Cuánta su horrible intensidad seria!

Manrique

Callad, por Dios! me atormentáis!

Azucena

Escucha!

Entonces, los verdugos implacables,

al ver su presa con la muerte en lucha,

su triunfo celebraban

y con risa feroz la contemplaban.

Sabes por qué? flotaban sus cabellos ;

las llamas, devorándola, subían

hasta cebarse en ellos...

y de esto los verdugos se reian 1

Manrique

No podéis olvidar esas memorias?

descansad un momento.

Azucena

No, imposible!

si descansar pudiera...

mas si en tanto me llevan á ese horrible y*

espantoso suplicio de la hoguera!

Manrique

No, madre! no vendrán.

Azucena

Sí? me lo ofreces?

Manrique

Sí, podéis reposar.

Azucena

Me abate el sueño:

siento el cansancio que me postra á veces ;

mas de esa imagen el airado ceño...

— Y por qué? sí, que vengan!

Manrique

(Qué martirio!)

Azucena

Vendrán, y quebrantando esos cerrojos,

la luz del sol contemplarán tus ojos.

Cómo pude olvidarlo en mi delirio?

Este dia feliz, será el postrero...

—Pero se sabe aqui cuando es de dia?

No importa! á cualquier hora: sí, yo quiero

respirar.— Ay, me ahogo ¡

Manrique

Madre mía!

Azucena

Saldremos, sí ; no tiembles: en mi mano
están tu vida y libertad: las puertas

de esta cárcel tristísima, al liviano

impulso de mi voz, serán abiertas.

Manrique

(Delira!)

Azucena

Por qué labra

tu abatimiento en mí? por qué no el gozo,

si una sola palabra

puede abrir nuestro oscuro calabozo?

Manrique

Bien, bien: pero dormid.

Azucena

Si el conde llega,

tú me despertarás: ten esperanza.

(Ay! pobre madre, que su amor me ciega!

Perdona si renuncio á tu venganza.)

(Recostándose.)

Manrique

Duerme, duerme, madre mia, '

mientras yo te guardo el sueño, V

y un hado mas halagüeño

durmiendo, allá te sonría!

Al menos, ay! mientras dura

tu sueño, no acongojado

veré tu rostro bañado

con lágrimas de amargura.

ESCENA II.

Manrique

Leonor, Azucena.

Leonor

Manrique!

Manrique

No es ilusión!

eres tú?

Leonor

Yo, sí... yo soy:

á tu lado al fin estoy

para calmar tu aflicción.

Manrique

Sí, tú sola mi delirio

puedes, hermosa, calmar ;

ven, Leonor, á consolar

amorosa mi martirio.

Leonor

No pierdas tiempo, por Dios.

Manrique

Siéntate á mi lado, ven.

Debes tu morir también?.

muramos juntos los dos.

Leonor

No, que en libertad estás.

Manrique

En libertad?

Leonor

Sí, ya el cotuda...

Manrique

Don Ñuño, Leonor? responde,

responde... cielo! esto mas?

Tú á implorar por mi perdón

del tirano á los pies fuiste!...

QuizA también le vendiste

mi amor y tu corazón.

No quiero la libertad

á tanta costa comprada.

Leonor

Tu vida...

Manrique

Qué importa? nada...

quítamela, por piedad ;

clava en mi pedio un puñal

antes que verte perjura,

llena de amor y ternura

en los brazos de un rival.

La vida! es algo la vida?

un doble martirio, un yugo...

llama, que venga el verdugo

con el hacha enrojecida.
Leo- Qué debí hacer? si supieras

lo que he sufrido por tí

no me insultaras asi,

y á mas me compadecieras.

Pero huye, vete, por Dios,

y bástele ya saber

que suya no puedo ser.

Manrique

l'ues bien, partamos los dos: y

mi madre también vendrá.

Leonor

Tú solamente.

Manrique

No, no.

Leonor

Pronlo, vete.

Manrique

Solo yo!

Leonor

Que nos observan quizá.

Manrique

Qué importa? aqui moriré,

moriremos, madre mía!

tú sola no fuiste impía

de un hijo tierno á la fé. *

Leonor

Manrique!

Manrique

Ya no hay virtud.

Leonor

Qué te dice mi inquietud?

Manrique

tardé conocí mi error.

