TEATRÓSFERA · EL TEXTO CUANDO ENTRA EN ESCENA  

PoetósferaTeatrósfera › El torneo

Fernando Calderón y Beltrán

El torneo

4 jornadas · 17 personajes · 2,674 versos

Modo

Acto primero

Arabela

LEONOR, doncella de Isabel.

Alberto

ALFONSO, escudero.

Timoteo

EL BARÓN FITZ-EUSTAQUIO.
Caballeros armados. Criados.

La escena es en el Castillo del Barón Fitz-Eustáquio. Inglaterra. Siglo XI

ACTO PRIMERO.

Salón gótico ricamente amueblado, con adornos de

trofeos militares en las paredes.

ESCENA I.

Timoteo, Pedro.

(Aparecen limpiando los muebles.)

Pedro

Grande función se prepara;

Pero ¿sabes lo que pienso?

Que á pesar de este aparato

Y preparativos regios,

Creo que tiene la tal boda

Mas bien trazas de un entierro.

Timoteo

¿Un entierro? ¡mentecato!

Con que un baile, y un torneo,

Y un festín, y tantos nobles

Y valientes caballeros,

Que vienen de treinta millas 1
A la redonda, cubiertos
De brillantes armaduras,
Plumas y galas, y.... Pedro,
Tú no sabes lo que dices.

Pedro

Lo que digo, Timoteo,

Es, que todas esas galas,

Y esas músicas que el viento
Atruenan por todas partes,

Y el convite, y el torneo,
Todo esto de nada sirve
Si la novia....

Timoteo

Vaya, necio,,

¿Y qué tienes que decir
De Lady Isabel?

Pedro

¿Qué tengo

Que decir? que es una joven
Angelical, un portento
De virtud y de hermosura;
Pero que según entiendo,
Ella tiene tantas ganas
De casarse, como tengo
Yo de morirme.

Timoteo

Repito

Que eres un tontazo, Pedro,
Vaya! pues es nada el novio!
Él mas rico caballero
De Inglaterra, y el mas noble

Y valiente; nada menos

Que el Barón de Bohún; digo,
El que no hace mucho tiempo
Salvó la vida al monarca,
Cuando lo iba un sarraceno
Allá en Ascalon un dia
A rajar de medio é n^edioí

Y por lo mismo Ricardo

Le ha concedido por premio,

Que ponga en su escudo de armas,

Aumentando sus trofeos,

Una cabeza de moro

Con sus bigotazos negros,

Que dá gusto.

Pedro

Yo me rio:

¿Puedes pensar, majadero,
Que los bigotes del moro,
Por muy grandes y muy negros
Que sean, hayan podido
Mover á la novia? Creo
Que ni cabezas de moro,
Ni moros de cuerpo entero,
Harán que la señorita
Quiera al tal Barón.

Timoteo

. Silencio;

Esa es otra cosa: mira,
Hace poquísimo tiempo
Que sirves en el castillo:
Tú no sabes I03 secretos
De la familia, y yo sí;
Mas no saldrá de mi pecho,
Ni siquiera una palabra
En asuntos de tal peso:
Eso no; soy reservado
Como un poste.

Pedro

Bueno, bueno;

Yo no digo lo contrario;
Pero si eres tan discreto
Y tan honrado, debias,
Por caridad á lo menos,
Ponerme un poco al corriente
De estas cosas: por supuesto
Que no es por curiosidad;
No tengo yo tal defecto;,
Pero al fin soy de la casa.

Timoteo

Pues sírvate de gobierno,

r.

Que el Barón de Bohún, el novio,
Tiene un endiablado genio:
Es valiente, cierto, y rico,
\T. -4# titülones lleno;
l> *t Pero muy vano y altivo,
i ( jhV* Regañón..., pero no puedo
\) Decirte mas.

Perf

* Lo que has dicho

Sirve para que de nuevo
Afirme yo que la boda
No tendrá buen paraderos
¿Cómo nuestra señorita,
Joven, bella, cuyo genio
Es la bondad misma, puede
Querer á un maldito viejo
Regañón, altivo?.... prayat
Quemara yo, Timoteo,
Mis papeles, si á esta hora
No palpita ya su pecho
Por algún joven hermoso
Mas digno de ella.

Timoteo

¿Silencio!

Silencio, lengua maldita,
¿Qué te importa nada de eso?
Aquí se mira y 3e calla.

Pedro

Bien está; pero no puedo
Dejar de compadecerme
De la señorita; cierto
Que será muy desgraciada
Con el tal Barón, pudiendo
Ser tan feliz con

Timoteo

Pero hombre,

Es imposible; si Alberto
No es mas que un pobre muchacho,
Un espósito; si al menos
Tuviera algún titulillo;
Pero nada; no sabemos
Quiénes han sido sus padres.

En una ocasión, volviendo

De la caza nuestro amo,

Encontró en el duro suelo

Al pobre niño; su llanto

Le enterneció, y al momento

Le trajeron al castillo,

Le dieron por nombre Alberto,

Y está aquí, como quien dice,
Por caridad: si un asiento
En su mesa le da el amo,
Es porque él es un portento
De valor, y porque supo
Ganar con su propio acero
De caballero la Orden,

Que si no, ya estaba fresco:
Si él estuviera atenido
A los pergaminos viejos
De nobleza, te aseguro
Que fuera hoy tan caballero
Como yo,

Pedro

Pues la verdad

¿Quieres que te diga? aprecio
Mucho mas á los que ganan
Por sí mismos sus empleos,
Que no á esos almibarados
Orgullosos, que no han hecho
Cosa alguna d¿ importancia,

Y solo son caballeros

Y se llaman hombres grandes
Porque sus padres lo fueron.
Yo no sé cómo es posible
Que prefieran á ese viejo
Barón, solo porque es noble

Timoteo

Y muy rico.

Pedro

¿Y qué sabemos

De dónde le habrán venido
Sus riquezas? yo me acuerdo
Que hace poco, el tal Barón

IV

Era un segundón hambriento:
Que de repente su hermano
Se encontró en un bosque, muerto
Sin saber cómo: su viuda
También murió á poco tiempo,
Y entró en posesión de todo

Ese Walter: no, yo pienso

Timoteo

Pedro, Pedro; en los palacios

Se ha de hablar con mucho tiento:
JTú eres novicio, y no sabes
' Estas cosas.

Pedro

Pues

Timoteo

Silencio,

Que alguno viene. ¿No escuchas
Ruido de pasos?

Pedro

El miedo

Que te zumba en los oidos.

Timoteo

No, no; viene alguno.

Pedro

Es cierto.

Timoteo

¿Si te habrán oido?

Pedro

Mira:

Es el señorito Alberto.
¡Pobrecillo! ¡Cuan mudado,
Cuan pálido y macilento
Está su rostro! ¡qué triste!
Me da lástima: ¡es tan bueno,
Tan afable! no, si acaso
Me hallara yo en su pellejo,
Te aseguro que hoy hacia

Una locura

Timoteo

Silencio,

Que ya llega.

ESCENA II.

Dichos, Alberto.

Alberto

Amigos míos, (con un aire muy abatido).

¿Qué hacéis aquí?

Pedro

Sacudiendo

Este salón, porque dicen
Que dentro de poco tiempo
Estará aquí el novio.

Alberto

¡El novio!

Timoteo

Y los otros caballeros,

Que han de asistir á la boda

Alberto

¡A la boda!

Timoteo

Y al torneo:

Ya está todo prevenido

En el gran patio: tendremos

Música, baile.... quién sabe

Cuántas cosas. ¿L /£ ^ ¿sC{J

Alberto

( t Yo fallqfeco!) (Se deja caer en una silla).

Timoteo

Ya tiene la señorita

Muy adornado su asiento:

Ya la tienda de campaña

Del señor Barón

Pedro

¡Quénejáfi (Bajo á Timoteo)-

Eres! ¿no ves lo que sufre?
¿No te acuerdas del proverbio:
En la casa del ahorcado
No mentar la soga?

Timoteo

Cierto;

Tienes razón.

Pedro

Pues al punto

Vamonos por allá dentro*
Dejemos al señorito.

Timoteo

Oye: en tiempos de festejo,
Nuestro viejo mayordomo
Suele olvidar un momento
De la bodega la llave,
Y el que es vivo

Pedro

Ya te entiendo:

Un trago por la mañana
Nunca daña»

Timoteo

Pues al hecho:

Vamos,

Pedro

. • Vamos, ¡Pobrecillo! (mirando á Alberto).

¿Ves que triste está?

Timoteo

¡Camueso!

¿Pues qué perder una novia

Es friolera?

Pedro

Por supuesto. (Se van.\

ESCENA III.

Alberto

¡Músicas, baile, alegría!
¡En todas partes contento!
¡Todos rien, y el tormento
Despedaza el alma mia!
¡Aciago, funesto dia!
¿Qué me resta? ¡desdichado!
La muerte! desesperado,
Mi ecsistencia maldiciendo,
Iré á buscarla, muriendo
De todos abandonado!

¡La muerte, sí, sí, la muerte!
¡Huérfano infeliz, proscrito!
En tí amar es un delito;
¿Habrá mas horrible suerte?
Isabel, voy á perderte,
Hoy voy á perderte, sí,
Solo porque no nací,
Conde, Duque, ni Barón;
Perqué horrible maldición
Pesa siempre sobre mí!

¿A quién he debido el ser?
Por el delito engendrado i

Fui tal vez, y abandonado
A llorar, á padecer:
Tal vez la triste muger
A quien la vida debí,
Quiso arrojarme de sí
Como objeto vergonzoso,
Y entregarme al que piadoso
Se condoliera de mí.

¿Y qué, puede sin temblar,
Sin fallecer de dolor,
Al objeto de su amor
Una madre abandonar?
¿Tu pecho despedazar
No sentiste, madre mia,
Cuando en orfandad impía
Me dejaste? ¡Desdichado!
¡Tal vez murió, y me ha llamado
En su fatal agonía!

¡Ay, acaso al darme el ser
Perdió la infeliz la vida,
O de miseria oprimida,
Está pronta á fallecer;
¡Oh si pudiera romper
Este velo misterioso!
¡Permíteme, Dios piadoso,
Que la vea un solo instante,
Aunque de su seno amante
Pase al sepulcro espantoso!

Pero si no habita ya
Este valle de dolor;
Si en otro mundo mejor,
De Dios ante el trono está,
Por su hijo rogará,
Porque se cambie mi suerte,
Porque antes, antes de verte,

Isabel, en otros brazos,
De mi ecsistencia los lazos
Rompa piadosa la muerte!

Amada Isabel, en tí
Mi única dicha encontré;
Mis pesares olvidé
Desde el punto en que te vi;
Pero ya, ¡triste de mí!
Ya no es mia tu beldad;
La mano de la verdad
De la ilusión rompe el velo,
Vuelve á condenarme el cielo
A miseria y orfandad.

¡Es ya forzoso partir: ( Yéndose.)

Adiós, castillo dichoso,
Donde un tiempo venturoso
Pensaba siempre vivir!
¡Oh, si á sus ojos morir
A lo menos yo lograra!
Si á sus plantas espirara,
Feliz al morir seria,
Y la humilde tumba mia
Ella con llanto regara!

Pero no; ni este favor
Quiere concederme el cielo;

Morir debo en otro suelo

Consumido de dolor;

El objeto de mi amor

No me verá moribundo;

En abandono profundo,

Moriré sin un testigo;

Ni un pariente, ni un amigo

Dejaré al salir del mundo!

¡Adiós, objeto adorado,
Que amé, que amo todavía,

Que siempre en el alma mia
Está con fuego grabado!
¡Adiós, dueño idolatrado!
¡Adiós! mas.... ¿no es ella? sí,
Es Isabel: ya está aquí;
Huyamos, ¡ay! es forzoso....
No puedo! ¡el cielo piadoso
Tenga compasión de mí!
(Se deja caer en una silla en el mayor abatimiento).

ESCENA IV.

Isabel, Alberto.

Isabel

¡Alberto!

Alberto

¡Isabel!

Isabel

¡Yo muero!

Alberto

¿Con que es cierto, en fin, que vos

Hoy mismo

Isabel

- ¡Caya, por Dios!

¿También tú el feroz acero,

Que mis entrañas devora,

Quieres empujar, cruel?

Alberto

¡Ay, también mi pecho él

Está rompiendo, señora!

Isabel

¡Señora! ¿esto mas?

Alberto

He aquí

El nombre que os debo dan

Isabel

¿Con que es fuerza renunciar

Aun á la esperanza?

Alberto

Sí:

Ya no miro en vos aquella

Que mis delicias hacia;

Hoy es el último dia

Que veré esa frente bella:

Hoy mismo Isabel será

86-

Á las aras conducida,

Y hoy mismo mi despedida

Este asilo escuchará.

No verán mis ojos, no,
De mi rival el contento,
Ni escucharé el juramento
Que la violencia dictó;

Furioso, desesperado,
Sin asilo, sin consuelo,
Vagaré en estraño suelo,
De mis penas agobiado:

Sobre mi caballo fiel,
Compañero de mi gloria,
Llena siempre mi memoria
Con la imagen de Isabel,

La muerte voy á buscar.

