Jornada primera
JORNADA PRIMERA
Salen Carlos y Polilla,
Yo he de perder el sentido
con tan extraña mujer.
Dame tu pena á entender,
sciior, por recicn venido:
cuando te hallo en Barcelona
lleno de aplauso y honor,
donde tu heroico valor
todo su pueblo pregona:
cuando sobra á tus victorias
ser Carlos conde de Urgel,
y en el mundo no hay papel
donde se escriban tus glorias.;
¿qué causa ha podido haber
de que estes tan mal guisado,
que, por mas que la he pensado,
no la puedo comprender?
Polilla, mi desazón:
tiene mas' naturaleza;
este pesar no es tristeza,
sino desesperación.
¿Desesperación? Señor, • v
que te enfrenes te aconsejo,
que tiras algo á bermeio.* i
INo burles de rni dolor. •
¿Yo burlar? eslo es templarte;
mas tu desesperación,
¿que tanta es á esta sazón?
La mayor.
¿Cosa de ahorcarle?
que si no, poco te aljcga.;;
No le burles, que me enfado.
Pues si estás desesperado, n *:
¿bago mal en darle soga? í /
Si dejaras lu locura,
mi mal te comunicara,
porque la agudeza rara
de lu ingenio me asegura, '
que alguti medio discurriera,
como oirás veces me has dado,
con' que alivie mi cuidado.
Pues, seíor, polilla fuera:'
desembucha lu pasión,
y no lenga tu cuidado,
teniéndola en tu- criado,
polilla en el corazón.
Ya sabes que á Barcelona,
del ocio de mis estados.
2 EL
me trajeron los cuidados
de la fama, que pregona
de Diana la hermosura,
de esta corona heredera,
en quien la dicha que espera
tanto príncipe procura,
compitiendo en un deseo
gala, brio y discreción.
Ya sé que sin pretensión •
viniste á este galanteo,
por lucir la bizarría
de tus heróicos blasones,
y que en todas las acciones
siempre te has llevado el dia.
Pues oye mi sentimiento.
¿Ello estás enamorado?
Sí estoy.
Gran susto me has dado.
Pues escucha.
Va de cuentOé
Ya sabes como en Urgel
tuve, antes de mi partida,
del amor del de Bearne
y el de Fox larga noticia.
De Diana pretendientes,
dieron con sus bizarrías
voz á la fama, y asombro
á todas estas provincias.
El ver de amor tan rendidos,
como la fama publica,
dos príncipes tan bizarros,
que aun los alaba la envidia,
me llevó á ver si esto en ellos
era por galantería,
gusto. Opinión ó violencia •
de su hermosura divina.
Entré, pues, en Barcelona,
víla en su palacio un dia,
sin susto del corazón
ni admiración de la vista:
vi una hermosura modesta
con muchas señas de tibia;
mas sin defecto común
ni perfección peregrina
de aquellas en quien el juicio,
cuando las vemos queridas,
por la admiración apela
al no sé qué, ó á la dicha.
La ocasión de verme entre ellos,
cuando al valor desafían
en públicas competencias
con que el favor solicitan,
ya que no pudo á mi amor,
empeñó mi bizarría
ya en fíestas, y ya en torneos,
y otras empresas debidas
al culto de una deidad
á cuya soberanía,
sin el empeño de amor,
la obligación sacrifíca.
Tuve en todas tal fortuna
que, dejando deslucidas
sus acciones, salí siempre
coronado con las mias.
Y el vulgo con el suceso,
la corona merecida
por la suerte dió á mi frente
por mérito, siendo dicha,
que cualquiera de los dos
que en ella me competía
la mereció mas que yo;
pero para conseguirla
tuve yo el fallarme amor,
y no tener la codicia
con que ellos la deseaban;
y así por fuerza fue mia:
que en los casos de la suerte,
por tema de su malicia,
se van siempre las venturas
á quien no las solicita.
Siendo, pues, mis alabanzas
de todos tan repetidas,
solo en Diana hallé siempre
una entereza, tan hija
de su esquiva condición,
que, siendo mis bizarrías
dedicadas á su aplauso,
nunca me dejó noticia,
ya que no de favorable,
siquiera de agradecida.
Y esto con tanta esquivez,
que en todos dejó la misma
admiración que en mis ojos,
pues la extraña demasía
de su entereza pasaba
del decoro la medida,
y excediendo de recato,
tocaba ya en grosería:
que á las damas de tal nombre
puso el respeto dos líneas;
una es la desatención,
y otra el favor; mas la avisa,
que ponga entre ellas la planta
tan ajustada y medida,
que eu uua ni eu otra toque;
porque si de agradecida
adelanta mucho el pie,
la raya del favor pisa,
y es lígereaa; y si entera
mucho la planta retira,
por no tocar el favor,
pisa en la descortesía.
Este error hallé eu Diana
que empeñó mi bizarría
á moverla por lo menos
á atención, si no á caricia;
y este deseo en las fiestas
me obligaba á repetirlas,
á buscar nuevos empeños
al valor y á la osadía.
Mas nunca pude sacar
de su condición esquiva
mas que mas causa á la queja,
y mas culpa á la malicia.
De esto nació el inquirir
si ella conmigo tenia
alguna aversión ó queja
mal fundada ó presumida,
y averigüé que Diana
del discurso las primicias,
con las luces de su ingenio,
las dió á la filosofía.
De este estudio, y la lección
de las fábulas antiguas,
resultó un común desprecio
de los hombres, unas iras
contra el órden natural
del amor, con quien fabrica
el mundo á su duración
alcázares en que viva:
tan estable en su opinión,
que da por sentencia fija
el querer bien por pasión
de las mujeres indigna;
tanto, que siendo heredera
de esta corona, y precisa
la obligación de casarse,
la renuncia y desestima,
por no ver que haya quien triunfe
de su condición altiva.
A su cuarto hace la selva
sus damas, y en este estudio
las emplea todo el dia.
Solo adornan sus paredes
de las ninfas fugitivas
pinturas que persuaden
al desden: allí se mira
á Dafne huyendo de Apolo;
Anajarte convertida
en piedra por no querer;
Arel usa en fuentecilla,
que el tierno llanto de Alfeo
paga en lágrimas esquivas.
Y viendo el conde su padre
que en este error se confirma
cada dia con mas fuerza,
que la razón no la obliga,
que sus ruegos no la ablandan,
y con tal furia se irrita
en hablándola de amor,
que teme que la encamina
á un furor desesperado;
que el medio mas blando elija
le aconseja su prudencia,
y á los príncipes convida
para que haciendo en su aplauso
fiestas y galanterías,
sin la persuasión ni el ruego,
la naturaleza misma
sea quien lidie con ella,
por si teniendo á la vista
aplausos y rendimientos,
ansias, lisonjas, caricias,
su propio interes la vence,
ó la obligación la inclina;
que á quien la razón no labra,
endurece la porfia
del persuadir; y no hay cosa
como dejar á quien lidia
con su misma sinrazón,
pues si ella mesma le guia
al error, en dando en él,
es fuerza quedar vencida;
porque no hay con el que á oscuras
por un mal paso camina,
para que vea su engaño,
mejor luz que la caída.
Habiendo ya averiguado
que esto en su opinión esquiva
era desprecio común,
y no repugnancia mia,
claro está que yo debiera
sosegarme en mi porfia;,,,,
y considerando bien
1:
E L i)
Opinión tan exquisita,
primero que á sentimiento,
pudiera moverme á risa.
Pues para qiie se conozca
la vileza mas indigna
de nuestra naturaleza,
aquesta hermosura misma,
que yo antes libre miraba
con tantas partes de libia,
cuando la vi desdeñosa,
por lo imposible á la vista,
la que miraba común,
me pareció peregrina.
¡Oh bajeza del deseo!
que aunque sea á la codicia
de mas precio lo que alcanza
que lo que se le retira,
solo por la privación
de mas valor lo imagina,
y da el precio á lo difícil,
que su mesmo ser le quila.'
Cada vez que la miraba
mas bella riae parecía,
yendo creciendo en mi pedio
este luego tan aprisa,
que absorto de ver la llama,
á ver la.cáiia volvía,
y hallaba que aquella nieve
de su desden muda v libia
T •
producía cíi íní este incendio*:
¡qué ejemplo para el que olyida!
Seguro piensa que está ‘
el que en la ceniza IV ia '
tiene ya su amor difunto: /
¡que engañado lo imagina!
Si amor se enciende de nieve
¿quién se fia en la ceniza?
Corrido yo de mis ansias,
preguntaba á mis fatigas: *
¿traidor corazón j qué es esto?
¿qué es esto, aleves caricias?
La que íicutral no os agrada,
¿os parece bien esquiva?. *
La que Vista, no os suspende,
¿cuando ps.iivgraia os admira?
¿Qué le añade á la hermosura
el rigor que la ilumina?
¿Con el desden es hermosa
la quc'sj desden fue tibia?
El desprecio ¿iiq es injuria?
La que desprecia. ¿no irrita? •
E S D E N
Pues la que no pudo áfablc,
¿por qué os arrastra enemiga?
La crueldad á la hermosura
el ser de deidad le quila;
¿pues qué, para mí la ensalza
lo que para sí la humilla?
Lo iniuimano se aborrece;
¿pues á mí cómo me obliga?
¿Qué es esto? ¿amor? ¿es acaso
hermosa la tiranía?
IVo es posible, no; esto es falso:
no es esto amor, ni hay quien diga
que arrastrar pudo inhumana
la que no movió' divina.
¿Pues qué es esto? ¿esto no es fuego?
sí, que mi ardor lo acredita;
no, que el hielo no lo causa;
sí, quo él pedio lo publica.
Pso puede ser, no es posible,
no, que la razón iitiplica;
¿pues qué será? esto es deseo
¿de que? de mi muerte misma.
Yo mi mal querer no puedo:
¿pues qué será? ¿una codicia
de aquello que se me aparta?
no, porque nó lo querría
el corazón: ¿esto es lema?
no: pues alma, ¿qué imaginas?
bajeza es del pensamiento;
no es sino soberanía
de nuestra naturaleza,
cuya condición altiva
todo lo quiere rendil',
como. superior se mira;
y habiendo visto que hay pecho
que á su halago no se rinda,
el dolor de este desden
le abrasa y le martiriza,
y produce un sentimiento'
con que á desear lé obliga
vencer aquel imposible;
y ardiendo en esta fatiga,
como hay parle dé deseo,
y este deseo lastima,
parejee efecto de amor,
porqué apetece y aspira,
y no essiiio un sentimiento
equivocado en caricia.
Esto la razón discurre:
mas la voluntad indigna
toda la razón me arrastra,
y toilo el valor me quita.
