TEATRÓSFERA · EL TEXTO CUANDO ENTRA EN ESCENA  

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José Echegaray

El gran Galeoto

4 jornadas · 11 personajes · 3,840 versos

Modo

Diálogo preliminar

Diálogo

La escena representa un gabinete de estudio. A la izquierda un balcón:
á la derecha una puerta: casi en el centro una mega con papclis,
libros y un quinqué encendido: hacia la derecha un sofá. Es de
noche.

ESCENA PRIMERA.

ERNESTO sentado á la mesa y como preparándose á escribir.

Ernesto

¡Nada!... ¡Imposible!... Esto es luchar con lo imposi-
ble. La idea está aquí: bajo mi ardorosa frente se agi-
ta; yo la siento; á veces luz interna la ilumina, y la
veo... La veo con su forma flotante, con sus vagos
contornos, y de repente suenan en sus ocultos senos
voces que la animan, gritos de dolor, amorosos suspi-
ros, carcajadas sardónicas... ¡todo un mundo de pa-
siones ' ..tí viven y luchan! .. y fuera de mí se lanzan.
y ámi alrededor se extienden, y los aires llenan! En-
tonces, entonces me digo á mí mismo: — «este es el
instante,» — y tomo la pluma, y con la mirada fija en
el espacio, con el oído atento, conteniendo los latidos
del corazón, sobre el papel me inclino... pero, ¡ab sar-
casmo de la impotencia!... ¡Los contornos se borran,
la visión se desvanece, gritos y suspiros se extin-

guen... y la nada, lu nada rae rodea!... ¡La monotonía
del espacio vacío, del pensamiento inerte, del can-
sancio soñoliento! Más que todo eso: la monotonía de
una pluma inmóvil y de un papel sin vida, sin la vida
de la idea. ¡Ah!... ¡Cuántas formas tiene la nada, y
cómo se burla, negra y silenciosa, de creadores de
mi estofa! Muchas, muchas formas: lienzos sin colo-
res, pedazos de mármol sin contornos, ruidos confu-
sos de caóticas vibraciones; pero ninguna más irri-
tante, más insolente, más ruin que esta pluma mi-
serable, (Tirándola.) y que esta hoja en blanco. ¡Ah!...
no puedo llenarte, pero puedo destruirte, cómplice
vil de mis ambiciones, y de mi eterna humillación f
Así... así... más pequeños... aún más pequeños...

(Rompiendo el papel.— Pausa.) ¿Y qué?... La fortuna que

nadie me ha visto; que por lo demás, estos furores
son ridículos y son injustos. No... pues yo no cedo.
Pensaré más, más... hasta vencer, ó hasta estrellar-
me. No; yo nunca me doy por vencido. Á ver... á
ver si de este modo...

ESCENA II.

ERNESTO, D. JULIÁN. Éste por la derecha, de ítac y eon el abri-

go al brazo.

Ernesto

(Asomándose á la puerta, pero sin entrar.) Hola, ErUCSlO.

¡Don Julián!

¿Trabajando aún?... ¿Estorbo?...
(Levantándose.) ¡Estcrbar!... ¡Por Dios, don Julián!...
Entre usted, entre usted. ¿Y Teodora? (d. Julián entra.)
Del Teatro Real venimos. Subió ella con mis herma-
nos al tercero á ver no sé qué compras de Mercedes,
y yo me eücaminaba hacia mi cuarto cuando vi luz
en el tuyo, y me asomé á darte las buenas noches.
¿Mucha gente?

Don Julián

Mucha, como siempre; y todos los amigos me pregun-
taron por tí. Extrañaban que no hubieses ido.

Ernesto

¡Oh!... qué interés!

Don Julián

El que tú mereces, y aún es poco. Y tú, ¿has aprove-
chado estas tres horas de soledad y de inspiración?

Ernesto

De soledad, sí; de inspiración, no. No vino á mí, aun-
que rendido y enamorado la llamaba.

Don Julián

¿Faltó á la cita?

Ernesto

Y no por vez primera. Pero si nada hice de provecho,

hice en cambio un provechoso descubrimiento.

Don Julián

¿Cuál?

Ernesto

Este: que soy un pobre diablo.

Don Julián

¡Diablo! Pues me parece descubrimiento famoso.

Ernesto

Ni más, ni menos.

Don Julián

¿Y por qué tal enojo contigo mismo? ¿No sale acaso

el drama que me anunciaste el otro dia?

Ernesto

¡Qué ha de salir! Quien sale de quicio sov yo.

Don Julián

¿Y en qué consiste ese desaire que juntos hacen la

inspiración y el drama á mi buen Ernesto?

Ernesto

Consiste en que al imaginarlo, yo creí que la idea del
drama era fecunda, y al darle forma, y al vestirla con
el ropaje propio de la escena, resulta una cosa ex-
traña, difícil, antidramática, imposible.

Don Julián

Pero, ¿en qué consiste lo imposible del caso? Vamos,
dime algo, que ya voy entrando en curiosidad, (Sen-
tándose en el sofá.)

Ernesto

Figúrese usted que el principal personaje, el que
crea el drama, el que lo desarrolla, el que lo anima,
el que provoca la catástrofe, el que la devora y la
goza, no puede salir á escena.

Don Julián

Tan feo es? tan repugnante ó tan malo?

Ernesto

No es eso. Feo, como cualquiera: corno usted ó como
yo. Malo, tampoco: ni malo, ni bueno. Repugnante,
no en verdad: no soy tan escéptico, ni tan misán-
tropo, ni tan desengañado de la vida estoy, que tal
cosa afirme, ó que tamaña injusticia cometa.

Ernesto

O. Julián.

Ernesto

I). Julián.

Ernesto

Pues entonces ¿cuál es la causa?
Don Julián, la causa es, que el personaje de que se
trata no cabría materialmente en el escenario.
Virgen santísima, y qué cosas dices! Es drama mito-
lógico por ventura y aparecen los titanes?
Titanes son; pero á la molerna.
En suma?

En suma, ese personaje es... lodo el mundo, que es
una buena suma!

Todo el mundo] pues tienes razón, todo el mundo no
cabe en el teatro; lié ahí una verdad indiscutible y
muchas veces demostrada.
Pues ya ve usted, como yo estaba en -¡lo cierto.
No completamente. Todo el mundo puede condensar-
se en unos cuantos tipos ó caracteres. Yo no entien-
do de estas materias, pero tengo oido que esto han
hecho los maestros más de una vez.
Sí, pero en mi caso, es decir, en mi drama, no pue-
de hacerse.
Por qué?

Por mucbaí razones, que fuera largo el explicar y
sobre todo á estas horas.
No importa: vengan algunas de ellas.
Mire usted, cada individuo de esa masa total, cada
cabeza de ese monstruo de cien mil cabezas, de ese
titaa del siglo, que yo llamo todo el mundo, toma
parte en mi drama un instante brevísimo, pronuncia
una palabra no más, dirige una sola mirada, quizá
toda su acción en la fábula es una sonrisa: aparece
un punto y luego se aleja: obra sin pasión, sin saña,
sin maldad, indiferente y distraído; por distracción
muchos veces.
Y qué?

Que de esas palabras sueltas, de esas miradas fuga-
ces, de esas sonrisas indiferentes, de todas esas pe-
queñas murmuraciones y de todas esas pequeñísi-

D. Juüun.

Don Julián

mas maldades; de iodos esos, que pudiéramos llamar,
rayos insignificantes de luz dramática, condensados
en un foco y en una familia, resulta el incendio y la
explosión, la lucha y las víctimas. Si yo represento la
totalidad de las gentes por unos cuantos tipos ó per-
sonajes simbólicos, tengo que poner en cada uno k)
que realmente está disperso en muchos, y resulta
falseado el pensamiento; unos cuantos tipos en es-
cena, repulsivos por malvados, inverosímiles porque
su maldad no tiene objeto; y resulta ademas el peli-
gro de que se crea que yo trato de pintar una socie-
dad infame, corrompida y cruel, cuando yo sólo pre-
tendo demostrar, que ni aun las acciones más insig-
nificantes, son insignificantes ni perdidas para el bien
•ó para el mal, porque sumadas por misteriosas in-
fluencias de la vida moderna pueden llegar á produ-
cir inmensos efectos.

Mira, no sigas, no sigas: todo eso es muy metafísico.
Algo vislumbro, pero al través de muchas nubes. En
fin, tú entiendes de estas cosas más que yo: si se
tratase de giros, cambios, letras y descuentos otra
cosa sería.

¡Oh, no: usted tiene buen sentido, que es lo prin-
cipal!

Gracias, Ernesto, eres muy amable.
Pero está usted convencido?
No lo estoy. Debe haber manera de salvar ese incon-
veniente.
Si fuera ese solo!
Hay más?

Ya lo creo. Dígame usted ¿cuál es el resorte dramá-
tico por excelencia?

Hombre, yo no sé á punto fijo qué es eso que tú lla-
mas resorte dramático; pero yo lo que te digo, es qu«
no me divierto en los dramas en que no hay amo-
res, sobre todo amores desgraciados, que para amo-

res felices tengo bastante con el de mi casa y con
mi Teodora.

Ernesto

Bueno: magnifico: pues en mi drama casi, casi, no
puede haber amores.

Don Julián

Malo, pésimo, digo yo. Oye, no sé lo que es tu dra-
ma, pero sospecho que no va á interesar á nadie.

Ernesto

Ya se lo dije yo á usted. Sin embargo, amores pue-
den ponerse y hasta celos.

Don Julián

Pues con eso, con una intriga interesante y bien
desarrollada, con alguna situación de efecto...

Ernesto

No, señor; eso sí que no: todo ha de ser sencillo'
corriente, casi vulgar... como que el drama no pue-
de brotar á lo exterior. El drama va por dentro de
los personajes: avanza lentamente: se apodera hoy
de un pensamieato, mañana de un latido del cora-
zón: mina la voluntad poco á poco.

I). Julián. Pero todo eso en qué se conoce? esos estragos inte-
riores qué manifestación tienen? quién se los cuenta
al espectador, dónde los ve? Hemos de estar toda la
noche á caza de una mirada, de un suspiro/ de un
gesto, de una frase suelta! Pero, hijo, eso no es di-
vertirse! para meterse en tales profundidades sej es-
tudia filosofía!

Ernesto

Nada: repite us ted como un eco todo lo que ryo
estoy pensando.

Ü. Julián. No; yo tampoco quiero desanimarte. Tú sabrás lo que
haces. Y., ¡vaya!... aunque el drama sea un poco
pálido, parezca pesado y no interese... con tal que
luego venga la catástrofe con bríos... Jy que la ex-
plosión... ¿eh?

Ernesto

¡Catástrofe... explosión!... casi casi, cuando cae el
telón.

D. Jclun. ¿Es decir, que el drama empieza cuando el drama
acaba?

Ernesto

Estoy por decir que sí; aunque yo ya procuraré
ponerle un poquito de calor.

Ernesto

1). Julián.

Ernesto

f). Jblian.

Don Julián

Mira; lo que has de hacer es escribir ese segundo
drama, ese que empieza cuando acaba el primero;
porque el primero, según tus noticias, no vale la
pena y ha de darte muchas.
De eso estaba yo convencido.

Y ahora lo estamos los dos; tal maña te has dado, y
tal es la fuerza de tu lógica. ¿Y qué título tiene?
¡Título!... Pues esa es otra... Que no puede tener
título.

¿Qué?... ¿Qué dices?... ¡Tampoco!...
No, señor; á no ser que lo pusiéramos en griego para
mayor claridad, como dice don Hermógenes.
Vamos, Ernesto; tú estabas durmiendo cuando llegué;
soñabas desatinos y me cuentas tus sueños.
¿Soñando?... si. ¿Desatinos?... tal vez. Y sueños y
desatinos cuento. Usted tiene buen sentido y en todo
acierta.

Es que para acertar en este caso no se necesita gran
penetración. Un drama en que el principal personaje
no sale; en que casi no hay amores; en que no sucede
nada que no suceda todoá los dias; que empieza al
caer el telón en el último acto, y que no tiene título,
yo no sé cómo puede escribirse, ni cómo puede re-
presentarse, ni como ha de haber quién lo oiga, ni
cómo es drama.

¡Ah!... Pues drama es. Todo consiste en darle forma,
y en que yo no sé dársela.
¿Quieres seguir mi consejo?

¿Su consejo de usted?... ¿De usted, mi amigo, mi
protector, mi segundo padre? ¡Ah!... ¡Don Julián!...
Vamos, vamos, Ernesto, no hagamos aquí un drama
sentimental á falta del tuyo que hemos declarado
imposible. Te preguntaba si quieres seguir mi con-
sejo.

Y yo decía que sí.

Pues déjate de dramas, acuéstate, descansa, vente á

cazar conmigo mañana, mata unas cuantas perdices
con lo cual te excusas de matar un par de personajes
de tu obra, y quizá de que el público haga contigo
otro tanto, y á fin de cuentas tú me darás las gracias.

Ersesto. Eso sí que no. El drama lo escribiré.

Don Julián

Pero, desdichado; tú lo concebiste en pecado mortal.

Ernesto

No sé cómo; pero lo concebí. Lo siento en mi cere-
bro; en él se agita; pide vida en el mundo exterior,
y he de dársela.

D. Jolian. Pero, ¿no puedes buscar otro argumento?

Ernesto

Pero, ¿y esta idea?

Don Julián

Mándala al diablo.

Ernesto

¡Ah, don Julián! ¿Usted cree que una idea que
se ha aferrado aquí dentro se deja anular y destruir
porque así nos plazca? Yo quisiera pensar en otro
drama, pero este, este maldito de la cuestión no le
dejará sitio hasta que no brote al mundo.

Don Julián

Pues nada... que Dios te dé feliz alumbramiento.

Ernesto

Ahí está el problema, como dice Hamlet.

D. Jolian. ¿Y no podrías echarlo á la inclusa literaria de las

Obras anónimas? (En voz baja y coa misterio cómico.)

Ernesto

¡Ah, don Julián! Yo soy hombre de conciencia. Mis

hijos, buenos ó malos, son legítimos; llevarán mi

nombre.

Don Julián

(Preparándose á salir.) No digo más. Lo que ha de ser

está escrito.

Ernesto

Eso quisiera yo. No está escrito por desgracia; pero

no importa, si yo no lo escribo otro lo escribirá.

Don Julián

Pues á la obra; y buena suerte, y que nadie te tome

la delantera.

ESCENA III.

ERNESTO, D. JULIÁN, TEODORA.

Teobora. (Desde fuera..) ¡Julián!. . ¡Julián!...

-15

D. Julián,

Teodora

Ernesto-;

Ernesto

D. Julián-

Teodora

D. Julun.

Es Teodora.
¿Estás aquí Julián?

(Asomándose á la puerta.) Sí; aquí estoy; entra.

(Entrando.) Buenas noches, Ernesto.

Buenas noches, Teodora. ¿Cantaron bien?
Como siempre. ¿Y usted ha trabajado mucho?
Como siempre: nada.

Pues para eso, mejor le hubiera sido acompañarnos.
Todas mis amigas me han preguntado por usted.
Está visto que todo el mundo se interesa por mí.
¡Ya lo creo!... Como que de todo el mundo vas á ha-
eer el principal personaje de tu drama. Figúrate si
les interesará tenerte por amigo,
(con curiosidad.) ¿Un drama?

¡Silencio!... Es un misterio... no preguntes nada. Ni
título, ni personajes, ni acción, ni catástrofe... ¡!o su-
blime! Buenas noches, Ernesto. Vamos, Teodora.
Adiós, don Julián.
Hasta mañana.
Buenas noches.

(Á d. Julián.) Qué preocupada estaba Mercedes.
Y Severo hecho una furia.
¿Por qué sería?

¡Qué sé yo! En cambio Pepito, alegre por ambos.
Ese siempre. Y hablando mal de todos-
Personaje para el drama do Ernesto, (salen Teodora y

D. Julián por la derecha.)

ESCENA IV.

Ernesto

Erxesto. Diga lo que quiera don Julián, yo no abandono mi
empresa. Fuera insigne cobardía. No, no retroce-
do... adelante. (Se levanta y se pasea agitadamente.

Después se acerca &V b?.kon.) N<>che, protégeme; que ea

16 EL GRAN GALEOTO.

tu negrura, mejor que en el manto azul del día, se
dibujan los contornos luminosos de la inspiración.
Alzad vuestros techos, casas mil de la heroica villa,
que, por un poeta en necesidad suma, no habéis de
hacer menos que por aquel diablillo cojuelo que tra-
viesamente os descaperuzó. Vea yo entrar en vues-
tras salas y gabinetes damas y caballeros buscando,
tras las agitadas horas de públicos placeres, el noc-
turno descanso. Lleguen á mis aguzados oidos las
mil palabras sueltas de todos esos que á Julián y
Teodora preguntaban por mí; y como de rayos dis-
persos de luz, por diáfano cristal recogidos, se ha-
cen grandes focos; y como de líneas cruzadas de
sombra se forjan las tinieblas, y de granos de tierra
los montes, y de gotas de agua los mares; así yo, de
vuestras frases perdidas, de vuestras vagas sonrisas,
de vuestras miradas curiosas, de esas mil trivialida-
des que en cafés, teatros, reuniones y espectáculos
dejais dispersas, y que ahora flotan en el aire, forje
también mi drama, y sea el modesto cristal de mi
inteligencia, lente que traiga al loco luces y som-
bras, para que en él brote el incendio dramático y la
trágica explosión de la catástrofe. Brote mi drama,
que hasta título tiene, porque allá, bajo la luz del
quinqué, veo la obra inmortal del inmortal poeta
florentino, y dióme en italiano lo que en buen es-
pañol fuera buena imprudencia y m?.la osadía escri-
bir en un libro ó pronunciar en la escena. Frances-
ca y Paolo, válganme vuestros amores, (sentándose á

la mes» y preparándose á escribir.) ¡Al drama!... El dra-
ma empieza! Primera hoja: ya no está en blanco... ya

tiene título. (Escribiendo.) El GRAN GALEOTO. (Escribe
febrilmente.)

Acto primero

ACTO PRIMERO.

La escena representa un salón en casa de Don Julián.

En el fondo una gran puerta: tras ella un pasillo trasversal: después

la puerta del comedor, que permanece cerrada hasta el final del

acto. — A la izquierda del espectador, en primer término, un balcón;

en segundo término, una puerta. — A la derecha, en primero y se-

gundo término respectivamente, dos puertas. — En primer término, á

la derecha, un sofá; á la izquierda una pequeña mesa y una butaca.

Todo lujoso y espléndido.

Es de dia, á la caida de la tarde.

ESCENA PRIMERA.

Teodora, Don Julián

Teodora asomada al halcón: Don Julián

sentado en el sofá y pensativo.

Teodora

¡Hermosa puesta de sol!

¡ qué nubes , qué luz , qué cielo!
Si en los espacios azules
está el porvenir impreso,
como dicen los poetas
y nuestros padres creyeron ;
si en la esfera de zafir
escriben astros de fuego,
de los humanos destinos

el misterioso secreto,
y es esta expléndida tarde,
página y cifra del nuestro,
¡que' venturas nos aguardan,
qué porvenir tan risueño,
cuáDta vida en nuestra vida,
cuánta luz en nuestro cielo !

¿No es verdad? (Dirigiéndose á Julián.)

Pero ¿qué piensas?
Ven Julián: mira aquel léios.
¿No me contestas?
Julián. (Distraido.) ¿Qué quieres?

TEODORA. (Acercándose á él.)

¿No me escuchaste?
Julián. El deseo

siempre está donde estás tú,

que eres su imán y su centro;

pero á veces importunos,

acosan al pensamiento,

preocupaciones, cuidados,

negocios...

Teodora

De que reniego,

pues de mi esposo me roban

la atención, si nó el afecto.

Pero ¿qué tienes, Julián? (Con sumo cariño.)

algo te preocupa, y serio

debe ser, pues hace rato

que estás triste y en silencio.

¿Tienes penas, Julián mió?

pues las reclama mi pecho,

que si mis dichas son tuyas,

tus tristezas yo las quiero.
Julián. ¿Penas? ¡siendo tú dichosa!