Isabel

* - ¡Y yo aquí la encontraré!

Alberto

Tu nombre repetiré

Al momento de espirar.

¡Oh mi bien el mas querido!
¡Mi delicia, mi tesoro!
La fuerza con que te adoro
Nunca cual hoy he sentido!

¡Tú ves el constante ardor
Que devora el alma mia;
Mas no sabes todavía
El esceso de mi amor!

Isabel

¡Alberto!

Alberto

Llega, Isabel,

Llega esa mano adorada
Al pecho en que estás grabada
Por un eterno cincel:

¿No sientes este latir,
Este furioso volcan?

¡Ay, de aquí te arrancarán
Cuando deje de ecsistir!
Ese orgulloso Barón
Obtendrá tu helada mano;
Pero nunca el inhumano
Poseerá tu corazón;

Ese corazón es mió,
Lo juraste ante el Eterno,
Y al mundo y al mismo infierno,
Por gozarlo desafio.

Recuerda, cara beldad,
Aquella noche preciosa,
En que tu boca de rosa
Colmó mi felicidad:

Cuando trémula, turbada,
Llena de pudor divino,
Te amoy dijiste.... ¡oh destino
Infeliz!

Isabel

¡Desventurada!

¿Y podré sobrevivir
A este momento terrible?
¡Alberto, no, no es posible:
Los dos debemos morir:

Sí, mi bien, la tumba mia,
será ese lecho nupcial!

Alberto

¡Ah! calla, Isabel, ¡qué mal
Me hace esa palabra impía!

¡Lecho nupcial! no: ¡primero
Mi cadáver han de hollar;
Venga el Barón á buscar
Tu mano con el acero:

Veamos si tan fuerte es,
Como altivo y orgulloso!
¡Pronto ese rival odioso
Quedará muerto á tus pies!

¡Pronto verás al traidor
En sangre impura bañado,
Su pecho despedazado

Por mi acero vengador,

Y el sol que debe alumbrar
Su victoria, su ventura,
Una escena de amargura
Vendrá solo á presenciar!
¡No brillará sobre flores
Su rayo resplandeciente;
Sobre sangre solamente,
Sangre, venganza y furores!

¡En vez de cantos de amor,
De muerte se oirá el gemido!
¡Será en luto convertido
Ese soberbio esplendor!

Tiemble, tiemble ese Barón!

Isabel

$Y mi padre?

Alberto

¡Oh Dios!

Isabel

¡Sabrá

Nuestro amor, y en mí caerá
Su terrible maldición!

Alberto

¡Ah! qué nombre has pronunciado!
Tu padre, el hombre que un dia
Salvó la ecsistencia mia,
¿Será por mí desgraciado?

¿Y en cambio de su bondad
Y su paternal amor,
Yo llenaré de dolor
Su cansada ancianidad?

¡No, jamas; sabré sufrir
El sacrificio cruel:
Yo te lo juro, Isabel,
Sabré callar y morir!
/ya.— ¡Morir!....,

-AZ6.— Morir: ¿presumes que pudiera

Vivir sin tí? jamas: tú mi esperanza,
Tú mi consuelo, mi ventura fuiste:
Tú, tú sola pudiste
Adormecerme en dulces ilusiones,
Regar de flores el camino incierto.

Que el destino fatal me señalaba;
Isabel, ya conozco que soñaba;

Y que á la realidad por fin despierto!
juna mano de hierro me sacude,

Y á un abismo sin término me lanza:
Vuela desecha en humo mi esperanza!
¡Cómo olvidarme de mi origen pude!
jCómo pensar que un huérfano infelice,
Sin nombre, sin riqueza,

Su destino infeliz unir podía
A la hija de un Barón! ¡desventurado!
¡Ya la suerte castiga mi osadía!
üa.— Alberto, cesa por piedad: ¿acaso
Necesita blasones

Un hombre como tú? ¿Cuál es mas bello
Que la virtud sagrada que atesoras?
Tu generosidad, tu noble brio,
Mi corazón sencillo arrebataron,

Y mis labios, Alberto, te juraron,
Unir por siempre tu destino al mió.

Alberto

¡Inútil juramento! ¡Tú olvidabas

Que yo era un miserable, sin fortuna,
De compasión y de miseria objeto:
Olvidaste, Isabel, en tu delirio,
Que de un noble la hija, es una esclava,
Que de su mano disponer no puede,
Ni de su corazón!

Isabel

' ¡Verdad terrible!

¡Espantosa verdad! mas al mirarte
¿En otra cosa, Alberto, pensaría,
Que en amarte sin fin? cuando tus sienes
La victoria en el campo coronaba,
Míos tus triunfos y tus glorias eran!
La voz de la esperanza me decía,
Que mi mano tal vez la recompensa
De tu valor y tu virtud seria:
¡Inútil esperar! sin consultarme
Mi padre fija mi infelice suerte,

¡Qué puedo hacer, sino esperar la muerte!
Mil veces he querido
Descubrir nuestro amor ante sus plantas;
Mas me hiela el pensar que acaso airado,
En tí descargue su furor terrible,

Y sin amigos, sin recurso alguno,
De la miseria víctima serias!
¡Alberto, Alberto; tempestad horrible
Sobre nosotros despiadada truena,

Sin poderla evitar! ¡ay! ¿Qué se han hecho
Aquellos dulces venturosos dias
De nuestra infancia? ¡Oh Dios, eran un sueño,
Que ya se disipó!

Alberto

¡Sí, sí, no hay duda:

A veces se suspenden mis dolores
Con el recuerdo de tan bellos dias!
¿Te acuerdas, Isabel, de aquella noche
En que brillaba espléndida la luna?
Asentados los dos en la ventana
Que dá hacia el bosque, y contemplando mudos
Del firmamento la estension inmensa,

Y á la naturaleza silenciosa,
Una vaga tristeza me oprimía:
Me contemplaba solo, abandonado
Desde que vine al mundo, en mis oídos
No habían sonado los sagrados nombres
De hijo ó hermano; nunca mi cabeza
Reposó sobre el seno de una madre.
¡Nunca, Isabel! ¡Tan tristes pensamientos
Mi corazón marchito consumían,

La noche aquella, que olvidar no puedo,
Que no quiero olvidar! tú penetraste
Mis tormentos atroces, tú volviste
A mí tus ojos de ternura llenos,
¡Y una mirada, una mirada sola
Calmó la fiebre que en mi pecho ardía!
"¿Por qué lloras, Alberto, me dijiste,
No soy tu hermana yo, mi padre el tuyo?"

fTambien llorabas! En aquel instante
Un Dios me pareciste, un Dios clemente,
Que á la vida de nuevo me volvia:
Mi único anhelo fué desde aquel dia,
De laurel puro coronar mi frente:
Blandió mi mano la pesada lanza,
Por mi valor ansiando merecerte,
Volé á la gloría, desafié á la muerte,

Y coronó el destino mi esperanza:
Al lado de Ricardo, en Palestina,
Yo el primero al peligro me arrojaba,

Y enmedio de las lides me animaba
Tu imagen pura, celestial, divina!
¡Oh cuántas veces, cuántas, esta mano
Rompió los musulmanes escuadronee,

Y sobre sus vencidos torreones
Alcé las cruces del pendón cristiano!
A mis hazañas, á mi fuerte acero,
Que no brilló sin gloria vez alguna,
Premió Ricardo, y tuve la fortuna
De verme al fin armado caballero.
Rico de gloria, ardiendo en amor puro,
Volé á tu lado, y de tu labio hermoso
Una sonrisa todos mis afanes
Coronó dulcemente; no envidiaba

La regia pompa y esplendor del trono;
Tú sola fuiste de mi afán el centro:
Adorarte, servirte, ser tu esclavo,
Fué mi gloria, Tsabel: si la tristeza
De mi alma alguna vez se apoderaba,
Tu mirar la tornaba en alegría:
Tu voz en mis oídos resonaba
Como el acento de una madre tierna,
Cual de una hermana el cariñoso alhago,
Como el concierto melodioso y puro,
Que ante el trono de Dios el ángel canta,
Isabel, Isabel, ¡cuántas delicias,
En solo un dia me arrebate el cielo)

12 #

Acércate: (Llevándola á una ventana).

Contempla esas montañas
Que el sol apenas á dorar empieza: {
£1 no sé ocultará tras esas rocas
Antes de que se cumpla ty himeneo.

Isabel

¡Calla, calla por Dios! ¿por qué recuerdas
El momento fatal de mi suplicio?

Alberto

¡Mañana se habrá alzado una barrera
Eterna entré los dos!

Isabel

¡Alberto, calla!

Alberto

Mañana, errante, solitario, triste,

Sin porvenir, sin esperanza alguna,
La muerte iré á buscar; y «ú entretanto,
De oró y púrpura un lecho ocupar debes!

Isabel

¿No tiefcés compasión de mis pesares?

¿Te complaces, cruel, eñ mis tormentos?

Alberto

Pérdónáttié, Isabel: mi pecho triste
Hiél rebosando esta, y el labio mió
Ultraja tu dolor. Adiós, amada;
Precisó es ya partir.

Isabel

¿Te vas?

Alberto

* ¡Es fuerza!

üa.— ¿Y adonde?

Alberto

No lo sé: ¡por todas partes

Irá cual sombra mi dolor conmigó!

Isabel

Detenté todavía.

Alberto

¿A qué? ¿Pretendes

Que té mire llegar hasta las aras?
¡Jamás, jamas! si respeté hasta hora
A mi padre adoptivo; si he ocultado
A sus ojos mi amor, ha sido sólo
Por un esfuerzo doloroso, grande,
Que concebir no puedes; pero ál verte
Tender tu mano á mi rival odioso,
Pronunciar el sagrado jurarhento,
¿Piensas que pueda reportar mi furia?
¿Piensas que mi puñal, mil y mil veces,
El corazón del pérfido no rompa?

¡Isabel, Isabel! hoy á lo menos
Solo nosotros infelices somos;
Pero tu padre no: tal vez un dia
£1 sabrá mi dolor, sabrá cuan caros
Pago sus beneficios.

Isabel

El se acerca:

¿Cómo ocultar mi bárbaro tormento,
Ni detener mi llanto? ¡Cuánto sufro!
¡Sostenme tú. Dios mió!

ESCENA V.

DICHOS, EL BARÓN FITZ-EUSTAQTTIO.

FITZ-EUSTAQUIO.

Hija querida:

El momento feliz es ya llegado

Dé ver asegurada tu ventura:

El Bárpn de Bohún, tu noble esposo,

Seguido de valientes caballeros,

Pronto vendrá á jurar entre tus trazos

Eterno amor: el patio del castillo

Engalanado está para el torneo;

¿Pero qué miro? tu semblante hermoso,

Triste y> pálido está? ¿por qué no cubren

Tu hermoso cuerpo las nupciales galas?

¿Temes este momento?

Isabel

¡Oh padre mió!
¡Al contemplar que voy á separarme
Para siempre de vos!*...,

FITZ-EUSTAQUIO.
Ven á mi pecho;

Ven, mi dulce consuelo, mi esperanza;
De mi vejez cansada, único apoyó:
Setena tu semblante, hija querida,
Pronto serás dichosa.

Isabel

¡Oh padre, padre....

FITZ-EUSTAQUIO.
Oyó mis votos el piadoso cielo:

Reflecsiona, Isabel, cuánta ventura,
Cuánto brillo derrama este himeneo

Sobre nosotros! á los altos timbres

De tus abuelos se unirán ahora

Los de un noble Barón, de un gran guerrero

Por el mismo Ricardo distinguido;

Alberto, ¿no es verdad?

Alberto

Sí, padre amado:

Decís muy bien, señor. (Infierno, infierno,
¿Por qué no me sepultas?) — (A Isabel) Este enlace
Te llena de esplendor, hermana mia;
Anímate, Isabel.

FITZ-EUSTAQUIO.
Hoy me parece

Que son menos mis años; la ventura

Anima el corazón de los ancianos;

Envidia tengo á tu futuro esposo;

Envidia á los valientes caballeros,

Que en el torneo lucirán ahora

Sus soberbios caballos y armaduras.

Hubo un tiempo también en que mi brazo

Lanzas rompió en honor de la belleza:

Cuando tu buena madre, en dulce nudo

Se unió á mi suerte; en ese patio mismo,

En que hoy tu nombre sonará glorioso,

Yo el de tu madre con valor sostuve:

Ella mira sin duda desde el cielo

Tu ventura, hija mia: pronto en torno

Circulará la copa en honor tuyo

En el festin magnífico: las bóvedas

De este castillo, mudas tanto tiempo,

Hoy van á resonar.... (Suena un clarín).

¿Habéis oido?
Sin duda llegan ya los caballeros:
A encontrarlos volemos, hijo mió:
Y tú, cara Isabel, ve á prepararte:
Cubre de hermosas flores tu cabeza:
Ostenta tu hermosura: que tu esposo
Te encuentre digna de su ilustre mano,
Pura y brillante. Vamos.