Sea amor ó seutimicnto,
uieve, ardor, llama ó ceaiEa,
yo me abraso, yo me rindo
á esta furia vengativa
de amor contra la quietud
de mi libertad tranquila;
y sin esperanza alguna
de sosiego en mis fatigas,
yo padezco en mi silencio
yo mismo soy de las iras
de mi dolor alimento,
mi pena se hace á sí misma,
porque mas que mi deseo
es rayo que me fulmina,
aunque es tan digna la causa,
el ser la razón indigna,
pues mi ciega voluntad i,,.
se lleva y se precipita i
del rigor, de la crueldad,
del desden, la tiranía,
y muero mas que de amor,,
de ver que á tanta desdicha,
quien no pudo como hermosa,
me arrastrase como esquiva..
Atenlo, señor, he estado-, ¿
y el suceso no me admira;
porque eso, señor, es cosa
que sucede cada dia., >í--cíí;
Mira, siendo yo muchacho-//.
habia en mi casa vendimia,.
y por el suelo las uvas j
nunca me daban codicia. *
Pasó osle tiempo, y después
colgaron en la cocina i ' /:
las uvas para el invierno:
y yo viéndolas arriba,
rabiaba por comer de ellas*
tanto, que trepando un dia
por alcanzarlas', caí, ' ' /
y me quebré las costillas:
este es el caso, él por él.
No el ser natural me alivisi,
si es injusto el natural. o ¡
Dime, señor,* ella ¿mira
con mas cariño á otro?
Vi':
i •
I!
E S D E N
No.
Y ellos ¿no la solicitan?
Todos vencerla pretenden.
Pues á que cae mas aprisa
apostaré.
¿Por qué causa?
Solo porque es tan esquiva.
¿Cómo ha de ser?
Verbi gracia:
¿viste una breva en la cima
de una higuera, y los muchachos
que Qii alcanzarla porlian,
piedras la tiran á pares,
y aunque á algunas se resista,
al cabo, de aporreada
con las piedras que la tiran
viene á caer mas madura?
pues lo mismo aquí imagina.
Ella está tiesa, y muy alta,
tú tus pedradas le tiras,
los otros tiran las suyas:
luego, por mas que resista,
ha de venir á caer,
de una y otra á la porfía,
mas madura que una breva;
mas, cuidado á la ca'ída,
que el cogerla es lo que importa,
que ella caerá como hay viñas.
El conde su padre viene.
Acompañado se mira
jo del de Fox y el de Bearne.
Ninguno tiene noticia
del incendio de mi pecho,
porque mi silencio abriga
el áspid ' de mi dolor.
Esa es mayor'valentía:
callar tu pasión es mucho,
i¡vive Dios. ¿Por qué imaginas,
que llaman ciego á quien ama?
éTar/i* Porque sus yeri*ós no mira.
No 'tal.: '
i¿Pues por qué está ciego?
Porque el que ama al ciego imita,
tííir/. ¿En qué?
‘! En cantar la pasión
por calles y por esquinas.
Salen el conde de Barcelona, el príncipe de Bearne,- y don Gastón
üJc conde de Fox, '
Príncipes,' vuestro jaslo sentimiento, *3
miradrf bien, ono esivuestit),. sino mió)
ningún, remedio intento;'oi c-i. • " loooc
que no le venza el ciego desvarío
cada vez menos medios de enmendallo;
ni del poder de- padre á usar me atrevo,
ni del de la razón, porque se irrita
tanto cuando de amor á hablarla pruebo,
que á mas daño el furor la precipita:
ella, en fin, por no amar ni sujetarse,
quiere morir primero que casarse.
Gast, Esa, señor, es opinión aguda
de su discurso á los estudios dado,
que el tiempo solo ó la razón la muda,
y sin razón estás desesperado.
Cond, Conde de Fox, aunque verdad es esa,
no me atrevo á empeñaros en la empresa
de que asistáis en vano á su hermosura,
faltando en vuestro estado á su asistencia.
Señor, con tu licencia,
el que es capricho injusto nunca dura;
y aunque el vencerle es muy dificultoso,
yo estoy perdiendo tiempo mas airoso,
ya que á este intento de Bearne vine,
que dejando la empresa mi constancia,
porque es mayor desaire que imagine
nadie que la dejé por inconstancia;
ni ese crédito es de su hermosura,
ni del honesto amor que la procura.
El príncipe, señor, ha respondido
como galan, bizarro y, caballero,
que aun en mí, que he venido
sin ese empeño, solo aventurero,
á festejar no haciendo competencia,
dejar de proseguir fuera indecencia.
Príncipes, lo que siento es empeñaros
en porfiar, cuando halla la porfia
de mayor resistencia indicios claros:
si la gala, el valor, la bizarría
no la mueve, ni inclina, ¿con qué intento
vencer imagináis su entendimiento?
Señor, un necio á veces halla un medio
que aprueba la razón; si dais licencia,
yo me atreveré á daros un remedio
con que, aunque ella aborrezca su presencia,
se le vayan los ojos hechos fuentes
tras cualquiera galan de los presentes.
¿Pues qué medio imaginas?
Como mió.
Hacer justas, torneos á una ingrata,
es poner ollas á quien tiene hastío:
el medio es que rendirla no. dilata
poner en una torre á la princesa,
sin comer cuatro dias, ni ver mesa •
y luego han de pasar estos galanes
delante de ella, convidando á escote
el uno con seis pollas y dos panes,
el otro con un plato de jigote;
y á mí me lleve el diablo, si lo viere,
si tras ellos corriendo no saliere.
Calla, loco, bufón.
¿Esto es locura?
Ejecútese el medio, y á la prueba:
sitien luego por hambre su hermosura,
y verán si los ojos no la lleva
quien sacáre un vestido de camino
guarnecido de lonjas de tocino.
Señor, solo una cosa por mí pido,
que don Gastón también ha de querella:
nunca hablar á Diana hemos podido;
danos licencia tú de hablar con ella,
que el trato y la rason puede mudarla.
Cond, Aunque la ha de negar, he de intentarla t
pensad vosotros. medios y ocasiones
de mover su entereza, que á escucharos
yo la sabré obligar con mis razones,
que es cuanto puedo hacer para ayudaros
á la empresa tan justa y deseada,
de ver mi sucesión asegurada. Vase,
Condes, crédito es ya de la nobleza * ~
de nuestra heróica sangre la porfia '
de rendir el desden de su belleza:
juntos la hemos de hablar.
Yo compañía
al empeño os haré, mas no al deseo, >
porque yo sin amor sigo este empleo.
Pues ya que vos no estáis enamorado,
¿qué medios seguiremos de obligalla?
que esto lo ve mejor el descuidado.
Yo un medio sé que mi silencio calla;
porque otro empeño es, que al proponerle
cualquiera de los dos ' ha de quererle.
Decís bien.
Pues, Bearne, vamos luego
á imaginar festejos y finezas.
A introducir en su desden el fuego.
Ríndanse á nuestro ingenio sus tibiezas.
Yo á eso asistiré.
Pues á esta gloria. F ase con don
Y que del mas feliz sea la victoria.
¿Pues qué es esto, señor? ¿Por qué has negado
tu amor?
He de seguir otro camino
de vencer su desden tan desusado:
L '>
ven, y yo te diré lo que imagino
que tú me has de ayudar.
Poí, Eso no hay duda.
CtirL Allá has de entrar.
Po/* Seré Simón, y ayuda.
¿Sabi'ásté iulródurir?
Pül, Y hacer pesquisas.
¿Yo Polilla no soy.? ¿eso previenes?
me sabré iniroducir en sus camisas.
Pues- ya á mi amor le doy los parabienes.
Vamos, que si eso importa á las marañas
yo sabré apolillarle las enlraíias. F'anse,
Salen Diana Cíntia, Laura damas
y música,
Müsic, Huyendo la hermosa Dafne y
burla de Apolo la fe;
sin duda la sigue un rayo,
pues la defiende un laurel,
¡Qué bien que suena en mi oido
aqjiel honesto desden!
¡que hay mujer que quiera bien!
¡que haya pecho agradecido!
Cint, ¡Que por error su agudeza
quiera el amor condenar;
y si lo es, quiera enmendar
lo que erró naturaleza!
Ese romance. cantad:
proseguid, que el que le hizo
bien conoció el falso hechizo
de esa tirana deidad.
Poca ó ninguna distancia
hay de amar á agradecer;
no agradezca la ine ifiiierc
la victoria del desden,
¡Q ué bien dice! Amor es niño,
y no hay agradecimiento
que al primor. paso, aunque lento,
no tropiece en su cariño. '
Agradecer, es pagar m
con un decente favor;
luego quien paga el amor,:
ya cslinia el verse adorar.
Pue s si estima agradecida
ser amada una mujer,)
¿qué lalta para querer
á quien quiere ser querida?:
C/nt. El agradecer, DiUná,
es deuda noble y cortés f i,
la que agradecida es,
no se infiere que es liviana.
Que agradece la razón
siempre en nosotras se infiere;
la voluntad es quien quiere;
distintas las cosas son:
luego si hay diversidad
en la causa y el intento,
bien puede el entendimiento
obrar sin la voluntad.
Que haber puede estimación
sin amor, es la verdad;
porque amar es voluntad,
y agradecer es razón.
No digo que ha de querer
por fuerza la que agradece;
pero, Cintia, me parece
que está cerca de caer.
Y quien de esto se asegura,
no teme, ó no vé el engaño,
porque no recela el daño
quien al riesgo se aventura.
El ser desagradecida
es delito descor lé..
Pem el agradecer es
peligro de la caída,
Cint, Yo el delito no permito.
Ni yo un riesgo tan extraño.
Cint, Pues por excusar un daño,
‘¿es Ilion hacer un delito?
Si y siendo tan contingente
el riesgo.
Cint, ¿Pues no es menor,
si es contingente, este error,
que ese delito presente?
No, quo es mas culpa el amar,
que filta el no agradecer.
Cint, ¿No es mejor,. si puede ser,
el no querer y estimar?
No: porque á querer se ha de ir.
Cint, ¿Pues no puede allí parar?
Quien uo resiste á empezar,
lio resiste á proseguir.
Cint, Pues el ser agradecida
jiio es uiejor, si esto es ganancia,
y gastar esa constancia
en resistir la caída?
No, que eso es introducirle
al amor; y al desecharle,
no basta, para arrojarle,
lo que puede resistirle.
Pues cuando eso haya de ser,
mas que á la atención faltar,
me quiero yo aventurar
al peligro de querer.
¿Qué es querer? tú hablas así
ó atrevida, ó sin cuidado:
sin duda te has olvidado
que estás delante de mí.
¿Querer se ha de imaginar
en mi presencia? ¿querer?.
Mas eso no puede ser:
Laura, volved á cantar.
Müsic. No se fie en las caricias
de Amor, quien nino le re,
que con presencia de niño
tiene decretos de rey.
Sale Polilla de médico gracioso,
Plegue al cielo que dé fuego
mi entrada.
Pian, ¿Quién entra aquí?
Ego.
¿Quién?