¿Tristezas? ¡cuando poseo

de todas las alegrías

en mi Teodora el compendio!

Don Julián

En mostrando tu semblante,
de la salud de tu cuerpo
como fruto, esas dos rosas ;
y tus ojos ese fuego,
que es el resplandor del alma
que se extiende por dos cielos;
en sabiendo, como sé,
que yo solo soy tu dueño,
¿qué tristezas, ni qué penas,
ni qué sombras, ni qué duelos,
pueden impedirme ser,
del corazón basta el centro,
el hombre más venturorso
que existe en el universo?
¿Y tampoco son disgustos
de negocios?

El dinero
no me hizo perder jamás
ni el apetito ni el sueño:
y como siempre le tuve,
no aversión, mas sí desprecio,
él se vino hacia mi3 arcas
sumiso como un cordero.
Y fui rico, y rico soy,
y hasta que muera de viejo,
Don Julián de Garagarza,
en Madrid, Cádiz y el Puerto,
gracias á Dios y á su suerte,
será, Teodora, el banquero,
si nó de mayor fortuna,
más seguro y de más crédito.
Pues bien, entonces ¿por qué
estabas hace un momento
tan preocupado?

¡Pensaba!
y pensaba en algo bueno.

Teodora

No es maravilla, Julián ,

siendo tujo el pensamiento, (con mimo.)
Julián. ¡Lisonjera! ¡no me adules!

Teodora

Pero sepa jo que' es ello.
Julián. Queria encontrar remate

para cierta obra de mérito.

Teodora

¿Para la fábrica nueva?
Julián. No es obra de piedra y fierro.

Teodora

¿Pero es?....
Julián. De misericordia

obra, y de lejanos tiempos

deuda sagrada.

TEODORA. (Con alegría natural y expontánea.)

Ya sé.
Julián. ¿Sí?

Teodora

Pensabas en Ernesto.

Julián. Acertaste.

Teodora

¡Pobre chico!

bien hacías. ¡ Es tan bueno,

tan noble, tan generoso!
Julián. Todo á su padre: ¡ modelo

de lealtad y de hidalguía !

Teodora

¡ Vaya ! ¡ y de mucho talento !

veintiséis años... ¡y sabe!

¿qué se yo?.... si es un portento.
Julián. ¿Si sabe? ¡pues ahí es nada!

y ese es el mal: porque temo

que allá perdido en sublimes

esferas su pensamiento,

no sepa andar por el mundo,

que es prosaico y traicionero,

y no se paga jamás

de sutilezas de ingenio,

hasta tres siglos después

de habérselas dicho el muerto.

Teodora

En teniéndute por guía...

porque tú, Julián... ¿no es cierto?
no piensas abandonarle.

Julián. ¡ Abandonarle ! muy negro

era menester que fuese
el corazón que en el pecho
me late, para que yo
olvidase lo que debo
á su padre. Por el mió
arriesgó Don Juan de Acedo
nombre y caudal, y la vida
acaso. Si ese mancebo
necesita de mi sangre,
que la pida; que la tengo
siempre dispuesta á pagar
deudas del nombre que llevo.

Teodora

¡Bien, Julián! ¡ese eres tú!

Julián. Tú lo viste: me dijeron

hace un año, ó poco más,

que el buen Don Juan era muerto,

y que su hijo en la miseria

quedaba, y faltóme tiempo

para meterme en el tren,

ir á Gerona, cogerlo

casi á la fuerza, hasta aquí

volver con él, y en el centro

de esta sala colocarle

y decirle: «eres el dueño

de lo mió, que ya es tuyo,

porque á tu padre lo debo.

Si quieres, amo serás

de esta casa, ó cuando menos

por segundo padre ténme.,

que si no alcanzo al primero,

por lo mucho que valía,

tras él voy con el deseo ;

y en cuanto á quererte... ¡vaya!

quién es más, allá veremos.»

Teodora

Es verdad: eso dijiste:

y el pobre... como es tan bueno,
rompió á llorar como un niño,
y colgósete del cuello.

Julián. Es un niño: dices bien:
y pensar en e'l debemos
y en su porvenir. Y ahí tienes
por qué preocupado y serio
me viste ha poco, buscando
forma y modo á lo que pienso
hacer por él, mientras tú
me brindabas con un bello
panorama, y un celaje,
y un rojo sol, que desdeño,
desde que brillan dos soles
más puros en nuestro cielo.
Pues no adivino tu idea.
¿Lo que piensas por Ernesto
hacer?

Tal dije.

¿Pues cabe
hacer más de lo que has hecho?
Hace un año vive aquí
con nosotros, como nuestro.
Ni aun cuando hijo tuyo fuese,
ni mi propio hermano siendo,
le mostraras más cariño
ni en mí hallara más afecto.

Julián. Está bien; pero no basta.

Teodora

¿Qué no basta? Pues yo creo. o.

Julián. Tú piensas en lo presente

y yo en lo futuro pienso.

Teodora

¿Lo futuro? ¿el porvenir?
pues fácilmente lo arreglo.
Mira: vive en esta casa

Don Julián

cuanto quiera, años enteros:

como suya; pues es claro:

hasta que allá, con el tiempo,

por ley justa y natural,

se enamore y le casemos.

Entonces de tu fortuna

le entregas con noble empeño

una buena parte: vánse

á su casa, desde el templo,

ella y él; que el refrán dice,

y yo á su razón me atengo,

que el casado casa quiere,

y no porque vivan lejos

hemos de olvidarle nunca,

ni hemos de quererle menos.

Y ya lo ves : son felices :

nosotros más, por supuesto.

Tienen hijos : ¿quién lo duda?

¡nosotros más!... ¡por lo me'nos (con mimo.)

una niña!... se enamoran

ella y el hijo de Ernesto

y se casan...

(La volubilidad, el gracejo, los matices de este parl*-
•mento, quedan encomendados al talento déla actriz.)

¡Pero adonde
vas á parar, justo cielo ! (Riendo.)
Hablabas de porvenir
y éste porvenir te ofrezco;
que si no es éste, Julián,
ni me gusta , ni lo acepto.
Es como tuyo, Teodora.
Pero...

¡ Ay, Dios! ya tiene un pero.
Mira, Teodora, nosotros
pagamos lo que debemos
al amparar á ese jdven

Teodora

desdichado como á deudo ,
y á la obligación se agregan
exigencias del afecto,
que vale tanto por sí ,
como por hijo de Acedo.
Pero en toda acción humana
siempre hay algo de complejo ;
siempre hay dos puntos de vista;
y siempre tiene un reverso
la medalla. Con lo cual
decirte, Teodora, quiero
que en este caso , son casos
más que contrarios , diversos ,
el de dar y recibir
protección, y que me temo
que al fin le sepan mis dones
á humillación por lo me'nos.
Él es noble , y es altivo,
y casi, casi, soberbio,
y á su situación, Teodora ,
es forzoso hallarle término.
Hagamos por él, aún más,
y finjamos hacer menos.
¿De qué modo?

Vas á ver...

Pero él viene. (Mirando hacia el fondo.

Pues silencio.

ESCENA II.

Teodora

DON JULIÁN.— ERNESTO, (por el fondo.)

Julián. Bien venido.

Ernesto

Don Julián...

Teodora... ( Saluda como distraido y s« sieaU
junto á la mesa, quedando pensatiyo.)

Don Julián

¿Qué tienes? (Acercándose á él.)

Ernesto

Nada.

Don Julián

Algo noto en tu mirada,

y algo revela tu afán.

¿Tienes penas?

Ernesto

¡ Desvarío !

Julián-

¿Tienes disgustos?

Ernesto

Ninguno.

Don Julián

¿Acaso soy importuno?

Ernesto

¡ Usté importuno ! ¡ Dios mió !

Ernesto

(Levantándose y acercándose á él con efusioa.)

No, su cariño le inspira:

su amistad es su derecho:

y lee dentro de mi pecho

cuando á los ojos me mira.

Algo tengo, sí señor;

pero todo lo diré.

Don Julián, perdone usté:

y usté también : ¡ por favor! (a Teod«r».)

Yo soy un loco , y un niño ,

y un ingrato : en puridad ,

ni merezco su bondad,

ni merezco su cariño.

Yo debiera ser dichoso

con tal padre y tal hermana ,

y no pensar en mañana ;

y sin embargo es forzoso

que piense. La explicación

me sonroja... ¿No me entienden?...

Sí , sí , que ustedes comprenden

que es falsa mi situación.

De limosna vivo aquí. (Coa «¡nerg-í».)

Esa palabra...

Teodora...
Nos ofende.

Sí , señora ,

Teodora

dije mal ; pero es así.
Y yo te digo que no.
Si de limosna , y no escasa,
alguien vive en esta casa,
ese no eres tú: soy yo.
Conozco , señor , la historia
de dos amigos leales ,
y de no sé qué caudales
de que ya no hago memoria.
A mi padre le hace honor
rasgo de tal hidalguía ;
pero yo lo mancharía
si cobrase su valor.
Yo soy joven, Don Julián,
y aunque es poco lo que valgo
bien puedo ocuparme en algo
para ganarme mi pan.
¿ Será esto orgullo ó manía?
No lo sé y el tino pierdo ;
pero yo siempre recuerdo,
que mi padre me decia:
«Lo que tú puedas hacer
ȇ nadie lo has de encargar :
»lo que tú puedas ganar
»á nadie lo has de deber.»
De modo que mis favores
te humillan y te envilecen;
tus amigos te parecen
importunos acreedores.
Usted discurre en razón,
usted sabe mucho , Ernesto ;
pero mire usted, en esto
sabe más el corazón.
Esa altivez desdeñosa
no mostró mi padre al tuyo.
La amistad , según arguyo ,

Ernesto

era entonces otra cosa.
¡Teodora!

Es noble su afán.
Es cierto , soy un ingrato :
ya lo sé: y un insensato...
perdone usted , Don Julián.

(Profundamente conmovido.)

¡ Su cabeza es una fragua!

(A Teodora refiriéndose á Ernesto.)

¡Si no vive en este mundo! (a Julián lo mismo.)

Eso sí, sabio y profundo,

y se ahoga en un charco de agua.

¡Qué de esta vida no Sé, (Tristemente.)

ni hallo en ella mi camino?

Es verdad ; mas lo adivino

y tiemblo no sé por qué.

¡ Qué en las charcas de este mundo

como en alta mar me anego?

me espantan más, no lo niego,

mucho más que el mar profundo.

Hasta el límite que marca

suelta arena el mar se tiende :

por todo el espacio extiende

emanaciones la charca.

Contra las olas del mar

luchan brazos varoniles:

contra miasmas sutiles

no hay manera de luchar.

Y yo, si he de ser vencido ,

que no humilla el vencimiento ,

en el último momento

sólo quiero , y sólo pido ,

ver ante mí , y esto baste ,

al mar que tragarme quiera,

á la espada que me hiera

ó á la roca que me aplaste.

A mi adversario sentir,

su cuerpo y su furia ver ,

y despreciarle al caer,

y despreciarle al morir.

Y no aspirar mansamente

mi pecho, que se dilata ,

el veneno que me mata

esparcido en el ambiente.
Julián. ¿No te dije? ¡ perdió el seso! (a Teodora.)

Teodora

Pero, Ernesto, ¿á dónde vamos?
Julián. Con el caso que tratamos

¿qué tiene que ver todo eso?

Ernesto

Que al verme, señor, aquí

amparado y recogido ,

lo que he pensado, he creido

que piensan todos de mí.

Que al cruzar la Castellana

en el coche con ustedes ,

con Teodora ó con Mercedes

al salir una mañana ,

al ir á su palco al Real,

al cazar en su dehesa,

al ocupar en su mesa

de diario el mismo sitial;

aunque á su optimismo pese,

el caso es , señor, que todos ,

con estos ó aquellos modos ,

se preguntan ¿quién es ese?

¿ Será su deudo ? — No tal.

¿Su secretario? — Tampoco.

¿Su socio? — Si es socio poco

trajo á la masa social.

Eso murmuran.
Julián. Ninguno.

Eso sueñas.

Ernesto

Por favor...

Ernesto

Julián,

Ernesto

Pues venga un nombre.

Señor...
Me basta sólo con uno.
Pues lo tienen á la mano :
está en el piso tercero.
¿Y se llama?

Don Severo.
¿Mi hermano?

Justo : su hermano.
¿No basta? Doña Mercedes,
su noble esposa y señora.
¿Más? Pepito. Con que ahora
á ver qué dicen ustedes.
(Con enojo.) Pues digo, y juro, y no peco,
que él , mas que severo, es raro ;
que ella charla sin reparo,
y que el chico es un muñeco.
Repiten lo que oyen.

Nada:
esas son cavilaciones.
Donde hay nobles intenciones,
y á la gente que es honrada,
le importa poco del mundo :
cuanto el murmurar más recio ,
más soberano el desprecio ,
y más grande y más profundo.
Eso es noble y eso siente
todo pecho bien nacido ;
pero yo tengo aprendido
que lo que dice la gente,
con maldad ó sin maldad ,
según aquel que lo inspira,
comienza siendo mentira
y acaba siendo verdad.
La murmuración que cunde,
nos muestra oculto pecado ,

Don Julián

y es reflejo del pasado,
ó inventa el mal y lo infunde?
Marca con sello maldito
la culpa que ya existía,
ó engendra la que no había ,
y da ocasión al delito?
El labio murmurador
¿es infame, ó es severo?
¿es cómplice, ó pregonero?
¿es verdugo, ó tentador?
¿remata ó hace caer?
¿hiere por gusto ó por pena?
y si condena, ¿condena
por justicia, ó por placer?
Ye no lo sé, Don Julián ;
quizá las dos cosas son ;
pero el tiempo y la ocasión
y los hechos lo dirán.
Mira, no entiendo ni jota
en esas filosofías.
Presumo que son manías
con que tu ingenio se agota ;
pero en fin tampoco quiero
afligirte ni apurarte.
¿Quieres, Ernesto, crearte,
independiente y severo
una posición honrada
por tí sólo? ¿no es así?
Den Julián...

Responde.

(Con energía. ) feí.

Pues la tienes alcanzada.
Me encuentro sin secretario :
de Londres me brindan uno,
pero no quiero ninguno,
más que un ser estrafalario ,

Don Julián

(Con tono de cariñosa reconvención.)

que su pobreza prefiere,
su trabajo y sueldo fijo,
como cualquiera, á ser hijo
de quien por hijo le quiere.
Don Julián...

Pero exigente

(Con tono de cómica severidad.)

y hombre de negocios soy,

y mi dinero no doy

nunca de valde á la gente.

Y he de explotarte á mi gusto ,

y he hacerte trabajar,

y en mi casa has de ganar

únicamente lo justo.

Diez horas para el tintero,

despierto al amanecer,

y contigo voy á ser,

más severo que Severo.

¡Esto serás ante el mundo :

víctima de mi egoísmo ...

pero Ernesto... siempre el mismo

de mi pecho en lo profundo !

(Sin poder contenerse, cambiando de tono y abrién-
dole los brazos.)

¡Don Julián!... (Abrazándole.)

¿Aceptas?

Sí.
Haga de mí lo que quiera.
Al fin domaste la fiera. (Á Julián.)

¡ Todo por usted! (Á Julián.)

Así:
así te quiero. Ahora escribo
á mi buen corresponsal :
le doy como es natural
las gracias, y que concibo

el mérito extraordinario
del inglés de que hace alarde ;
pero que ha llegado tarde ,
porque tengo secretario.

(Dirigiéndose á la primera puerta de la derecha.)

Eso ahora. ..pero andar

deja al tiempo ... ¡Socio luego-!

(Volviendo y fingiendo que habla con misterio.)

Teodora

¡Calla por Dios!. ..te lo ruego

¡ no ves que se va á espantar ! (Á Don Julián.)

(Sale Don Julián por la derecha, primer término, riendo bondadosamente y mirando á Ernesto.)

ESCENA III.

TEODORA, ERNESTO. (Al final de la escena anterior comenzó á ano-

checer, de suerte que al llegar á este momento el salón está ya com-

pletamente oscuro.)

Ernesto

¡Ah! ¡que su bondad me abruma!
¿ cómo pagarle , Dios mió ?

(Se deja caer en el sofá profundamente conmovido.
Teodora se acerca á él y queda á su lado en pié.)

Teodora

Dando de mano al desvío

y á la desconfianza. En suma
teniendo juicio, y pensando,
que de veras le queremos ,
que lo que fuimos seremos ,
y en fin, Ernesto , que cuando
Julián promete, no es vana
su promesa y la mantiene,
de manera que usted tiene,
en él, padre, y en mí, hermana.

ESCENA IV.

TEODORA, ERNESTO, DONA MERCEDES, DON SEVERO. — (Los

dos últimos se presentan por el fondo y en él se detienen. El salón

¿ oscuras: sólo una pequeña claridad en el balcón hacia el cual se diri

gen Teodora y Ernesto.)

Severo

¡Ah, que buenos sod ustedes!
¡T usted que niño ! De hoy más
no ha de estar triste.

Jamás

(¡ Que' oscuro!)

(Lo mismo.)

No hay nadie.

(Deteniéndola.)

(Desde fuera en voz baja.)

(Vamos Mercedes.)

(Pasando la puerta.)

Gente hay allí.

(Se quedan los dos en el fondo observando.)

Teodora, mi vida entera.
y otras mil, gustoso diera,
por el bien que recibí.
No me debe usted juzgar
por mi carácter adusto:
de hacer alardes no gusto
de amor, pero yo se' amar,
y también aborrecer,
que en propios iguales modos
en mi pecho encuentran todos
lo que en él quieren poner.

¿ Que' dicen ? (Á Severo.)

Cosas extrañas

que no Oigo bien. (Teodora y Ernesto siguen ha-
blando en voz baja en el balcón.)

Si es Ernesto.
Y ella ... es ella... por supuesto.

Teodora

Las mismas mañas :

siempre juntos. ¡No hay paciencia!...
T esas palabras... ¿Qué espero?
Es verdad: vanaos, Severo,
es ya caso de conciencia.
Todos dicen...

(Avanzando.) A Julián

he de hablar hoy mismo y claro.
Pero también es descaro
el de ese hombre.

¡Voto á san !
El de él, y el de ella.

¡Infeliz!
¡es tan niña! De ella yo
me encargo.

¿A otra casa? nó.
¿Dejarnos? ¡pues es feliz
la idea! No lo consiente

Don Julián

(a Mercedes.) Ni yo, ¡vive Cristo!

(En voz alta.)

¡Eh, Teodora! ¿no me has visto?
¿Se recibe así á la gente?

(Separándose del balcón.)

¡ Don Severo ! . . . ¡ qué placer !
¿No se come? ¿qué, no es hora?
¡Ah, Mercedes!

Sí, Teodora.
(ap.) (¡Como finge! ¡que mujer!)
Pediré luces.

(Tocando un timbre que está sobre la mesa.)

Bien hecho:
la gente debe ver claro.

Señora... (Presentándose en el fondo.)

Luces, Genaro. (El criado sale.

Quien sigue el camino estrecho
del deber y la lealtad,

Mercedes,

Severo

Un criado.

Severo

y es siempre lo que parece,
no se apura ni enrojece
por la mucha claridad.

(Entran criados con luces: el salón queda expléndida- mente iluminado.)

TEODORA. (Después de una pequeña pausa dice con naturalidad
y riendo.)

Eso me parece á mí

y á Cualquiera. (Dirigiéndose á Mercedes.)

Mercedes

Por supuesto.

Severo

¡Hola, hola, Don Ernesto,

conque estaba usted aquí,

con Teodora, cuando entré ! (Con intención.)

Ernesto

(Fríamente.) Aquí estaba por lo visto.

Severo

, Por lo visto, no, ¡por Cristo!

que en las sombras no se vé.

(Acercándose á él, dándole la mano y mirándole fija-
mente. Teodora y Mercedes hablan aparte.)

(Ap.) (Su color es encendida,
y parece haber llorado.
De niño y de enamorado
se llora sólo en la vida. )

¿Y Julián? (En voz alta.)

Teodora

Pues allá dentro,

se fué á escribir una carta.

Ernesto

(Ap.) (Aunque mi paciencia es harta,

me saca este de mi centro.)