Alberto

Sí, ya os sigo.

ESCENA VI.

ALBERTO, ISABEL.

Alberto

¡El momento tan temido
Ha llegado ya, Isabel!
Ya se acerca vuestro esposo.

Isabel

¡A sus 0J03 moriré!

Alberto

No; seguid, seguid, señora,
El camino que al nacer
Os señaló la fortuna;
Haced feliz la vejez
De vuestro padre, del mió,
Sí, mi padre también es;
Si no lo fuera.... ¡Infelice!
¡Qué posición tan cruel!
Cuando el pecho se me abrasa
¿Debo callar? ¡Oh deber!
Tengo una espada y un brazo,
Tengo de venganza sed,
Tengo el infierno en el alma,
¿Y vengarme no podré?
¡Virtud fatal! Fitz-Eustaquio,
Bienhechor mió, ¿por qué,
Porqué salvaste mi vida?
¿Por qué al punto de nacer
No ecshalé el postrer suspiro?
¡Desgraciado!

Isabel

Yo no sé

Lo que se pasa en mi alma:
Yo me siento fallecer:
Arde mi frente, mis ojos
Todos los objetos ven
Tintos en sangre: ¡un abismo
Abrirse miro á mis pies!
Y nadie tiende la mano

Para salvarme de él:

¡Tú te vas, tú me abandonas!

Alberto

¡Infeliz, qué puedo hacer!

¿Armar mi brazo, y en sangre
Teñir el sitio que fué
De mi desgracia el asilo?
¿Hacer que caiga, Isabel,
La maldición de tu padre
Sobre tí? ¡Jamas! seré
Desgraciado; pero digno
De tu amor.

Isabel

¡Suerte cruel!

¿Con que no queda esperanza?

Alberto

< — Ninguna: ¡adiós, Isabel!
Tu padre me espera.

Isabel

¿Y nunca

Nos volveremos á ver?

Alberto

Es forzoso todavía,

Porque salir no podré
Sin ser visto; pero al punto
Que divertidos estén
En el torneo, yo parto,
Y en mi ligero corcel
Me alejo desesperado
De mi vida, de mi bien.

ESCENA VII.

DICHOS, TIMOTEO.

Timoteo

Señor, el Barón mi amo,

En el atrio del castillo

Os espera: ya se acercan

Los caballeros.

Alberto

Amigo,

Voy al instante. (Se va Timoteo: se oye dentro una
música marcial, que indica la llegada de los caballeros).

Señora,

Escuchad; ese sonido

Anuncia ya la llegada

De vuestro esposo:

Isabel

¡Dios mió!

¿Y no muero?

(Cae en el mayor abatimiento en una siüa\.

Alberto

Cada acento

De esa música un cuchillo

Es que el alma me traspasa!

Tus horrores, negro abismo,

No pueden ser mas atroces

Que este momento.

Isabel

* — (levantándose). ¡O martirio,

Peor que la muerte! Alberto,

Un espantoso destino

Me conducirá bien pronto

Al horrible sacrificio:

Mi boda y mis funerales

Se unirán. Adiós, amigo

De mi infancia, hermano, amante,

tínico á quien he querido,

¡Adiós! no olvides el nombre

De esta infeliz.

Alberto

¡No, bien mió,

Ese nombre idolatrado

Será mi postrer suspiro!

Acto segundo

ACTO SEGUNDO.

La decoración del primer acto.

ESCENA I.

Isabel (sentada tristemente con rico trage de boda, y ño-

res en la cabeza), — Leonor (componiéndole una flor).

Leonor

Dejadme, señora mia,

Que os prenda bien esta rosa:

En verdad estáis hermosa;

Hasta la melancolía

Os sienta bien.

Isabel

¡Ay Leonor!

Si mostrara mi semblante

Lo que sufro en este instante,

Lo amargo de mi dolor!

Pero no; tú conocer

No puedes la pena mia;

Es una larga agonía

Que no es fácil comprender!

Anoche pensé morir,

¡Oh qué noche! hora por hora

Conté, esperando á la aurora,

Sin descansar, sin dormir.

¡O qué penoso es el lecho

Para el que padece tanto!

Ni llorar pude, ¡ay! el llanto

Me hubiera aliviado el pecho:

Al fin, vi llegar el dia,

Pero la esperanza no;

¡Huyó para siempre, huyó!

¿Y aun respiro, Leonor mia?

Leonor

Serenad vuestro semblante,

Considerad que es forzoso
; Recibir á vuestro esposo,

Que no tardará un instante.

Tal vez el tiempo podrá

Aliviar vuestro dolor.

Isabel

* — Tú nunca amaste, Leonor; (Con enojo\>

Déjame, déjame ya.

Leonor

¿Os ofendí? sabe el cielo

Que os amo, señora mia:

Perdonadme; yo quería

Proeuraros el consuelo:

De nuevo os pido perdón.

Isabel

Es verdad, no me ofendiste;

Tú penetrar no pudiste

Lo que sufre el corazón;

Uno solo conocía

Lo mas secreto de él:

¡Ay! el alma de Isabel

Solo Alberto comprendia.

Aun está aquí: ¿no es verdad?

Que no se vaya, por Dios;

Juntos podremos los dos

Arrostrar la tempestad;

Mas, ¿qué digo? ¡desdichada!

El debe, debe huir,

Y yo mi suerte sufrir,

Y morir desesperada:

Venga, venga ese Barón

Que debe ser mi tirano,

Aquí está mi yerta mano;

Pero no mi corazón:

Yo se lo diré, sabrá

Lo que ha de esperar de mí,
Y que Alberto siempre aquí (Señalando su corazón}.
Mientras yo viva estará.

Leonor

¿Se lo diréis?
/«a.— Sí, Leonor,

Todo lo sabrá, y después,
Morir me verá á sus pies,
Ahogada por el dolor!
Tal vez el cielo piadoso
Su corazón moverá;
Tal vez él prescindirá
De esta boda generoso.
£00.— Desechad esa ilusión;

Esperar, señora,, es vanoj
De ese hombre el pecho inhumano
No abriga la compasión.

Aa

¿Y tan bárbaro seria,

Que mirándome bañada
En llanto, desesperada
En espantosa agonía,
Jurándole que á morir
Me conduce este himeneo,.
Insistiera? No lo creo;
No puede un ser ecsistir
Tan odioso.

Leonor

A Dios pluguiera

Que no fuera así, señora;
Pero vais á verlo ahora.

Isabel

Déjame, Leonor, siquiera
La esperanza; tú también
Te conjuras en mi daño!
Mi esperar será un engaño;
Pero este engaño es un bien.

Leonor

Es un bien que poco dura.
ha.— Es un instante de calma,
Que hace revivir el alma,
Sumergida en amargura:
Y quién sabe? acaso el cielo

.. •

Con un rayo mé^ ilumina:

Tal vez la bondadAliVina
• •• «

Se apiada ya de mi duelo!. #

De la horrible desventura,//-

El último punto, acaso

Es, Leonor, el primer paso

A la paz, á la ventura. "v y v

Leonor

¿Y aunque el Barón apiadado ~-<*- C( -\¿

De vuestro llanto, señora,

Quiera desistir ahora

De ese empeño desgraciado,

Vuestro padre prescindir

Querrá también cuando ya

Todo prevenido está/

Isabel

Preciso será mentir:

Fingiré una enfermedad

Que retarde el himeneo,

Y el tiempo después

Leonor

Yo creo

Que la triste realidad

Disipará esa ilusión:

Que prescinda de su empeño

El Barón, señora, es sueño,

Me lo dice el corazón.

Isabel

Eres, Leonor, muy cruel!

Despedazándome estásl

Si este es un sueño no mas,
No me despiertes de él.

ESCENA II.

DICHOS, PEDRO.

Pedro

(Anunciando), El señor Barón.

Isabel

¡Dios mió!

Llegó, Leonor, el momento

Decisivo. (A pedro) Haced que pase. (Se vaPedro\

— 1021V-.

Retírate tú. *••./• (A Leonor),

Leonor

LqA*cfclo8

Os acompasé**' "señora,
Y ablanden* el duro pecho
De e'sfe." hombre. (Se vd).

Isabel

\ ¡Toda mi sangre

.•/-.JHjeiada en las venas siento;
/•/%•• Ya las fuerzas me abandonan!
>.. - ' Ausíliame, Ser Supremo:

Mi ruego escucha. Oigo pasos....
Es él.... es él! ¡Cómo tiemblo!

ESCENA III.

Isabel, De Bohun.

(Con rico trago de guerrero)*

Bohun

Ese criado acaba ahora

De decirme que queréis

Hablar conmigo, señora:

A este mortal que os adora,

Aquí rendido tenéis.

Isabel

Sentaos. (Se sientan).

Bohun

Al fin os veo

A solas ¡feliz instante!

¡Apenas mi dicha creo!

Hablad, que vuestro deseo

Ley será para un amante.
En vuestra frente divina

Mirando estoy la tristeza:

Hablad, joven peregrina,

Quizá el cielo me destina

A consolar la belleza.
Tal vez informada estáis

De que soy altivo, fiero;

Tal vez de mi amor dudáis,

O al ver mi rostro pensáis

Que es mi corazón de acero.
No, Isabel; desde que vi

Vuestro rostro encantador,

Mi voluntad os rendí,

Y grabada estáis aquí (Señalando su pechó).

Por la mano del amor.

Cierto es que nunca os hablé

De este amor, Isabel mia:

Solo á vuestro padre fué,

A quien la llama mostré,

Que el alma me consumía.
El Barón me aseguró

Que vos me amabais, señora;

Decidme si se engañó:

En vuestro labio halle yo

Mi vida ó mi muertg ahora.
Pero antes de pronunciar

El fallo, bella Isabel,

Dignaos considerar

Lo que me puede costar,

Si por desgracia es cruel.

Isabel

Señor....

Bohun

Seguid; ¡qué dulzura

Tiene, Isabel, vuestro acento!

Descubridme esa alma pura.

Isabel

Veréis en ella amargura!

Bohun

¿Quién causa vuestro tormento?

Isabel

— Mi boda:

Bohun

¡Cómo!

Isabel

* — Señor,

Miradme. ( Queriendo echarse á los pies del

Bohun

¿Qué vais á hacer? Barón* que la contiene).

Isabel

¡Compadeced mi dolor!

Os respeto; pero amor

Jamas os puedo tener!

Bohun

¡Jamas! ¿Pues por qué razón (Con enojo)*

A vuestro padre, señora,

No lo dijisteis?

Isabel

¡Perdón!

Tened, señor, compasión
De una muger que os implora!
Noble sois y caballero, (Se arroja á sus pies).
Mi suerte está en vuestra mano!
No tenéis alma de acero!

Bohun

Una esplicacion espero: (Levantándola),

Hablad, no soy un tirano.
{¡Qué sospecha.... si otro amor!....
No, no puede ser verdad:
Reprimiré mi furor).

Deponed todo temor, (Con dulzura).

Habladme con claridad.
Si nace vuestro desvio
De que no me habéis tratado,
Decídmelo, el pecho mió
Conoceréis, y confio
En que de vos seré amado.

Esa palabra, jam as.
Es espantosa, es cruel!
Ha sido efecto quizás
De la turbación no mas;
¿No es cierto, amada Isabel?
Jamasl ¡ah! por compasión
Esa espresion reformad;
No hiciera mas impresión
En mí la reprobación
Que oyera en la eternidad.
I s(lt — Sí, fué demasiado dura,
Lo conozco, ¡qué queréis!
El esceso de amargura....

Bohun

Basta, angélica criatura,
Basta ya; no os disculpéis.
¿Tembláis acaso de ser
Esclava en mi compañía?
¡Qué error! ¿lo podéis creer?
Vuestro amor, bella muger,

Será mi norte, mi guia:

¡Mi esclava! no; mi señora,

Mi reina seréis; mandad,

Mandad, joven seductora:

Vuestra voz encantadora

Es la voz de una deidad.
Altivo he sido /por qué

Lo he de negar? hasta aquí,

Este mi carácter fué;

En adelante seré

Lo que vos hagáis de mí.
Mis títulos, mi grandeza,

A vuestros pies están ya,

Y servirá mi riqueza

De engalanar la belleza,
Que el orbe me envidiará.
Mármol y oro cincelado
Formarán vuestra mansión,
Diamantes vuestro tocado,

Y vuestro altar consagrado,
Mi sumiso corazón:

Vuestra suerte envidiarán
Las esposas de los reyes:
Mil esclavos temblarán
A vuestra voz, y tendrán
Vuestros caprichos por leyes:

Inciensos y adoraciones
Os rodearán noche y dia:
Pendientes mil corazones
Estarán de las acciones
De la hermosa reina mia:

¡Y yo á sus plantas postrado,
En su mirar embebido,
De sus glorias embriagado
Con su ventura pagado,
Lo demás daré al olvido!