PoJ, Mihi, vel mii:
Scholasticus sum ego, -
pauper, et enamoralus.
¿Vos enamorado estáis?
¿pues cómo entrar aquí osais?
No, señora; escarmentalus.
¿Qué os escarmentó?
Amor ruin
y escarmentado en su error,
me he hecho médico de amor,
por ir de ruin á rocin.
¿De dónde sois?
PqI De un lugar.
Fuerza es.
PqI No he dicho poco,
que en latin lugar es loco.
Ya os entiendo.
PqI Pues andar.
¿Y á qué entráis?
Pqj La fama oí
1) E S D E N. 9
de vos, con admiración
de tan rara condición.
¿Dónde supisteis de mí?
En Acapulco.
¿Dónde es?
Media legua de Tortosa;
y mi codicia ambiciosa
de saber curar después
del mal de amor, sarna insana,
me trajo á veros por Dios,
por solo aprender de vos:*
partíme luego á la Habana,
por venir á Barcelona >
y tome postas allí.
¿Postas en la Habana?
Sí, •
y rae apeéiCn Tarragona,
de donde vengo basta aquí,
como hace fuerte el verano,.
á pie á pediros la mano.
¿Y qué os parece de mí?
Eso es fuerza que me aturda;'
no tiene amor mejor ilecha
que vuestra mano derecha,
sino es que saquéis la zurda.
Buen humor leneis.
Así;
¿gusta mi conversación?
Sí.
Pues con una. ración
os podéis hartar de mí.
Yo os la doy.
Beso.... iQué error!
¿Beso dije? ya no beso.
¿Pues por- qué?
Pol El beso es queso
de los ratones de amor.
Yo os admito.
PqI Dios delante: ' '
mas sea con plaza de honor.
¿No sois médico?
PqJ Hablador,
y así seré platicante,
¿Y del mal de amor, que mata,
cómo curáis? i
PqJ Al que es franco
curo con ungüento blanco.
¿Y sana?
Sí, porque es plata.
i Estáis mal con él?.
pj Su nonabr*
1 o
me mata. Llamó al amor
Averroes, hernia, humor
que hila las tripas á un hombre.
Amor, se;nora, es congoja,
traición, tiranía villana,
y solo el tiempo le sana,
suplicaciones, y aloja.
Amor es quita razón,
quita sueño, quita bien,
quita pelillos también,
que hará calvo á un motilón;
y las que él obliga á amar,
todas acaban en quita,
Francisquita, Mariquita,
por ser todas al quitar.
Lo que yo babia menester
para mi divertimiento
tengo en vos.
Con ese intento
vine yo desde Añover.
¿Añover?
Pol Él rae crió,
que en este lugar extraño
se ven melones cada año,
y así Añover se llamó.
JDIANA. ¿Cómo os llamáis?
Caniquí.
Iian, Caniquí, á vuestra venida
estoy muy agradecida.
Para las dueñas nací.
Ya yo tengo introducción: ap,
así en el mundo sucede,
lo que un príncipe no puede,
yo be logrado por bufón.
Si abora no llega á rendilla
Carlos, sin maña se viene,
pues ya introducida tiene
en su pecho la polilla.
Con los príncipes tu padre
viene, señora, acá dentro.
Pian, ¿Con los príncipes? ¿qué dices?
iqué intenta mi padre, cielos!
si es repetir la porfía
de que me case, primero
rendiré el cuello á un cuchillo.
Cint, ¡Hay tal aborrecimiento
de los hombres! jEs posible',
Laura, que el brio, el aliento
del de ürgél no la arrebate!
Que es hermafrodila pienso.
Cint, A mí me lleva los ojos.
Y á ‘mí el Caniquí secreto
me ha llevado las narices,
que me agrada para lienzo.
Sale el Conde con los fres príncipes,
Príncipes, entrad conmigo.
Sin alma á sus ojos vengo; op,
no sé si tendré valor
para fingir lo que intento:
siempre la hallo mas hermosa.
Pian, ¡Cielos! ¿qué puede ser esto? ap,
Hija
Pian. Señor.
Yo, que á tu decoro atiendo,
y á la deuda en que me ponen
los condes con sus iestejos,
habiendo de ellos sabido
que del retiro que has hecho
de su vista están quejosos......
Pian. Señor, que me dés, te ruego,
licencia, antes que prosigas,
ni tu palabra haga empeño
de cosa que te esté mal,
de prevenirte mi intento.
Lo primero es, que contigo
ni voluntad tener puedo,
ni la tengo, porque solo
mi albedrío es tu precepto.
Lo segundo es, que el casarme,
señor, ha de ser lo mesmo
que dar la garganta á un lazo,
y el corazón á un veneno.
Casarme y morir, es uno;
mas tu obediencia es primero
que mi vida. Esto asentado,
venga ahora tu decreto.
Hija, mal has presumido:
que yo casarte no intento,
sino dar satisfacción
á los príncipes, que han hecho
tantos festejos por tí;
y el mayor de todos ellos
es pedirte por esposa,
siendo tan digno su aliento,
ya que no de tus favores,
de mis agradecimientos.
Y no habiendo de otorgarlo,*
debe atender mi respeto
á que ninguno se vaya
sospechando que es desprecio,
sino aversión que tu gusto
tiene con el casamiento.
Y taniliicii que esto no es
resistencia á mi precepto,
cuando yo no te lo mando,
porque el amor que te tengo
me obliga á seguir tu gusto;
y pues tú en seguir tu intento
ni á mi me desobedeces,
ni los desprecias á ellos,
dales la razón que tiene
para esta opinión tu pecho,
que esto importa á tu decoro,
y acredita mi respeto. vase
Dtan. Si eso pretendéis no mas
oid, que dárosla quiero.
Solo á ese intento venimos.
Y no extrañéis el deseo,
que mas extraña es en vos
la aversión al casamiento.
Yo, aunque á saberlo he venido,
solo ha sido con pretexto,
sin extrañar la opinión,
de saber el fundamento.
Dtan. Pues oid, que ya le digo.
Po¡. Vive Dios, que es raro empeño:
¿si hallará razón bastante? ap.
porque será bravo cuento
dar razón para ser loca.
Bton, Desde aquel albor primero
con que amaneció al discurso
la luz de mi entendimiento
y el dia de la razón,
fue de mi vida el empleo
el estudio y la lección
de la historia, en quien dá el tiempo
escarmiento á los futuros
con los pasados ejemplos.
Cuantas ruinas y destrozos,
tragedias y desconciertos
han sucedido en el mundo
entre ilustres y plebeyos,
todas nacieron de amor:
cuanto los sábios supieron,
cuanto á la filosofía
moral liquidó el ingenio,
gastaron en prevenir
á los siglos venideros
el ciego error, la violencia,
el loco, el tirano imperio
de esa mentida deidad,
que se introduce en los pechos
con dulce voz de carino,
desden.
siendo un volcan allá dentro.
¿Qué amante jamás al mundo
dió á entender de sus efectos
sino lástimas, desdichas,
lágrimas, ansias, lamentos,
suspiros, quejas, sollozos,
sonando con triste estruendo f
para lastimar, las quejas;
para escarmentar, los ecos?
Si alguno correspondido
se vió, paró en un despeño,
que al que no su tiranía,
le puso el poder del cielo.
Pues si quien se casa vá
á amar por deuda y empeño,
¿cómo se puede casar,
quien sabe de amor el riesgo?
Pues casarse mu amor,
es dar causa sin efecto:
¿cómo puede ser esclavo
quien no se ha rendido al dueño?
¿Puede hallar un corazón
mas indigno cautiverio,
que rendirle su albedrío
á quien no manda el deseo?
El obedecerle es deuda;
¿pues cómo vivirá un pecho
con una obediencia fuera,
y una resistencia dentro?
G>n amor, ó sin amor,
yo, en fin, casarme no puedo:
con amor, porque es peligro;
sin amor, porque no quiero.
Dándome los dos licencia,
responderé á lo propuesto.
Gasi. Por mi parte yo os la doy.
Yo, que responder no tengo,
pues la Opinión que yo sigo
favorece aquel intento.
La mayor guerra, señora,
que hace el engano al ingenio,
es estar siempre vestido
de aparentes argumentos.
Dejando las consecuencias
que tiene amor contra ellos,
(que en un discurso engañado
suelen ser de menos precio)
la experiencia es la razón
mayor que hay para venceros,
porque ella sola concluye
con la prueba del efecto,
a;
Si vos os negáis al iralo,
siempre estarcís en el yerro
porque no cabe experiencia
donde se excusa el empeño.
Vos vais contra la razón
natural; y el propio fuero
de nuestra naturaleza
pervertís con el ingenio.
No neguéis vos el oido
á las verdades del fuego:
porque si es razón no amar,
contra la razón no liay riesgo;
y si no es razón, es tuerza
que os ha de vencer el tiempo,
y entonces será victoria
publicar el vencimiento.
Vos defendéis el desden,
todos vencerle queremos;
vos decís que eso es razón:
permitios al festejo;
haced escuela el desden,
donde, en nuestro galanteo,
los intentos de obligaros
han de ser los argumentos.
Quién tiene razón veamos,
porque ha de ser nuestro empeño
inclinaros al cariño,
ó quedar vencidos ellos.
Vían. Pues para que conozcáis
que la opinión que yo llevo
es hija dcl desengaño,
y del error vuestro intento,
festejad, imaginad
cuantos caminos y medios
de obligar una hermosura
tiene amor, halla el ingenio t
que desde aquí me permito
á lisonjas y festejos
con el oido y los ojos,
solo para convenceros
de que no puedo querer,
y que el desden que yo tengo,
sin fomentarle el discurso,
es natural en mi pecho.
Gasf. Pues si argumento ha de ser
desde hoy nuestro galanteo,
lodos vamos á argüir
contra el desden y el despego.
Príncipes, de la razón
y de amor es ya el empeño:
cada uno medio elija
E S D E N
de seguir este argumento;
veamos, para concluir,
quien el i je mejor medio.
Yo voy á escoger el mío;
V de vos, señora, espero,
que habéis de ser contra vos
el mas agudo argumento. as.
Pues yo, señora, también,
por deuda dé caballero,
proseguiré en festejaros:
mas será sin ese intento.
¿Pues por qué?
Porque yo sigo
la opinión de vuestro ingenio;
mas aunque es vuestra opinión,
la mia es con mas extremo.
¿De qué suerte?
Yo, señora,
no solo querer no quiero,
mas ni quiero ser querido.
¿Pues en ser querido hay riesgo?
No hay riesgo, pero hay delito.
No hay riesgo, porque mi pecho
tiene tan establecido
el no amar en ningún tiempo,
que si el cielo compusiera
una hermosura de extremos;
y esta me amára, no hallára
correspondencia en mi afecto.