Severo

Voy á verle. ¿La comida

üá tiempo ? (A Teodora.)

Teodora

Tiempo de sobra.

Severo

Bien: pues manos á la obra. (Ap. restregán-
dose las manos y mirando á Teodora y á Ernesto.)
AdiOS. (En voz alta.)

Teodora

Adiós.

Severo

¡ Por mi vida !

(Ap. y mirándolos rencorosamente al salir.)

ESCENA V.

Teodora, Mercedes, Ernesto

Las dos mujeres se sientan en

el sofá. Ernesto en pié.

Mercedes

Hoy no nos ha visto usté. (Á Ernesto.)

Ernesto

No.

Mercedes

Ni tampoco á Pepito.

Ernesto

No, señora.

Mercedes

Está sólito

allá arriba.

Ernesto

(ap.) (Que lo esté.)

.MERCEDES. (A Teodora con seriedad y misterio.)

Yo quisiera que se fuese ,
porque he de hablarte...

Teodora

¿Tú?

MERCEDES. (Lo mismo que antes.) Sí.

De asuntos graves.

Teodora

Pues di.

Mercedes

Como no se marcha ese...

Teodora

No te comprendo. (Todo en voz baja.)

Mercedes

|Valor!

(Le coge la mano y se la estrecha afectuosamente. Teo-
dora la mira con asombro sin comprender nada.)

Haz porque nos deje presto.

Teodora

Si tú te empeñas...

(En voz alta) Ernesto...

Si me hiciera usté un favor...

Ernesto

Con mil amores.

Mercedes

(Ap.) (Con uno

y sobra.)

Teodora

Pues... suba usté...

y á Pepito... vamos... que...

pero acaso le importuno

con este encargo.

Teodora

No tal.
(Ap.) ¡ Con qué dulzura y qué tono !
Que... si renovó el abono
de nuestro palco del Real
como le dije: ya sabe.
Con mucho gusto: al momento.
Gracias, Ernesto: yo siento...

¡Por Dios! (Dirigiéndose al fondo.)

¡Adiós!

(Sale Ernesto por el fondo.)

ESCENA VI.

TEODORA, MERCEDES.

Mercedes

¡ Cosa grave !
¡Alarmada estoy, Mercedes!
Ese tono... ese misterio...
¿se trata?

De algo muy serio.
¿Pero de quién?

Pues de ustedes.
¿De nosotros?

De Julián,
de Ernesto y de tí. Ya ves.
¿De los tres?

Sí: de los tres.

(Teodora contempla con asombro á Mercedes: pequeña
pausa.)

Pues di pronto.

(ap.) ( ¡Ganas dan!...

Pero no: cierro la mano

que es el asunto escabroso.)

Mira, Teodora, mi esposo (En voz alta.)

al fin del tuyo es hermano,

y de una familia todos
venimos á ser, de suerte,
que en la vida y en la muerte,
por estos ó aquellos modos,
nos debemos protección,
y ayuda, y consejo... es claro,
hoy yo te brindo mi amparo,
y mañana, en la ocasión,
sin sonrojos en la tez
acudimos al de ustedes.

Teodora

Y cuenta con él, Mercedes.
Pero acaba de una vez.

Mercedes

Hasta boy no be querido dar,
Teodora , este paso ; pero
hoy ya, me dijo Severo :
«De aquí no puede pasar;
* que de mi hermano el honor ,
»cual mi propio honor estimo ,
»y al ver ciertas cosas gimo
» de vergüenza y de dolor.
» Siempre indirectas oyendo,
» siempre sonrisas mirando,
» siempre los ojos bajando
»y de las gentes huyendo.
»En ésta, de infamias lid
» es necesario acabar,
»que no puedo tolerar
»lo que se dice en Madrid. »

Teodora

¡Sigue: sigue!

Mercedes

Pues escucha.

(Pausa. Mercedes mira fijamente á Teodora.)

Teodora

Vamos: ¿qué dicen, Dios mió?

Mercedes

Mira, cuando suena el rio

agua lleva, poca ó mucha.

Teodora

¡No sé si suena ó no suena,

&i agua lleva mucha ó poca,

Mercedes

sólo sé, que ya estoy loca!
(Ap.) (Pobre niña, me da pena.)

(En voz alta.)

Pero en fin ¿no has comprendido?
¿Yo? no.
(Ap.) (Torpeza es también.)

¡Está en ridículo! (En voz alta y con energía.)

¿Quie'n?
¿Quie'n ha de ser? Tu marido.

(Levantándose con ímpetu.)

¿Julián? ¡Mentira! Villano
quien habló de tal manera.
¡Ah, si Julián le tuviera
al alcance de su mano!

(Calmándola y haciéndola sentar otra vez junto á ella.

Necesitara tener
manos para mucha gente,
que si la fama no miente
todos son de un parecer.
Pero en fin ¿ que' infamia es esa?
¿cuál el misterio profundo?
¿qué es lo que repite el mundo?
¿Conque te pesa?

¡Me pesa !
¿Pero qué?

Mira , Teodora ,
eres muy niña : á tu edad
se cometen, sin maldad ,
ligerezas... ¡y se llora
después tanto !... ¿Todavía
no me comprendes? Di.

No.
¿Por qué he de entenderte yo
si esa historia no es la mia?
Es la historia de un infame,
y es la historia de una dama...

Teodora

¿Y ella se llama? ... (con ansia.)

Mercedes

Se llama...

Teodora

¿Qué importa como se llame?...

(Conteniéndola.)

(Teodora se separa de Mercedes sin levantarse del sofá:
Mercedes se le «cerca á medida que habla. Este doble
movimiento, de repugnancia y alejamiento en Teodora,
de protección é insistencia en Mercedes, muy marcado.)

Mercedes

El hombre es ruin y traidor,
y exige de la mujer,
por una hora de placer
una vida de dolor.
La deshonra del esposo,
de la familia la ruina ,
y la frente que se inclina
bajo sello vergonzoso;
como social penitencia
el desprecio en los demás ,
¡ y Dios que castiga aún más
con la voz de la conciencia !

(Ya están al otro extremo del sofá: Teodora huye del
contacto de Mercedes, inclina hacia atrás el cuerpo y
se cubre el rostro con las manos: al fin ha compren-
dido.)

Ven á mis brazos, Teodora...

(Ap.) (¡Pobrecilla, me enternece!)

Ese hombre no te merece.

Teodora

¿Pero á donde va, señora

con ese arrebato ciego?

¡ si no es miedo , ni es espanto :

si no hay en mis ojos llanto :

si en mis ojos sólo hay fuego !

¿Á quién oyó lo que oí?

¿Quién es ese hombre ? ¡ será!...

¡él acaso?...

Teodora

¡Ah!... (p*us«.)

El Gran Galeotq

La mujer, yo : ¿no es así?

(Señal afirmativa de Mercedes. Teodora se levanta.)

Pues escucha aunque te irrites :

cuál es más vil no sé yo :

si el mundo que lo inventó

ó tú que me lo repites.

¡ Maldito el labio mundano

que dio forma á tal idea!

¡y maldito quien la crea

por imbécil ó villano!

¡tan maldita y tan fatal,

que sólo por no arrancarla

de mi memoria y llevarla

en ella, ya soy criminal!

¡ Jesús , nunca lo pensé :

Jesús, nunca lo creí:

tan desgraciado le vi

que como á hermano le amé!

Julián fué su providencia...

y él es noble y caballero...

(Deteniéndose, observando á Mercedes y volviendo el
rostro.)

(Ap.) (¡Cómo me mira!.... no quiero
alabarle en su presencia.
¡De modo que ya, Dios mió,

he de fingir!) (Acongojándose visiblemente.)

Mercedes

Vamos, calma.

Teodora

(En voz alta.)

¡Qué angustia siento en el alma...

qué desconsuelo... y qué frió!....

¡Por la pública opinión

de esta manera manchada!...

¡Ay mi madre!... ¡madre amada!...

¡Ay Julián del corazón!

(Cae sollozanda en el sillón de la izquierda: Mercedes
procura consolarla.)

Mercedes

Yo no presumí... perdona...
no llores... Si do creía
nada serio... ¡Si sabía
que tu pasado te abona!
Pero siendo el caso así,
has de confesar también,
que de cada ciento, cien,
de tu Julián y de tí
dirán cod justo rigor,
que fuisteis liarto imprudentes
dando ocasión á las gentes
á pensar en lo peor.
Tú, joven de veinte abriles,
Julián en su cuarentena,
y Ernesto la mente llena
de fantásticos perfiles...
en sus asuntos tu esposo,
el otro en sus fantasías,
más ocasiones que días,
y tu pensamiento ocioso...
la gente que os vé en paseo,
la gente que os vé en el Real...
mal hizo en pensar tan mal;
pero, Teodora, yo creo
que en justicia y en razón,
en todo lo que ha pasado,
el mundo puso el pecado
y vosotros la ocasión.
La moderna sociedad,
permíteme que te diga,
que la culpa que castiga
con más saña y más crueldad,
y en forma más rica y varia
en la mujer y en el hombre,
es, Teodora, y no te asombre,
la imprudencia temeraria.

Teodora

Mkrcedes.

Don Julián

(Volviéndose á ¡Mercedes; pero sin atender á su par

lamento.) ¿Y dices que Julián?...

Sí:
es la mofa de la corte.
Y tií...

De mí... no te importe.
¡Pero Julián!... ¡ay de mí!
¡tan bueno!... tan caballero!
cuando sepa...

Lo sabrá,
porque ahora mismo estará
hablando con él Severo.
¡ Qué dices !

(Desde dentro.) ¡Basta!

¡Dios mió!
¡Que me dejes!

¡Ay de mí!
Vamonos pronto de aquí...

(Después de asomarse ala primera puerta deladereeha.j

¡Sí, pronto, que es desvarío!...

(Teodora y Mercedes se dirigen hacia la izquierda.)
(Deteniéndose.;

Pero ¿por qué?... ¡no parece
sino que yo soy culpable!
¡La calumnia miserable
no mancha sólo, envilece!
Es engendro tan maldito,
que contra toda evidencia
se nos mete en la conciencia
con el sabor del delito!
¿ Por qué de un necio terror
me oprimen los ruines lazos?

(En este momento aparecen en la puerta de la dere-
cha, primer término, Don Julián y detrás Don Severo.)

¡Julián!

¡Teodora!

(Corre á él que la oprime apasionadamente contra su

pecho.) ¡En mis brazos!...

Este es tu puesto de honor.

ESCENA VIL

TEODORA, MERCEDES, JULIÁN, SEVERO. — El orden de los persona-

jes, de izquierda á derecha, es el siguiente: Mercedes, Teodora, Julián,

Severo

Teodora y Julián formando un grupo: ella en los brazos de él.

Julián. Pase por primera vez,

y ¡vive Dios! que es pasar;
pero quien vuelva á manchar

COn lágrimas esta tez, (Señalando á Teodor».)

yo juro, y no juro en vano,

que no pasa, si tal pasa,

los umbrales de esta casa,

ni aun siendo mi propio hermano.

(Pausa. Julián acaricia y consuela á Teodora.)

Severo

Repetí lo que la gente

murmura de tí, Julián.

Don Julián

Infamias.

Severo

Pues lo serán.

Don Julián

Lo son.

Severo

Pues deja que cuente

lo que todo el mundo sabe.

Don Julián

¡Vilezas, mentiras, lodo!

Severo

Pues repetirlo...

Don Julián

No es modo

ni manera de que acabe. (Pequen» pausa

Severo

No tienes razón.

Don Julián

Razón,

y de sobra. Fuera bueno,

que me trajeses el cieno

de la calle á mi salón.

Severo

¡Pues será!

Don Julián

¡ Pues no ha de ser !

Severo

¡Mío es tu nombre!
Julián. ¡No más!

Severo

¡ Y tu honor !
Julián. Piensa que estás

delante de mi mujer.

(Pausa./

Severo

(Á Julián en voz baja.)

(¡Si nuestro padre te viera!)
Julián. ¡Cómo!... Severo, ¿qué es esto?

Mercedes

Silencio que viene Ernesto.

Teodora

(ap.) (¡Qué vergüenza!... ¡si él supiera!)...

(Teodora vuelve el rostro y lo inclina: Don Julián la
mira fijamente.)

ESCENA VIII.

TEODORA, MERCEDES, JULIÁN, SEVERO, ERNESTO, PEPITO:

los dos últimos por el fondo. — El orden de los personajes es el si-

guiente, de izquierda á derecha: Mercedes, Pepito, Teodora, Don Ju-

lián, Ernesto, Severo. Es decir, que al entrar Ernesto y Pepito se se-

paran, aquel viene al lado de Don Julián, éste al de Teodora.

ERNESTO. (Observando un instante desde el fondo el grupo de

Teodora y de Don Julián.)

(Ap.) (Ella y él... no es ilusión. ¿Si será lo que temí?... Lo que á ese imbécil oí...

(Refiriéndose á Pepito, que en este momento entra.)

No fué suya la invención.

Pepito

(Que na mirado con extrañeza á uno y otro lado.)

Salud y buen apetito
porque se acerca la hora.
Aquí está el palco, Teodora.
Don Julián...

Teodora

Gracias, Pepito.

(Tomando el palco maquinaimente.)

Ernesto

¿Qué tiene Teodora? (a Don Julián en yoz baja,
Julián. Nada.

Ernesto

(Como antes.) Está pálida y llorosa.

JULIÁN. (Sin poder contenerse.)

No te ocupes de mi esposa.

(Pausa. Don Julián y Ernesto cruzan la mirada.)

Ernesto

(Áp.) (¡Miserables! Fué jornada

completa.)

Pepito

Loco de atar.

(A su madre en voz baja señalando á Ernesto.)

Porque le di cierta broma
con su prima... toma, toma...
¡que me quería matar!

ERNESTO. (En voz alta; triste pero resuelto y con ademan noble.

Don Julián, pensé despacio

en su generosa oferta...

y aunque mi labio no acierta...

y anda torpe y va reacio...

y aunque conozco que yo

ya de su bondad abuso...

en fin, señor, que reuso

el puesto que me ofreció.
Julián. ¿Por qué?

Ernesto

Porque soy así :

un poeta, un soñador.

Nunca mi padre, señor,

hizo carrera de mí.

Yo necesito viajar:

soy rebelde y soy inquieto ;

vamos, que no me sujeto

como otros, á vegetar.

Espíritu aventurero ,

me voy cual nuevo Colon...

En fin, si tengo razón,

que lo digaD. Severo.

Severo

Habla usted como un abismo

Don Julián

Se yero.

Don Julián

de ciencia y como hombre ducho.

Hace mucho tiempo, mucho ,

que pensaba yo lo mismo.

¿Con que sientes comezón

de mundos y de viajar?

¿Con que nos quieres dejar?

Y los medios... ¿cuáles son?

El... se marcha... á donde sienta

que ha de estar más á su gusto.

Lo demás para ser justo

ha de correr de tu cuenta, (a Julián.)

Cuanto quiera... no concibo

que economice ni un cuarto.

(a Severo.) Ni yo deshonras reparto ,

ni yo limosnas recibo.

(Pausa.)

Pero , en fin , ello ha de ser ,

y como la despedida

fuera triste , que en la vida...

quizá no les vuelva á ver ,

es Jo mejor que ahora mismo

nos demos un buen abrazo... (a Julián.)

y rompamos este lazo...

y perdonen mi egoísmo.

(Profundamente conmovido.)

(Ap.) (Como se miran los dos.)
(Ap.) (¡Qué alma tan hermosa tiene!)
Don Julián, ¿qué le detiene?
este es el último adiós.

(Dirigiéndose á Don Julián con los brazos abiertos:
Don Julián le recibe en los suyos y se abrazan fuerte-
mente.)

No : las cosas bien miradas
ni el último, ni el primero:
es el abrazo sincero
de dos personas honradas.

Don Julián

De ese proyecto insensato ,
no quiero que me hables más.
Pero ¿no se vá? «

Jamás

Yo no mudo á cada rato ,
el punto en que me coloco,
ó aquel plan á que me ciño,
por los caprichos de un niño
ó los delirios de un loco.
Y aun fuera mayor mancilla ,
el sujetar mis acciones,
á necias murmuraciones
de la muy heroica villa.
Julián...

Basta, que la mesa
nos aguarda.

¡Padre mió !...
no puedo.

Pues yo confío
en que podrás. ¿ Ó te pesa
mi autoridad?

¡ Por favor !
Vamos allá que ya es hora.
Dale tú el brazo á Teodora (Á Ernesto.)
y llévala al comedor.
¡A Teodora!... (Mirándola y retrocediendo.)

(Lo mismo.) ¡Ernesto!...

Sí:
como siempre.

(Movimiento de duda y vacilación en ambos. Al fin
se acerca Erneslo, y Teodora se apoya en su brazo,
pero sin mirarse, cortados, conmovidos, violentos. Toda
ello queda encomendado á los actores.)

(a Pepito.) Y vamos, tú...

Don Julián

el tuyo... ¡por Belcebúi
á tu madre. Y junto á mí

(Pepito da el brazo á Mercedes.)

El Gran Gal E Oto

Criadu.

Teodora

Mercedes,

Teodora

Severo , mi buen hermano :

(Apoyándose en él un momento.)

y así... en familia comer,
y que rebose el placer
con las copas en la mano !
¿Hay quién murmura? corriente:
pues que murmure ó que grite:
á mí se me dá un ardite
de lo que dice la gente.
Palacio quisiera ahora
con paredes de cristal,
y que á trave's del fanal
viesen á Ernesto y Teodora,
los que nos traen entre manos ,
porque entendiesen así
lo que se me importa á mí
de calumnias y villanos.
Cada cual siga su suerte.

(En este momento aparece un criado con traje de eti-
queta: de negro y corbata blanca.)

La comida.

Está servida.

(Abre la puerta del comedor: se ve la mesa, los si-
llones, lámpara colg-ada del techo, etc., en suma, una
mesa y un comedor de lujo.)

Pues hagamos por la vida

que ya harán por nuestra muerte.

VamOS... (invitando á que pasen.)

Mercedes...

Teodora...
Ustedes...

Pasen ustedes...
No: vé delante, Mercedes.

(¡Mercedes y Pepito pasan delante y se dirigen al co-
medor lentamente. Teodora y Ernesto quedan todavía
inmóviles y como absortos en sus pensamientos. Er-
nesto fija en ella la vista.)

Julián. (Ap.) (Él la mira y ella llora. )

(Siguen muy despacio á Mercedes: Teodora vacilante
deteniéndose y enjugando el llanto.)
(¿Se hablan bajo?) (Á Severo aparte.)

Severo

No lo sé,

pero presumo que sí.
Julián. ¿Por qué vuelven hacia aquí

(Ernesto y Teodora se han detenido y han vuelto 1»
cabeza furtivamente. Después siguen andando.)

la vista los dos?... ¿Por qué?

Severo

Ya vas entrando en razón.
Julián. |Voy entrando en tu locura!

¡ Ah ! ¡ la calumnia es segura :

va derecha al corazón!

(Él y Severo se dirigen al comedor.)

Acto segundo

ACTO SEGUNDO.

La escena representa una sala pequeña y excesivamente modesta, casi

pobre.

Una puerta en el fondo: á la derecha del espectador otra puerta, una

sola: á la izquierda un balcón. — Un estante de pino con algunos

libros: una mesa: un sillón. — La mesa á la izquierda: sobreella una

fotografía de Don Julián en su marco: al lado otro marco igual al

anterior, pero sin ningún retrato: ambos son bastante pequeños.

También sobre la mesa un quinqué apagado, un ejemplar de La Di-

vina Comedia del Dante, abierto por el episodio de Francesca, y un

pedazo de papel medio quemado : además papeles sueltos y el ma-

nuscrito de un drama. — Algunas sillas. — Todos los muebles pobres,

en armonía con el cuarto.

Es de dia.

ESCENA PRIMERA.

Julián, Severo, Un Criado

(Los tres entran por el fondo.

Severo

¿No está el señor?
Criado. No señor,

ha salido muy temprano.

Severo

No importa, le esperaremos;

porque supongo que al cabo

Don Ernesto ha de venir.
Criado. Es lo probable, que el amo

es puntual como ninguno
y como ninguno exacto.