Leonor

Si vieras cuál se estromece

mi corazón! Por que, di,
obstinarte? hazlo por mí,
por lo que tu amor padece.
Sí, este momento quizá...
no ves cuál tiemblo? quisiera
ocultarlo si pudiera ;
pero no, no es tiempo ya.
Bien sé que voy tu aflicción
á aumentar; pero ya es bora
de que sepas cuál te adora
la que acusas sin razón.
Aborréceme, es mi suerte ;
maldíceme si te agrada,
mas toca mi frente helada
con el hielo de la muerte.
Tócala, y si hay en tu seno
un resto de compasión,
alivia mi corazón,
que abrasa un voraz veneno.

Manrique

Un veneno... y es verdad?
y yo ingrato la ofendí
cuando muriendo por mí...
un veneno...

Leonor

Por piedad,

ven aquí por compasión
á consolar mi agonía ■
no sabes que te quería
con todo mi corazón?

Manrique

Me matas.

Leonor

Manrique, aquí,

aqui me siento abrasar.

Ay! ay! quisiera llorar,

y no hay lágrimas en mí.

Ay juventud malograda

por tiranos perseguida!

perder tan pronto una vida

para amarle consagrada!

(Se ve brillar un momento el resplandor de una lu:

en la ventana.)

Mira, Manrique, esa luz...

vienen á buscarte ya:

no te apartes, ven acá,

por el que murió en la cruz!

Manrique

Que vengan... ya entregaré

mi cuello sin resistir:

— SO-
lo quiero, anhelo morir...
muy pronto te seguiré.

Leo Ay! acércate...

Manrique

Amor mió!...

Leonor

Me muero, me muero ya
sin remedio ; dónde está
tu mano?

Manrique

Qué horrible frió!

Leonor

Para siempre.. ya...

Manrique

Leonor!

Leonor

Adiós!... adi... os!..

(Espira: un momento de pausa)

Manrique

La he perdido!

Ese lúgubre gemido!...
es el último de amor.
Silencio, silencio ; ya
viene el verdugo por mí...
allí está el cadalso, allí,
y Leonor aquí está.
Corta es la distancia, vamos,
que ya el suplicio me espera.
(Tropieza con Azucena.)
Quién estaba aquí? quién era?

Azucena

(Entre sueños.)

Es hora de que partamos?

Manrique

A morir? dispuesto estoy...

Mas no, esperad un instante:
á contemplar su semblante,
á adorarla otra vez voy.
Aqui está... dadme el laúd;
en trova triste y llorosa,
en endecha lastimosa
os cantaré su virtud.
Una corona de flores
dadme también: en su frente
será aureola luciente,
será diadema de amores.
Dadme, vereisla brillar
en su frente hermosa y pura ;
mas llorad su desventura
como á mí me veis llorar.
Qué funesto resplandor!
Tan pronto vienen por mí?
el verdugo es aquel... sí ;
tiene el rostro de traidor.

ESCENA III.

Los de la escena anterior. Don Ñuño, Don Lope y soldados

con luces.

Nuño

Leonor?

Manrique

Quién la llama? por qué vienen

á apartarla de mí? la desdichada

ya á nadie puede amar. Si yo pudiera

ocultarla á sus ojos!

(La cubre con su ferreruelo que tendrá al lado.)

Nuño

Leonor?

Manrique

Calla...

no turbes el silencio de la muerte.

Nuño

Dónde está Leonor?

Manrique

Dónde? aqui estaba

Venis á arrebatármela en la tumba?

Nuño

Ha muerto?

Manrique

Sí... ya ha muerto.

(Descubriendo el rostro pálido de Leonor.)

Nuño

Me engañaba!

Manrique

Ya no palpita el corazón: sus ojos

ha cerrado la muerte despiadada.

Apartad esas luces ; mi amargura

piadosos respetad... no me acordaba...

(.4 Don Ñuño.)

Sí, tú eres el verdugo! acaso buscas

una víctima... ven... ya preparada

para la muerte está.

Nuño

Llevadle al punto,

llevadle, digo, y su cabeza caiga.

(Varios soldados rodean á Manrique.)

Manrique

Muy pronto, sí...

Nuño

Marchad...

Manrique

Qué miro! Vamos...

(Reparando en Azucena.)

No le digáis, por Dios, á la cuitada

que va su hijo á morir... madre infeüce!

Hasta la tumba... A Dios... (Al salir.)

ESCENA IV.