Hay delito, porque cuando
sé yo que querer no puedo,
amarme, y no amar, seria
fallar mi agradecimiento;
y así yo, ni ser querido,
ni querer, señora, quiero,
porque temo ser ingrato,
cuando sé yo que he de serlo.
¿Luego vos me festejáis
sin amarme?
Eso es muy cierto.
¿Pues para qué?
Por pagaros
la veneración que os debo.
¿Y eso no es amor?
¿Amor?
no señora, esto es respeto.
Cuerpo de Cristo jqué lindo,
qué bravo boton de luego I
Échala de ese vinagre,
I y verás, para su tiempo,
qué bravo escabeche sale.
Ciutia, ¿has oído á este necio?
¿No es graciosa su locura?
Cíni. Soberbia es.
¿No será bueno
enamorar á este loco?
Cinf. Si, mas hay peligro en eso.
¿De que?
Cinf. Que tú te enamores,
5Í no logras el empeño.
Ahora eres tú mas necia;
¿pues cómo puede ser eso?
¿No me mueven los rendidos,.
y ha de arrastrarme el soberbio?
Cinf. Esto, señora, es aviso.
Por eso be de hacer empeño
de reuclir su vanidad.
Cinf. Yo me holgaré mucho dello.
Proseguid la bizarría,
que yo ahora os la agradezco
con mayor estimación,
pues sin amor os la debo.
Car/. ¿Vos agradecéis, señora?
Es porque con vos no hay riesgo.
Pues yo iré á empeñaros mas.
Y yo voy á agradecerlo.
Pues mirad, que no queráis,
porque cesaré en mi intento.
No me costará cuidado.
Pues siendo así, yo lo acepto.
Andad. Venid, Caniquí.
¿Qué decís?
Soy yo esc lienzo.
Cinlia, rendido has de verle.
Cinf. Sí será; pero yo temo
D E S D E N. i:j
Mas, oíd.
¿Que me cjucrels?
Que si acaso os muda el tiempo...
¿A qué, señora?
A querer;
¿Qué he de hacer?
SulVir desprecios.
¿Y si en vos hubiese amor?
Yo no querré.
Así lo creo.
¿Pues qué pedís?
Por si acaso...
Ese acaso está muy lejos.
¿Y si llega?
No es posible.
Supongo.
Yo lo prometo.
Eso pido.
Bien eslá,
quede así.
Guárdeos el ciclo.
Aunque me cueste un cuidado,
he de rendir á este necio. -Vas.
Señor, buena va la danza.
Polilla, yo estoy muriendo:
lodo mi valor ha habido
menester mi fingimiento.
Señor, llévale adelante,
y verás si no dá fuego.
Cdí'l. Eso importa.
Ven, señor,
que ya yo estoy acá dentro.
¿Cómo?
Con lo Caniquí
me he hecho ya lienzo casero.
el que se trueque la suerte;
y eso es lo que yo deseo, ap. Vas,
Jornada segunda
JORNADA SEGUNDA
Salen Carlos y Polilla.
Polilla, amigo, el pesar
me quita; dale á mi amor
alivio.
A espacio, señor,
que hay mucho que confesar.
Dímelo todo, que lucha
con mi cuidado mi amor.
¿Quieres besarme, señor?
Apártate allá y escucha.
Lo primero, esos bobazos
de esos príncipes, ya sabes,
que en fiestas y asuntos graves
se están haciendo pedazos.
Fiesta tras fiesta no tarda,
y con su desden, tirano
hacer fiestas es en vano,
porque ella no se las guarda.
Ellos gastan su dinero
sin que con ello la obliguen,
y de enamorarla siguen
el camino carretero.
Y ellos mismos son testigos
que van mal; que á esta mujer
el alcanzarla ha de ser
echando por esos trigos.
Y es tan cierta esta opinión,
que con tu desden fingido
de tal suerte la has herido,
que ha pedido confesión;
y con mi hellaquería
su pecho ha comunicado,
como ella me ha imaginado
doctor de esta teología.
Para rendirte, un intento
siempre á preguntar me sale:
mira tú de qutín se vale,
para que se yerre el cuento.
Yo dije con voz madura:
si eso te trae cuidadosa,
para obligarle no hay cosa
como tu propia hermosura.
Hazle un favor, golpe en hola,
de cuando en cuando al cuitado,
y en viéndole enamorado,
vuélvete y dile, mamola.
Ella de mi parecer
se ha agradado de tal arte,
que ya está en galantearte;
mas ahora es menester
que con ceiio impenetrable,
aunque parezcas grosero,
siempre te estés mas entero
que bolsa de miserable.
Ño te piques con la salsa;
no piense tu boberia
que está la casa vacía,
por ver la cédula falsa;
porque ella la trae pegada,
y si tú vas á leella,
has de hallar que dice en ella,
aquí no se alquila nada.
Cari* ¿Y de eso, qué ha de sacarse?
Vol. Que se pique esta mujer.
¿Pues cómo puedes saber
que ha de venir á picarse?
JPOLILLA. ¿Cómo picarse? eso es bueno:
si ella lo finge diez dias,
y tú de ella te desvías,
te ha de querer al onceno;
á los doce ha de rabiar,
y á los trece me parece
que, aunque ella se esté en sus trece,/
te ha de venir á rogar.
Yo pienso que dices bien
pero temo de mi amor
que si ella me hace un favor,
no sepa hacerla un desden.
¡Qué mas dijera una niña!
¿Pues qué haré?
Mostrarte helado.
¿Cómo, si estoy abrasado?
Beber mucha garapiña.
Yo he de esforzar mi cuidado.
Ah, sí, ¡pese á mi memoria!
que lo mejor de la historia
es lo que se me ha olvidado:
ya sabes que ahora son
carnestolendas.
¿Y pues?
Que en Barcelona uso es
de esta gallarda nación,
que con fiestas se divierte,
llevar, sin nota en su fama,
cada galan á su dama.
Esto en palacio es por suerte:
ellas eligen colores,
' pide una el galan que viene,
y la dama que la tiene,
va con él, y á hacer favores
al galan el dia la empeña,
y él se obliga á ser imán;
y es gusto, porque hay galan
que suele ir con una dueña.
Esto supuesto, Diana
contigo el ir ha dispuesto,
y no sé, por lograr esto,
como han puesto la pavana.
Ello está trazado ya;
mas ella sale: hacia allí
te esconde, no te halle aquí,
porque lo sospechará.
Persuade tú á su desvío
que me enamore.
Es forzoso:
tú eres enfermo dichoso,
pues te cura el beber frió.
X
C o IS EL
Reítnise Carlos, y salen Diana,
Cintia y Laura,
Ciutía, este medio he pensado
para rendirle á mi amor;
yo he de hacerle mas favor;
todas, como os he mandado,
eomo yo, habéis de traer
cintas de todos colores,
con que al pedir los favores,
podréis cualquiera escoger
el galan que os pareciere;.
pues cualquier color que pida,
ya la teneis prevenida,
y la que el de Urgcl pidiere,
dejádmela para mí.
Cini, Oran victoria has de alcanzar,
si le sabes obligar
á quererte.
¿Caniqiií?
jCh luz de este iirmamentoi
¿Qué hay de nuevo?
Me l>e hecho amigo
de Carlos,
jNIucho me obligo
de tu cuidado.
Asi intento ap.
ser espía, y del consejo:
no es mi prevención muy vana,
que esto es echar la botana,
por si se sale el pellejo.
¿Y no has descubierto nada
de lo que yo de él procuro?
¡Ay señora! está mas duro
que huevo para ensalada;
pero yo sé tretas bravas
con que has de hacerle bramar,
Pues tú lo has de gobernar.
¡Ay pobreta, que te clavas! ap.
Mil escudos te apercibo,
si tú su desden allanas.
Sí haré: el emplasto de ranas
pondré por madurativo.
Y si le vieses querer,
¿qué haras después de tentarle?
¿Qué? ofenderle, despreciarle,
ajarle, y darle á entender
que ha de lendir sus sosiegos
á mis ojos por despojos.
(al paño). ¡Fuego de amor en
tus ojos!
P. ¡Qué gran gusto es ver dos juegos! ap.
E S 1) E N.,5
'80 ¿y *10 sería mejor,
después de haberle rendido,
tener piedad del ca'ído?
¿Qué llamas piedad?
De amor.
¿Qué es amor?
Digo, querer,
así, al modo de empezar,
que aquesto de pellizcar
no es lo mismo que comer.
¿Qué es lo que dices? ¿querer?
¿yo me habia de rendir?
Aunque le viera morir,
no me pudiera mover.
¡Hay mujer mas singular!
¡Oh cruel!
Déjame hacer,
que no solo ha de querer,
vive Dios, sino envidar.
Yo salgo: el alma se abrasa.
Carlos viene.
Disimula.
Lástima es que lome bula. ap..
¡Si supiera lo que pasa!
Cintia, avisa cuando es hora
de ir al sarao.
CinL Ya he mandado
que estén con ese cuidado.
Y yo el primero, señora,
vengo, pues es deuda igual,
á cumplir mi obligación.
¿Pues cómo, sin afición,
sois vos el mas puntual?
Como tengo el corazón
sin los cuidados de amar,
tiene el alma mas lugar
de cumplir su obligación.
Hazle un favorcillo al vuelo,
por si mas grato le vés.
Eso procuro.
Esto es ap.
hacerla escupir al cielo.
Mucho, no teniendo amor,
vuestra asistencia me obliga.
Si es mandarme que prosiga,
sin hacerme ese favor
lo haré yo, porque obligada
á eso mi atención está.
Poca lumbre el favor dá.
Está la yesca mojada.
¿Luego á ese favor que os bago
iG
no le tlais c.‘ limación?
Eso con veneración,
mas no con amor le pago.
VoL Necio, ni aun asi lo pagues.
CavL ¿Qué quieres? templa mi ardor,
aunque es fingido, el favor.
Pues enjuágate, y no tragues.
Bían, ¿Qué le has dicho?
Que al oillos,
agradezca tus favores,
Bían. Bien haces.
Po¡, Esto es, señores, op,
engañar á dos carrillos.
Dían, Si yo á querer algún dia
me inclinase, fuera á vos.
¿Por qué?
Bian, Porque entre los dos
hay oculta simpatía,
en llevar vos mi opinión,
en ser vos del genio mio;
y, á sufrirlo mi albedrío,
fuera á vos mi inclinación.
Pues hiciérais mal.
Bian, No hiciera,
que sois galan.
No es por eso.
Bian, ¿Pues por qué?
Porque os confieso,
que yo no os correspondiera.
Bian, Pues si os viérades amar
de una mujer como yo,
¿no me quisiérades?
No.
Bian, Claro sois.
No sé engañar.
¡Oh pecho heróico y valiente!
Dale por esos i jares:
si tú no se la pegares,
me la claven en la frente.
Bian, Mucho al enojo me acerco:
tal desahogo no he visto.
Desvergüenza es, vive Cristo.