Severo

Bueno: vete.

Criado. Sí, señor.

Si algo mandan, fuera aguardo.

^Sale el criado por el fondo.)

ESCENA II.

JULIÁN, SEVERO.

Severo

¡Qué modestia! (Mirando el cuarto.)
Julián. ¡Qué pobreza

dirás mejor!

Severo

¡Vaya un cuarto!

Una alcoba sin salida:

(Mirando por la puerta de la derecha: luego por la
del foro.;

la antesala: este despacho,

y pare usted de contar.
Julián. Y empiece á contar el diablo,

de ingratitudes humanas,

de sentimientos bastardos,

de pasiones miserables,

de calumnias de villanos,

y no acabará jamás

aunque cuente aprisa y largo.

Severo

La fatalidad lo quiso.
Julián. Ese no es el nombre, hermano.

Lo quiso... quien yo me sé.

Severo

¿Y quién es ese? ¿yo acaso?
Julián. Tú también. Y antes que tú

los necios desocupados,

que de mi honor y mi esposa

sin rebozo murmuraron.

El Gran Galeoto. 53

Y después yo, que cobarde,

y celoso, y ruin, y bajo,

dejé salir de mi bogar

á ese mancebo, que ba dado

pruebas de ser tan altivo,

como yo de ser ingrato.

Ingrato: ¿porque tú ves

mi ostentación y regalo?

¿el lujo de mis salones,

de mis trenes el boato,

el crédito de mi firma,

los. caudales que gozamos?

pues todo ¿sabes de dónde

procede?

Severo

Y basta olvidado

lo tengo.
Julián. Tú lo dijiste:

el olvido: premio bumano

á toda acción generosa,

á todo arranque bizarro,

que en su modesto retiro,

sin trompetas ni reclamos,

realice un bombre por otro

como amigo ó como bonrado.

Severo

Eres injusto contigo :

tu gratitud llegó á tanto,

que tu bonor y basta tu dicba

casi le bas sacrificado.

¿Qué más se puede pedir?

¿Ni qué más biciera un santo?

Todo su término tiene :

lo bueno como lo malo.

Es orgulloso... empeñóse...

y aunque te opusiste... claro...

él es dueño de sí misino,

de su persona y sus actos ,

y una mañana dejó,
porque quiso tu palacio ,
y en este zaquizamí
metióse desesperado.
Es muy triste , pero amigo,
¿quién ha podido evitarlo?
Julián. Todos, si estuviesen todos

atentos á sus cuidados,
y de las honras ajenas
no se llevasen pedazos ,
al revolver de sus lenguas
y al señalar de sus manos.
¿Qué les importaba, di,
que yo, cumpliendo un sagrado
deber, hiciese de Ernesto
u n hijo y ella un hermano ?
¿Es suficiente en mi mesa,
ó en paseo , ó en el teatro ,
junto á una joven hermosa,
ver á un mancebo gallardo,
para suponer infamias ,
y para aventar escándalos?
Acaso el amor impuro,
en este mundo de barro,
es entre hombres y mujeres
único , supremo lazo?
¿ No hay amistad , gratitud ,
simpatía, ó tal estamos,
que juventud y belleza
sólo se unen en el fango?
Y aun suponiendo que fuese,
lo que suponen menguados,
¿qué falta me hacen los necios
para vengar mis agravios?
Para ver tengo mis ojos,
para observar mis cuidados,

y para vengar injurias

hierro, corazón y manos.

Severo

Bien, pues hicieron muy mal

las gentes que murmuraron ;

pero yo, que soy tu sangre,

que llevo tu nombre... vamos ,

¿debí callar?
Julián. ¡Nó, por Dios!

pero debiste ser cauto ,

y con prudencia , á mí sólo ,

hablarme del triste caso

y no encender un volcan

en mi casa y en mi tálamo.

Severo

Pequé sólo por exceso

de cariño ; pero aun cuando

reconozca yo mi culpa;

aunque confíese que el daño ,

entre el muudo y yo lo hicimos,

él , infamias inventando ,

y yo , recogiendo torpe

los ecos mil del escándalo ;

(Acercándose á él y con expresión de interés y cariño.

lo que es tú, Julián , ostá3
limpio y libre de pecado :
con que escrúpulos desecha
y ensancha tu pecho hidalgo.
Julián. No puedo ensanchar mi pecho,

que albergue en mi pecho he dado
á eso mismo que condenan
mi entendimiento y mis labios.
Yo las calumnias del mundo
con indignación rechazo :
mienten, digo á voz en cuello,
y repito por lo bajo,
« ¿ y si mintiendo no mienten ,
y si aciertan por acaso?»

De modo que en esta lucha
de dos impulsos contrarios ,
para los demás soy juez ,
y soy su cómplice en tanto.

Y en mí mismo me consumo :
conmigo mismo batallo :

la duda crece y se ensancha:
ruge el corazón airado
y ante mis ojos de sangre
se extiende rojizo manto.

Severo

¡Deliras!

Julián. Nó: no deliro:

el alma te muestro, hermano.
¿Acaso piensas que Ernesto
mi casa hubiese dejado,
si yo con firme propósito
de oponerme y de estorbarlo ,
cuando él cruzó sus umbrales
le hubiera salido al paso?
Se fué, porque allá en el fondo
de mi espíritu turbado,
traidora voz resonaba
diciéndome: «deja franco
» el portillo á la salida,
> y cierra bien en pasando ,
» que en fortalezas de honor
» es mal alcaide el confiado.»

Y en lo interior un deseo,
y otro deseo en los labios :

y « vuel ye , Ernesto , » en voz alta .
y « no vuelvas,» por lo bajo,
á un mismo tiempo , con él,
con apariencias de franco ,
¡era hipócrita y cobarde,
era astuto y era ingrato !
Nó , Severo , no se porta

así, quien es nombre honrado.

(Se deja caer en el sillón que está junto á la mesa,
mostrando gran abatimiento.)

Severo

Así se porta, quien cuida

á esposa de pocos años

y de explendida hermosura,

y de espíritu exaltado,
Julián. ¡ No hables tal de mi Teodora !

es espejo que empañamos

con nuestro aliento al querer

imprudentes acercarnos.

¡La luz del sol reflejaba,

antes que del mundo airado,

las mil cabezas de víboras

se acercasen á mirarlo!

Hoy buyen en el cristal

dentro del divino marco ;

pero sombras son sin cuerpo ,

ha de espantarlas mi mano ,

y otra vez verás en él

el limpio azul del espacio.

Severo

Mejor que mejor.

Julián. No así.

Severo: ¿Pues que' falta?

Julián. ¡ Falta tanto !

Advierte que estas internas

luchas, que te he confesado,

han hecho de mi carácter ,

otro carácter contrario.

Ahora mi esposa me ve

siempre triste, siempre huraño;

no soy el mismo que he sido ,

por serlo me esfuerzo en vano ;

y ella debe preguntarse

al observar este cambio :

«¿ Dónde está Julián , Dios mió ;

»dónde está rui esposo amado?

»¿Qué hice yo para perder

»su confianza? ¿Qué villanos

j>pensamientos le preocupan

»y le arrancan de mis brazos?»

Y una sombra, entre los dos,

se va de este modo alzando

y nos separa y aleja

lentamente y paso á paso.

No ya más dulces confianzas,

no ya más coloquios plácidos ,

heláronse las sonrisas,

los acentos son amargos,

en raí recelos injustos,

en Teodora triste llanto,

yo herido en mi amor, y en ella

heridos , y por mi mano ,

su dignidad de mujer,

y su cariño. Así estamos.

Severo

Pues estamos en camino

de perdición. Si tan claro

ves lo que pasa , ¿por qué

no pones remedio?
Julián. Es vano

mi esfuerzo. Yo sé que soy

injusto de ella dudando :

es más, si por hoy no dudo;

pero ¿quién dice que al cabo,

yo perdiendo poco á poco,

y él poco á poco ganando,

no será verdad mañana,

lo que hoy mentira juzgamos?

(Cogiendo por el brazo á Severo y hallándole con re
concentrada energía y nial contenidos celos.)

Yo , el celoso; yo , el sombrío ;
yo, el injusto; yo, el tirano;

y él, el noble y generoso;

siempre dulce y resignado;

con la aureola del martirio ,

que á un mozo apuesto y gallardo

sienta tan bien á los ojos

de toda mujer, es llano,

que él lleva la mejor parte ,

en este injusto reparto,

y que gana lo que pierdo,

sin que pueda remediarlo.

Esto es lo cierto : no dudes :

y agrega que con reclamos

infames, llega traidor

el mundo á los dos en tanto ,

y aunque dicen con verdad

<<¡ pero si no nos amamos! »

á fuerza de repetirlo

acabarán por pensarlo.

Severo

Si así estás, mira Julián ,
yo creo que lo más sano
es dejar que Ernesto lleve
todo su proyecto á cabo.

J-jlian. Pues á estorbárselo vengo.

Severo

Pues eres un insensato.

¿Á Buenos- Aires pretende
marcharse? pues ni de encargo :
vayase en buque de vela,
viento fresco y mucho trapo.

Julián. Y á los ojos de Teodora

¿quieres que aparezca ingrato,

y miserable, y celoso?

¿tú no sabes, pobre hermano,

que hombre á quien mujer desprecia,

podrá ser su amante al cabo ,

pero que si lleva nombre

de esposo , está deshonrado?

¿Quieres que mi esposa siga,
á través del mar amargo ,
con el pensamiento triste,
al infeliz desterrado?
¿No sabes, que si yo viese
sobre su mejilla el rastro
de una lágrima no más ,
y pensase que era el llanto
por Ernesto , la abogaría
entre mis crispadas manos?

(Con reconcentrado furor. ¡

Severo

¿Pues entonces , qué debemos
hacer?

Julián. Sufrir: que el cuidado

de preparar desenlace
para este drama , está á cargo
del mundo que lo engendró
solamente con mirarnos;
tal su mirada es fecunda
en lo bueno y en lo malo.

Severo

Presumo que viene gente.

(Acercándose al fondo.)

Criado. Ko puede tardar el amo.

(Desde dentro, pero sin presentarse.)

ESCENA III.

JULIÁN, SEVERO, PEPITO por el fondo.

Severo

¿1u por aquí?

Pepito

(ap.) (¡Toma, ya

lo supieron! me he lucido.)

(En voz alta.) Pues todos hemos venido.

Adiós, tio: adiós, papá.

(Ap.) (Nada: saben lo que pasa.)

(En voz alta.)

¿Cou que ustedes... por supuesto,

buscando vendrán á Ernesto?

Severo

¿Pues á quién en esta casa?

Julián. ¿Y tú estarás al corriente

de lo que trata ese loco?

Pepito

¿ De lo que'?... Pues claro : un poco.

Sé. . lo que sabe la gente.

Severo

¿Y es mañana cuando?...

Pepito

No :

mañana se ha de marchar,

y tiene que despachar

hoy mismo.
Julián. (Con extrañeza.) ¿Q^é dices?

Pepito

¿Yo?

lo que dijo Pepe Uceda

á la puerta del casino

ayer noche: y es padrino

del Vizconde de Nebreda.

Conque si él no acierta... Pero ,

¡miran ustedes de un modo! ...

¿Acaso no saben? ...

Todo

(Con resolución previniendo un movimiento de su
hermano.)

Nosotros ...

(Ap.) (Calla, Severo.)

Que parte mañana oimos, (En voz alta.)

y que hoy... se juega la vicia...

y á evitar duelo y partida...

como es natural, vinimos.

(En toda esta escena Don Julián finje estar enterado
del lance para sonsacar á Pepito, aunque claro es que
sólo venia por el viaje de Ernesto. Todos los porme-
nores y accidentes del diálogo quedan encomendados
al talento del actor.)

(Ap. a Julián.) (¿Qué duelo es ese?)

Don Julián

Julián. (Ap. á Severo.) (No sé;

pero lo sabremos pronto. )

Pepito

(Ap.) (Vamos, pues no he sido un tonto.) Julián. Nosotros sabemos que...

(Con tono de estar muy enterado.)

con un Vizconde...

Pepito

Sí tal

Julián. ¡Tiene Ernesto concertado

un duelo!... Nos lo ha contado

cierta persona formal

que lo supo en el instante.

¡Dicen que es grave la cosa!...

(Señales afirmativas de Pepito.)

¡Una riña escandalosa!...
¡Y mucha gente delante!... (lo mismo.)
¡Que tú mientes!... ¡que yo miento!
¡y palabras en montón! ..

Pepito

(interrumpiendo con el placer y el afán del que sabe más.)

¡Palabras!... ¡un bofetón

más grande que un monumento!

Severo

¿Quién áquie'n?

Pepito

Ernesto al otro.

Julián. ¡Ernesto!... ¿no te enteraste? (Á Severo.)

Ese Vizconde dio al traste
con su paciencia. En un potro
le tuvo... Vamos... de modo...
que el pobre chico rompió.

Pepito

Cabal.

Julián. Si te dije yo,

que nos lo han contado todo. (Con suficiencia.)

¿Y el lance es Serio? (Con ansiedad mal contenida.)

Pepito

Muy serio.

Pena el decirlo me dá;

pero con ustedes ya

es inútil el misterio.
Julián. ¿Con que' objeto, ni á qué fin?...

\Se acercan con ansiedad á Pepito, y éste hace una
pausa y se dá todo el tono del que comunica una mala
noticia.)

Pepito

¡ Pues á muerte! (Les mira con aire de triunfo.)

(Movimiento de Don Julián y de Don Severo.)

Y el Vizconde

ni se espanta, ni se esconde :

¡y es un gran espadachín!
Julián. Y la disputa... ¿porqué?

A Nebreda se le imputa...

Pepito

Si casi no hubo disputa:

yo les diré como fué.

(Pausa: se acercan á Pepito con ansiedad profunda.)

Como Ernesto proyectaba

dejar mañana Madrid ,

por si pasaje en el Cid

á tiempo en Cádiz lograba ;

y como Luis Alcaráz

prometida le tenia

una carta , que decia

que era de efecto eficaz

como recomendación ,

á recogerla se fué

el pobre chico al café

con la mejor intención.

No estaba el otro : le espera :

ninguno allí le conoce,

y prosiguen en el goce

sublime de la tijera,

sin reparar en su faz ,

ni en sus dientes apretados

unos cuantos abonados

á la mesa de Alcaráz.

Venga gente, y caiga gente :

mano larga, y lengua lista :

¡allí se pasó revista

á todo bicho viviente!

Y en medio de aquel cotarro ,
con más humo que hecha un tren .
entre la copa de ojén,

la ceniza del cigarro ,
y alguno que otro terrón
de azúcar, allí esparcido,
quedó el mármol convertido
en mesa de disección.
Cada mujer deshonrada,
una copa de lo añejo :
cada tira de pellejo
una alegre carcajada.
En cuatro tijeretazos,
dejaron aquellos chicos ,
las honras hechas añicos ,
las damas hechas pedazos.

Y sin embargo, ¿qué fue',

ni que' era aquello en verdad?

Ecos de la sociedad

en la mesa de un café.

Esto no lo digo yo,

ni lo pienso, por supuesto,

esto me lo dijo Ernesto ,

cuando el lance me contó.

Julián. ¡Acaba! ¿no acabarás?

Pepito

Por fin, entre nombre y nombre,

el nombre sonó... de un hombre,
y Ernesto no pudo más.
«¿Quién se atreve á escarnecer
á un hombre de honor? » exclama :
y le responden : « ¡ La dama ! »
y nombran una mujer.
Brotando fuego el semblante
se arroja sobre Nebreda: '
el pobre Vizconde rueda :

EL GRAN G-ALEOTO.

Julián-

Don Julián

feEVERO.

Don Julián

y es un campo de Agramante
aquel centro principal.
Resumen de la jornada :
hoy es el duelo y á espada ,
en un salón. No sé cual.

(Cogiéndole por un brazo con furor.)

¿Y el hombre era yo?

¡Señor!
¿T Teodora la mujer?
¡ Dónde fueron á caer
ella , mi nombre y mi amor !

(Se desploma sobre el sillón ocultando el rostro entre
las manos.)

(Ap. á Pepito.) (¡Qué has hecho desventurado!
¿No dijo que lo sabía?
Pues yo... por eso... creía...)
¡Deshonrado! ¡deshonrado!...

¡ Julián ! (Acercándose con cariño.)

Es verdad: ya sé
que es preciso tener calma...
pero i ay ! ¡ que me falta el alma
cuando me falta la fé!

(Cogiéndose á su hermano con ansia.)

Pero ¡por qué, de este modo,
nos infaman, cielo santo!
¿Dónde hay razón para tanto
revolver y echarnos lodo?...
No importa, yo sé cumplir
como cumple un caballero.
¿Cuento contigo, Severo?
¿Si cuentas?... ¡Hasta morir!

(Se aprietan la mano con energía.)
¿El duelo? (Á Pepito.)

Á las tres.
(Ap.) ¡Le mato!

¡Sí... le mato!... Vamos. (Á Severo.)

Severo

¿Dónde?

Don Julián

Á buscar á ese Vizconde.

Severo

¿Tratas por ventura?...

Don Julián

Trato...

trato de hacer lo que puedo:

de vengar mi honra ofendida

y de salvarle la vida

al hijo de Juan Acedo.

(Á Pepito.) ¿Quie'nes los padrinos son?

Pepito

Los dos: Alcaráz y Rueda.

Don Julián

Los conozco. Aquí se queda

ese por SÍ hay acasion (Señalando á Pepito.)

y vuelve Ernesto...

Severo

Entendido.

Don Julián

Tú, sin inspirar recelo ,

averiguas donde el duelo

debe ser.

Severo

Ya lo has oido.

Don Julián

Ven.

Severo

Julián, ¿qué tienes?

Don Julián

¡Gozo!

como ha mucho no sentí.

(Cogiéndole el brazo nerviosamente.)

Severo

¡ Que' diablo , no estás en tí !
¿gozo?

Julián. De ver á ese mozo.

Severo

¿Á. Nebreda?

Julián. Sí: repara,

que hasta hoy la calumnia fué
impalpable, y no logré
ver como tiene la cara.
¡Y al fin sé donde se esconde :
al fin tomó cuerpo humano:
y se me viene á la mano
bajo forma de un Vizconde!
Devorando sangre y hiél

El Gran Galeoto. 67

tres meses ¡por B^lcebú!

y ahora... figúrate tú ...

¡frente á frente , yo con él !

(Salen por el fondo Julián y Severo.)

ESCENA IV.

Pepito

¡Pues señor, vaya un enredo!
y un enredo sin motivo.
Aunque también fué locura ,
por más que diga mi tio,
poner bajo el mismo techo ,
casi en contacto continuo,
á una niña como un sol,
y á Ernesto, que es guapo chico ,
con un alma toda fuego ,
y dado al romanticismo.
Él perjura que no hay nada,
que es un afecto purísimo ,
que come hermana la quiere,
y que es su padre mi tio ;
pero yo, que soy muy zorro ,
y que aunque joven he visto
muchas cosas en el mundo,
de hermanazgos no me fio,
cuando los hermanos son
tan jóvenes y postizos.
Mas supongamos que sea,
como dicen, su c:iriño:
la gente ¿qué entiende de eso?
¿qué obligación han suscrito
para pensar bien de nadie?
¿No los ven siempre juntitos

<58 ACTO II. —ESCENA IV.

en el teatro, en el paseo,
á veces en el Retiro ?
pues el que los vid , los vio,
3/ como los vid , lo dijo.
«Que no,» me juraba Ernesto ;
que «casi nunca» han salido
de ese modo. ¿Fué una vez?
pues basta. Si les han visto
cien personas ese dia,
es para el caso lo mismo,
que haberse mostrado en público
no en un dia, en cien distintos.
Señor ¿ha de hacer la gente
información de testigos,
y confrontación de fechas,
para averiguar si han sido
muchas veces d una sola
cuando pasearon juntitos
su simpatía purísima
y su fraternal cariño?
Esto ni es serio, ni es justo,
y además fuera ridículo.
Lo que vieron dicen todos
y no mienten al decirlo.
Les "vi una vez. — Otra yo.
Una y una, dos: de fijo.

Y yo también. — Ya son tres.