¡Un trono, un mundo valdría
De mi ecsistencia un instante!

Feliz cual nadie seria,

Y mi vida pasaría

Como un ensueño brillante! (Pausa).

Pero ¿no me respondéis?

¿Nada os merece mi amor?

¿Ni ver mi rostro queréis?

¡Ah! tembláis? ¿No' me daréis

Una respuesta?

Isabel

Señor....

Bofa

Seguid.

Isabel

El cielo es testigo

De que agradece mi pechó

La bondad que usáis conmigo;

Mas....

Bohun

Proseguid.

Isabel

Si prodigo,

Va á estallar vuestro despecho;
Pero debo con franqueza

Descubriros la verdad.

Los títulos, la riqueza,

Esa gloria, esa grandeza,

No harán mi felicidad. ^

¿Qué importa que mármol y oto \

Formen mi augusta mansión?,

Si allí me acompaña el lloro,

Me falta el mayor tesoro,

Que es la paz del corazón- ^^'^

El corazón que está herido,

Bajo de un manto real,

O de un humilde vestido,

Siempre estará dolorido,

Siempre sufrirá su mal.
¿Qué me importa, ¡cielo santo!

Ocupar un alto asiento,

Si no es menor mi quebranto?

¿Qué importa verter mi llanto

Sobre rico pavimentó?
De vasallos numerosos^

Decis, seré respetada:

Me obedecerán gozosos;

Ellos serán venturosos,

Pero yo desventurada:
En su corazón sencillo

Amor me alzará un altar;

Pero, ni este amor, ni el brillo,

Arrancarán el cuchillo

Con que me siento clavar.
¡Oh! nada le importa, nada,

El fausto, noble Barón,

A una triste aprisionada!

Será su prisión dorada;

Pero es siempre una prisión!

Bohun

- Mas no sabré....

Isabel

Perdonad!

Tal vez os habrá ofendido

Mi mucha sinceridad;

Pero os dije la verdad,

Porque así lo habéis querido.
Hora yo quiero alcanzar

De vos un favor.

Bohun

¿Cuál es?

Isabel

Que os digneis renunciar

A este enlace, ó espirar

Me veréis á vuestros pies.

Bohun

Me es muy duro; pero alzad:

Yo quiero ecsigir de vos

Otra cosa.

Isabel

Qué? mandad.

Bohun

* — Que me digáis la verdad,

Como la diríais á Dios.

Isabel

Os lo prometo.

Bohun

¿Tenéis

Acaso alguna pasión?

Amáis á otro?.... enmudecéis?

Isabel, ¿no respondéis?

(De rodillas),
(La levanta\

Isabel

¡Ah, sí amo!

108-^

Bohun

(¡Maldición!)

Soy infeliz: ¡pronto en mal
Mi bien convertido vi!
¡Oh qué momento fatal!
Mas decidme ¿mi rival? (Con dalzura)*

Isabel

Miradle.

Bohun

¿Es Alberto?

Isabel

Sí,

ESCENA IV.

Dichos, Alberto.

(Entra y se sorprende al ver al Barón).

Alberto

Isabel.... perdonad, yo imaginaba....

Bohun

Que estaba sola, ¿no es verdad, Alberto?
No os embarace la presencia mia;
¿No sabéis que yo soy amigo vuestro?
Sí, vuestro amigo, ¿lo dudáis? ahora
Hablábamos de vos: el labio bello
De vuestra hermana, vuestra cara hermana^
De revelarme acaba su secreto;
Pero ¡con qué candor! ¡con qué ternura!
Una virtud tan pura, bajo el cielo
No es fácil encontrar: yo os felicito
De haber ganado un corazón tan bello.

Alberto

Señora....

Isabel

Sí, mis lágrimas amargas

Han conmovido el generoso pecho,
Del ilustre Barón: me ha prometido
Suspender por ahora este himeneo:
¿No es cierto? el corazón me lo decia:
Tan valiente y cumplido caballero,
Abrigar no pudiera una alma baja,
Indigna de su nombre.

Alberto

¿Es este un sueño?

Isabel

Arrójate á sus plantas, caro amigo,

Arrójate á las plantas del mas bueno,
Del mas digno mortal: ¡ah! que su vida
Haga larga y feliz el Ser Supremo.
¿Pero estás en estatua convertido?
¿Lo dudas todavía?

Alberto

Isabel.... temo....

Bohun

Que yo no sea capaz de un sacrificio
De tanta magnitud? Vano recelo:
Nada mas justo, vuestra cara hermana
Os ama, y á mí no; ¿por qué un objeto
Sacrificar, tan candido, tan puro?
Si vuestra cara hermana hubiera puesto
Su amor en un sugeto menos digno;
Pero en vos, joven, vos en cuyo pecho
Se abriga una virtud acrisolada!
Vuestro padre adoptivo, ese buen viejo,
Que la vida os salvó, ¡de cuánto gozo
Se llenará al saber ese respeto
Que á sus canas tenéis! jOh no es posible,
Que quede oculto tan sublime esfuerzo!
j Sacrificio inaudito, inconcebible!
Vivir al lado de ella tanto tiempo
(Sin manchar su virtud! ¡Oh! yo lo juro,
Al Barón lo diré, tendréis el premio
A que sois acreedores, hijos mios:
No lo dudéis.

Isabel

(!Qué escucho!)

Alberto

Ya entreveo

La infernal ironía que respiran,
Orgulloso Báron, vuestros acentos.
¿Qué has hecho, desgraciada. 2 ¿y tú pudiste
Pensar jamas que su insensible pecho
Fuera capaz de rasgo tan sublime?

Isabel

¡Infeliz!

Bohun

Me injuriáis sin merecerlo:

Vuestra querida hermana....

Alberto

¡Basta, basta!

No mas nos insultéis. Un caballero
Usa un lenguage franco; sus acciones
Deben llevar de la nobleza el sello;
Pero vos....

Bohun

¿Y pensabais, bella joven,

Que el Barón de Bohún, puede sereno
Un desden escuchar? ¿que renunciara
Con tal facilidad al bien supremo
De ser esposo vuestro?Al alma mia,
Está quemando un espantoso fuego,
Que escita mas y mas vuestro desvío,
Que no puede apagar el mismo cielo.
jUn rival! un rival! no lo esperaba!
Un huérfano, un espósito!.... ya veo
Qué bien cumplis vuestro deber sagrado:
Un noble anciano de ternura lleno,
Salva vuestra ecsistencia miserable,
Cuida de vuestra infancia, os dá un asiento
En su mesa, os prodiga las bondades
Que al hijo mas querido un padre tierno;
Y vos para pagar sus beneficios,
Cediendo á un loco criminal afecto,
Seducis á una hija hermosa, pura,
Que de su ancianidad era el consuelo.

Alberto

¡Cállate, miserable! ¡j tú me acusas
De seductor? ¿lo oís? y sufrir puedo
Su presencia? ¡malvado! ¿y til, tú hablas
De virtud? ¡la virtud! No conocieron
Lo que quiere decir esta palabra
Los monstruos como tú! ¡Poder del cielo!
Yo seductor! yo seductor! ¡Infame!

Bohun

Ved, Isabel hermosa, qué violento

Es vuestro caro hermano: una palabra
Lo llena de furor.

Alberto

Te ha descubierto

Isabel un secreto, que debia
Para siempre ocultar un triste velo;
Pero lo sabes ya: sí, yo la amaba,

Yo la amo, la amaré; jamas el tiempo,
Ni el poder ni la muerte han de arrancarla
De este fiel corazón, donde con fuego
Grabada está su celestial imagen:
Desde la infancia, desde aquel momento
Que brilló la razón en nuestras almas,
Tal vez desde antes, nuestros labios tiernos,
Que apenas balbutian las palabras,
Pronunciaron de amor el juramento:
Nos amaremos, sí, por mas que airado
Hoy el destino irresistible y fiero
Nos separe; por mas que tú procures
De Isabel atajar el llanto acerbo,

Y con oro cubrir quieras el yugo,
Bajo el que siempre vivirá gimiendo;
Mas yo no la seduje, nuestras almas
Para adorarse hasta morir nacieron,

Y un torrente de amor irresistible

Nos arrastró á los dos al mismo tiempo;
Mas tú no sabes, no, cómo la amo,
¡Con qué veneración! con qué respeto!
Como á una cosa pura, sacrosanta,
Como á un sagrado espíritu del cielo,
Como al ángel que manda en nuestro ausilio
La bienhechora mano del Eterno.

Isabel

¡Alberto! (Con mucha ternura),

Bohun

¡Qué ternura! ¡qué palabras!

¡Qué corazón tan candido, tan bello!

Alberto

Tú comprender no puedes este idioma;
Los tiranos jamas lo* comprendieron.

Bohun

Y valiente ademas! ¡cuántas virtudes!

Es lástima, Isabel, que el nacimiento

De ese joven no sea conocido:

Porque en verdad, amigo, no sabemos

Quién os ha dado el ser; pero á juzgarlo

Por vuestros elevados sentimientos,

Hijo seréis del mismo rey Ricardo:

¿No es verdad, Isabel?

it/6.— (Meando la espada). Sufrir no puedo.

Defiéndete malvado!
.fea.— (queriendo contenerlo). ¡Alberto!

Alberto

<— (á Isabel). Aparta*

Tus últimas palabras han abierto
Una profunda herida en mis entrañas,
Que con sangre nomas curarla puedo:
Defiéndete, repito.

Jta

¡Alberto mió!

Recuerda dónde estás.

Alberto

• (con horrible despecho). ¡Es cierto! es cierto!

Este castillo es para mí sagrado: do su espada).

Sagrado! ¡maldición! Vuélvete, acero, (Envainan*

Por la primera vez vuelve á la vaina

Sin vengar el ultrage de tu dueño.

Dá gracias á este asilo: hoy era el dia,

En que ecshalaras el postrer aliento

Al golpe de mi espada, miserable,

Si otro fuera el lugar donde tu acento

Hubiera provocado mi venganza;

Pero saldrás de aquí, y en campo abierto

Se cruzará tu acero con el mió,

Si algún resto de honor hay en tu pecho.

Adiós, Isabel mia: fué posible

Reportarme una vez; pero no puedo

Responder ya de mí. Barón altivo,

Abusa del poder, arrastra al templo

A ese ángel puro; con su amargo llanto

Ya tu condenación se está escribiendo?

Llévala ante el altar, su labio frió

Pronunciará de amarte el juramento;

Mas no su corazón, que en él mi nombre

A tu pesar ha de vivir impreso*

Adiós, Barón, mañana vuestra esposa

Viuda tal vez será: ved este acero:

El esta acostumbrado á la victoria,

El te abrirá las puertas del infierno. (Se vd)<

ESCENA V.

De Bohun, Isabes»

Bohun

¡Pobre joven! compadezco
Su frenesí! loco está;
Pero confío que pronto
El tiempo le ha de curar.
¡Cómo ha de ser! ha perdido
Una novia, y ademas
Un buen dote: el infeliz
Que lo sienta es natural.
Valor, amada Isabel,
Vuestro hermoso rostro alzad;
No mas llanto, ya pasó
La escena sentimental:
Miradme, yo estoy tranquil*,
Y eso que debiera estar
Celoso: ¡qué desvarío!
Siempre en la primera edad
Hay amorcillos, que luego
El tiempo disipará:
Nos unimos este dia,
Mañana estamos en paz:
Verás, Isabel hermosa,
Qué contento....

Isabel

Por piedad,

Dejadme, ¿no os basta aún
Mi corazón traspasar^
Sino que en la misma herida,
Jugando estáis el puñal?
Tanta barbarie, señor,
¡Quién pudiera imaginar!

Bohun

Cuando vuestro padre sepa
Esta escena!.... la sabrá.
No lo dudéis»

Isabel

¡Ah! por Dios!

(¡Alberto infeliz!) tomad

Mi vida, os la sacrifico;

Pero que yo nada mas

La triste víctima sea:

No queráis sacrificar

A un infeliz; yo lo pido

A vuestras plantas. (Hincándose).

Bohun

Alzad;

Yo callaré. Ya veréis

Como al fin me habéis de amar:

Mis continuas atenciones

Con el tiempo ganarán

Ese corazón tan bello.

Isabel

¡Ah, no lo esperéis jamas!

La víctima está dispuesta:

Pronto llegaré al altar;

Poco después á la tumba;

Esto prometo no mas.

Id, señor, id, que mi padre

Tal vez os esperará.

Bohun

Me retiraré, Isabel,

Puesto que me lo mandáis.

(¡Qué hermosa está! ¡Me aborrece!

Bien, y después me amará). (Se vd).

ESCENA VI.

Isabel

¡Y esta es la vida! ¿y al mirar el féretro
Cobarde tiembla el mísero mortal,
Cuando la tumba es el asilo único
Donde se encuentra verdadera paz?
De la vida ¿cuál es aquella época
Que no conoce el peso del dolor?
¡Tormento siempre, en todas partes lágrimas!
Tal es la suerte que al mortal tocó.