Bian, ¿Has visto tal?
Es un puerco.
Bian, ¿Qué haré?
Meterle en la danza
de amor, y á puro desden
quemarle.
Bian, Tú dices bien,
que esa es la mayor venganza.
Yo os tuve por mas discreto.
¿Pues qué lie hecho contra razón?
Bian, Eso es ya desatención.
No ha sido sino respeto;
y porque veias que es error
que haya en el mundo quien crea
que el que quiere lisonjea,
escuchad lo que es amor.
Amar, señora, es tener
inflamado el corazón
con un deseo de ver
á quien causa esta pasión,
que es la gloria del querer.
Los ojos que se agradaron
de algún sugeto que vieron,
al corazón trasladaron
las especies que cogieron,
y esta inflamación causaron.
Su hidrópico ardor procura
apagar de sus antojos
la sed; y al ver la hermosura,
mas crece la calentura,
mientras mas beben los ojos.
Siendo esta fiebre mortal,
quien corresponde al amor
bien se vé que es desleal;
pues le remedia el dolor,
dándole mas fuerza al mal.
Luego el que amado se viere
no obliga en corresponder,
si daña como se infiere;
Pues oid como en querer
tampoco obliga el que quiere:
Quien ama con fe mas' pura,
pretende de su pasión
aliviar la pena dura,
mirando aquella hermosura
que adora su corazón.
El contento de miralla
le obliga al ansia de vella;
eso en rigor es amalla;
luego aquel gusto que halla
le obliga solo á querella.
Y esto mejor se apercibe
del que aborrecido está;
pues aquel amando vive,
no por el gusto que dá,
sino por el que recibe.
Los que aborrecidos son
de la dama que apetecen,
no sienten la desazón
que les causa su pasión
ii)o porque ellos padecen.
Luego, si por su tormento
el desden siente quien ama,
el que quiere mas atento,
no quiere el bien de su dama,
sino su propio contento.
A su propia conveniencia
dirige amor su fatiga:
luego es clara consecuencia,
que ni con amor se obliga,
ni con su correspondencia.
Dtan. El amor es una unión
de dos almas, que su ser
truecan por transformación,
donde es fuerza que lia de haber
gusto, agrado y elección.
Luego si cl gusto es después
del agrado y la elección,
y ésta voluntaria es,
ya le debe obligación,
si no amante, de cortés.
Si vuestra razón infiere
que amar es obligación,
¿por que os ofende cl que quiere?
Porque yo tendré razón
para lo que yo quisiere.
¿Y qué razón puede ser?
Dtan. Yo otra razón no prevenga
roas, que quererla tener
Pues esa es la que yo tengo
para no corresponder.
Dtan. ¿Y si acaso el tiempo os muestra
que vence vuestra porfia?
Siendo una la razón nuestra,
si se venciere la mia,
no es muy segura la vuestra.
Suenan tnsfrumenlos.
Señora, los instrumentos
ya de ser hora dan señas
de comenzar el sarao
para las carnestolendas.
Y,ya los* príncipes vienen.
Tened todas advertencia
de prevenir las colores.
Pot. ¡Ah, señor, estar alerta!
¡Ay Polilla, lo que finjo
toda una vida me cuesta!
Calla, que de enamorarla
le hartarás al ir con ella
por la obligación del dia.
Disimula, que ya llegan.
n E S D E N.,7
Salen /o.v príncipes y los músicos
cantando.
Mvsic. Penid ios galanes
á elegir las clamas,
que en carnestolendas
amor se disfraza,
JFalará, laraUí, cic,
Dudoso vengo, señora;
pues teniendo corla estrella,
vengo fiado en la suerte.
Gasf. Aunque mi du,da es la mesiiia,
el elegir la color
me toca á mí, que el ser buena,
pues le toca á mi fortuna,
ella debe cuidar de ella.
Pues sentaos, y cada uno
elija color, y sea,
como es uso, previniendo
la razón para escogerla;
y la dama que la tiene
salga con el, siendo deuda
el enamorarla en él,
y cl favorecerle en ella.
Müsic. Venid los galanes
á elegir las damas, ele.
Esta es acción de fortuna,
y ella, por ser loca y ciega,
siempre le dá lo mejor
á quien tiene menos prendas*/
yo, por no tener ninguna,
es forzoso que aquí sea
quien tenga mas esperanza;
y asi, cl escoger es fuerza
el color verde.
Cinl. Si yo ap.
escojo de lo que queda
después de Carlos, elijo.
al de Bearne. Yo soy vuestra,
que tengo el verde: lomad.
Dale la cinta.
Corona, señora, sea
de mi suerte el favor vuestro,
que át iio serlo, elección fuera.
Danzan una mudanza pénense mas*
carillas, y reiiranse á un lado, que-
dando en pie, y cantando los mú-
sicos.
Müstc. Vivan los. galanes
con sus esperanzas,
que para ser dichas
cl tenerlas %asia. Falará, la, tic
i8 E L
Yo nunca tuve esperanza,
sino envidia, pues cualquiera
debe mas favor que yo
á las luces de su estrella;
y pues siempre estoy zeloso,
azul quiero.
Fen, Yo soy vuestra,
que tengo el azul; tomad, dásele,
Mudar de color pudiera,
pues ya, señora, mi envidia
con tan buena suerte cesa.
Müsic. No cesan los zelos
por lograr la dicha,
pues los hay entonces
de los que la envidian.
Falará, la, etc.
¿Y yo he de elegir color?
Claro está.
Pues vaya fuera,
que ya salirme queria
á la cara la vergüenza.
¿Qué color pides?
Yo tengo
hecho el buche á damas feas;
de suerte, que habrá de ser
muy mala la que me quepa.
De las damas que aquí miro,
no hay ninguna que no sea
como una rosa, y pues yo
la he de hacer mala por fuerza,
por si ella es como una rosa,
yo la quiero rosa seca.
Rosa seca, sal acá:
¿quién la tiene?
Yo soy vuestra,
que tengo el color; tomad, dásele.
¿Yo aquí he de favorecerla,
y ella á mí ha de enamorarme?
No, sino al revés.
Pues vuelta;
enamórame al revés.
Que no ha de ser eso, bestia,
sino enamorarme tú.
¿Yo? Pues toda la manteca
hecha pringue en la sartén
á tu blancura no llega,
ni con tu pelo se iguala
la frisa de la bayeta,
i dos ojos de jabón
raas que los tuyos Ranquean,
ni siete bocas hermosas,
las unas tras otras puestas,
son tanto como la luya:
y no hablo de pies y piernas,
porque no hilo tan delgado;
que aunque yo con tu belleza
he caido, no he caído,
pues no cae el que no poca.
Müsic. Quien á rosas secas
su elección inclina,
tiene amor de rosas,
y temor de espinas.
Falará, la, etc.
Yo á elegir quedo el postrero,
y ha sido por la violencia
que me hace la obligación
de haber de fingir finezas;
y pues ir contra el dictamen
del pecho es enojo y pena,
para que lo signifique,
de los colores que quedan
pido el color encarnado:
¿quién le tiene?
Yo soy vuestra,
que tengo el narar; tomad, dásele.
Si yo, señora, supiera
el acierto de mi suerte,
no tuviera por violencia
fingir amor, pues ahora
le debo tener de veras.
Music. Iras significa
el color de nacar:
el desden no es ira;
quien tiene iras ama.
Falará, la, etc.
Ahora te puedes dar
un hartazgo de finezas,
como para quince dias;
mas no te ahíles con ellas.
Guie la música, pues,
á la plaza de las fiestas,
y ya 'galanes y damas
vayan cumpliendo la deuda.
Mrsic. Vayan los galanes
iodos con sus damas,
que en carnestolendas
amor se disfraza*
Falará, la, etc.
>9
Vanst todos de dos en dos, y al en-
irar se detienen Diana y Carlos.
Yo he de rendir á esle hombre,
6 he de condenarme á necia* ap.
¡Qué tibio galan hacéis!
bien se ve en vuestra tibieza
que es violencia enamorar;
y siendo el fingirlo fuerza,
lio saberlo hacer, no es falta
de amor, sino de agudeza.
Si yo hubiera de fingirlo
no tan remiso estuviera,
que donde no hay sentimiento
está mas pronta la lengua.
¿Luego estáis enamorado
de mi?
Si no lo estuviera y
no me atára esle temor.
¿Qué decís? ¿habíais de veras?
¿Pues si el alma lo publica,-
puede fingirlo la lengua?
¿Pues no dijisteis que vos
no podéis querer?
Eso era,
porque no me habia tocado
el veneno de esta flecha.
¿Qué flecha?
La de esta mano,
que el corazón me atraviesa;
y como el pez, que introduce *
su venenosa violencia
por el hilo y por la cana
y al pescador pasma y hiela
el brazo con que la tiene,
á mi el alma me penetra
el dulce ardiente veneno
que-de vuestra mano bella
se introduce por la mia%
y hasta el corazón me llega. •
¡Albricias, ingenio mío, o;
que ya rendí su soberbia!
Ahora probará el casligp
del desden de mi belleza. _ *
¿Que en fin, vos no imaginabais
querer, y queréis de veras?
Toda el alma se me abrasa
todo mi pecho es centellas.
Temple én mí vuestra piedad
este ardor que roe atormenta.
D!an. Soltad, ¿qué ~
(¿uilase la mascarilla Diana y su
tale la mano.
)Yo favor! La pasión ciega
para el castigo os disculpa,
mas no para la advertencia.
¿A mi me pedís favor,
diciendo que amais de veras?
Car/. ¡Cielos, yo me despené! ' ap,
pero válgame la enmienda.
¿No os acordáis, de que os' dije
que cu queriéndome era fuerza
que sufrieseis mis desprecios-,
sin que os valiese -la queja?
¿Luego de veras habíais? '
Pues vos ¿no' queréis de veras?
¡Yo, señora! ¿Pues se pudo
trocar mi naturaleza?
¿Yo querer' de veras? ¿yó?
¡Jesús, qué error! ¿Eso piensa
vuestra hoinEioSurá?* ¿Yo amor?
Pues cuando yo lé tuviera,
de vergüenza lo callára: '
'esto es cumplir con lá deuda
de la obligación* del. dia. ‘i
D. ¿Qué me decís? ¡Yo estoy mucria! ap.
¿Que no es de veras? ¡Qué escuc/bo! ap.
¿Pues cómo aquí?., á hablámoacierla
mi vanidad de corrida.
¿Pues vos, siendo tan discreta,
no conocéis que es fingido?
¿Pues aquello de la' flecha,
del pez, del hilo, y b cana,
y el decir que el desden era,
porque no os habia ‘locado- -.
del veneno la violencia?
Pues eso es fingirlo bien:--
¿tan necio queréis que sea,
que cuando á fingir me ponga,
lo finja sin apariencia? • ‘ '
¡Qué es esto que me sucede, ap.
lYo he podido ser tan: necia,
que me haya hecho este desaire.