Y ese cuatro y aquel cinco.

Y de buena fe' sumando
se llega basta lo inanito.

Y vieron, porque miraron,

y en fin, porque los sentidos
son para usados á tiempo,
sin pensar en el vecino.
Que él se ocupe de lo suyo,
y recuerde que en el siglo

El Gran Galeoto. 69

el que quita la ocasión

quita calumnia y peligro.

^Pequeña pausa.)

Y cuidado que concedo

la pureza del cariño,

y este es asunto muy grave,

porque á mis solas cavilo,

que estar cerca de Teodora

y no amarla, es ser un risco.

El será sabio, y filósofo,

y matemático, y físico,

pero tiene cuerpo humano,

y la otra cuerpo divino,

y basta corvo di baco,

para cuerpo de delito.

¡Si estas paredes hablasen!

¡ si los pensamientos íntimos

de Ernesto, forma tangible

tomasen, aquí esparcidos!...

Vamos á ver. por ejemplo,

aquel marco está vacío,

y en el otro Don Julián

luce su semblante típico.

Antes estaba Teodora

pendant haciendo á mi tío,

¿por qué su fotografía

habrá desaparecido?

¿Para evitar tentaciones?

^Sentándose junto á la mesa.;

si esta es la causa, ¡malísimo !

Y peor si dejó el cuadro

para mejorar de sitio

y cerca del corazón

buscar misterioso abrigo.

Vamos á ver, ¡acusad,

de la sospecha diablillos,

que flotáis por el espacio

tejiendo invisibles hilos!

¡acusad sin compasión

á ese filósofo místico 1

(Mirando á la mesa y observando el infierno de

Dante.)

Y esta es otra: ni una vez

á ver á Ernesto be venido,

que en su mesa no encontrase

abierto este hermoso libro.

«Dante: divina comedia» (Leyendo.)

su poema favorito.

Y no pasa del pasaje (Mirando otra vez.)

de Francesca, por lo visto.

Tiene dos explicaciones

el caso: ya lo concibo.

Ó que Ernesto no lee nunca,

d que siempre lee lo mismo.

Pero aquí noto una mancha:

como si hubiese cnido

una lágrima. ¡Señor,

qué misterios y que' abismos!

¡y qué difícil es ser

casado y vivir tranquilo !

¿Un papel hecho ceniza?...

(Recogiéndolo de la mesa ó del suelo.)

Nó, que aún queda algún vestigio.

(Se levanta y se acerca al balcón procurando leer en

el pedazo do papel.

En este momento entra Ernesto y se detiene obser-

vándole.)

ESCENA V.

PEPITO, ERNESTO.

Ernesto

¿Qué estás mirando?

Pepito

¡Hola, Ernesto!

EL GRAN GALEOTÜ.

pues... un papel que flotaba...
el aire se lo llevaba...

ERNESTO. (Tomándolo y devolviéndoselo después de un instaste
de observación.)

No recuerdo lo que es esto.

Pepito

Eran versos. Tú sabrás.

(Leyendo, pero con dificultad.)

«El fuego que me devora...»

(Ap.) (Pues, consonante á Teodora.)

Ernesto

Cualquier cosa.

Pepito

(Desistiendo de leer.) Y nada más.

Ernesto

Nuestra vida simboliza

ese papel sin valor:

unos gritos de dolor,

y unos copos de ceniza.

Pepito

¿Pero fueron versos?

Ernesto

Sí.

A veces no sé qué hacer:

dejo la pluma correr...

y anoche los escribí.

Pepito

Y para ayudar al estro,

y ponerte en situación,

buscabas inspiración

en el libro del maestro?

Ernesto

Me parece...

Pepito

No hay que hablar. ..

es una obra gigantesca.

Episodio de Francesca. (Señalando el libro.)
ERNESTO. (Con ironía é impaciencia.)

Hoy estás pava acertar.

Pepito

No en todo ¡por Belcebúi

ahí mismo, donde está abierto,
algo dice, que no acierto,
y que has de explicarme tú.
Leyendo un libro de amor,
por pasatiempo tan sólo,

diz que Francesca y Paolo
llegaron donde el autor,
gallardamente celebra,
demostrando no ser zote,
amores de Lanzar ote,
y de la reina Ginebra.
Tal fuego, para tal roca:
trajo un beso el libro aquel,
y un beso le dio el doncel,
loco de amor en la boca.

Y en tal punto y ocasión,
el poeta florentino,

con acento peregrino,
y sublime concisión,

dice, lo que aquí hallarás, (Señalando el lil.ro.

y lo que yo no alcance':

que Galeolo el libro fué,

y que no leyeron más.

¿No leyeron? entendido,

y no está mi duda ahí.

Pero ese Galeoto, di,

¿por qué sale y quie'n ha sido?

Y tú lo debes saber,
es el título del drama

(Señalando unos papeles que se supone que soa e
dran

que escribiste y tanta fama
te ha de dar. Vamos á ver.

el drama y lo examina.)

Ernesto

De la reina y Lanzarote
fué Galeoto el medianero,

y en amores, el tercero
puede llamarse por mote,
y con verdad, el Galeoto;
sobre todo si se quiere,
evitar nombre que hiere,

El Gran Galeoto. 73

y con él un alboroto.

Pepito Bueno: justo: lo concibo

¿pero no hay en castellano

nombre propio y á la mano?

Ernesto

Muy propio y muy expresivo.

Este oficio que en doblones

convierte las liviandades,

y concierta voluntades

y se nutre de aficiones,

nombre tiene y yo lo sé,

pero es ponerme en un brete

hacer que diga... y concrete

(Señalando el drama.)

lo que al cabo no diré.

(Le arranca el drama y lo arroja sobre la mesa.)

En cada caso especial,
uno especial tsmbien noto,
pero á veces es Galeoto
toda, la masa social.
Obra entonces sin conciencia
de que ejerce tal oficio,
por influjos de otro vicio
de muy distinta apariencia;
pero tal maña se dá
en vencer honra y pudor,
que otro Galeoto mayor,
ni se lia visto, ni verá.
Un hombre y una mujer
viven felices y en calma.,
cumpliendo con toda el alma
uno y otro su deber.
¡Nadie repara en los dos ,
y va todo á maravilla ;
pero esto en la heroica villa
dura poco, vive Dios!
Porque ocurre una mañana.

Pepito

que les niiraD al semblante ,
y ya desde aquel instante,
ó por terca, ó poi villana,
se empeña la sociedad,
sin motivo y sin objeto,
en que ocultan un secreto
de impureza y liviandad.

Y ya está dicbo y juzgado:

no hay razón que les convenza,
ni hombre existe que les venza,
ni honra tiene el más honrado.

Y es lo horrible de esta acción,
que razón, al empezar,

no tienen, y al acabar,

acaso tienen razón.

¡Porque atmósfera tan densa

á los míseros circunda,

tal torrente los inunda,

y es la presión tan intensa,

que se acercan sin sentir,

y se ligan sin querer,

se confunden al caer,

y se adoran al morir!

El mundo ha sido el ariete

que virtudes arruinó:

él la infamia preparó:

fué galeoto y... (Ap.) (Vete, vete

pensamiento de Satán

que tu fuego me devora!)

(.\p.) (¡Si discurre así Teodora

¡Dios proteja á D. Julián!)

(En voz alta.) ¿Y acaso sobre ese tema

fueron los versos de anoche?

Ciertamente.

1 Que derroche
su tiempo con esa flema,

EL GRAN G-ALEOTO.

y que esté... así... tan sereno...

sin ocuparse de nada,

quien ha de cruzar su espada

muy pronto sobre el terreno

con Nebreda, que en rigor,

con un florete en la mano

es mucho hombre ! ¿No es más sano,

y no te fuera mejor,

preparar un golpe recto,

ó una parada en tercera,

que exprimirte la mollera

sobre tal verso incorrecto ,

ó sobre tal consonante

declarado en rebeldía?

¿Con toda tu sangre fria

no piensas que estar delante

del Vizconde es serio?

No.
T en buena razón me fundo.
Si le mato, gana el mundo:
si me mata, gano yo.
Bueno: mejor es así.
No hablemos más del asunto
(Ap.) (Ahora con maña pregunto...)
¿Y es hoy mismo?

(Acercándose á él y en voz más baja.)

Hoy mismo: sí.
¿ Vais á las afueras?

No.
No era posible á tal hora.
Un lance que nadie ignora...
¿En alguna casa?

Yo
lo propuse.

¿Dónde?

Acriba.

Ernesto

(Todo e-to con frialdad é indiferencia.)

Un cuarto desalquilado:
gran salón: luz de costado...
Sin que nadie lo perciba,
mejor sitio que da un cerro
para el caso que se trata,
nos da puñado de plata.
¿Y ja sólo falta?...

¡ Hierro !
Hablan fuera... gente viene...

(Acercándose al fondo.)

¿ LOS padrinos ? (Á Ernesto.)

Podrá ser.
Parece voz de mujer...

(Asomándose á la puerta.)

¿Pero por qué los detiene?...

[Acercándose también.)

ESCENA VI.

>TO, PEPITO, CRIADO.

Criado. Preguntan por el señor. (Con cierto misterio.

Pepito

¿Quién pregunta?
Criado. Una señora.

Ernesto

Es extraño.

Pepito

¿ Pide ? ¡En voz baja al criado.)

Criado. (lo mismo á Pepito.) Llora.

Pepito

¿Es joven? (En voz alta.)

Criado. Pues en rigor

yo no lo puedo decir:

la antesala es muy oscura,

y la señora procura

de tal manera cubrir

la cara, que el percibirla

ya es empresa y ya es trabajo.

EL GRAN GALEOTO'.

y habla tan bajo, tan. bajo,
que no hay manera de oiría
¿Quién será?

Quien quiere verte.
No adivino...

(Ap.J (Está perplejo.)

Oye, á tus ancbas te dej o :
un abrazo y buena suerte.

(Dándole un abrazo y tomando el sombrero.)

¿Qué esperas bobalicón? (ai criado.)

Que mande el señor que pase.

En asuntos de esta clase

se adivina la intención.

Y después, hasta el momento

en que salga la tapada,

no abras la puerta por nada ,

aunque se hunda el firmamento.

¿ Oonque la digo que sí?

Bueno. AdiOS. (Á Pepito que está ya en la puerta.)

Adiós, Ernesto.

(Salen él y el criado por el fondo.)

¿Una dama? ... ¿Qué pretexto?...
¿Ó qué razón ?...

(Pausa. En este momento se presenta en la puerta del
fondo y en ella se detiene, cubriéndose con un velo,
Teodora.)

Ya está aquí.

ESCENA VII.

TEODORA, ERNESTO. Ella en el fondo sin atreverse á avanzar: él en

primer término volviéndose hacia ella.

Ernesto

Usté hablarme deseó :

si usted se digna, señora.

Teodora

Ernesto»

Teodora

^Invitándola á que pase.)

Perdón, Ernesto. (Levantando el velo.)

¡Teodora!
Hago mal ¿no es cierto?

(Cortado y balbuciente.) lO...

no lo sé... porque yo ignoro...

honra tal á qué debí...

Pero que digo ¡ay ds mí!...

¡si en mi casa su decoro

lia de hallar respeto tal...

que ya más no pueda ser! (con exaltación.)

¿por qué, señora, temer,

que en ello pueda haber mal?

Por nada... y un tiempo ha sido,

¡ que para siempre ha pasado!

en que, ni hubiera dudado,

ni hubiera, Ernesto, temido;

en que cruzara un salón

cualquiera, de usted cogida,

sin la frente enrojecida,

sin miedo en el corazón.

En que al partirse de aquí...

como dicen que mañana,

á la tierra americana,

parte usted... yo misma... sí...

como aquellos que se van...

acaso no han de volver...

como es tan triste perder...

un amigo... ante Julián...

ante el mundo... conmovida...

pero sin otro cuidado...

yo misma... le hubiera dado...

1 los brazos por despedida!

(llaee un movimiento, luego se detiene.)

¡Ah, Teodora!...

Pero ahora...

presumo que no es lo mismo.
Hay entre ambos un abismo.
Tiene usted razón, señora.
Ya no podemos querernos,
ni siquiera como hermanos :
ya se manchan nuestras manos,
si se aproximan al vernos.
Lo que ha sido ya se fué:
es necesario vencerse:
es preciso aborrecerse.

(Con ingenuidad y ang-ustia.J

¡Aborrecernos! ¿por qué?
¡Yo aborrecerla! ¿tal dije?
¿á usted, pobre niña?

Sí.
No haga usted caso de mí:
y si la ocasión lo exije,
y mi vida há menester,
mi vida, Teodora, pida
que dar por usted la vida

Será... (Con pasión.)

(Transición: conteniéndose y cambiando de tono.)

cumplir un deber.

(Pequeña pausa.)

¡Aborrecer! si mis labios

dijeron palabra tal,

fué que pensaba en el mal,

que pensaba en los agravios,

que sin querer hice yo

á quien tanto bien me hacía.

Usted, Teodora, debia

aborrecerme: yo... nó.

(con tristeza.) Macho me han hecho llorar:

razón tiene usted en esto;

(Con mucha dulzura.)

pero á usted... á usted, Ernesto,

yo no le puedo acusar.

Ni pensando sin pasión

hay nadie que le condene:

perqué usted ¿qué culpa tiene

de tanta murmuración?

¿ni del ponzoñoso afán

que muestra ese mundo impío.,

ni del carácter sombrío

de nuestro pobre Julián?

de su enojo, que es dolor:

de su acento que me hiere:

¡de la pena con que muere,

porque duda de mi amor!

Ernesto

iEso es lo que no concibo,

y en él, aun menos que en otro:

lo que me pone en un potro:

lo que juro por Dios vivo,

que no es digne de merced,

ni hay pretexto que lo escude:

que exista un hombre que dude

de una mujer como usted! (Con profunda ira.)

Teodora

¡Bien paga su duda fiera

mi Julián!

JiRNESTO. (Espantado de haber acusado á Don Julián delante do

Teodora.)

¡Qué dije yo!
¿Yo acusarle?,,.. ¡No!...

"Dudó,

(Apresurándose para disculpar á Don Julián y para
borrar el efecto de lo que dijo.)

como dudara cualquiera:
como duda quien adora:
si no hay cariño sin celos:
¡ hasta del Dios de los cielos
hay quienes dudan, Teodora!
Es terrenal croismo:

es que el dueño de un tesoro,
guarda su oro porque es oro,
y teme por él. Yo mismo,
si por arte sobrehumano
consiguiera hacerla rnia,
¡dudaría!... ¡dudaría!...
¡hasta de mi propio hermano!

(Con creciente exaltación: de repente se detiene al ob-
servar que otra vez, y por distinto lado, va á caer en
el mismo abismo de que antes huyó. Teodora en este
mismo instante oye voces hacia la puerta del fondo y
y se dirige á ella.)

ÍAp.) (¿Á dónele vas corazón?

¿qué hay en tu seno profundo?

¡ dices que calumnia el mundo ,

y tú le das la razón!)

Teodora

Escuche usted... gente viene.,.

Ernesto

Las dos apenas...

(Acercándose al fondo.) ¿Serán?...

Teodora

(con cierto terror.) ¡Esa es la voz de Julián!...
¡ Entrará !

Ernesto

No... se detiene...

TEODORA. (Lo mismo, como preguntando á Ernesto.)

Si es Julián...

(Hace un movimiento para dirigirse á la puerta de la
derecha: Ernesto la detiene respetuosa pero enérgi-
camente.)

Ernesto

Si es él, aquí:

nuestra lealtad nos escuda.
Si es... esa gente que duda,
entonces, Teodora, allí.

(Señalando la puerta de la derecha.)
Nada... nada... (Escuchando.)

Teodora

¡El corazón

me salta !

Ernesto

No hay que dudar.

marchóse quien quiso entrar,

ó todo fué una ilusión.

¡Viniendo al primer término.)

Por Dios, Teodora...

Teodora

(lo mismo.) Tenía

que hablar con usted, Ernesto,

y el tiempo pasa tan presto...

Ernesto

¡ Vuela el tiempo !

Teodora

Y bien, decía...

Ernesto

Teodora... perdón le pido;

pero... acaso no es prudente...

si llegase gente... y gente

debe llegar...

Teodora

He venido

precisamente por eso...

para evitarlo.
Ernesto ¿De modo?...

Teodora

De modo que lo sé todo,

y que me horroriza el peso

de esa sangre que por mí

quieren ustedes verter:

la siento en mi frente arder,

¡la siento agolparse aquí!

(Oprimiéndose el pecho.)

Ernesto

¡Porque afrentada se esconde!

afrentada y encendida,

hasta que arranque la vida

yo por mi mano al Vizconde.

¿Lodo quiso? ¡tendrá lodo

de sangre !

Teodora

(ron espanto.) ¿Su muerte?

Ernesto

Sí.

(Reprimiendo un movimiento de súplica de Teodora.

Usted dispone de mí:
conmigo lo puede todo:
todo, con una excepción:
¡la de lograr que yo sienta,

Ernesto

recordando aquella afrenta,
por Nebreda compasión!

(Con acento lloroso y suplicante.)

¿Y por mí?

¿Por usted?

Sí:
¡ será el escándalo horrible!
Es posible.

¿Que es posible ?
¡y lo dice usted así !
¡sin procurar evitarlo,
cuando yo misma intercedo!
Evitarlo yo no puedo;
pero puedo castigarlo.
Esto pienso, y esto digo,
y esto corre de mi cuenta:
otros buscaron la afrenta,
pues yo buscaré el castigo.

(Acercándose á él y en voz baja como temiendo oírse

a si misma. l

¿Y Julián?

¿Julián? ¿y bien?...
¡Si lo sabe!...

Lo sabrá.
¿Y qué dirá?

¿Qué dirá?
¿Que en mi defensa... que quién...
pudo mostrar su valor...
sino mi esposo... que me ama?
¿En defensa de una dama?
cualquiera que tenga honor.
Sin conocerla: sin ser,
pariente, amigo, ni amante:
con escuchar es bastante
que insultan á una mujer.
¿Qué por qué á ese duelo voy?

S4

¿qué por qué la defendí ?

porque la calumnia oí

¡y porque yo soy quién soy !

¿Quién hay que defensas tase,

ni tai derecho repese?

¿no estaba yo? ¡pues quien fuese,

el primero que llegase!

( Que le ha oitlo atentamente y como dominada por el
acento enérgico de Ernesto, se acerca á él y le estrecha
la mano con efusión.)

¡Eso es noble y es honrado
y es digno de usted Ernesto!...

(Se detiene, se aleja de Ernesto y dice tristemente lo

que sigue.)

Ernesto

pero mi Julián con esto,
Ernesto, queda humillado.

(Con profunda convicción.)

¿Él humillado?

Sí á fé.
¿Por qué razón?

Sin razón.
¿Quién lo dirá?

La opinión
de todos.

¿Pero, por qué?
Cuando llegue hasta la gente
que un insulto he recibido,
y que mi esposo no ha sido
quieu ha dado al insolente
su castigo... y además

que usted su puesto ha tomado ,
sobre el escándalo dado,
habrá otro escándalo más.

(Convencido, pero protestando.)

Si en lo que hayan de decir

hay que pensar para todo,

vive Dios que ya no hay modo

ni manera de vivir.

[Bajando la voz y la cabeza y huyendo la mirada de Ernesto.)

Teodora

Pero es come digo yo.

Ernesto

Es así; pero es horrible.

Teodora

¡Pues ceda usted!

Ernesto

Imposible.

Teodora

¡ Yo se lo suplico !

No así

Y bien mirado, Teodora,

más vale que ante Nebreda,

suceda lo que suceda,

que lo que ha de ser se ignora,

acuda yo; porque al fin,

á ese Vizconde malvado ,

lo que le falta de honrado,

le sobra de espadachín.

TEODORA.. (Algo herida de la especie de protección, un tanto
humillante, que Ernesto dispensa á Don Julián.)

Corazón tiene también
mi esposo.

Ernesto

¡Suerte fatal!...

Ó yo me explico muy mal,
ó usted no me entiende bien.
Yo conozco su valer,
pero entre hombres de coraje,
cuando hay un sangriento ultraje
á la fama ó al honor,
no se puede adivinar
lo que puede suceder:
ni quién llegará á caer,
ni quién logrará matar.
Y" si ese hornbre, en conclusión,
vence en el lance funesto,
entre Don Julián y Ernesto,
no es dudosa la elección.