Los mismos menos Manrique.

Azucena

(incorporándose.) Quién me llamaba?

Él era, él era ; ingrato! se ha marchado

sin llevarme también.

Nuño

Desventurada!

Conoce al fin tu suerte.

Azucena

El hijo mió!

Nuño

Ven á verle morir.

Azucena

Qué dices? Calla!

Morir! morir...! no, madre, yo no puedo;

perdóname, le quiero con el alma.

Esperad, esperad...

Nuño

Llevadla.

Azucena

Conde!

Nuño

Que le mire espirar.

Azucena

Una palabra,

un secreto terrible ; haz que suspendan

el suplicio un momento.

Nuño

No, llevadla.

(La toma por una mano y la arrastra hacia

la ventana.)

Ven, muger infernal... goza en tu triunfo.

Mira el verdugo, y en su mano el hacha

que va pronto á caer...

(Se oye un golpe que figura ser el de la

cuchilla.)

Azucena

Ay 1 esa sangre!

Nuño

Alumbrad á la víctima, alumbradla.

Azucena

Sí, si... luces... él es... tu hermano, imbécil!

Nuño

Mi hermano, maldición...!

(La arroja al suelo empujándola con furor.)

Azucena

(Con amargura.) Ya estás vengada.

Elenco vivo 17 personajes · 2,751 versos

Pulsa un personaje: sus intervenciones quedan iluminadas y las demás en penumbra. Los versos se cuentan por línea del impreso; las coincidencias, por escena compartida.

PersonajeVersosInterv.JornadasPrimera apariciónCoincide con
702216J1, J2, J3, J4, J5J1 · esc. 4Leonor, Ruiz, Azucena
578174J1, J2, J3, J4, J5J1 · esc. 2Manrique, Ruiz, Jimena
401166J1, J2, J3, J5J1 · esc. 5Guillen, Lope, Guzman
34471J3, J5J3 · esc. 1Manrique, Nuño, Guillen
20375J1, J2, J3, J4, J5J1 · esc. 2Nuño, Manrique, Leonor
12526J1, J3J1 · esc. 1Guzman, Ortiz, Nuño
10441J1, J2, J3J1 · esc. 1Nuño, Jimeno, Guillen
10247J2, J3, J5J2 · esc. 3Nuño, Leonor, Guzman
7944J2, J3, J4, J5J2 · esc. 6Manrique, Leonor, Soldado
6115J1J1 · esc. 1Jimeno, Guzman
2515J1, J2J1 · esc. 3Leonor, Manrique, Guzman
86J2J2 · esc. 7Manrique, Leonor, Jimena
75J3J3 · esc. 7X, Voces, Ruiz
53J5J5 · esc. 3Manrique, Leonor
41J5J5 · esc. 1Lope, Leonor
21J3J3 · esc. 9X, Soldado, Manrique
11J3J3 · esc. 9Voces, Soldado, Manrique

Partitura métrica 62 cambios de medida

La música estructural de la comedia: cada tramo es un parlamento, su ancho son sus versos y su color, la medida que La Báscula reconoce. Lope recomendaba décimas para las quejas, sonetos para los que aguardan, romances para las relaciones y redondillas para el amor: aquí se ve dónde cambia. Versión de medida, no de estrofa (romance y redondilla comparten el octosílabo); la estrofa viene después. Pulsa un tramo para ir al pasaje.

Jornada primera
Jornada segunda
Jornada tercera
Jornada cuarta
Jornada quinta

octosílabos 70 % · endecasílabos 13 % · silva 2 % · mixto 14 %

Expediente

Obra
El trovador
Jornadas
5
Personajes
17
Versos
2,751
Versificación
octosílabos 70 % · endecasílabos 13 % · silva 2 % · mixto 14 % medida por La Báscula
Fuente
archive.org: eltrovadordramae2064garc_djvu.txt
Estructura
el-trovador.json (jornada › escena › parlamento › verso; acotaciones aparte)
Cita recomendada
Antonio García Gutiérrez, El trovador, Poetósfera · Teatrósfera, poetosfera.com/teatro/el-trovador.html

Texto de dominio público, levantado de su impreso y reproducido íntegro con atribución. El hablante se normaliza (la abreviatura del impreso se expande); el verso no se toca. ¿Ves una errata o conoces una edición mejor? Escríbenos desde Sobre la casa.