Desde la infancia basta la edad decrépita,
El niño, el hombre y la infeliz inuger,
Corriendo van tras una sombra mágica,
Que llaman dicha, y que jamas se ve.

£1 triste anciano, de su edad quejándose,
De juventud quisiera disfrutar,
Olvida, imbécil, los tormentos hórrido»,
En que se agita esta infeliz edad.

Es una fiebre, es una fletes indómita,
Es un violento, un loco frenesí,
¡Ay! sus placeres pasan cual relámpago,
Dejando el llanto de su curso al fin.

Siempre deseos, esperanzas pérfida»,
Que nos halagan sin llegar jamas:
Siempre ansiedad, vacío, gozo efímero,
Que se convierte en triste realidad.

Y de la vida en el cercano término,
Del desengaño á la funesta luz,
El corto espacio de la tumba lóbrega....
Un paño negro.... un mísero ataúd!

Tal de la vida es el torrente rápido:
¡Ay! de la mia ya se acerca el fin;
Y yo lo espero eomo espera el náufrago
La amiga playa en que será feliz.

¡O llanto mió, de mis pena» bálsamo,
Ni tú, ni tú me quieres consolar;
Nadie se duele de la triste víctima,
Que de la vida se despide ya!

¡Alberto! Alberto! De mi tumba mísera
La losa, tú con llanto regarás,
Hasta que se unan nuestras almas férvida*
En las regiones de la enernidadt
(Queda sobre una silla, en ei mayor abatimiento}.

ESCENA VII.

Isabel, leonor*

£^0.— Bien dije yo; de ese monstruo

En el pecho no hay piedad:

Tu esperanza, pobre niña,

Se ha desvanecido ya.

Señorita.... no me oye:

Señorita.... qué! si está

En estatua convertida.

¡Quién lo pudiera pensar!

¡Tan amable, tan hermosa!

Y pronto acaso será

Un despojo de la muerte:

¡Horrible fatalidad!

Volved en vos, señorita;

Mirad que van á llegar

Los caballeros.

Isabel

¡Leonor!

Leonor

Vuestro vestido arreglad,

Cobrad ánimo, señora:

Vuestro padre notará

Esa turbación.

Isabel

¡Dios mió!

Mi padre!

Leonor

Pronto estará

En esta sala: venid:

En el estado en que estáis

No quisiera yo que os viesen;

Retirémonos; andad,

Que se acercan. (Está visto!

La vida le costará.

Hoy celebrarán su boda,

Mañana su funeral). (Se van).

ESCENA VIII.

FlTZ-EüSTAQUIO, DE BoHUN, ALBERTO, CABALLEROS ARMADOS.

(Alberto, un poco apartado de los demás, arroja frecuentemen- te miradas de furor sobre de Bohún).

Caballeros

¡Amor á las bellas, y gloria al valor!

FITZ-EUSTAQUIO.
Resuenen, amigos, las bóvedas altas

Del viejo eastillo, que vuelve á ser hoy
Mansión venturosa de júbilo puro,
Morada brillante de dicha y amor:
Ya todo está pronto: la trompa guerrera
Va á sonar, amigos, oigamos su voz:
Al torneo, vamos! honor al valiente!

Caballeros

¡Amor á las bellas, y gloria al valor!

Bohun

¿Y quién no se siente de gozo inflamado?
¿Habrá, caballeros, un frío corazón,
En que la hermosura no ejerza su imperio?
A caballo, amigos, al campo de honor!
La lanza sin hierro? muy bien; mas cuidado!
Es fuerte mi brazo, y hoy cuento, por Dios,
Derribar á muchos; cuidado, repito.

Caballeros

¡Amor alas bellas, y gloria al valor!

Bohun

Tal vez se impacienta el freno tascando,
Mi noble caballo, mi fuerte trotón:
Veréis qué gallardo; jamas en la guerra
Perder los estribos en él se me vio.
Corcel mas hermoso, Ricardo no tiene,
Mas fuerte, mas ágil, mas vivo y veloz:
No hay otro, lo juro, su choque es terrible!

Caballeros

Veremos, veremos: ¡que viva el valor! Wo e ^

FITZ-EUSTAQUIO.
¡Recuerdos de gloria! también hubo un día,
Que mi fuerte brazo valiente lidió,
Y mi vieja sangre aun hierve al oiros!
También yo pudiera combatir con vos;

Pero de mi hija sostenéis el nombre:

El cielo os ayude, valiente Barón!

La música suene, los Heraldos griten....

Caballeros

¡Amor á las bellas, y gloria al valor!

Bohun

Y luego las copas en torno volando,

Colmadas de ardiente, sabroso licor,

Vaciemos, amigos, brindando contentos

Por la compañera que el cielo me dio*

De Isabel el nombre glorioso resuene,

De rosas corone su frente el amor.

Noble amigo, gracias por tanta ventura. (A Füz\.

Todos

¡Dicha á los esposos!

Alberto

* (¡Y á mí maldición!) (Suena un

FITZ-EUSTAQUIO.
¿Oís? han llamado: sin duda se acerca clarín).

Otro caballero.

Bohun

Que venga, aquí estoy:

De Isabel me inflaman los ojos divinos:

Yo siento en mis venas desusado ardor!

Voy á armarme al punto: ya estoy impaciente;

Toda la Inglaterra puede venir hoy.

Todos

A caballo!

Bohun

Vamos, que lidiar deseo>

Hasta que en ocaso se sepulte el sol.

ESCENA IX.

Dichos, Pedbo»

Pedro

De llegar, señor, acaba
Una señora, cubierta
De luto, y acompañada
De un escudero: desea
Hablaros.

FITZ-EUSTAQUIO.
A solas?

Pedro

No;

Pretende, según se espresa,
De su venida la causa

Decir, ante la asamblea

De los nobles caballeros

Que en el castillo se encuentran:

Pide justicia.
FITZ-EUSTAQUIO.
¿Justicia?

De este castillo las puertas

Al que la pide han estado

A todas horas abiertas,

Mucho mas si es una dama

La que obtenerla desea:

Haced que pase. (Se vá Pedro). Sentaos:

Suspender un peco es fuerza

El torneo. (Se sientan todos).

Pedro

(¿Qué nos vendrá á pedir esta?)
(Entrando), Entrad, señora. FITZ-EUSTAQUIO.
Sentaos (á Ar abela). Retírate tú (á Pedro).

Pedro

(Algo oiré desde la puerta). (Se v<£(.

ESCENA X.

Los mismos, Lady Arabela.

(Entra vestida de luto y cubierto el rostro con un velo negro: los caballeros se levantan para recibirla: el Barón Fitz-Eus- taquio le ofrece un asiento junto á él; ella lo toma, y todos vuel- ven á sentarse).

Arabela

Ilustres Barones, (Sin descubrirse)»

Honrados guerreros,

De Inglaterra ornato,

De valor modelo!

Bohun

(¡O qué voz) (Turbado).

Arabela

Oidme;

Oid los acentos

De una noble dama

Que hace mucho tiempo

Oprimida gime

Por un monstruo.

Bohun

(¡Cielos!

Es ella; mas ¿cómo
Ha roto sus hierros?
¡Me confundo!)

FITZ-EUSTAQUIO.
Al punto

Romped el silencio,
Señora: sepamos
Cuál es el objeto
De vuestra venida:
Si, como le creo,
A pedir ausilio
Venis, yo os lo ofrezco:
Y en verdad, señora,
Llegáis á buen tiempo:
Aquí veis reunidos
Muchos caballeros.
Que á honrar han venido
£1 grato himeneo
De mi hija.

Arabela

Y acaso,

Señor, mis a-rentos
Turbarán su gozo.

Füz

No, señora.

Bohun

Creo,

Barón, que no es hora
El mejor momento
De escucharla: todo
Está ya dispuesto:
Esta noble dama
Después del torneo
Nos dirá....

Arabela

No; ahora.

Sabed, caballeros,
Que hay entre vosotros
Un vil, un perverso,
Que sordo á las voces
Del honor, se ha hecho

Indigno del nombre

Que le trasmitieron

Sus padres.

Todos

Nombradle.

Arabela

Mirad ahí el reo. (Señalando á Bohún).

Todos

¿De Bohún?

Arabela

El mismo.

FITZ-EUSTAQUIO.
Barón, ¿será cierto?

Bohun

¡Mentira! impostura!

¿Quién os dá derecho

De insultar mi nombre?

Barón, yo no puedo

Permitir.,..

Arabela

Malvado,

Cállate: este velo

Que cubre mi rostro

Te dá atrevimiento;

Pues mírame ahora. (Se alza el velo).

Bohun

(¡Ocúltame, infierno!)

Arabela

Conocedme todos.

Todos

Es ella.
FITZ-EUSTAQUIO.
¡Qué veo!

La viuda de Ralfo

De Bohún? ¿es sueño?

Arabela

No, no; soy la misma,

La que ese perverso

Sepultó en prisiones,

Su muerte fingiendo.
FITZ-EUSTAQUIO.
Sí, de vuestro hermano (A Bohún).

Es la viuda: ¡cielos!

Barón, esplicaos:

Decid qué misterio

Es este? Hace años

Que vos, bien me acuerdo,

Celebrar hicisteis

Con pompa su entierro.

Bohun

Y murió, no hay duda;

Cual vos me sorprendo

De que esta señora. • • •

Arabela

Cállate perverso:

Señores oídme.

Bohun

Calla, ó el aliento

Te arranco, infelice. ( Queriendo echarse sobre ella).

Füz

No, Barón: ¿qué es esto? (Conteniéndolo).

Arabela

¿Y no habrá, señores,

Algún caballero,

Que por mí se bata

Con este soberbio?

¿Cuál de entre vosotros

Me ofrece su acero?
Un cab. — Yo.

Otro

Yo, yo,

Alberto

No, nadie

Sino yo; y os ruego

Aceptéis, señora,

Mi brazo.

Arabela

Lo acepto!

Alberto

Gracias! (Con entusiasmo).

Arabela

Vuestro nombre?

Alberto

Mi nombre es Alberto,

Alberto, señora,

Nada mas; no tengo

Títulos brillantes,

Ni ilustres abuelos,

Ni padres, ni nada!

Nada; no poseo

Mas que un pecho honrado

De entusiasmo lleno:

Mi honor es mi padre,

Madre.... ¡no la tengo!

Mis títulos todos

En mi espada llevo.

En la Palestina

Combatí cual bueno:

Allí la fortuna

Coronó mi esfuerzo,

Y Ricardo mismo

Me armó caballero.

Mi nombre, mi gloria, (Con orgullo).

A nadie la debo.

Me colmáis de gozo,

Señora, admitiendo

Mi brazo, ¡qué dicha!

jMe concede el cielo

Ser de sus venganzas

Humilde instrumento?

Lo seré; no hay duda:

¡Ya hierve mi pecho!

¡Ya siento en mi alma

Sacrosanto fuego!

Arabela

Barón Fitz-Eustaquio,

Reclamo el derecho

Que le es concedido

A mi débil secso:

Yo pido un combate;

¡Combate sangriento,

En que la justicia

Se muestre del cielo!

De Dios en el juicio

Aparezca el reo:

Señalar os toca

El lugar y el tiempo.
FITZ-EUSTAQUIO.
A vuestra demanda

Negarme no puedo:

El terreno mismo,

Que para el torneo

Prevenido estaba,

Servirá al efecto.

Vos diréis la hora,

Barón. (A De Bohún\.

Bohun

¡Al momento!

Alberto

¡Bravo! en el instante!

Arabela

Oye, Ser Supremo, (Se arrodilla).

De esta desgraciada

El ferviente ruego. 16

Tú que el fondo miras
De mi triste pecho,
Tú que la justicia
Conoces que tengo,
Patente hazla al mundo,
Lanza desde el cielo
Contra quien te ultraja,,
Tu rayo tremendo:
Dale fuerza al brazo
De mi caballero:
Pronuncia tu fallo.
Señor, no lo temo,
Porque tú eres justo:

Sumisa lo espero. (Se levanta).

Joven, al combate
Marchad sin recelo:
En vuestras miradas
La victoria veo.

Alberto

La tendré, señora,

La tendré, lo espero.

Padre, bendecidme. (A Füz-Eustaquio, doblan»
FITZ-EUSTAQUIO.
Quiera el Ser Supremo do una rodilla).

Darte la victoria.

Alberto

Mia será, lo creo.

Bohun

¿Y sabes acaso,

Incauto mancebo,

A lo que te espones

Con ese ardimiento?

A vengarte aspiras

De agravios secretos;

No un fin generoso

Dirige tus hechos.

¡Qué loca esperanza!

Tu victoria es sueño,

Que cual humo al punto

Veráslo deshecho.

De mi espaJa ignoras

El terrible peso,

De mi fuerto lanza

— 125^

El golpe certero.
Sin duda serias
Un infante tierno,
Cuando ya mi nombre
Por el mundo entero
Volaba, sonando
De gloria cubierto:
Mil y mil heridas
Adornan mi cuerpo,

Y siempre en las lides
Triunfante me vieron:
¿Y tú, desdichado,
Que estás aprendiendo
De la guerra el arte,
Tú te jactas, necio,
De vencerme? ¡á risa
Tu loco denuedo

Me provoca!