8(5

(Con sinceridad, pero con tristeza.)
TEODORA. (Con verdadera angustia.)

¿Usted?... ¡Esonó!... ¡Tampoco!

Ernesto

¿ Por qué? si es esa mi suerte...
Nadie pierde con mi muerte
y yo mismo pierdo poco.

TEODORA. (Casi sin poder contener el llanto.)

¡No diga usté eso por Dios!...

Ernesto

¿Pues qué dejo yo en el mundo?

¿qué amistad, qué amor profundo?
¡qué mujer seguirá en pos
de mi cadáver, llorando
con llanto de enamorada!...

TEODORA. (Sin poder contener las lágrimas.)

Toda la noche pasada...
por usté estuve rezando.. .
y dice usted que ninguno...
¡ Yo no quiero que usted muera!

(Con explosión.)

Ernesto

¡ Ah!... ¡se reza por cualquiera !
¡sólo se llora por uno ! (con pasión.)

Teodora

¡ Ernesto !... (con extrañeza.)

ERNESTO. (Asustado de sus propias frases.)

¿Qué?

TEODORA. [Separándose de él.) Nada...

ERNESTO. (Con timidez: bajando la cabeza y huyendo también

de Teodora.)

Sí...
si ya le dije hace rato. ..
que yo soy un insensato...
no haga usted caso de mí.

(Pausa: quedan silenciosos, pensativos: lejos uno de
otro y sin osar mirarse.)

TEODORA. ¡ Otra vez! (Señalando hacia el fondo.)
ERNESTO. (Siguiendo el movimiento de Teodora.)

¡Gente ha venido!...

S7

TEODORA. (Acercándose al fondo y prestando oido.)

Y quieren entrar...

Ernesto

(lo mismo.) ■ No hay duda.

¡Allí Teodoral... (Señalándole el cuarto.)

Teodora

¡Me escuda

mi honor!

Ernesto

Si no es su marido.

Teodora

¡No es Julián!

ERNESTO. NO. (Llevándola á la derecha.)

Teodora

Yo esperaba...

(Deteniéndose junto á la puerta y suplicante.)

Renuncie usted á ese duelo.

Ernesto

Si he llegado ¡vive el cielo!

á su rostro...

Teodora

¡Lo ignoraba!...

(Con desesperación; pero comprendiendo crue todo ar-
reglo es imposible, j

¡Pues huya usted!

Ernesto

¡ Que huya yo !

Teodora

¡ Por mí ! ¡ por él ! ¡ por Dios vivo !

Ernesto

Odiarme... sí... ¡lo concibo!

¡Pero despreciarme!... ¡nó! (con desesperación.)

Teodora

Una palabra no más.

¿Vienen por usted?

Ernesto

No es hora.

Teodora

¿Lo jura usted?

Ernesto

Sí, Teodora.

¿Me aborrece usted?

Teodora

¡Jamás!

Pepito

(Desde fuera.) Nada... ¡verle necesito!...

Ernesto

¡Pronto!

TEODORA. Sí. (Entra por la derecha.)

Pepito

¿Quién se me opone?

Ernesto

¡ Ah ! la calumnia se impone
y hace verdad el delito.

ESCENA VIII.

ERNESTO, PEPITO: (Éste por el fondo, sin sombrero y profundamente

aaritado.)

Pepito

¡Vete al infierno!... ¡entraré!
¡Ernesto!... ¡Ernesto!...

¿Que pasa:

Yo no se' como decirlo...
y es necesario...

Pues habla.
¡La cabeza me da vueltas!

¡Jesús! ¡Jesús! ¡quién pensara!

Ernesto

Pronto y claro, ¿qué sucede?

Pepito

¿Qué sucede? ¡urja desgracia!

Supo Don Julián del duelo: (Muy rápido.

vino á buscarte, no estabas:

se fué á ver á tus padrinos,

y todos juntos á casa

del Vizconde.
Ehnk&to. ¿De Nebreda?

¿pero cómo?

Pepito

¡Vaya en gracia!

como quiso Don Julián

que era tromba que arrastraba

voluntades, conveniencias...

todo, todo...
Eiínesto. ¡ Sigue, acaba !

Pepito

(Separándose de Ernesto y acercándose al fondo.)

Ya suben...
Erí esto. ¿Quiénes?

Pepito

Pues ellos...

Le traen en braZOS... (Asomándose.)

Ernesto

¡Me espanta

lo que dices!... ¡Sigue!... ¡pronto!

Ernesto

(Cogiéndole con violencia y trayéndole al primer tér-
mino.)

Le obligó á batirse: nada,
no hubo medio: y el Vizconde
dijo, «pues los dos.» Y á casa:
á la tuya... Don Julián
sube: tú fámulo atranca
la puerta y jura que tú
con una señora estabas
y que no entra nadie, nadie.
¿Y entonces?...

Don Julián baja
diciendo: «mejor, ámí
por entero la jornada.»
Y él, Nebreda, los padrinos,
mi padre, y yo que llegaba,
arriba todos... ya sabes...
¿Y se han batido?

¡Con rabia!
¡con furor! como dos hombres
que van buscando con ansia,
un corazón que aborrecen
tras la punta de una espada.
¿Y Don Julián?... ;N<5!... ¡mentira!
Ya están aquí.

¡Calla! ¡calla!
¡di quie'n es!... ¡y dílo bajo!
Por acá.

(Se presentan en el fondo Don Julián, Don Severo y
llueda. Traen á Don Julián mal herido entre los otros
dos. El orden de izquierda á derecha es: Severo, Ju-
lián, Rueda.)

¡ Jesús me valga!

ESCENA IX.

ERNESTO, DON JULIÁN, DON SEVERO, PEPITO, RUEDA.

Ernesto

¡Don Julián!... ¡ mi bienhechor !
¡mi amigo!... ¡mi padre !

(Precipitándose á su encuentro llorando.)
JüLIAN. (Con voz débil.) Ernesto...

Ernesto

¡Maldito yo!

Severo

Yamos presto.

Ernesto

¡Padre!

Severo

¡Le vence el dolor!

Ernesto

¡Por mí!
Julián. No es cierto...

Ernesto

¡Por mí!...

¡perdón!

(Cogiéndole la mano á Don Julián por el lado de la
derecha, y arrodillándose ó inclinándose.)

Julián. No lo has menester.

Cumpliste con tu deber:
yo con mi deber cumplí.

Severo

¡Un leeho! (Suelta á Julián: le sustituye Pepito.)

Pepito

(Señalando la puerta de la derecha.)

¡Vamos á entrar!

Ernesto

¡Nebreda!... (Con acento terrible.)

Severo

No más locura,

¿ó es que quieres por ventura

acabarlo de matar?

Ernesto

¡Locura!... ¡Veremos!... ¡Oh! (Frenético.)

¡Vengan dos... es mi derecho!

(Precipitándose hacia el fondo.)

Severo

(Dirigiéndose á la derecha.)

A tu alcoba y en tu lecho...

(Ernesto que ya estaba en el fondo se detiene espan-
tado.)

Don Julián

¿A dónde?

A dentro.

¡Sí!

I No'!

(Se precipita y cubre la puerta coa su cuerpo. El
grupo que conduce á Don Julián casi desfallecido se
detiene mostrando asombro.)

¿Tú le niegas?

¡ Estás lcco!
¡Aparta!... ¿No ves?... ¡se muere!
¡ Pero qué dice!... ¡no quiere!...

(Incorporándose y mirando con mezcla de asombro y
espanto á Ernesto.)

¡No comprendo!

¡Yo tampoco !
¡Está muriendo !... ¡y me implora!...
¡y duda!... ¡¡padre!!...

¡Hade ser!

(Por encima del hombro de Ernesto empuja la puerta:
Teodora se presenta. )

¡Jesús!

¡Ella!

¡Una mujer!

(Precipitándose sobre él y abrazándole.)

¡Mi Julián!

(Separándola para mirarla y por un violento esfuerzo
poniéndose en pié y desprendiéndose de todos.)

¿Quién es?

¡¡Teodora!!

(Cae sin sentido en tierra.)

Acto tercero

ACTO TERCERO.

La misma decoración del primer acto: en vez de sofá una butaca.

Es de noche: un quinqué encendido sobre la mesa.

ESCENA PRIMERA.

PEPITO escuchando en la puerta de la derecha segundo término:

después viene al centro.

Al fin la crisis pasó,

ó al 'menos no se oye nada.

¡ Pobre Don Julián ! muy grave :

muy grave. De la balanza

está en el fiel su existencia:

á un lado la muerte aguarda,

y al otro lado, otra muerte:

¡la del honor, la del alma!

Dos abismos más profundos,

que un amor sin esperanza.

¡ Diablo! ¡que me voy volviendo,

con las tragedias de casa,

más romántico que el otro

con sus coplas y sus dramas!

¡Qué! ¡si tengo la cabeza

heclia toda un panorama,

de escándalos, desafíos,

muertes, traiciones é infamias!

¡Jesús, qué dia! ¡y qué noche!

¡y lo peor es lo que falta!

(Pequeña pausa.)

¡Vamos, que también lia sido

imprudencia temeraria,

en tal estado sacarle...

y traerle... pero vaya!...

¿quién á mi tio se opone

cuando entre las dos arcadas

poderosas de sus cejas

una idea se le graba?

Y hay que darle la razón:

ninguna persona honrada,

teniendo un soplo de vida,

en tal caso y en tal casa,

se hubiera quedado. Y él,

es hombre de temple y alma.

¿Quién viene?... (Acercándose al fondc

Mi madre. Sí.

ESCENA II.

PEPITO, MERCEDES por el fondo.

Mercedes

¿Y Severo?

Pepito

No se aparta

ni un momento de su hermano.

Mucho pensé que le amaba,

pero á tanto no creí

que su cariño llegara.

¡Si sucede lo que temo!...

Mercedes

¿Y tu tio?

Pepito

Sufre y calla.

EL GRAN GALEÜTO.

Pepito

Algunas veces, «¡Teodora!»
dice con voz ronca y áspera.
«¡Ernesto!» dice otras veces,
y entre las manos la sábana
arruga. Después se queda
inmóvil como una estatua,
en el espacio vacío
fija tenaz la mirada,
y helado sudor de muerte
su frente copioso baña.
De pronto la calentura
vigor le presta: en la cama
se incorpora: escucha atento:
dice que ella y él le aguardan:
se arroja, quiere venir,
y sólo á fuerza de lágrimas
y de súplicas, mi padre
consigue calmar sus ansias.
¿Calmar? nó; ¡que por sus venas
lleva su sangre abrasada,
las iras del corazón,
del pensamiento las llamas!
"Vamos, madre, que da angustia
ver la contracción amarga
de su boca: ver sus dedos
crispados como dos garras:
y aquel cabello en desorden:
y aquellas pupilas anchas,
que parece que codician,
y beben desesperadas,
todas las sombras que flotan
alrededor de la estancia.
¿Y tu padre al verle?...

¡Gime,
y jura tomar venganza!
y también dice «¡ Teodora b,

y también «¡Ernesto!» clama;
¡quiera Dios no los encuentre,
porque si los encontrara,
quién sus enojos disipa,
quién sus furores ataja !

Mercedes

Tu padre es muy bueno.

Pepito

Mucho.

Pero con un genio ¡vaya!...

Mercedes

Eso sí. Muy pocas veces,

muy pocas veces se enfada,
pero como llegue el caso...

Pepito

¡Es un tigre de Bengala!...

salvo el respeto debido.

Mercedes

Siempre con razón sobrada.

Pepito

No sé si siempre la tiene;

pero esta vez no le falta.
¿Y Teodora?

Mercedes

Arriba queda.

Quiso bajar... ¡y lloraba! ...
¡una Magdalena!...

Pepito

¡Ya!

¿arrepentida ó liviana?

Mercedes

No digas eso: ¡infeliz!
¡si es una niña!

Pepito

Que mata,

inocente y candorosa,
dulce, purísima y mansa,
á Don Julián. De manera,
que si vale tu palabra,
y es una niña, y tal hace
casi al borde de la infancia,
deja á los años correr
y Dios nos tenga en su gracia.

Mercedes

Ella casi no es culpable.

Tu amiguito: el de los dramas:
el poeta, el soñador...

¡ el infame ! fué la causa
de todo.

Fepito. Si no lo niego.

Mercedes

¿Y por dónde anda?

Pepito

¡Pues anda!

Ernesto á estas horas corre
por las calles y las plazas,
huyendo de su conciencia
y sin poder evitarla.

Mercedes

¿Pero la tiene?

Pepito

Es posible.

Mercedes

¡ Qué tristezas !

Pepito

¡Qué desgracias!

Mercedes

¡ Qué desengaño!

Pepito

¡Cruel I

Mercedes

¡Qué traición!

Pepito

¡De mano airada!

Mercedes

¡Qué escándalo!

Pepito

¡Sin igual!

Mercedes

¡Pobre Julián!

Pepito

¡Suerte aciaga!

ESCENA" III.

MERCEDES, PEPITO, CRIADO.

Criado. Don Ernesto.

Mercedes

¡ Y él se atreve !...

Pepito

¡Es osadía qué pasma !

Criado. Yo pensé...

Pepito

Pensaste mal.

Criado. Viene sólo de pasada.
Al cochero que traía,
le dijo: «Ya salgo: aguarda./)
De modo...

Pepito

(Consultando con su madre.)

¿Quehacer? (Sale el criado.)

Mercedes

Que pase.

Pepito

Yo le despido.

Mercedes

Con maña.

ESCENA IV.

MERCEDES, PEPITO, ERNESTO por el fondo. Mercedes sentada en

la butaca: al otro lado, en pié, Pepito: en segundo término Ernesto,

sin que nadie se vuelva á saludarle.

Ernesto

(¡Desden: silencio hostil: asombro mudo!

(Aparte.) ¡Prodigio de maldad y de insolencia

seré' desde hoy , sin culpa que me manche.. .

para todos!... ¡que todos me desprecian!)

Pepito

Escucha, Ernesto.

(Volviéndose hacia él y con acento duro.)

Ernesto

¿Qué?

Pepito

(lo mismo.) Quiero decirte...

Ernesto

¿Que salga acaso?

Pepito

(Cambiando de tono.) ¡Yo!.. . ¡Jesús, que idea!...

Era... no más... que preguntar... si es

(Como buscando algo que decir.) [cierto...

que después... al Vizconde...

ERNESTO. (Con voz sombría y bajando la cabeza.)

Sí.

Pepito

¿Tu diestra?...

Ernesto

Salí loco... bajaban... los detuve...
Subimos otra vez... cierro la puerta.
Dos hombres... dos testigos... dos espa-
ladas...
Después... no sé... dos hierros que se es-
trechan...
¡un grito!... ¡un golpe!... un ¡ay!... san-

[gre que brota...

Ernesto

un asesino en pié... y un hombre en tierra.
¡Qué diablo! tiras bien. ¿Oye usted, ma-
¡Más sangre aún! [dre?

Lo mereció Nebreda.

(Acercándose.)

¡Mercedes, por piedad!... ¡una palabra!
¿Don Julián?... ¿Don Julián?... Si usted

¡"dicen?
Que la herida mortal dentro la lleva
y más se encona cuanto más al lecho
de muerte y de dolor usted se acerca.
Salga usted de esta casa.

Quiero verle.
Salga usted pronto.

No'.

¡Tal insolencia! ...
Es muy digna de mí. (Á Pepito.)

(Á Mercedes con tono respetuoso.) Perdón, Señora:

soy como quieren los demás que sea.
¡Por Dios, Ernesto!

Mire usted, Mercedes.,
cuando á un hombre cual yo se le atrope-
y sin razón se le declara infame, [lia,
y al crimen se le obliga y se le lleva,
la lucha es peligrosa... para todos;
pero no para mí, que en lucha fiera
con invisibles seres, he perdido
honra, cariño, amor, y no me resta
ya por perder más que girones tristes
de insípida y monótona existencia.
Sólo vine á saber si hay esperanza...
¡no más! ¡no más!... pues bien, ¿por qué
este consuelo? [me niegan

(Suplicando á Mercedes.)

[supiera ¡cual es mi angustia... mi dolor!... ¿Qué

Ernesto

loo

Ernesto

¡Una palabra!

Vamos...
dicen... que está mejor.

¿Pero de veras?....
¿No me engañan?... ¿Es cierto?... ¿Lo ase-
guran?...
¡Usted es compasiva!... ¡Usted es buena!...
¿Será verdad?... ¿será verdad, Dios mió?...
¡Que se salve, señor!... ¡que no se muera!
¡que torne á ser feliz!... ¡que me perdone!
¡que me abrace otra vez!... ¡que yo le vea!

(Cae en el sillón próximo á la mesa, y oculta el rostro
entre las manos sollozando. Pausa.)

Si oye tu padre... si tu padre viene...

(Se levanta Mercedes, y ella y Pepito se acercan á
Ernesto.)

¡Juicio!... ¡Valor!... (Á Ernesto.)

¡Qué un hombre llanto vierta!
(.\p.) (¡Estos seres nerviosos son terribles:
lloran y matan por igual manera!)
Si llanto vierto, si el sollozo acude
á mi garganta en convulsión histérica,
si débil soy, cerno mujer ó niño,
no piensen que es por mí. ¡Por él! ¡por ella!
por su dicha perdida; por su nombre,
manchado para siempre; por la afrenta
que á cambio de su amor y beneficios
les dio... ¡no mi maldad! ¡mi suerte negra!
¡Por eso lloro! y si el pasado triste
con lágrimas ¡ay Dios! borrar pudiera,
en lágrimas mi sangre trocaría
sin dejar una gota por mis venas !
¡Silencio por piedad!

Luego más tarde
hablaremos de llantos y tristezas.
Si todos hablan hoy ¿por qué nosotros

El Gran Galeoto. 101

no hemos de hablar también? La villa ente-

es hervidero y torbellino móvil [ra

que llama, absorbe, atrae, devora, anega

tres honras, y tres nombres , y tres seres,

y entre espumas de risa se los lleva,

por canalizos de miseria humana,

al abismo social de la vergüenza,

y en él hunde por siempre de los tristes

el porvenir, la fama y la conciencia!

Mercedfs. Más bajo, Ernesto.

Ernesto

No: si ya son voces,

si murmullos no son: ¡si el aire atruenan!
Ya nadie ignora el trágico suceso,
mas cada cual lo dice á su manera.
Todo se sabe siempre ¡gran prodigio!
mas nunca la verdad ¡suerte funesta!

(Ernesto en pié: á su laclo y mostrando interés por
saber lo que corre por la villa, Mercedes y Pepito.)

Los unos, que en mi casa sorprendida
Teodora por su esposo, yo con ciega
furia le arremetí, y fil noble pecho
infame hierro le asestó mi diestra.
Los otros, mis amigos por lo visto,
de asesino vulgar al fin me elevan
á más noble región: yo le di muerte,
pero en lucha leal... ¡un duelo en regla!
Hay sin embargo quien la historia sabe
con más exactitud, y ese ya cuenta,
que tomó Don Julián mi vez y puesto
en el pactado lance con Nebreda.
¡Llegué tarde!... por cálculo ó pavura,
óporqueenbrazos... ¡Nó! mis labios quema
la frase impura, y mi cerebro loco
es tcdo llamas que volcan semejan.
Buscad lo que más mancha: lo más bajo:
lo más infame: lo que más subleva:

lodos del corazón, cienos del alma,
escoria vil de míseras conciencias;
echadlo al viento, que las calles cruza,
con ello salpicad labios y lenguas, *
y la historia tendréis de este suceso,
y encontrareis en ella lo que resta
de dos hombres de honor y de una dama
cuando sus honras por la villa ruedan!

Mercedes

Es triste, no lo niego; pero acaso

no todo es culpa en la opinión ajena.

Pepito

Fué Teodora á tu casa... en ella estaba...

Ernesto

Para evitar el duelo con Nebreda.

Pepito

¿rúes por qué se ocultó?

Ernesto

Porque temimos

que fuese mal juzgada su presencia.