Del incendio de esta 'afrenta *
el alma tengo abrasada; -
mucho temo que loienlienda..
Yo he de enamorar á este
si toda el alma rae cuesta •
Mirad que esperan,,
iQue á mí este error me suceda,
¿Pueicémo vos...?,-
S"iQí ib> y s
poneos la máscara, y vamos.
No ha sido mala la enmienda, ap,
¡Así trata el rendimiento!
¡Ah cruel! ¡ah ingrata! ¡ah fiera!
yo echaré sobre mi fuego
toda la nieve del Etna.
IHan, Cierto que sois muy discreto/
y lo fingis de manera,
que lo. tuve por verdad.
Cortesanía fue vuestra
el fingiros engañada,
por favorecer! con ella,
que con eso' habéis cumplido
? con vuestra naturaleza,
' y la obligación del dia;
pues fingiendo' la cautela
de engañaros, porque' á mí
me dais crédito con ella,
favorecéis el ingenio, -
y despreciáis la fineza.
Bien agudo ha sido el modo ap,
de motejarme de -necia;
mas así le he de engañar.
Venid, pues; y aunque yo sepa
que es fingido, proseguid,
que eso áiestimaros me empeña
con mas veras.
Cnrh.. ¿De qué suerte?
Hace á mi desden mas fuerza
la discreción, que el amor,
y me obligáis mas con ella. •.
¡Quién no entendiese su intento!
yo la volveré la flecha. ap,
¿No proseguís?
'; • No señora.
¿Por. qué? '.. '
Me baldado tal pena
el decirme que os obligo,
que me ha hecho perder la senda
del. fingirme renamOrado.
¿Pues vos, qué perder pudiérais
en tenerme á mí obligada
con vuestra atención discreta? '
Car/..Arriesgarme á ser querido.
J)ian, ¿Pues tan mal os estuviera?
Señora, no está en mi mano;
y.si yo. en eso me viera,.
fuera cosa de morirme.
¡Qué esto escuche mi belleza! ap,
¿Pues vos presumís que yo
puedo quereros?.
Vos mesma
decís, que la que agradece
está de querer muy cerca:
pues quien confiesa que estima,
¿qué falta para que quiera?
Menos falta para injuria
á vuestra loca soberbia;
y eso poco que le falta,
pasando ya de grosera,
quiero excusar con dejaros
idos.
¿Pues cómo á la fiesta
queréis faltar? ¿puede ser
*sin dar causa á otra sospecha?
Ese riesgo á mí me toca:
decid que estoy indispuesta,
que me ha dado un accidente.
¿Luego con eso licencia
me dais para no asistir?
D, Si os mando que os vais ¿no es fuerza?
Me habéis hecho un gran favor:
guarde Dios á vuestj;a alteza. F'ase,
¿Qué es esto que por roí pasa?
Tan corrida estoy, tan ciega,,
que si supiera algún medio
de triunfar de su soberbia,
aunque arriesgára el respeto,
por rendirle á mi belleza,
á costa de mi decoro
comprára la diligencia.
Sale Polilla,
¿Qué es esto, señora mia?
¿cómo se ha aguado la fiesta?
Hame dado un accidente.'
Si es cosa de la cabeza,
dos parches de tacamaca,
y que te traigan las piernas.
No tienen piernas las damas
Pues por esta razón mesma
digo yo que te las traigan:
¿mas qué ha sido tu dolencia?
Aprjeto del coraztn.
¡Jesús! pues si no es mas de esa,
sángrate y púrgate luego,
y échate unas sanguijuelas,
dos docenas de ventosas,
y al instante estarás buena.
Caniquí, yo estoy corrida
de no vencer la tibieza
de Carlos.
Pal, ¿Pues eso dudas?
¿Quieres que por tí se pierda?
J)ian, ¿Pues cómo sc ha de perder?
Poh Hazle que tome una renta.
Pero, de veras hablando,
¿tú, señora, no deseas
que se enamore de ti?
Otan, Toda mi corona diera
por verle morir de amor.
¿Y es eso carino, ó tema?
la verdad, ¿te entra el Carlillos?
pían. ¿Qué es cariño? yo soy peña;
para abrasarle á desprecios,
á desaires y violencias,
lo deseo solo.
Púl. ¡Zape! ap.
aun está verde la breva;
mas ella madurará,
como hay muchachos y piedras.
Oían. Yo sé que él gusta de oir
cantar.
Mucho, como sea
la pasión, ó algún buen salmo,
cantado con castañetas.
üían. ¡Salmo! ¿qué dices?
Es cosa,
señora, que eso le eleva;
lo que es música de salmos
pierde su juicio por ella.
2>/íi/7.Tú has de hacer por mí una cosa.
¿Qué?
Oían. Abierta hallarás la puerta
del jardin; yo con mis damas
estaré allí; y sin que él sepa
Sale Carlos.
a 1
desden.
que es cuidado, cantaremos;
tú has de decir que le llevas
porque nos oiga cantar,
diciendo, que aunque le vean,
á tí te echarán la culpa.
Tú has pensado brava treta,
porque en viéndote cantar
se ha de hacer una jalea,
Pían. Pues ve á buscarle al momento.
Llevaréle con cadena:
á oir cantar irá el otro
tras de un entierro; mas sea
buen tono.
Ulan. te parece?
Alguna cosa burlesca,
que tenga mucha alegría.
Plan. ¿Cómo que?
P(il> Un réquiem elernain
Pian. Mira que voy al jardin.
Pues ponte como una Eva,
j para que caiga este Adán.
Pían. Allá espero. f'ase.
Norabuena,
que tú has de ser la manzana,
y has de llevar la culebra.
Señores, ¡que estas locuras
ande haciendo una princesa!
¿Mas quien tiene la mayor,
qué mucho que esotras tenga?
porque las locuras son
como un plato de cerezas,
que tirando de la una,
las otras se van tras ella.
¿Polilla, amigo?
¡Carlos, bravo cuento!
¿Pues qué ha habido de nuevo?
Po¡'Vencimiento.
¿Pues tú que has entendido?
Que para enamorarle, me ha pedido
que te lleve al jardin, donde has de vella,
mas hermosa y brillante que una estrella,
anlaiido con sus damas,
que como le imagina duro tanto,
ablandarte pretende con el canto.
¿Eso hay? mucho lo extraño.
IMira si es liviandad de buen tamaño,
y si está ya harto ciega,
pues esto hace, y de roí á fiarlo llega.
Tocan dentro.
Ya escucho el instrumento.
el desden
Esta ya es tuya.
Calla, que cantan ya.
Pg¡Pues aleluya.
Music. Olas eran de zafir
las del mar solo esta vez,
con el que siempre le aclaman
los mares segundo rey.
Vamos, señor.
dices, que yo muero?
Deja eso á los pastores de la Arcadia,
y vámonps allá, que esto es primero.
¿Y qué he de hacer?
PqI Entrar y no miralla,
y divertirle con la copia bella
de llores: y aunque ella
se haga rajas cantando, no escuchalla,
porque se abrase.
No podré emprenderlo.
¿Cómo no? Vive Cristo que has de hacerlo,
ó te tengo de dar con esta daga,
que traigo para eso, que esta llaga
se ha de curar con escozor.
No intentes
eso, que no es posible que lo allanes.
Señor, tu has de sufrir polvos de Juanes,
que toda el alma tienes ya podrida. Músie.
Otra vez cantan; oye por tu vida.
¡Pese á mi alma! vamos,
no en eso tiempo pierdas.
Alendamos,
que luego entrar podemos.
Allá desde mas cerca escucharemos:
anda con Barrabás.
Oye primero.
Has de entrar, vive Dios.
Métele á empellones,,y salen Diana
y todas las damas en guardapieses
y justillos y cantando.
Müsic. Olas eran de zafir
las del mar solo esta vez
con el que siempre le aclaman
los mares segundo rey,
¿No habéis visto entrará Carlos?
No solo no le hemos visto,
mas ni aun de que venir, pueda
en el ¡ardin hay indicio.
Laura, ten cuenta si viene.
Ya yo, señora, lo miro.
Aunque arriesgue mi decoro,
Oye.
No quiero.
he de vencer sus desvíos.
Cierto que estas tan hermosa,
"que ha de faltarle el sentido,
si te vé, y no se enamora;
mas, señora, ya le he visto;
ya está en el jardin.
¿Qué dices?
Que con Cauiquí ha venido.
Pues volvamos á cantar,
y sentaos todas conmigo.
Siéntanse y salen Polilla y
No te derritas, señor.
Polilla, ¿no es un prodigio
su bclleta? en aquel traje
doméstico es un hechizo.
pol, ¡Qwé bravas están las damas
en guardapies y justillo!
Ciit'l. ¿Paca qué son los adornos
donde hay sin ellos tal hrio?
po¡. Mira, estas son como el cardo,
que el hortelano advertido
le deja las pencas malas,
que aunque no son de servicio,
abultan para venderle;
pero después de vendido,
solo se come el cogollo:
pues las damas son lo mismo;
lo que se come es aquesto,
que el moño y el artificio
lie las faldas son las pencas,
que se echan á los borricos.
Pero vuelve allá la cara,
uo mires, que vás perdido.
Polilla, uo he de poder.
¿Que llamas no? Vive Cristo,
que he de meterte la daga
si v uelves. Pónele Ja dagad la cara.
Ya no la miro.
Pues la estás oyendo, engaña
los ojos con los oidos.
Pues vámonos alargando,
porque si cania, el no oirlo
no parezca que es cuidado,
sino divertirme el sitio.
Y"a te escucha, cantar puedes.
Asi vencerle imagino.
Cata. E/ que solo de su abril
escogió mayo cortés,
por gala de su esperanza,
las Jlores de su desden.,,
Lian, ¿No ha vuelto á oir?
No seítora.
¿Cómo no? ¿pues no me ha oído?
Cint, Puede ser, porque está lejos.
En toda mi vida he visto
mas bien compuesto jardin.
Vaya de eso, que eso es lindo.
El jardin está mirando;
este hombre está sin sentido;
¿qué es esto? Cantemos todas,
para ver si vuelve á oirnos.
Cantan todas.
A tan dichoso favor
sirva tan florido mes,
por gloria de sus trofeos
rendido le bese el pie.
Qué bien hecho está aquel cuadro
de sus armas! ¡qué pulido!
Harto mas pulido es eso.
()x esto escucho! ¡que esto miro!
¡Los cuadros está alabando,
cuando yo cauto!
No he visto
yedra mas bien enlazada:
¡qué hermoso verde!
Eso pido:
date en lo verde, que engordas.
No me ha visto, ó no me ha oido:
Laura, al descuido le advierte
que estoy yo aquí. Levántase Laura.
Este capricho
la ha de despeñar á amar.