Alberto

Basta;

Palabras dejemos,

Y hablen en el campo
No mas los aceros.

Voy á armarme al punto:
Ármate tú presto,

Y verás tu orgullo
En polvo deshecho:
Riqueza, blasones,
No podrán tu pecho
Garantir, malvado.
¡Al campo sangriento!

Bohun

A la muerte corres:

¡Ay de tí, mancebo!

¡Tiembla!

Alberto

¡Nunca!

Bohun

A armarnos,

Que ansioso te espero.

Alberto

¡Isabel, venganza!

Bohun

¡A la lid!

Alberto

Marchemos!

Acto tercero

ACTO TERCERO.

Gabinete gótico: puerta á la derecha qne conduce á lo demás del castillo: puerta

á la izquierda, que dá al dormitorio de Isabel: ventana con vidrios de colores

en el fondo, que se supone caer al patio del torneo, y cuyas hojas deben abrirse á

su tiempo: sillas ¿ce.

ESCENA I.

Leonor. (muy alegre).

¡Qué cambio tan repentino!

¿Con que ya no hay boda? buena!

Pues el chasco es muy pesado

Para el tal Barón; ¡me alegro!

¡Ah! mi pobre señorita

Estaba casi muriendo

De pesadumbre!' ¿A qué hora

Será por fin ese duelo?

De esta ventana que cae

Para el patio del torneo,

Vamos á ver lo que pasa

Por allá. ¡Qué dia tan bello! (Abre la ventana y

¡Qué bonita hubiera estado se asoma).

La función! Sí, por supuesto,

Para todos los demás;

Pero para el pobre Alberto,

Y mi señorita. •.. vamos,

Es mucho mejor que en esto

Haya parado. ¡Qué vista

Tan hermosa! allá á lo lejos

Se miran los "pabellones

De todos los caballeros:

Aquí el dosel de mi anota

Forrado en terciopelo:

Las gradas en derredor

Para que mirara el pueblo:

Allá están ya los Heraldos,

Y aun algunos caballeros,

Que pasean hablando:

Tal vez estarán sintiendo

No haberse dado porrazos.

¡Jesús, qué pesados juegos,

Tienen los tales señores!

¡Oh! también está allí Pedro:

Este que todo lo escucha,

Debe de saber de cierto

La hora del combate; vamos,

Lo llamaré. Hola! Pedro! (Llamándolo con pakna-

Pedro!.... nada; se hace sordo: das y gritos).

Eh! ya me oyó: sube presto,

Que quiero hablarte. No hay cosa ( Vuelve á la

Que pase aquí, que al momento escena).

No la sepa este criado;

Tiene el olfato de un perro

De caza. Mi señorita

Se ha entretenido allá dentro

Con Lady Arabela: ¡vaya!

Pues ha venido del cielo

La tal Arabela. ¡Hola!

¿Ya te hallas aquí? ¡me alegro)

16 #

ESCENA II.

Leonor, Pedro.

Pedro

Señora Leonor, ¿qué cosa
Se ofrece?

Leonor

* • Mi buen amigo,

Como tú todo lo sabes....

Pedro

¿Todo lo sé? ¿quién lo ha dicho?
Yo no sé nada, señora:
Es verdad que, como sirvo
En la casa y no soy tonto,
Lo que sucede averiguo,
Porque al fin.... ya me entendéis;
Pero no siempre consigo
Lo que deseo.

Leonor

Yo pienso

Que te hallas muy bien instruido
De lo que ha pasado ahora
En el gran salón.

Pedro

Os digo

Que no sé nada; mi amo
Me mandó salir: no he visto
Mas que entrar á esa señora,

Y que después ha salido
El Barón muy enojado,

Y un poco descolorido,
Repitiendo: ¡morirá!
¡Morirá! y el señorito
Alberto, por la otra puerta
Salió muy contento, y dijo
También ¡morirá!

Leonor

Y no mas?

Vamos, habla.

Pedro

Que ha pedido

La señora Baronesa
Un combate á muerte, un juicio
De Dios: que el Barón mi amo
Todo se lo ha concedido,
Y en el patio del torneo
Va á suceder ahora mismo.

Leonor

Todo eso lo sé; mas quiero
Saber la hora.

Pedro

¿Pues no digo

Que hora mismo? ya está pronto

£1 gran caballo tordillo

Del señor Alberto; falta

Nada mas que el señorito

Se acabe de armar. ¡Dios sabe

Quién morirá!

Leonor

Pues te digo

Que eres un tonto! El Barón
Será el que quede vencido.

Pedro

¿Qué sabemos? tiene un puño,
Que es capaz de hacer añicos
A una encina, y es valiente
Como un león.

Leonor

Pues yo afirmo,

Que Alberto triunfa.

Pedro

i Dios quiera!

¡Es tan bueno el pobrecito!

¡Ah! ¿no sabéis otra cosa

Que me han contado?

Leonor

¿Qué?

Pedro

Chito!

Por Dios, que nadie nos oiga.

Ese escudero que vino

Con la Baronesa. •..

Leonor

Vamos,

Habla pronto.

Pedro

Pues me ha dicho

Que el tal Barón es un monstruo,

Un bribón; el asesino

De su hermano, del buen Ralfo,

Que volviendo á su castillo,

Con Alfonso el escudero,

Fué por Walter sorprendido,

En un bosque; porque el monstruo

Las riquezas y los títulos

Envidiaba de su hermano,

Y también porque el inicuo
Amaba á Lady Arabela,

Y como fué su cariño
Despreciado, creció el odio
De Walter, hasta que impío
En el pecho de su hermano
Clavó bárbaro el cuchillo,

Leonor

* — ¡Malvado! ¿Mas por qué causa
Ha estado oculto el delito
Tanto tiempo?

Pedro

El escudero

Era el único testigo
Del crimen, y amenazado
Por Walter, y seducido
Tal vez, ha guardado siempre
El mas profundo sigilo,
Sirviendo al fiero Barón;
Hasta que hoy compadecido
De su señora, ha logrado,
En el instante propicio
De estar el Barón ausente,
Romper los pesados grillos
De Lady Arabela, y juntos
A reclamar han venido
La protección de los nobles
Caballeros que reunidos
Se hallan aquí.

Leonor

Quiera el cielo

Dar al infame el castigo

Que merece.

Pedro

Amen. Y ahora

Me voy con vuestro permiso;

Con que hasta luego. (Se vd).

Leonor

Que Dios

Te lleve por buen camino.

La señorita se acerca:

Aun está descolorido

Su semblante; no será

Por su futuro marido.

ESCENA III.

Lady Arabela, Isabel, Leonor.

Arabela

Tranquilízate, hija mia:
El écsito del combate
No es dudoso; el mismo cielo
Debe en él interesarse:
A veces el crimen triunfa,
Triunfa, sí; pero aunque tarde,
Las iras del cielo hieren
La cabeza del culpable.
¡Ay de aquel que á su grandeza
Pone cimientos de sangre!
El negro remordimiento
Le atormenta en todas partes,

Y cual serpiente, devora
Su corazón miserable;
Una voz terrible, fuerte,
Que acallar no puede nadie,
En su alma precita suena
Con acento formidable,

Y al fin un rayo del cielo
El abismo á sus pies abre:
Ese Barón orgulloso

Toca al fin de sus maldades.

Isabel

A vuestra voz, ¡oh señora!
Siento el peso aligerarse,
Que mi corazón oprime:
Sois una segunda madre
Para mí, y en vuestro seno
Deposito mis pesares.
La mano de Dios, señora,
Os mandó aquí como un ángel,
Que en el borde del abismo
Viene piadoso á salvarme:
Un dia tal vez, una hora
De dilación, ya era tarde!
jAy! vuestra bondad me anima
A descubriros mis males:
Ese joven generoso,
Que en el sangriento combate

Va á esponer por vos su vida,

Ese, señora, es mi amante.

Arabela

¿Y vuestro padre sabia..,,

Isabel

Nada.

Arabela

¿Y ante los altares,

En presencia del Eterno,

Ibais á jurar....

Isabel

¡O madre!

Compadecedme! temia

Que mi padre descargase

Sobre Alberto sus furores.

¡Ay! la maldición de un padre!...

Arabela

¿Y la de Dios? — ¡Pobre niña!

¡Una vida de pesares!

¡Un infierno! ¡y tan hermosa!

Tan buena! Yo á libertarte

Vengo, hija mia, no temas;

Alberto saldrá triunfante

De esta lucha, y luego....

Isabel

Luego

Me limitaré á adorarle

En secreto.

¿rfa— Acaso....

Isabel

¡Oh! nunca

Reveléis, señora,- á nadie
Mi amor: á vos solamente
He podido confiarle,
Porque el desgraciado busca
Quien escuche sus pesares»

ESCENA IV.

Dichos, Timoteo,

Timoteo

El Barón mi amo, señora,

Os busca; ya prevenido

Está todo.

Arabela

Voy al punto. (Se vá THmoteó).

Isabel

¡Llegó el momento, Dios mió!

Arabela

Mi presencia es necesaria;

Animo,* Isabel, propicio

Será el cielo: ¿venis vos?
I sa. — ¿Ir yo? ¡jamas! de este sitio

No puedo moverme!

Arabela

*— Entonces

Quedaos. ¡Oh Dios benigno,

Haz que la justicia triunfe! (Se vá).

Isabel

<— ¡Calma, Señor, mi martirio!

ESCENA V.

Leonor, Isabel.

J&«

■ ¡Leonor, Leonor; se acerca ya la hora!
¿Concibes tú mi situación impía?
Siento despedazarse el alma mia;
Una ansiedad horrible me devora:
¿Fatal incertidumbre! ¡quién pudiera

Adivinar el fin de ese combate!

¡Mi corazón con qué violencia late!

Al pecho el alma abandonar quisiera:

Ven ámi corazón, dulce esperanza,

Tú sola puedes sostener mi vida;

Tu voz consuele mi alma dolorida,

Que al porvenir con inquietud se lanza.

No puedo sosegar.

Leonor

Calmaos, señora,

Dentro de una hora....

üa.— Una hora todavía!

Es un siglo, Leonor! ¡bárbaro dia!

¡Ay! una eternidad será esa hora.

¿Ha sonado un clarín?

Leonor

No, nada suena;

Todo en silencio está.

Isabel

¡Gran Dios, qué lucha!

¡No puedo mas! alguno viene; escucha....

El es, que viene á consolar mi pena!

ESCENA VI.

Dichas, Alberto,

Isabel

¡Alberto!

Alberto

¡Amada!

Isabel bella!
Enjuga el llanto,
La faz serena;
¿No vez el gozo
Que me enagena?
¡Cuánto ha cambiado
La suerte nuestra!

Isabel

¡Ay! que mi alma

Siempre se encuentra
Entre zozobras.

Alberto

¡Oh! nada temas!

Isabel

Ese combate...*
AU). — Mi pecho llena

De una esperanza
Tan lisonjera!
Hace muy poco
Que la tristeza
Me devoraba,
¡Quién lo creyera!
Un solo instante,
Mi suerte adversa
•Cambia: ¡Dios mió!
Mi alma se anega
En gozo puro:
Ya por mis venas
La sangre corre
Con mayor fuerza*
Isabel mia,
¿Conque mi diestra
Puede de un monstruo
Purgar la tierra?
j Gloria, ventura!
¡Dicha suprema!
Rival odioso,
De tu sentencia
Sonó la hora,
Tu fin se acerca!
Ven, que tu sangre
Calme la hoguera
Que arde en mi alma
Con llama eterna.
Y tú, querida
Beldad escelsa,
Bálsamo dulce
De mi ecsistencia!
No temas; alza
Tu frente bella.
iY era posible
Que tú sufrieras,

Tú que has nacido

Para ser reina

De los mortales,

Tú que debieras

Ceñir tu frente

De una diadema?

Isabel

¡Alberto mió!

Tu voz me llena

De una esperanza,

Tal vez incierta;

Si por desgracia....

¡Qué horrible idea!

En el combate

Tú perecieras,

¿Qué fuera entonces

De mí en la tierra?

Alberto

No, no, bien mió;

Por Dios desecha

Esos temores,

Que te atormentan:

El cielo mismo,

La Providencia,

Tu amor, tus ojos,

Me darán fuerza:

Cesen tus lágrimas,

Que está muy cerca

De tu ventura

La hora suprema.

Toca, ¿no sientes (Llevando la mano de

Con qué violencia, Isabel á su corazón).

El pecho late

Donde tú imperas?

¿Piensas que acaso

De temor sea?

No, no, querida;

Es de impaciencia,

Es que la gloria

Todo lo llena.