Pepito

La explicación es fácil y sencilla:

lo difícil, Ernesto, es que la crean;
porque hay otra más fácil y más llana. ..

Ernesto

¡Y que deshonra más! ¡y esa es la buena!

Pepito

Pues concede que al menos en Teodora

si malicia no fué... fué ligereza.

Ernesto

¡El delito es prudente y cauteloso!

¡ en cambio que imprudente la inocencia !

Pepito

Pues mira, sólo hay ángeles y santos

como apliques á todos esa regla.

Ernesto

Pues bien; tienes razón: tales calumnias
¿qué importan, ni qué valen, ni qué pesan?
Lo horrible es que se mancha el pensa-
al ruin contacto de la ruin idea! [miento
¡Qué á fuerza de pensar en el delito
llega á ser familiar á la conciencia!
Que se vé repugnante y espantoso...
/pero se té!... ¡de noche en la tiniebla!...
¡Esto sí!...

(Ap.) (¿Pero qué?... ¿Por que me escuchan
con curiosa mirada y faz suspensa?)

(En voz alta.) Yo soy quien soy: mi nombre

si sólo por mentir mate' á Nebreda,

¿por trocar en verdades sus calumnias

yo, conmigo culpable, qué no hiciera?

[es nombre honrado:

Pepito

(¡Y negaba!... Si es claro.) (Ap. á Mercedes.)

Mercedes

(Ap. á Pepito.) (Hay estr avío.) Pepíto. (Lo que hay en puridad es que confiesa.)

Mercedes

(En voz alta.)

Retírese usté Ernesto.

Ernesto

No es posible.

Si yo esta noche lejos estuviera

de aquel lecho... señora, perdería

el juicio!... ¡la razón!...

Mercedes

¿Pero si llega

Severo, y si levé?...

Ernesto

¿Y qué me importa?

El es hombre leal... ¡mejor!... ¡que venga!

Huye quien teme : y teme quien engaña :

y no es fácil que yo, ni huya, ni tema.

Pepito

Pues se acercan. (Después de escuchar.)

Mercedes

¡Es él!

Pepito

(Yendo ai fondo.) No es él. Teodora.

Ernesto

¡Es Teodora!... ¡Teodora!... ¡Quiero verla!

Mercedes

¡Ernesto! ( Con severidad.)

Pepito

¡Ernesto!

Ernesto

Sí... para pedirle

que me perdone.

Mercedes

¿Usted no considera?...

Ernesto

Lo considero todo y lo comprendo.

¿Juntos los dos?... ¡Ah!nó. Basta: no teman.

Dar por ella mi sangre: dar mi vida:

mi porvenir, mi honor, y mi conciencia!...

pero ¿vernos?... jamás : ya no es posible.

¡Vapor de sangre entre los dos se eleva!

(Sale por la izquierda.)

ESCENA V.

' MERCEDES, PEPITO.

Mercedes

Déjame á solas con ella.

Vete con tu padre adentro.
Quiero llegar hasta el centro
de su corazón. Y mella
le han de hacer, lo sé de sobra,
mis palabras.

Pepito

Pues las dos

os quedáis.

Mercedes

Adiós.

Pepito

Adiós.

(Sale por la derecha, segundo término.)

Mercedes

Pongamos mi plnn por obra.

ESCENA VI.

TEODORA, MERCEDES. Teodora entra tímidamente, se detiene junte

á la puerta de Don Julián (segundo término, derecha) y escucha coa

ansia ahogando con el pañuelo sus sollozos.

Mercedes

Teodora...

Teodora

¿Eres tú?...

(Viniendo á su encuentro.)

Mercedes

Valor.

Con llorar ¿que' se consigue?

Teodora

¿Cómo sigue?... ¿cómo sigue?

¡La verdad!

Mercedes

Mucho mejor.

Teodora

¿Se salvará?

Mercedes

Ya lo creo.

Teodora

¡ Mi vida por él, Dios mió !

MERCEDKS ^a trae cariñosamente al primer término.;

Y después... después confío
en tu juicio... ; que harto veo
por tu llanto y tu ansiedad
tu arrepentimiento.

Teodora

Sí:

(Mercedes asiente y parece satisfecha.)

hice muy mal ¡ ay de mí !
en ir á verle: es verdad.

(Desagrado de Mercedes al ver que no es la elase de
arrepentimiento que creia.)

Pero anoche me dijiste

lo del insulto y el duelo...

Yo te agradezco ese celo,

aunque el daño que me hiciste ,

no lo puedes sospechar,

ni explicártelo sabría:

¡ay qué noche , madre mia!

(Cruzando las manos y mirando al cielo.)

¡ qué gemir, qué delirar!
¡De mi Julián los enojos!...
¡el escándalo!.. ¡ la afrenta!...
¡la sangre!... ¡la lid violenta!...
¡todo pasó ante mis ojos!

Y también el pobre Ernesto,
muriendo tal vez por mí...
¿Por qué me miras así?
¿Pero qué mal hay en esto?
¿Es que no estás convencida?
¿Piensas como los demás?

Mercedes

(Con tono seco.) Pienso que estaba demás

que temieses por la vida

de ese joven.

Teodora

Nó: Nebreda

es famoso espadachín !

Ya ves... mi Julián...

Mercedes

Al fin

tu Julián vengado queda,
y el espadachín tendido
de un golpe en el corazón;
de suerte que sin razón

(Con intención y dureza.)

has llorado y has temido.

Teodora

¿Y fué Ernesto?... (Con interés.)

Mercedes

Ernesto, sí.

Teodora

¡Al Vizconde!

Mercedes

Frente á frente.

TEODORA. (Sin poder dominarse.)

¡ Ah! ¡qué noble y qué valiente!

Mercedes

¡Teodora!

Teodora

¿Qué quieres? di.

Mercedes, (con severidad.) Te adivino el pensamiento.

Teodora

¿Mi pensamiento?

Mercedes

Sí.

Teodora.. ¿Cuál?

Mercedes

¡Bien lo sabes!

Teodora

Hice mal

al demostrar mi contento

por ver á Julián vengado:

mas del alma impulso ha sido

que refrenar no he podido.

Mercedes

No es eso lo que has pensado.

Teodora

¿Pero tú lo has de saber

mejor que yo misma?

Mercedes

(Con profunda intención.) Mira,

cuando mucho el alma admira

va camino del querer.

Teodora

¡Que yo admiro!

Mercedes

La bravura

de ese mozo.

Teodora

j Su nobleza !

Mercedes

Dá lo mismo, así se empieza.

¡Eso es delirio!

¡ Es locura!
pero en tí.

¡No cede!... ¡no!
¡Siempre esa idea maldita!...
¡ Lástima inmensa, infinita!
eso es lo que siento yo.
¿Por quién?

¿Por quién lia de ser?
por Julián.

¿Nunca has oido
que van lástima y olvido
á la par en la mujer?
¡ Calla por Dios!... ¡por piedad!
Quiero alumbrar tu conciencia
con la voz de mi experiencia
y la luz de la verdad.

(Pausa. )

Te escucho, y al escucharte ,
no mi madre, no mi hermana,
no mi amiga, me parece,
tal me suenan tus palabras,
que Satanás por tus labios
aconseja, inspira y habla.
¿Por qué quieres convencerme,
que mengua y mengua en el alma,
el cariño de mi esposo,
y que en ella impuro se alza
otro cariño rival

con fuego que quema y mancha?
¡Si yo quiero como quise!
Si yo diera hasta agotarla
toda la sangre que corre
por mis venns y me abrasa,
por sólo un punto de vida

(Señalando hacia el cuarto de Don Julián.)

Teodora

de aquel de quien me separan.
Si yo entraría ahora mismo,
si tu esposo me dejara,
y en mis brazos á Julián,
inundándolo de lágrimas,
con cariño tan entero
y tal pasión estrechara,
que se fundieran sus dudas
al calor de nuestras almas!
Y porque á Julián adore
¿he de aborrecer ingrata
al que noble, generoso
por mí su vida arriesgaba?
¿Y no aborrecerle es ya
amarle? ¡Jesús me valga!...
Tales cosas piensa el mundo,
oigo historias tan extrañas,
tan tristes sucesos miro,
tales calumnias me amagan,
que á veces dudo de mí,
y me pregunto espantada,
¿seré lo que dicen todos?
¿llevaré pasión bastarda
en el fondo de mi ser,
quemándome las entrañas,
y sin saberlo yo misma,
en hora triste y menguada ,
por potencias y sentidos
brotará la infame llama?
¿Luego me dices verdad?
¡ Si digo verdad!

¿No le amas?
I Mira, Mercedes, que yo
no sé cómo te persuada !
Tal pregunta en otro tiempo
la sangre me sublevaba ,

y ahora, ya lo ves, discuto
si soy ó no soy honrada !
¿Es esto serlo de veras?
¿es serlo con toda el alma?
¡Nó! ¡sufrir la humillación
es ser digna de la mancha !...

(Se oculta el rostro entre las manos y cae en la butaca
de la derecha.)

No llores: vamos: te creo.
No llores, Teodora... basta.
No más. Ya sólo te digo,
y concluyo, una palabra.
Ernesto no es lo que crees:
no merece tu conüanza.
Es bueno , Mercedes.

No así

Quiere á mi Julián.

Le engaña.
¡ Otra vez i... ¡ Jesús mil veces !
No digo que tú escucharas
su pasión: tan sólo digo...
digo tan sólo, que te ama.

¡El á mí? (Con asombro y levantándose.)

¡ Lo saben todos!
Hace poco, en esta sala ,
delante de mí, de mi hijo. . .
¡ja ves tú!...

(Con ansia.) Y bien... acaba.
¿Qué?

¡ Que confesó de plano !
¡Y con frase arrebatada
juró que por tí daría
vida, honor, conciencia y alma!
Y al llegar tú, quiso verte;
y sólo á fuerza de instancias
conseguí que se marchase

Mercedes

adentro! Y estoy en ascuas
por si le encuentra Severo
y sus enojos estallan.

Y ahora ¿qué dices?

(Á pesar suyo ha seguido esta relación con una mez-
cla extraña de interés, asombro y terror: algo inde-
finible.)

¡Dios mió,
será verdad tanta infamia!
¡Y yo que por él sentía!...
¡Y yo que le profesaba
cariño tan verdadero!...
¿Otra vez lloras?

¡El alma
no ha de llorar desengaños
de esta vida desgraciada!
Un ser tan noble, tan puro...
ver cómo se hunde y se mancha...

Y dices que está allí dentro...
¡él!... ¡Ernesto!... ¡Virgen santa!
Mira, Mercedes... Mercedes...
¡que se aleje de esta casa!

Eso quiero yo también

y tu energía me agrada. (Con verdadero gozo.)

¡Perdóname!... ¡que ahora creo!...

(Abrazándola con efusión.)

Teodora

¡Y antes nó?

(La actriz dará á esta frase toda la intención que el
autor lia querido que tenga.)

Mercedes

Silencio... calla...

él fe acerca.

Teodora

(Con ímpetu.) ¡No he de verle!

Díle tú... ¡Julián me aguarda!

(Dirigiéndose á la derecha.)

Mercedes

(Deteniéndola.) Imposible... ya lo sabes...
Y él mis órdenes no acata:

y ahora que conozco á fondo
tus sentimientos, me agrada
que encuentre el desprecio en tí
que antes halló en mis palabras.
¡De'jame!

¡Teodora!... (Deteniéndose al entrar.
(Ap. á Teodora.) (Es tarde.

Cumple tu deber y basta).

Teodora

(En voz alta á Ernesto.)

El mandato que hace poco
de mis labios escuchaba
ya á repetirlo Teodora
como dueña de esta casa.

No me dejes. (En voz baja á Mercedes.)
(Lo mismo á Teodora.) ¿Temes algO?

¡Yo temer!... No temo nada.

(Le hace señal de que salg-a.)

(Sale Mercedes por la derecha, segundo término.

ESCENA VIL

TEODORA, ERNESTO.

Ernesto

Que saliese... fué el mandato.

(Pausa. Los dos guardan silencio y no se atreven á
mirarse.)

¿Y usted... lo repite ahora?

(Teodora hace una señal afirmativa, pero sin fijar la
vista en él.)

Pues no tema usted, Teodora:
yo lo cumplo y yo lo acato.

(Triste y respetuoso.)

¡Los demás no hallarán modo

de obediencia, aunque les pese! (con dureza.)

De usted... aunque me ofendiese...

de usted... yo lo sufro todo, (con sumisión.)

Teodora

¡Ofenderle, Ernesto!... nó.
¿Cree usted que yo?...

(Sin mirarle, contrariada y temerosa.)

Ernesto

No lo creo.

(Nueva pausa.)

Teodora

Adiós... Su dicha deseo.

(Sin volverse ni mirarle.)

Ernesto Adiós, Teodora.

(Se detiene un momento, pero Teodora no se vuelve,
ni fija en él los ojos, ni le tiende la mano. Al fin se
aleja. Después de llegar al fondo vuelve y se acerca á
ella. Teodora le siente venir y se estremece, pero no
dirige á él la vista.)

Si yo
todo el mal que á mi pesar,
por mi maldecida suerte,
le he causado, con mi muerte
ahora pudiese borrar,
bien pronto no quedaría,
lo juro como hombre honrado,
ni una sombra del pasado,
ni un suspiro de agonía,
ni esa triste palidez,

(Teodora levan tal a cabeza y le mira con profundo terror.)

ni esa mirada que espanta,
ni un sollozo en su garganta,

(Teodora ahoga, en efecto, un sollozo.)

ni una lágrima en su tez.

TEODORA. (Ap. alejándose de Ernesto.)

(¡Mercedes dijo verdad!...

y yo ciega, inadvertida...)

Ernesto

Un adiós de despedida,

uno sólo, ¡por piedad!

Teodora

Adiós... sí... Yo le perdono

el mal que nos hizo.

Ernesto

¡Qué hice!...

¡Yo, Teodora!

Teodora

Usted lo dice.

Ernesto

¡ Esa mirada!... ¡Ese tono!...

Teodora

¡ No más, Ernesto, por Dios!

Ernesto

¿Qué hice yo que mereciera?...

Teodora

Como si yo do existiera:

todo acabó entre los dos.

Ernesto

¡Ese acento!... ¡Ese desden!...

TEODORA. (Con dureza y extendiendo el brazo hacia la puerta.)

¡ Salga usted!

Ernesto

¡Que salga... así!

Teodora

¡Mi esposo se muere allí...

y aquí me muero cambien!...

(Vacila y tiene que apoyarse en el respaldo de la bu-
taca para no caer.)
ERNESTO. ¡Teodora!... (Precipitándose para sostenerla.)

TEODORA. (Rechazándole con energía.) ¡ Tocarme, nÓ !

j ¡Sola!

(Pausa. La actitu^y las miradas de los actores las que
su talento les inspire.)

Ya el pecho se ensancha.

(Quiere dar unos pasos: de nuevo le faltan las fuerza»
y de nuevo quiere sostenerla Ernesto. Ella le rechaza
y se aleja de él.)

Ernesto

¿Por qué no?

Teodora

(con dureza.) ¡Porque usted mancha!

Ernesto

¿Que yo mancho?

Teodora

Cierto.

Ernesto

¡Yo !

(Pausa.)

¿Pero qué dice, Dios mió?...
¡Ella también!... ¡Imposible!
¡ Si la muerte es preferible!...
¡No es verdad!... ¡Yo desvarío!...
¡Diga usted que no, Teodora!
¡Una frase por el cielo:

de perdón, ó de consuelo,

ó de lástima, señora!

¡Yo me resigno á partir,

y á no verla á usted ya nunca,

aunque esto desgarra y trunca,

y mata mi porvenir !

Pero es, si á mi soledad

me siguen, con su perdón,

su afecto, su estimación...

¡por lo me'nos su piedad!

¡Es creyendo, que usted cree ,

que soy leal, que soy honrado,

que ni mancho, ni he manchado,

ni afrento, ni afrentaré !

I Me importa poco del mundo,

desdeño sus maldiciones,

y me inspiran sus pasiones

el desprecio más profundo!

Hiera terco, ó ^iera cruel,

murmure de lo que fui,

nunca pensará de mí

todo lo que pienso de él.

¡Pero usted! ¡el ser más puro

que forjó la fantasía!

¡usted! ¡por quien yo daría,

una y mil veces, lo juro,

y con ansia, con anhelo,

en esta insensata guerra,

no ya mi vida en la tierra,

sino mi puesto en el cielo!

¡ usted sospechar que yo

de traiciones soy capaz,

que no está el alma en mi faz!...

eso , Teodora... ¡eso, nóJ

(Con profunda «moción, con anguslia profundísima, can
acento desesperado.)

(Con creciente ansiedad.)

No me ha comprendido usted.
Separémonos, Ernesto.
¡ Así no es posible!...

¡Presto!...
¡ se lo pido por merced !...

Julián... SUfre... (Señalando hacia su cuarto.)

Ya lo sé.

Pues no le olvidemos.

No.

¡Pero también sufro yo!

Teodora

¡Usted, Ernesto!... ¿por qué?

Ernesto

¡Por su desprecio!

Teodora

No hay tal.

Ernesto

Usted lo dijo.

Teodora

Mentí.

Ernesto

¡ No ! fué por algo; y así

no sufrimos por igual.

¡ En este luchir eterno,

en esta implacable guerra,

él sufre como en la tierra,

y yo como en el infierno!

Teodora

¡ Por Dios!... ¡se abrasa mi frente !

Ernesto

¡ Se oprime mi corazón!

Teodora

¡Basta, Ernesto, compasión!

Ernesto

¡Eso pido solamente!

Teodora

¡Piedad!

Ernesto

¡ Pues eso, piedad !

De mí... ¿qué teme?... ¿ó qué piensa?

(Acercándose á ella.)

Teodora

Perdone usted si hubo ofensa...

Ernesto

Ofensa, no. ¡La verdad!...

¡La verdad es lo que quiero!...

¡ y la pido de rodillas,

con el llanto en las mej illas !

(Se inclina ante Teodora y le coge una mano. En este

momento, en la puerta que corresponde al cuarto de
Don Julián, aparece Don Severo y en ella se de-
tiene.)

(Ap.) (¡Miserables!)

Teodora

¡Don Severo !

ESCENA VIII.

TEODORA, ERNESTO, SEVERO. Ernesto se separa hacíala izquierda.

Severo viene á colocarse entre él y Teodora.)

Severo

(Á Ernesto con ira reconcentrada, y en voz baja para

que no les oiga Julián.)

Por no encontrar ni frase ni palabra
que mi cólera exprese y mi desprecio,
habré' de contentarme con decirle
¡es usté un miserable!... salga presto.

(Lo mismo.)

Por respeto á Teodora y á esta casa,
porque sufre quien sufre en aquel lecho,
habré de contentarme, señor mió,
con poner la respuesta... en el silencio.

(Creyendo que sale, y con cierta ironía.)

Callar y obedecer es lo prudente.

No me ha entendido usted : si no obedezco .

¿Se queda usted?

En tanto que Teodora
no reitere el mandato, aquí me quedo.
Iba á salir há poco para siempre,
y Dios ó Satanás me detuvieron.
Vino usted, me arrojó, y á sus injurias,
cual si fuesen conjuros del infierno,
raíces sentí brotar, que de mis plantas
se agarraban firmísimas al suelo.

Severo

Voy á probar, llamando á los criados

Ernesto

EL GRAN G-ÁLEOTO

si á palos las arrancan.

Teodora

Pruebe.

Severo

(Ernesto dá un paso háeia Severo con aire amenaza-
dor. Teodora se precipita entre los dos y le contiene.)

¡Ernesto!

(Volviéndose después con energía y dignidad hacia su
cañado.)

Olvida -usted sin duda que es mi casa,
mientras viva mi esposo, que es su dueño.
Para mandar aquí, los dos tan sólo
autoridad tenemos y derecho.

(Á Ernesto con dulzura.)

No por él... por mi causa, por mi angus-
tia...

(Ernesto no puede ocultar su alegría al ver que Teo-
dora le defiende.)

Teodora, ¿usted lo quiere?

Se lo ruego.

(Ernesto se indina respetuosamente y se dirige al
fondo.)