Carlos, estad advertido,
que está aquí dentro
Tiene aquí unjamoso sitio:
los laureles están buenos;
pero entre aquellos jacintos
aquel pie de guindo afea.
¡Oh que lindo pie de guindo!
¿No se lo advertiste, Laura?
Ya, señora, se lo he dicho.
Ya no yerra de ignorancia;
¿pues cómo está divertido?
Pasan por delante de ellas, lleván-
dole Polilla la daga junto á la cara
porque no vuelva,
Señor, por aquesta calle
pasa sin mirar.
Rendido
estoy á mi resistencia:
volver temo.
Ten, por Cristo,
que te herirás con la daga.
Ya no puedo mas, amigo.
Hombre, mira que te clavas.
¿Qué quieres? ya me he vencido.
Vuelve por esotro lado.
¿Por acá?
digo,
¿No ha vuelto?
Ni lo imagina.
Yo no creo lo que miro:
ve tú al descuido, Fenisa,
y vuelve á darle el aviso.
Levántase Fenisa.
El- D
Po!. Otro rorreo dispara,
mas no dáii lumbre los tiros.
Fi-nisa. ¿Carlos?
¿Quien llama.
Po!. ¿Quien es?...
Fcn. Ved, que Diana os lia visto.
Admirado de esta luente,
en verla me he divertido;
y no habia visto á su alteza:
decid, que ya me reliio.
¡Cielos! sin duda se va:
oid, escuchad, á vos digo. Leeánfasc.
¿A mí, señera?
Flan.. Sí, á vos.
¿Qué mandáis?
Flan. ¿Cómo,- atrevido
habéis entrado aquí dentro,
sabiendo que en mi retiro
estaba yo con mis damas?
Señora, no os habia visto:
la hermosura del jardín
me llevó, perdón os pido.
Flan. Esto es peor, que aun no dice
que para escucharme vino.
¿Pues no me oisle?
Car/. señora.
JD/an. No es posible.
Un yerro ha sido,
que solo enmendaise puede
con no hacer mas el delito. F'ase.
Señora, este hombre es un tronco.
Déjame, que sus desvíos
el sentido han de quitarme.
Aquesto va ya perdido; ap.
E S D E N
si ella no está enamorada
de Carlos, ya va camino.
¡Cielos, qué es esto que veo!
un Etna es cuanto respiro:
¡yo despreciada!
Eso sí,
pese á su alma, dé brincos.
¿Caniquí?
¿Señora mia?
D. ¿Qué os esto? ¿Este hombre no vino
á escucharme?
PoJ, Sí señora.
¿Pues cómo no ha vueltoá oirlo?
Señora, es loco de atar.
¿Pues qué respondió, ó qué dijo?
Es vergüenza.
Dilo pues.
Que caníábais como niños
de escuela, y que no quería
escucharos.
¿Eso ha dicho? •
Sí señora.
¡Ilíy tal desprecio!
Es un bobo.
Flan. ¡E.ctoy sil juicio!
No hagas caso.
Flan. ¡Estoy mortal!
Que es un bárbaro.
Flan. Eso mismo
me ha de obligar á rendirle,
si muero por conseguirlo. Fase.
Buena va la danza, alcalde,
V da en la albarda el granizo.
Jornada tercera
JORNADA tercera.
Salen Carlos, Polilla, don Gastón f el principe de Bearne
Carlos, nuestra amistad nos dá licencia
de valernos de vos para este intento.
Ya sabéis que es segura mi obediencia.
En le de eso os consulto el pensamiento.
Va de consulta, y salga la propuesta,
que todo lo demas es molimiento.
Ya vos sabéis que no ha quedado fiesta, '
fineza, Ostentación, galantería,
é
iwv
que no haya sido de los tres compuesta,
para vencer la injusta antipatía
que nos tiene Dilina, sin debella
ni aun lo que debe dar la cortesía;
pues habiendo salido vos con ella,
la obligación y el uso de la suerte,
por no favoreceros atropella;
y la alegría del festin convierte
en queja de sus damas, y en desprecio
de nosotros, si el término se advierte:
y de nuestro decoro haciendo aprecio,
mas que de nuestro amor, nos ha obligado
solamente á vencer su desden necio;
y el gusto quedará desempeñado
de los tres, si la viésemos vencida
de cualquiera de todos al cuidado.
Para esto, pues, traemos prevenida
yo y don Gastón la industria que os diremos, *
que si á esta ilecha no quedare herida,
no queda ya camino que intentemos.
¿Qué es la industria?
Que pues para estos dias
todos por suerte ya damas tenemos,
prosigamos en las galanterías
todos, sin hacer caso de Diana,
pues ella se excusó con sus porfías;
que si á ver llega su altivez tirana,
por su desden, su adoración perdida,
si no* de amante, se ha de herir de vana:
y en conociendo indicios de la herida,
nuestras finezas han de ser mayores, j.
hasta tenerla en su rigor vencida* h,
No es ese mal remedio; mas señores;;.
eso és lo mismo que á cualquier doliente
el quitarle la cena, los doctores. i
Pearh. Pero si no es remedio suficiente,
cuando no alivie ó temple la dolencia,
sirve de que no crezca el accidente:
si á Diana la ofende la decencia
con que la festejamos, porfiarla
solo será crecer su resistencia,
Ya no queda mas medio que dejarla,
pues si la ley que dió naturaleza
no falta en ella, asi hemos de obligarla:
porque en viendo perdida la fineza
la dama, aun de aquel mismo que aborrece,
sentirlo es natural en la belleza;
que la veneración de que carece,
aunque el gusto cansado la desprecia,
la vanidad del alma la apetece; *
y si le falta lo que el alma aprecia,
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aunque lo calle allá su senlinaiento,
la estará á solas condenando á necia;
y cuando no se logre el pensamiento
de obligarla á querer, en que lo sienta
queda vengado bien nuestro tormento.
Lo que ofendido vuestro amor intenta,
por dos causas de mí quedá aceptado;
una, el ser fuerza que ella lo consienta,
porque eso su desden nos ha mandado;
y otra, que sin amor ese desvío
no me puede costar ningún cuidado.
Pues la palabra os tomo.
Yo la fio.
Y aun de Diana el nombre á nuestro labio
desde aquí le prohiba el albedrío.
Gast, Ese contra el desden es medio sábio.
Digo, que de mi parte lo prometo.
Pues vos veréis vengado nuestro agravio.
Vamos, y aunque se ofenda su respeto,
en festejar las damas prosigamos
con mas finezas.
Yo el desvío aceto.
Pues si á un tiempo todos la dejamos,
cierto será el vencerla.
Así lo creo.
Vamos, pues, don Gastón.
Bearne, vamos.
Logrado habéis de ver nuestro deseo. anse.
Señor, esta es brava traza,
y medida á tu deseo,
que esto es echarte el ojeo,
porque tú mates la caza.
Polilla, ¡mujer terrible!
¡Que aun no quiera tan picada!
Señor, ella está abrasada, '
mas rendirse no es posible:
ella te quiere, señor,
y dice que te aborrece;
mas lo que ira le parece,
es quinta esencia de amor:
porque cuando una mujer
de los desdenes se agravia,
bien puede llamarlo rabia,
mas es rabia por querer. *
Dia y noche está trazando
como vengar su congoja;
mas no temas que te coja,
que ella te dará bien blando.
¿Qué dice de mí?
Te acusa:
dice que eres un grosero,
desatento, majadero:
Y yo, que entiendo la musa,
digo: señora, es un loco,
un sucio: y ella después
vuelve por tí, y dice: no es,
que ni tanto, ni tampoco.
En fin, porque sus desvelos
no se logren, yo imagino
que ahora toma otro camino,
y quiere picarte á zelos.
Conoce la ballestilla,
y si acaso te la ecba,
disimula, y di á la ilecha,
riyendo: hágote cosquilla,
que ella te se vendrá al ruego.
¿Por qué?
Porque aunque se enoje
quien cuando siembra no coje,
va á pedir limosna luego:
eso es, señor, evidencia.
Lope, el fénix español,
de los ingenios el sol,
lo dijo en esta sentencia:
'•Quien lieiic zelos, y olende,
¿qué prelenile?
la venganza de un desden;
¿y si no le sale Lien?
vuelve á comprar lo que vende.**
Mas ya los príncipes van
sus músicas previniendo.
Carh Irme con ellos pretendo.
J>o/. Con eso juego te dan.
Diana viene.
Po/, Pues cuidado,
y escápate.
Voyme luego. Vase.
Vete, que si nos ve el juego,
perderemos lo envidado.
Cantan dentro, y va saliendo Diana,
Pastores, Cintia me mata;
Cintia es mi muerte y mi vida;
yo de ver á Cintia vivo,
y muero por ver á Cintia,
¡Tanta Cintia!
Poj, Es el reclamo
del Bearnés.
¡Finezas necias!
Todo esto es echar especias ap,
al guisado de mi amo.
Por no ver estas contiendas
de que á sus damas alaben,
deseo ya que se acaben
aquestas carnestolendas.
Eso es ya rigor tirano;
deja, señora, querer,
si no quieres, que esto es ser
el perro del hortelano.
¿Pues no es cosa muy cansada
oir músicas precisas
de Cintias, Lauras, Fenisas,
cada instante?
PqI Si te enfada
ver tu nombre en verso escrito,
¿qué han de hacer sino Cintiar,
Laurear y Fenisiear?
porque el Dianar es delito.
Y el Bearnés tan fino está
con Cintia, que está en su pecho,
que una gran décima ha hecho,
¿Y cómo dice?
Cintia el mandamiento quinto
quebró en mí, como saeta;
Cintia es la que á mí me aprieta,
y yo soy de Cintia el cinto.
Cintia y cinta no es distinto;
y pues Cintia es semejante
á cinta, soy lino amante,
pues traigo cinta en la liga;
y esta décima la diga
Cintor el representante.
Bien por cierto; mas ya suena
otra música.
Y galante.
Esta será de otro amante.
Reventando está de pena. ap,
MüSic, No iguala á Fenisa el Fénix,
que si él muere y resucita,
Fenisa dá vida y mata:
mas que el Fénix es Fenisa,
¡Qué linos están!
Jesús!
¡mucha cosa! y aun mi pecho...
oye lo que á Laura he hecho.
¿También dás músicas?
P.iies.
Laura, en rigor, es laurel:
y pues Laura á mí me plugo,
yo tengo de ser besugo,
por escabecharme en él.
¿Y Carlos no me pudiera
dar música á mí también?
Si llegára á querer bien,
sin duda te se atreviera;
mas él no ama, y tú el concierto
de que te dejase hiciste;
con que al punto que dijiste
*id ccin Dios'*, vió el cielo abierto.
Que lo dije así, confieso;
mas él porfiar debía,
que aquí es cortes la porfía.
¿Pues cómo puede ser eso,
si á las fiestas han de ir,
y es desprecio de su fama
no ir un galan con su dama,
y tú no quieres salir?