137—

Isabel

¿No ves mis ojos
Cual centellean?
¿No sientes, dime,
La voz secreta
De la esperanza?
¡Ya no te acuerdas
De que á esta espada
Debí en la guerra
De mil victorias
La recompensa?
Mírala, hermosa,
¿No ves en ella
Feliz presagio,
Victoria cierta?
Esta es la misma
Que me ciñeras
Cuando animoso
Marché á la guerra
De Palestina,
¿No lo recuerdas?
Tócala, hermosa:
Tu mano bella
Le comunique
Celeste influencia.
Sí, sí, no hay duda;
Solo con verla,
A la esperanza
Mi alma se entrega:
Siento aliviarse
Todas mis penas,
¿Y tu armadura,
Dime, es aquella
Que antes llevabas?
Déjame verla.
Sí, sí, la misma.
¡Oh! quién pudiera
Ser el escudo
De tu defensa!

(Saca la espada).

(Ecsatninando su ar-
madura).

Alberto mió,

Acaso es esta

De nuestra vida

La hora postrera;

Pues bien, amigo,

Quiero que sepas

De mi amor puro

Toda la fuerza.

jSabes que te amo; (Con mucho fuego)*

Pero mi lengua

Nunca ha podido

Darte una idea

Del fuego activo

Que aquí me quema.

Hay sensaciones

Que no se espresan,

Que el alma toda

Nos basta apenas

Para sentirlas

Sin comprenderlas*

Nunca los hombres

Tienen idea

De lo que sienten

Las almas nuestras:

En las mugeres

Amor impera,

Cual rey despótico:

Nuestra ecsistencia

Toda él ocupa,

El solo llena.

Esta mañana...,

¡Bondad inmensa

De Dios, perdona

Mi culpa horrenda!

Vértigo insano

De mi cabeza

Se apoderaba:

Mi propia diestra

A dar fin iba

De mi ecsistencia:

Ya de un veneno....

Alberto

¡Isabel, cesa!

Cesa! tus voces

De horror me llenan!

¿Conque tú misma....

¿Y quién pudiera

Calmar entonces

Mi furia horrenda?

De sangre rios

Correr hiciera,

Y ya cansada

De herir mi diestra,

Contra mí mismo

La dirigiera:

jOh! no lo dudes,

Amiga bella,

Tu propia tumba

Mi tumba fuera!

¡Ah! por fortuna,

Ya mas risueña,

De la esperanza

La luz destella:

Verás muy pronto

Cuál tus cadenas

Caen á mi furia,

Rotas, deshechas.

¡Oh cuánto tarda

De la pelea

La hora!

Leonor

A la plaza

(Desde la ventana en donde ha estado desde el principio de la escena).

El Barón llega.

Alberto

¿Llega? ¡qué dicha!

Isabel

¡Gran Dios! las fuerzas

Me faltan. • •. (Sentándose).

Alberto

— Calma,

Calma tu pena:

Voy á vengarte,

¡Adiós! no temas.

Leonor querida,

Cuida tú de ella,

¡Adiós!

Isabel

Escucha

Por vez primera,

Quiero pedirte....

Alberto

¿Qué? dilo, ordena:

Yo soy tu esclavo,

Di qué deseas. dose).

Isabel

Dame un abrazo. (Con ternura, levantan

Alberto

¡Ah! dicha escelsa! (Abrazándola),

¡En este instante

Morir debiera!

¡Reyes del mundo,

Vuestra diadema

Por este abrazo

Trocar quisierais!

¡Soy invencible!

¡Tirano, tiembla!

Adiós, bien mió,

Adiós! me espera

Allí la gloria,

Voy á obtenerla! (Se vá precipitado).

ESCENA VII.

Isabel, Leonor.

(En toda esta escena hará Leonor grandes pausas, como lo in- dican los plintos en el diálogo).

Isabel

¡Alberto! ya partió, y acaso nunca
Le volverán á ver los ojos mios:
Estos ojos de lágrimas cubiertos,
En vano en esa puerta estarán fijos!

Acaso pronto, revolcado en sangre,
Aquí conducirán su cuerpo frió. •..
¡Ah! sobre su cadáver adorado,
Ecshalaré mis últimos suspiros!
£,£0— ¿Por qué pensar de un modo tan funesto?
El triunfará, señora; yo confio
En su justicia.
(Ruido de voces en el patio del torneo, que se oyen como de lejos).

Isabel

¿Escuchas esas voces?

La lucha va á empezar, ¡atroz martirio!
Ponte en esa ventana; yo no puedo,
Yo no tengo valor!

Leonor

(colocándose en la ventana). Desde este sitio
Se ve perfectamente lo que pasa:
Yo os lo referiré.

Isabel

¡Poder divino!

Dale valor á mi angustiado pecho!

Leonor

Lady Arabela ocupa el lugar mismo
Que para vos estaba destinado,
Y vuestro padre la acompaña.... el circo
Mandan los jueces despejar ahora....
Hora lo reconocen.... ya reunidos
A la señora Baronesa se hallan
Los demás caballeros.... hora altivo
Sobre un caballo, como su alma, negro,
Entra el Barón... da vuelta al campo... fijo
En su sitio está ya como una torre.

Isabel

¿Y Alberto? (Con inquietud).

Leonor

* — No le veo; no ha venido....

Ya, ya llega... ya salta la estacada:
Oid esos aplausos que su brío (Aplausos dentro).
Arranca del concurso, ¡bravo! bravo! (Aplaudiendo).
¡Qué hermoso está!

Isabel

¡Gran Dios! oye propicio

De esta infeliz el fervoroso ruego*(H¡ncdndose).
Tú á cuyo acento tiembla conmovido
El universo, tú, cuya mirada
El corazón penetra de tus hijos,

Truena, Señor, contra el malvado, truena!
Un rayo lanza contra el hombre impío,
Que ultrajó la virtud; anima el brazo
Del joven caballero que ha emprendido
De la justicia la defensa. ¡Oh padre!
¡Oh padre justo, omnipotente y pió!
Mírame aquí de lágrimas bañada,
Pronta á desfallecer, ¡ah! sin tu ausilio
No podré resistir á tantas penas:
Escucha de esta mísera el gemido:
Hasta tu trono refulgente suba
De mi dolor el penetrante grito.

Leonor

Ya el señorito Alberto dá la vuelta:
¡Con qué destreza rige á su tordillo,
Cuya rizada crin el viento ondea!
¡Oh qué hermoso caballo!.... todos fijos
Tienen en él los ojos.... ya se para:
Para acá está mirando el señorito:
Sin duda os busca, vedle un solo instante,
Tal vez el alma os manda en un suspiro.
Asomaos.
J sa. — ¡No puedo!

Leonor

Un solo instante, (Se asoma Isabel)»

Esto lo animará. Ya, ya os ha visto.

Isabel

¿Será la última vez? ¡Muero al pensarlo!

Leonor

Ya las lanzas enristran ¡oh Dios mió!
Van á dar la señal: por Dios, señora,
Por Dios, no la escuchéis.
(Queriendo taparle los oidos. Suena un clarín),

Isabel

¡Ah!

Leonor

(vuelve á la ventana). ¡Ya han partido!

Rayos parecen: ya se encuentran.... ¡cielos!
Las dos lanzas han dado á un tiempo mismo
En sus fuertes escudos, y en pedazos
Han saltado las dos.

Isabel

- (con la mayor ansiedad). ¡Oh qué suplicio!

Leonor

Vuelven atrás, y nuevas lanzas toman....

Ya vuelven á partir: ¿habéis oido (Ruido dentro).

El ruido de su choque formidable?

¡Qué furia, Eterno Dios!.... ¡Qué es lo que miro!

¡Santos del cielo!

Isabel

¿Qué?

Leonor

El señor Alberto. •. •

Isabel

¿Qué?

Leonor

¡Le falta el caballo; ya ha caído!

Isabel

¡Ah! (Cae desmayada).

Leonor

Pero no temáis, ya se levanta... (Sin verla).

Veo que la espada saca enfurecido....

El Barón también deja su caballo. •. •

Ya combaten á pié.... ¡oh Dios benigno! das).

Protégelo, protege su inocencia! (Ruido de espa-

¡Qué golpes! ¿No escucháis, señora, el ruido

De sus espadas? (viéndola). ¡Ay! la desdichada

Al peso cedió de su martirio:

Señorita.... está helada, es un cadáver.

Isabel

¡Leonor!...

Leonor

Ya vuelve; ¡pero qué estravío

Noto en sus ojos!
J sa. — (levantándose), ¡El ha muerto! ha muerto!. •..

¿El no ecsiste, Leonor, y yo respiro?....

¡Aun falta sangre que verter; mi sangre!

¡Ven, odioso Barón, el pecho mió

Rompe, rompe este seno que lo adora!

¡Yo te aborrezco, monstruo, te maldigo! (Con fuer-

Vamos, Leonor, corramos á encontrarlo: za).

Que su feroz acero, ya teñido

En la sangre de Alberto, en mí se cebe !

¡Acaben con mi muerte mis martirios!

¡Alberto era mi dios! lo idolatraba! (Con gran ter-

¡Vivir no quiero, si con él no vivo! nura).

¡Alberto! mi querer! mi bien! mi gloria!

¡Espérame un momento; ya te sigo!

Acto cuarto

ACTO CUARTO.

La decoración del primer acto.

ESCENA I.

Pedro, Timoteo y criados.

(Conducen desmayado y cubierto de sangre, al Barón de Bo~ hún, y lo colocan sobre las sillas),

Pedro

¡Cómo pesaba el difunto!

Timoteo

Como pesa todo muerto.

Vosotros retiraos. (Se van los demás criados),

Pedro

¿No lo dije, Timoteo,

Que la boda parecía

Mas bien que boda un entierro?

Mira si soy algún tonto.

Timoteo

¡Yo estoy como loco, Pedro!

A veces en solo un dia

Pasan acontecimientos,

Que en un año no han pasado.

Pedro

Pero viste qué denuedo

De los guerreros, ¡caramba!

Yo estaba helado.

Timoteo

¡Qué recio

Se daban, hombre! te digo
Que no he tenido mas miedo
En mi vida; ni aun de niño,
Cuando me contaban cuentos
De hechiceras y gigantes.

Pedro

Alguno llega: silencio.

ESCENA II.

Dichos, Isabel, Leonor.

Leonor

Deteneos.

Isabel

¿Dónde está?

¿Dónde está el fiero Barón?

Que rompa mi corazón;

Yo no quiero vivir ya:

¡Destino fatal! impío!

¿Dónde se halla mi adorado?

Quiero morir á su lado,

Sobre su cadáver frió. Barón),

Allí está.... mi bien.. •. (Señalando el cadáver del

Pedro

(conteniéndola). Señora,

¿Qué hacéis?

Isabel

, — Dejadme llegar:

Quiere con él espirar

Esta muger que lo adora.

Timoteo

¡Que lo adora! (Sorprendido).

Isabel

Sí, sayones,

Esa vida era la mia:

¡Y quién dividir podría

Jamas nuestros corazones!

¡Dejadme llegar, por Dios!

Juntos debimos vivir,

Pues hora juntos morir

Debemos también los dos.

¡Ah! si la piedad ois,

Soltadme.

Pedro

¿Pero qué hacéis?

Ese cadáver que veis

Es del Barón.

Isabel

(/Sorprendida), ¿Qué decís?

¿Pues Alberto?

Pedro

Se halla hora

Recibiendo el parabién

De su triunfo.

Isabel

(admirada). ¿He oido bien?

Timoteo

Sí; no lo dudéis, señora:

En el patio del torneo

Lo proclaman vencedor.

Isabel

¡Este es un sueño, Leonor!

Leonor

Sí, también soñar yo creo.

Isabel

Si es engaño, salir de él

Un punto será, y morir,

¡Cielos! ?mi Alberto vivir?

Pedro

Vive, señora.

Alberto

(dentro)*. ¡Isabel!

Isabel

El es ¡oh Supremo Ser! (Con trasporte).

El es: ¡sostenme, Leonor!

¡Antes me ahogaba el dolor;

Hora me agobia el placer!
( Queda desvanecida en los brazos de Leonor).

ESCENA III.

Dichos, Alberto.

Alberto

¡Isabel! Isabel!... ¿Pero qué veo?

Leonor, ¿qué es esto?

Leonor

El gozo la ha postrado.

Alberto

Oye mi voz, ¡óh dueño idolatrado!

¡Los ojos abre, en que mi dicha leo!

¡Isabel! ¡ah! ya vuelve, ¡cuan hermosa!

Ya palpita su seno blandamente:

Una sonrisa vaga dulcemente

En sus labios purísimos de rosa.

Alza esa frente candida y divina,

Ya eres libre, Isabel,

Isabel

¿Y es cierto?

Alberto

jEs cierto!

Mírame.

Isabel

Deja que te toque, Alberto,

¿Tanta ventura el cielo me destina?

No, no es una ilusión; tu ardiente mano

Torna á estrechar la moribunda mia:

¡En el sepulcro, Alberto, te creia!

¡Oh placer grande, inmenso, sobrehumano!

Pero dime, por Dios, ¿no estás herido?

¡Ah! si vieras, mi bien, cuánto he llorado!