Me confunde y me asombra tu osadía,
tanto... no;mucbo más que la de Ernesto!

(Acercándose amenazador á Teodora. Ernesto que ha
dado unos pasos se detiene; pero luego, haciendo un
esfuerzo sohre sí mismo, sigue su camino.)

¡Alzar osas la frente, desdichada,
y delante de mí! ¡La frente al suelo!

(Ernesto hace movimientos análogos á los anteriores,
pero más acentuados.)

Tú, tímida y cobarde ¡cómo encuentras
por defenderle , enérgicos acentos!
¡Bien habla la pasión!

(Ernesto, ya en el fondo, se detiene.)

¡Pero tú olvidas,
que antes de echarle á él, supo Severo
de esta casa arrojarte, que manchabas
con sangre de Julián! ¿Para qué has vuel-

( Cogiéndola brutalmente un brazo , sujetándola con
furor y acercándose más y más á ella.)

¡Ah! ¡no es posible!... ¡Nó!...

(Se precipita entre Teodora y Severo y los separa.)

¡Suelta, villano!
¡Otra vez!

¡Otra vez!

¡Vienes de nuevo!
Pues á Teodora tu insolencia ofende

[to?

Ernesto

(Desde este momento no es dueño de sí.)

y me siento con vida ¿que' remedio?
¡Volver, volver, y castigar tu audacia,
y llamarte cobarde á voz en cuello!
¡A mí!

Sin duda.

¡Nó!

¡ Si e'l lo ha querido!
¡Si la mano le vi poner cole'rico
sobre usted, sobre usted!... (Á Teodora.)

¡De esta manera!

(Coge violentamente á Don Severo por un brazo.)

¡Insolente!

Es verdad; pero no suelto.
¿Tuvo usted madre? Sí. ¿La amaba mucho?
¿La respetaba aún más? j Pues así quiero
que respete á Teodora , y que se humille
<le esta mujer ante el dolor inmenso!
¡¡De esta mujer más pura y más honrada
que su madre de usted, mal caballero!!
¡Á mí!... ¡tal dice!

Sí: y aun no he concluido.
¡Tu vida!...

Sí: mi vida; pero luego.

(Teodora quiere separarlos; pero él la aparta dulce-
mente con una mano sin soltar la otra.)

En un Dios creerá usted: es necesario...

¡un Hacedor!... ¡una esperanza!... bueno :
¡pues como dobla sus rodillas torpes
ante el altar del Dios que está en los cielos,
ante Teodora han de doblarse, y pronto!
¡Abajo!... ¡Al polvo!

Teodora

¡Por piedad!

Ernesto

¡Al suelo!

(Le obliga á arrodillarse delante de Teodora.)

Teodora

¡Basta, Ernesto!

Severo

¡Mil rayos!

Ernesto

¡Á sus plantas!

Severo

¡Tú!

Ernesto

¡Yo!

Severo

¡Por ella!

Ernesto

¡Sí!

Teodora

¡No más!... ¡silencio!

( Teodora aterrada señala hacia el cuarto de Don Ju-
lián. Ernesto suelta su presa: Severo st levanta -y re-
trocede hacia la derecha. Teodora se lleva hacia el
fondo á Ernesto. De este modo ella y él forma» m
grupo que se aleja.)

ESCENA IX.

TEODORA, ERNESTO, SEVERO: después JULIÁN y MERCEDES.

Julián. ¡De'jame!... (Desde dentro.)

Mercedes, (lo mismo.) ¡Nó por Dios!

Julián. ¡Son ellos... vamos!...

TEODORA. ¡Salga USted!... (Á Ernesto llevándoselo.)

Severo

(á Ernesto.) ¡La revancha:

Ernesto

No la niego.

(En este momento se presenta Don Julián, pálido, des-
compuesto, casi moribundo, y Mercedes conteniéndolo.
Al presentarse él , Don Severo está á la derecha pri-
mer término, y Teodora y Ernesto firmando u» grwp*
<m «1 fondo.)

Don Julián

Julián. ¡Juntos!... ¿A dónde van?... ¡Que losdeten-

¡Huyen de mí!... ¡Traidores! [gan!

(Quiere precipitarse sobre ellos; pero le faltan las fuer-
zas y vacila.)

Severo

(Acudiendo á sostenerle.) ¡NÓ!

Julián. ¡ Severo,

me engañaban!... ¡mentían!... ¡miserables!

(¡Mientras pronuncia estas palabras, entre Mercedes y
Severo le traen á la butaca de la derecha.)

¡Allí!... ¡Mira!... ¡Los dos... ella y Ernesto!
¿Por qué están juntos?...

(Se separan lino de otro.) ¡NÓ!

¿Por qué no vienen?
¡Teodora!...

(Tendiéndole los brazos, pero sin acercarse.)

¡Mi Julián!...

¡Sobre mi pecho!

(Teodora se precipita en los brazos de Julián, que la
estrecha fuertemente. Pausa.)

¿Ya lo ves?... ¿ya lo ves?... ¡sé que me en-

(Á su hermano.) [gaña!...

¡y en mis brazos la oprimo y la sujeto!...
¡y puedo darle muerte!... ¡y la merece!...
¡y la miro!... ¡la miro!... ¡y ya no puedo!

Teodora

¡Julián!...

JULIÁN. ¿Y aquél?... (Señalando á Ernesto.)

Ernesto

¡Señor!...

Julián. ¡Y yo le amaba!...

Calla V acércate... (Ernesto so aproxima.)
(Sujetando á Teodora.) ¡Aun SOy SU dueño!

Teodora, ¡Tuya!... ¡tuya!...

Julián. ¡No finjas!... no me mientas!

MERCEDKS. ¡Por Dios Santo!... (Procurando calmarle.)

Severo

(lo mismo.) ¡Julián!...

Julián. (Á ios dos.) ¡Callad!... ¡silencio!

Ernesto

Julián

Don Julián

\Á Teodora.)

¡Si yo te adiviné!... ¡si sé que le amas!

(Teodora y Ernesto quieren protestar, pero no les deja.)

¡Si lo sabe Madrid!... ¡Madrid entero!
¡Nó, padre !

¡Nó!

¡ Lo niegan !... y lo niegan!
¡Si es la evidencia! si en mi ser la siento,
¡ porque esta calentura que me abrasa
con su llama ilumina mi cerebro !
¡Del hervor de la sangre, del delirio,
todas esas traiciones son engendros !
¡ Escuche usted , señor !

¡Vas á mentirme!

¡ ES inocente ! (Señalando á Teodora.)

¡Nó!... ¡Si no te creo!
¡De mi padre, señor, por la memoria !...
¡No profanes su nombre y su recuerdo!
¡Por el líltimo beso de mi madre!...
¡No está en tu frente ya su último beso !
Por cuanto quiera usted ¡oh padre mió!
juraré, juraré...

No juramentos,
ni engañosas palabras, ni protestas...
Pues bien ¿que quiere usted?

¿Qué quieres?

Hechos.
¿Qué desea, Teodora? ¿qué nos pide?
¡Yo no lo sé!... ¿Qué hacer? ¿qué hacer,

(Que les ha seguido con mirada febril y con instintiva
desconfianza. )

¡ Ah! ¿delante de mí buscáis engaños?...
¡Os concertáis, infames!.. ¡Lo estoy viendo!
¡Por la ñebre vé usted, no por los ojos!
¡La fiebre, sí! ¡Cómo la fiebre es fuego.

la venda consumió que ante la vista
me pusisteis los dos y al fin ya veo !
Y ahora ¿por qué os miráis?... ¿por qué

(Le obliga á acercarse: le hace bajar la cabeza -y al
fin viene á caer de rodillas ante él. De este modo
queda Don Julián entre Teodora que está í su lado y
Ernesto que está á sus pies. En esta actitud le pasa la
mano por los ojos.)

¿Lo ves?... ¡no es llanto!... si

[Ernesto?

[traidores? ¿Por qué brillan tus ojos? ¡Habla Ernesto! No es el brillo del llanto... Ven... Más aún más... [cerca...

Ernesto

¡Perdón!... ¡perdón! [estánsecos!

Julián. ¡ Pues si perdón me pides

confiesas tu maldad !

Ernesto

¡Nó!

Julián. ¡Sí!

Ernesto

¡No es eso!

Julián. Pues cruzad ante mí vuestras miradas...

Severo

¡Julián!...

Mercedes

¡Señor!

Julián. (á Teodora y Ernesto.) ¿ Acaso tenéis miedo?

¿No os amáis como hermanos? ¡pues pro-

(Hace caer ante él á Teodora, los aproxima á la fuer-
za y les obliga á mirarse.)

1 EODORA. (Separándose por un violento esfuerzo.)

¡Ah! ¡nó!

ERNESTO. (iVocura desasirse, pero Julián le sujeta.) ¡No puedo!

Julián. ¡Os amáis!., ¡os amáis!., ¡claro lo he visto!

¡Tu Vida! (Á Ernesto.)

[badlo! ¡De las anchas pupilas á los cercos salgan las almas, y sus castas luces en mi presencia mezclen sus reflejos, que yo veré, porque veré de cerca, si esos rayos de luz, son luz ó fuego! * Tú, Teodora, también... si ha de ser... va- ¡Venid! ¡los dos!... ¡aún más! [mos...

Ernesto

¡Sí!

Julián. ¡Tu sangre!

Ernesto

¡Toda!

Julián. (sujetándole de rodillas.) ¡Quieto!

Teodora

¡Julián! (conteniéndole.)
Julián. ¿Tú le defiendes?... ¡Le defiendes!...

Teodora

¡Pero si no es por él!

Severo

¡Por Dios!...

Julián. (Á Severo.) ¡Silencio!

¡Mal amigo!... ¡mal hijo!...

(Sujetándole á sus pies.)

Ernesto

¡Padre mió!

Julián. ¡Desleal!... ¡Traidor! (Lo mismo.)

Ernesto

¡No, padre!

Julián. Voy el sello

aponerte de vil en la mejilla...

¡hoy con mimano!... ¡pronto con mi acero!

(Con un resto de suprema energía se incorpora y le
golpea en el rostro.)
ERNESTO. (Dá un grito terrible, se levanta y se separa hacia la

izquierda cubriéndose la cara.)

¡Ah!

Severo

¡Justicia!

(Extendiendo el brazo hacia Ernesto. j

Teodora

¡Jesús!

(Se oculta el rostro entre las manos y va á caer en
una silla de la derecha.)

Mercedes

¡Delirio ha sido!

(Á Ernesto como disculpando á Julián.)
(Estos cuatro gritos rapidísimos. Momentos de estupor.
Julián siempre en pié y mirando á Ernesto. Mercedes
y Severo sosteniéndole.]

Julián. Delirio no: ¡castigo, vive el cielo!

¿Que' pensabas ingrato?

Mercedes

Vamos... vamos...

Severo

Ven, Julián...

Julián. ¡Sí, ya voy!...

(Se encamina penosamente hacia su cuarto sostenido
por Severo y ¡Mercedes, pero deteniéndose algunas
veces para mirar á Ernssto y Teodora.)

Mercedes

¡Pronto, Severo!

Julián. ¡Míralos!... ¡los infames!... ¡fué justicia!

¿No es verdad?... ¿no es verdad?... Yo así

Julián. ¡Tú sólo! ¡sólo!...

¡Mehas querido enelmundo!... (Abrazándole)

[lo creo . Severo ¡Por Dios, Julián!... ¡Por mí!

Severo

¡Yo! ¡sí! ¡cierto!

(Sigue caminando: cerca de la puerta se detiene y otra
vez los mira.)

Julián. ¡Y ella llora por él!... ¡y no me sigue!...

¡ni me mira!... ¡ni vé... queyo me muero!...

¡Me muero... sí!...

Severo

¡Julián!...

Julián. Espera... espera...

(Deteniéndose en la misma puerta.)

¡Deshonrapor deshonra!... ¡Adiós, Ernesto!

(Salen Julián, Severo y Mercedes por la derecha se- gundo término )

ESCENA X.

TEODORA., ERNESTO. Ernesto cae en el sillón próximo á la mesa

Teodora continúa á la derecha. Pausa.

Ernesto

(.\p.) (¡De qué sirve la lealtad!

Teodora

¡De qué sirve la inocencia!

Ernesto

¡Se oscurece mi conciencia!

Teodoha. ¡Piedad, Dios mió, piedad!

Ernesto

¡Suerte fiera!

Teodora

¡Triste suerte!

Ernesto

¡Pobre niña!

Teodora

¡Pobre Ernesto!)

Teodora

(Hasta aquí todos son apartes.)

(Desde dentro: todos estos gritos de suprena angustia.

¡Hermano!

¡Socorro!

¡Presto!

(Ernesto y Teodora se levantan y se acercan uno á otro.

¡Gritos de dolor!...

¡De muerte!...
¡Yamos pronto!

¿Dónde?

Allí.
(Deteniéndola.) No podemOS.

¿Por que' no?
¡Yo quiero que viva! (con ansia.)

(Lo mismo.) ¡Y VO!

pero no puedo...

(Señalando hacia el cuarto de Don Julián.)

Yo SÍ.
(Precipitándose háeia el cuarto de Julián.)

ESCENA ULTIMA.

TEODORA, ERNESTO, SEVERO, PEPITO. La disposición de los per-

sonajes es la siguiente. Ernesto, en pié, en el centro. Teodora en la

puerta del cuarto de Don Julián. Cerrándole el paso Severo que sale

un momento después que Pepito.

Pepito

¿Dónde vas?

Teodora

(Con desesperada ansiedad.) ¡Le quiero ver!

Pepito

¡No es posible!

Severo

¡No se pasa!...

¡Esa mujer en mi casa!...

¡Pronto... arroja esa mujer!... (Á su hijo.

¡Sin compasión!... ¡Al instante!

Ernesto

¿Qué dice?

Teodora

¡Yo desvarío!

Severo

¡Aunque tu madre, hijo mió,
se ponga de ella delante,
has de cumplir mi mandato!
¡aunque suplique!... ¡aunque implore!
Si llora... nada ¡que llore!

(Á su hijo con ira reconcentrada.)

¡Lejos... lejos... ó la mato!

Teodora

¡Julián manda!...

Severo

¡Julián, sí !

Ernesto

¿Su esposo?... ¡No puede ser!

Teodora

¡Verle!...

Severo

¡Pues le vas á ver:

y después... huye de aquí!

Pepito

¡Padre!... (Como queriendo oponerse.)

Severo

Deja... (A Pepito separándole.)

Teodora

¡Si no es cierto!

Pepito

¡Si es horrible!

Teodora

¡Si es mentiral

Severo

¡Ven, Teodora... ven y mira!

(La coje por un brazo, la lleva á la puerta del cuarto
de D. Julián, levanta el cortinaje y señala al interior.)

Teodora

¡Él!... ¡Julián!... ¡Mi Julián!. .. ¡muerto!

\Dice esto retrocediendo en ademan trágico y cae des-
plomada en el centro.)
¡Padre! (Cubriéndose el rostro.)

(Pausa. Severo los contempla con mirada rencorosa )
(Á su hijo señalando á Teodora.)

Severo

¡Arrójala

(Poniéndose delante del cuerpo de Teodora.)

¡Cruel!

¡Señor!. . . (Dudando.)

(Á su hijo.) Es mi voluntad.
¿Dudas?

¡Piedad!

¡Sí: piedad!
¡La que ella tuvo con él !

(Señalando hacia dentro.)

Ernesto

¡Ah! . . . ¡que mi sangre se inflama!

¡Saldré de España!

Severo

No importa.

Ernesto

¡Moriré!

Severo

La vida es corta.

Ernesto

¡Por última vez!

Severo

No: llama. (Á su hijo.)

Ernesto

¡Que es inocente! ¡lo digo

y lo juro!...

Pepito

Padre... (Como intercediendo.)

Severo

(Á su hijo señalando con desprecio á Ernesto.)

Miente.

Ernesto

¿Me arrojas á la corriente?
¡Pues ya no lucho, la sigo!
Qué pensará, no presiento,

del mundo y de tus agravios,
que mudos están sus labios,
y duerme su pensamiento.
Pero lo que pienso yo...
eso... ¡lo voy á decir!
¡Inútil! no ha de impedir
que yo mismo...

(Queriendo aproximarse á Teodora.)
(Conteniéndole.) Padre...

¡Nó!

(Pausa.)

Nadie se acerque á esta mujer: es mia.

Lo quiso el mundo: yo su fallo acepto.

Él la trajo á mis brazos: ¡ven Teodora!

¡Tú la arrojas de aquí!... Te obedecemos.

[Señalando á Teodora.)

Severo

¡Al finí... ¡infame!

Pepito

¡Miserable!

Todo

¡Y ahora tenéis razón!... ¡Ahora confieso!

Ernesto

¿Queréis pasión?... Pues bien ¡pasión, de-
lirio!
¿Queréis amor?... Pues bien ¡amor in-

(Se lleva á Teodora en brazos, desafiando á todos con
la mirada y el ademan. Severo y Pepito en primer tér-
mino, en la actitud que se crea conveniente.)

[menso! ¿Queréis aún más?... Pues más ¡ si no me

[espanto! ¡Vosotros á inventar!... ¡yo á recogerlo! ¡Y contadlo!... ¡contadlo!... ¡La noticia de la heroica ciudad llene los ecos! Más si alguno os pregunta quién na sido de esta infamia el infame medianero, respondedle: «¡tú mismo y lo ignorabas: y contigo las lenguas de los necios!» Ven, Teodora, la sombra de mi madre posa en tu frente inmaculada un beso. ¡Adiós!... ¡me pertenece!... ¡que en su dia á vosotros y á mí nos juzgue el cielo!

Elenco vivo 11 personajes · 3,840 versos

Pulsa un personaje: sus intervenciones quedan iluminadas y las demás en penumbra. Los versos se cuentan por línea del impreso; las coincidencias, por escena compartida.

PersonajeVersosInterv.JornadasPrimera apariciónCoincide con
1,037162J1, J2, J3, J4J1 · esc. 1Teodora, Pepito, Severo
786123J1, J2, J3, J4J1 · esc. 3Ernesto, Don Julián, Severo
53276J2, J3, J4J2 · esc. 8Ernesto, Severo, Mercedes
51883J2, J3, J4J2 · esc. 4Teodora, Ernesto, Don Julián
50649J1, J2, J3, J4J1 · esc. 2Teodora, Severo, Ernesto
32967J2, J4J2 · esc. 4Teodora, Pepito, Ernesto
562J2J2 · esc. 4Teodora, Severo, Ernesto
322J3, J4J3 · esc. 7Teodora, Pepito, Mercedes
261J2J2 · esc. 6Teodora, Mercedes, Don Julián
142J3, J4J3 · esc. 3Severo, Pepito, Teodora
41J1J1

Partitura métrica 64 cambios de medida

La música estructural de la comedia: cada tramo es un parlamento, su ancho son sus versos y su color, la medida que La Báscula reconoce. Lope recomendaba décimas para las quejas, sonetos para los que aguardan, romances para las relaciones y redondillas para el amor: aquí se ve dónde cambia. Versión de medida, no de estrofa (romance y redondilla comparten el octosílabo); la estrofa viene después. Pulsa un tramo para ir al pasaje.

Diálogo preliminar
Acto primero
Acto segundo
Acto tercero

octosílabos 51 % · endecasílabos 2 % · silva 0 % · mixto 47 %

Expediente

Autor
José Echegaray (1832–1916) · Wikidata Q127349
Obra
El gran Galeoto
Jornadas
4
Personajes
11
Versos
3,840
Versificación
octosílabos 51 % · endecasílabos 2 % · silva 0 % · mixto 47 % medida por La Báscula
Fuente
archive.org: elgrangaleotodra1524eche_djvu.txt
Estructura
el-gran-galeoto.json (jornada › escena › parlamento › verso; acotaciones aparte)
Cita recomendada
José Echegaray, El gran Galeoto, Poetósfera · Teatrósfera, poetosfera.com/teatro/el-gran-galeoto.html

Texto de dominio público, levantado de su impreso y reproducido íntegro con atribución. El hablante se normaliza (la abreviatura del impreso se expande); el verso no se toca. ¿Ves una errata o conoces una edición mejor? Escríbenos desde Sobre la casa.