¡Si supieras qué instantes he pasado!

¡No sé cómo sufrirlos he podido!

¡El cielo solo, la bondad del cielo,

Sostenerme ha podido en este día!

Pero ya vuelvo á verte, ¡qué §legría!

¡Trocó Dios en placer, mi amafgo duelo!

Gracias, gracias, Señor; ¡ah! la ventura

Perturba mi razón, Alberto mió:

A hablarme vuelve; dudo, desconfio:

Tanta dicha, ilusión se me figura.

Alberto

* — No, Isabel; es verdad.

Isabel

Mas tú caíste

Del caballo: Leonor vio tu caida,

Y al saberla pensé perder la vida;
Dime, dime por fin, cómo venciste.

Alberto

Menos fuerte mi caballo
Que el del furioso Barón,
En la segunda carrera
Por desgracia me faltó,

Y caímos; pero al punto,
Levantándome veloz,
Saco mi acero, este acero
Que jamas me abandonó:

A mi contrario me lanzo,

Que sin prever mi intención,
De su triunfo sonreía,
Lleno de orgullo feroz:
Su caballo desjarreto
En el instante: el Barón
Echa pié á tierra, y la espada
Saca ciego de furor:
El era, Isabel, mas fuerte,
No mas ligero que yo;

Y sus golpes evitando
Con destreza, la ocasión
Hallé al fin, que deseaba:
De cubrirse no cuidó

Por herirme, y al instante
Le tittpasé el corazón.
No pudo mas, y en el circo
Casi sin vida cayó.
General aplauso entonces
Sonar oigo en derredor:
/ Victoria, honor al valiente t
Todo el concurso gritó,

Y los heraldos y jueces
Me proclaman vencedor;
Pero en medio de esos gritos
Yo no escuchaba tu voz,
Tu voz para mí mas grata
Que la de la gloria.

Isabel

Yo,

Entre tanto combatida
De la inquietud mas atroz,
Desde mi estancia escuchando
El espantoso rumor
Del combate: á cada instante
Sintiendo en mi corazón
Mil muertes.... ¡qué no he pasado!
XiOs dos, Alberto, los dos
Los golpes hemos sentido,
Tú en el escudo, aquí yo. (Señalándose el corazori\.

Cierto es que tú no escuchabas

Entre las otras mi voz,

Y sin embargo sonaba

Con mas fuerza y mas ardor

Que todas; porque la mia

Por tí se elevaba á Dios.

Alberto

Sí, mi bien, y el Ser Supremo

Tu ruego grato escuchó,

Porque como tú, fué puro,

Ardiente como tu amor!

Isabel

* — Sí, como mi amor, Alberto;

¡Oh! nunca de mi pasión

He conocido la fuerza,

Hasta el instante de horror,

En que muerto te he creído. _

Alberto

¿Quién mas dichoso que yo?

Aunque jamas nos unamos,

Esa sublime espresion

De tu ternura, es mi dicha;

Te lo juro por mi honor:

Por el imperio del mundo

No cambio mi suerte, no!

Pero ya tu padre llega

Con los demás.

Isabel

* — ¿Tanto amor

No pagaré con mi mano

Alguna vez? ¡santo Dios!

¡No hay felicidad cumplida!

Alberto

¡Tal es nuestra condición!

ESCENA IV.

Dichos, Arabela, Fitz-Eustaquio, Pedro, Timoteo, Caba-

lleros.

-ARABELA.

Caballeros, ya habéis visto

De mi causa la justicia:

Del écsito del combate

Ninguna duda tenia:

De ese perverso en el cielo

La sentencia estaba escrita,

Llegó por fin, y ha pagado

Los crímenes de su vida.

Recibe, valiente joven, (A Alberto)*

La gratitud que me anima:

Tú fuiste el digno instrumento

De la justicia divina:

Tú rompiste mis cadenas:

Por tí cobro en este dia

Mis títulos usurpados,

Y mi libertad perdida.

Alberto

Basta, señora; lo que hice

El deber me lo imponía:

Como honrado caballero,

A la virtud oprimida

Mi espada ofrecí: del cielo

Es la victoria, no mia:

¡Dichoso yo que instrumento

Fui de las celestes iras!

Arabela

Mas no quedará sin premio,

Joven, tu noble osadía:

Por mi heredero te nombro;

Sí, yo no tengo familia:

¡Ay! me arrebató el tirano

El solo hijo que tenia!

Tú lo serás desde ahora,

Tú formarás la delicia

De mi vejez.

Alberto

¡Ah señora,

Tanta bondad!
FITZ-EUSTAQUIO.
Merecida

La tienes: como valiente

Te has portado en este dia:

Bien, hijo mió, también yo

Te debo mucho; esa víctima

A la desgracia arrancaste,

También te debe mi hija

Su libertad. ¡Ah! cuál fuera

Tu suerte, Isabel querida,

Enlazada para siempre

A ese monstruo de perfidia 1.

¡Tiemblo al pensarlo! un modelo

De honradez, yo lo creia;

Baronesa, aquí os condujo

La Providencia divina,

Para arrancar al infame

El velo que lo cubría.

Arabela

Sus crímenes espantosos

Sabéis ya: su mano inicua

Fué la que del digno Ralfo

Cortó la apreciable vida.

Ese escudero qué traje

Conmigo, y que en otros dias,

Fué cómplice involuntario

De Walter, la historia impía

Me ha referido..

Pedro

Señora,

Vuestro escudero suplica

Que ante esta ilustre asamblea,

Hablaros se le permita.
FITZ-EUSTAQUIO.
Haced que pase al instante. (A Pedro. Se vá).

Ven á mi pecho, hija mia,

Démosle gracias al cielo.

Del precipicio en la orilla

Te ha salvado: sus bondades

Hacia mí, son infinitas.

ESCENA ULTIMA.

Dichos, Alfonso, Pedro.

Pedro

Entrad.

Arabela

Entrad, el noble Fitz-Eustaquio

De hablar en su presencia os da permiso.
Decid lo que queréis.

Alberto

— Noble señora,

Y vosotros también, ¡oh esclarecidos
Caballeros 1 oid: Ya las maldades

De Walter conocéis, del que yo he sido
Cómplice involuntario, y vos, señora
Perdonáis generosa mi estravío.
Pero hay otro secreto, un gran secreto,
Que esperaba, señora, descubrirlo
Después de ese combate; cuando el cielo
Castigara de Walter los delitos.

Arabela

Habla, Alfonso, declara cuanto sepas.

Alberto

El cielo que me escucha es buen testigo

Del gozo que me anima, y que en mi abono
Está escrita en el libro del destino,
Una acción buena: ai, señora, Walter,
De su ambición frenética impelido,
A toda costa quiso de su hermano
Las riquezas poseer, y grandes títulos.
Vuestro hijo era el legítimo heredero;
Deshacerse intentó del tierno niño,

Y á mí me encomendó su asesinato,
Porque ya entonces me juzgó el inicuo
Incapaz de faltarle: de este modo
Logré tener en mi poder al hijo

De mi buen amo, y engañando al monstruo,

Que su muerte creyó, del tierno niño

Salvé los días.

Arabela

¡Como! qué he escuchado!

¿Y vive?

Alfonso

Vive.

Arabela

Es cierto? Dios benigno!

Cuánta ventura ! ven, que yo te abrace,

Alfonso: ven.... mas dime, dime el sitio

Donde se encuentra: dímelo.

Alfonso

Escuchadme.

Al infante tomé, cuyos gemidos

El corazón mas duro conmovieran,

Y conociendo el corazón benigno

Del noble Fitz-Eustaquio, en el instante

Me dirigí en silencio á este castillo:

No estabais vos en él; (á Fitz-Eustaquio)

pero en la senda
Que á él conduce, el depósito querido
Dejé, esperando inquieto el resultado,
Observándolo todo sin ser visto,
Pues la maleza me ocultaba: entonces
Os vi llegar; señor vi que movido
De ternura hacia el niño desgraciado,
Al pecho lo estrechabais compasivo,

Y aquí le condujisteis.

Alberto

¡Que oigo, cielos!

FITZ-EUSTAQUIO.
¿Qué dices? conque Alberto....

Alfonso

Sí, ese mismo,

Ese valiente, generoso joven

Que os ha vengado

Arabela

Es él?....

Alfonso

Es vuestro hijo.

Arabela

Hijo!... (estrechando á Alberto)

Alberto

Madre L... (echándose en sus brazos.)

FITZ-EUSTAQUIO.
Que dicha!

Isabel

• (No es un sueño? (con gozo*)

Es noble? ¡que ventura! será mió!)

(Por un gran rato queda Alberto abrazado á La-
dy Arabela 9 llorando de ternura, y de júbilo: se-
para un poco su rostro, la contempla con una mi-
rada ávida y llena de amor. Lo que sigue lo
dice con muchísimo fuego, y ternura )

Alberto

Madre!.... madre! repetir
Dejadme ese nombre amado,
Y en vuestro pecho abrasado
Vuestro corazón sentir.
Sí, yo lo siento latir
Contra el mió. *.. ¡qué placer!

¡Dicha inmensa! ¡Eterno Ser,
Ya puedes tomar mi vida!
¡Oh madre, madre querida!
Al fin te consigo ver.

¡Cuánto, cuánto padecí
Por no conoceros ¡Dios!
Y vos entre tanto, vos,
Llorando también por mí?
Ah! ya me teneú» aquí:
Apenas mi dicha creo!
¡Oh madre! os escucho, os veo,
En vuestros brazos estoy!
Ya soy feliz, ya lo soy!
Cumplió el cielo mi deseo!

Madre! á la naturaleza,

A mi pecho, al mismo Dios,

Yo preguntaba por vos,

Devorado de tristeza:

Ay! en este instante empieza

Mi ecsistencia, mi alegría... «

Arabela

Hijo! • • • • (con trasporte vivísimo)

Alberto

> — Madre.... hermoso dia!

Mil veces hijo llamadme!

Venid todos, abrazadme:

Padre.... Isabel.... Madre mia!

\Arabela, Fitz-Eustaquio é Isabel lo rodean abrazán-
dolo, y cae el telón.)

Elenco vivo 17 personajes · 2,674 versos

Pulsa un personaje: sus intervenciones quedan iluminadas y las demás en penumbra. Los versos se cuentan por línea del impreso; las coincidencias, por escena compartida.

PersonajeVersosInterv.JornadasPrimera apariciónCoincide con
82581J1, J2, J3, J4J1Isabel, Timoteo, Pedro
648104J1, J2, J3, J4J1 · esc. 4Alberto, Leonor, Timoteo
35945J2J2 · esc. 3Isabel, Alberto, Todos
24844J1, J2, J3, J4J1 · esc. 1Timoteo, Alberto, Leonor
18640J2, J3, J4J2 · esc. 1Isabel, Pedro, Alberto
17232J1, J2, J3, J4J1Alberto, Isabel, Timoteo
14328J1, J3, J4J1Pedro, Alberto, Isabel
215J2J2 · esc. 8Todos, Bohun, Alberto
214J4J4 · esc. 5Pedro, Isabel, Arabela
141J1J1 · esc. 1Timoteo, Pedro
131J3J3 · esc. 5Leonor, Isabel
91J2J2 · esc. 1Leonor, Isabel
95J2J2 · esc. 8Bohun, Alberto, Otro
21J2J2 · esc. 4Isabel, Bohun, Alberto
22J2J2 · esc. 10Todos, Otro, Bohun
11J2J2 · esc. 3Isabel, Bohun
11J2J2 · esc. 10Todos, Füz, Bohun

Partitura métrica 76 cambios de medida

La música estructural de la comedia: cada tramo es un parlamento, su ancho son sus versos y su color, la medida que La Báscula reconoce. Lope recomendaba décimas para las quejas, sonetos para los que aguardan, romances para las relaciones y redondillas para el amor: aquí se ve dónde cambia. Versión de medida, no de estrofa (romance y redondilla comparten el octosílabo); la estrofa viene después. Pulsa un tramo para ir al pasaje.

Acto primero
Acto segundo
Acto tercero
Acto cuarto

octosílabos 47 % · endecasílabos 22 % · silva 1 % · hexasílabos 8 % · mixto 22 %

Expediente

Autor
Fernando Calderón y Beltrán
Obra
El torneo
Jornadas
4
Personajes
17
Versos
2,674
Versificación
octosílabos 47 % · endecasílabos 22 % · silva 1 % · hexasílabos 8 % · mixto 22 % medida por La Báscula
Fuente
archive.org: obraspoticasded00caldgoog_djvu.txt
Estructura
el-torneo.json (jornada › escena › parlamento › verso; acotaciones aparte)
Cita recomendada
Fernando Calderón y Beltrán, El torneo, Poetósfera · Teatrósfera, poetosfera.com/teatro/el-torneo.html

Texto de dominio público, levantado de su impreso y reproducido íntegro con atribución. El hablante se normaliza (la abreviatura del impreso se expande); el verso no se toca. ¿Ves una errata o conoces una edición mejor? Escríbenos desde Sobre la casa.