¿Qué pudiera ser, no infieres,
que saliese yo con él?.
Si señora; pero él
sabe poco de poderes. t
Mas ya galanes y damas
á las fiestas van saliendo:
cierto que es un mayo ver
las plumas de los „
Todos vienen con sus
4:
f
%
EL¿ESDEN
y Carlos viene con ellos.
Señores, si esta mujer, ap,
viendo ahora este desprecio,
no se rinde á querer bien,
ha de ahorcarse como hay credo.
Salen todos los galanes con sus da-
mas y y ellos y ellas con sombreros
y plumas.
Müsic, A festejar sale amor
sus dichosos prisioneros y
dando plumas sus penachos
á sus arpones soberbios.
Príncipes, para picarla
es este el mejor remedio.
Mostrarnos finos importa.
Mi fineza es el despego.
Cada instante, Cintia hermosa,
me olvido de que soy vuestro*,
porque no creo á mi suerte
la dicha que la merezco.
Mas dudo yo pues presumo
que el ser tan fino es empeño*
del diá, y no del amor.
Salir del dia deseo,
por venceros esa duda.
Gasi. Y vos, si dudáis lo mesmo,
vereis pasar mi fineza
á los mayores extremos,
cuando solo deuda sea
de la fe con que os venero.
Bian. Nadie se acuerda de mí.
Yo por ninguno lo siento,
sino por aquel menguado
de Carlos, que es un soberbio:
¿tiene él algo mas que ser
muy galan y muy discreto,
muy liberal y valiente,
y hacer muy famosos versos,'
y ser un príncipe grande?
¿pues qué tenemos con eso?.
Conde de Fox, no perdamos
tiempo para los festejos
que tenemos prevenidos. ‘
Tan feliz día logremos.
¡Qué tiernos van!
Son menguados.
¿Pues es malo el estar tiernos?
Si y que es cosa de capones.
Proseguid el dulce acento
que nuestra dicha celebra.
Yo seré imán de sus ecos.
Véanse pasando por delante de Dia-
na y sin reparar en ella.
Müstc. A festejar sale amor
sus dichosos prisioneros, etc.
¡Qué finos van y qué graves!
¿Sabes que parecen estos?
¿Qué?
Priores y Abadesas.
Y Carlos se va con ellos:
solo de él siento el desden;
pero de abrasarle á zelos
es esta buena ocasión:
llámale tú.
¡Ah! caballero.
¿Quién me llama?
' Apropinquatío
ad parlandum.
¿Con quién?
Mecum.
¿Pues para eso me llamabas,
cuando vés que voy siguiendo
este acento, enamorado?
¿Vos enamorado? bueno:
¿y de quién lo estáis?
Señora,-
también yo aquí dama llevo.
¿Qué dama?
Mi libertad,
que es á quien yo galanteo.
Cierto que me habia dado
gran susto. ap.
Bueno va eso: ap.
ya está mas allá de lllescas
para llegar á Toledo.
¿La libertad es la dama?
buen gusto teneis por cierto.
En siendo gusto, señora,
no importa que no sea bueno,
que la voluntad no tiene
razón para su deseo.
Pero ahí no hay voluntad.
Sí hay tal.
O yo no lo entiendo,
ó no la hay, que no se puede
dar voluntad sin sugeto.
El sugeto es el no amar,
y voluntad hay en esto,
pues si quiero no querer,
ya quiero lo que no quiero.
La negación no da ser,
que solo el entendimiento
le da al ente de razón
uu ser fingido y supuesto;
y asi es esa voluntad,
pues sin causa no hay efecto.
Vos, señora, no sabéis
lo que es querer, y asi en esto
será lisonja deciros
que ignoráis el argumento.
No ignoro tal, que el discurso
no ha menester los efectos
para conocer las causas;
pues sin la experiencia de ellos
las vé la filosofía;
pero yo ahora lo entiendo
con experiencia también.
¿Pues vos queréis?
Lo deseo.
Cuidado que va apuntando
la varita de los zelos;
úntate muy bien las manos
con aceite de desprecios,
no te se pegue la liga.
Si este tiene entendimiento ap.
se ha de abrasar, ó no es hombre.
Eso fuera á no estar hecho ap,
el defensivo, y pegado.
De oiros estoy suspenso.
Carlos, yo he reconocido
que la opinión que yo llevo
es ir contra la razón,
contra el útil de mi reino,
la quietud de mis vasallos,
la duración de mi imperio.
Viendo estos inconvenientes,
he puesto á mi pensamiento
tan forzosos silogismos,
que le he vencido con ellos.
Determinada á casarme,
apenas cedió el ingenio
al poder de la verdad
su sofístico argumento,
cuando vi, al abrir los ojos,
que la nube de aquel yerro
le había quitado al alma
la luz del conocimiento.
El príncipe de Bearne,
m irado sin pasión....
Zelos:
al aceite, que traen lig-
Es tan galan caballero,
que merece la atención
DESDEN. aq
mia, que harto lo encarezco.
Por su sangre no hay ninguno
de mayor merecimiento;
sus partes no las iguala
el mas galan y discreto.
Lo afable en los agasajos,
lo humilde en los rendimientos,
lo primoroso en finezas,
lo generoso en festejos,
nadie lo tiene como él.
Corrida estoy de que un yerro
me haya tenido tan ciega,
que no viese lo que veo.
Polilla, aunque sea fingido,
vive Dios, que estoy muriendo.
Aceite, pese á mi alma,
aunque le manches con ello.
Y así, Carlos, determino
casarme; mas antes quiero,
por ser tan discreto vos,
consultaros este intento.
¿No os parece el de Bearne
que será el mas digno dueño
que dar puedo á mi corona?
que yo por el mas perfecto
le tengo de todos cuantos
me asisten. ¿Qué sentís de ello?
Parece que os demudáis:
¿extrañáis mi pensamiento?
Bien he logrado la herida, ap.
que del semblante lo infiero:
todo el color ha perdido;
eso es lo que yo pretendo,
Ah señor!
Estoy sin alma*.
Sacúdete, majadero,
que le se pega la liga.
¿No me respondéis? ¿qué es eso?
¿pues de qué os habéis turbado?
Me he admirado por lo menos.
¿De qué?
De que yo pensaba
que no pudo hacer el ciclo
dos sugetos tan iguales,
que estén á medida y peso
de linas mismas cualidades
sin diferencia compuestos;
y lo estoy viendo en los dos,
' pues pienso que estamos hechos
tan debajo de una causa,
que yo soy retrato vuestro.
3o E L D E
¿Cuánto ha, seíiora, que vos
teiieis ese pensamiento?'
Dias ha que está trabada
esta batalla en mi pecho,
ydesde ayer me he vencido.
Pues aquese mismo tiempo
ha que estoy determinado
á querer, ello por ello:
y también mi ceguedad
me quitó el conocimiento
de la hermosura que adoro;
digo, que adorar deseo,
que cierto que lo merece.
Sin duda logré mi intento: ap,
pues bien podéis declararos,
que yo nada oS' he encubierto.
Sí señora, y aun hacer
vanidades del acierto:
Cintia es la dama.
' ¿Quién, Cintia?
¡Ah buen hijo! como diestro,
herir por los mismos filos,
que esa es doctrina del negro.
¿No os parece que he tenido
buena elección en mi empleo?
porque ni mas hermosura,
ni mejor entendimiento
jamas en mujer he visto.
¿Aquel garbo, aquel sosiego,
su agrado, no bace dichosa
mi pasión? ¿Qué sentís de ello?
Parece que os he enojado.
Toda me ha cubierto un hielo, ap.
¿No respondéis?
Me ha dejado
suspensa el veros tan ciego,
porque yo en Cintia no he hallado
ninguno de esos extremos:
ni es agradable, ni hermosa,
ni discreta; y este es yerro
de la pasión.
¡Hay tal cosa!
hasta ahí nos parecemos.
¿Por qué?
Porque á vos de Cintia
se os encubre el rostro bello,
y del de Bearne á mí
lo galan se me ha encubierto:
con que somos tan iguales,
que decimos mal á un tiempo,
yo, de lo que vos queréis,
S D E N
y vos, de lo que yo quiero.
Pues si es gusto, cada uno
siga el suyo.
¡Malo es esto!
Encima viene la tuya,
no se te dé nada de eso.
Pues ya, con vuestra licencia,
iré, señora, siguiendo
aquel eco enamorado, •
que el disfrazaros mi intento
fue temor que ya he perdido,
sabiendo que mi deseo,
en la ocasión y el motivo,
es tan parecido al vuestro.
¿Vais á verla?
Si señora.
¡Sin mí estoy! ¿Qué es esto, cielos?
Pára largo, que la pierde.
A Dios, señora.
Teneos,
aguardad; ¿por qué ha de ser
tan ciego un hombre discreto,
que ha de oponer un sentido
á todo un entendimiento?
¿Qué tiene Cintia de hermosa?
¿Qué discursos, qué conceptos
os la han fingido discreta?
¿Qué garbo tiene, qué aseo?
Cinco, seis y encaje; cuenta,
señor, que la va perdiendo
hasta el codo.
¿Qi decís?
Que ha sido mal gusto el vuestro.
¿Malo, señora? Allí vá
Cintia, miradla aun de lejos,
y vereis cuantas razones
dá su hermosura á mi acierto.
Mirad en lazos prendido
aquel hermoso cabello,
y si es justo que en él sea
yo el rendido, y él el preso.
Mirad en su frente hermosa
como junta el rostro bello,
bebiendo luz á sus ojos,
sol, luna, estrellas y cielo.
Y en sus dos soles mirad
si es digno y dichoso el yerro
que hace esclavos á los mios,
aunque ellos sean los negros.
Mirad el sangriento labio,
qüe fino coral vertiendo.
parece tiuc se ha teñido
eu la herida que me ha hecho.
Aquel cuello de cristal,
que por ser de garia el cuello,
al cielo de su hermosura
osa llegar con el vuelo.
Aquel talle tan delgado,
que yo pintarle no puedo,
porque es él mas delicado,
que todos mis pensamientos.
Yo he estado ciego, señora,
pues solo ahora le veo;
y del pesar de mi engaño
me paso á loco de ciego,
pues no he reparado aquí
en tan grande desacierto,
como alabar su hermosura
delante de vos; mas de esto
perdón os pido, y licencia
de ir á pedírsela luego
por esposa á vuestro padre,
ganando también á un tiempo
del príncipe de Bearne
las albricias de ser vuestro. V ase,
Bian. ¿Qué es esto, dureza mia?
¡Un volcan tengo en mi pecho!
¿Qué llama es esta, que el alma
me abrasa? ¡Yo estoy ardiendo!
Alto, ya cayó la breva, ap,
y dió en la boca por yerro.
¿Caniquí? ‘
Señora mia,
¡hay tan grande atrevimiento!
¿por qué con el no embestiste,
y le arrancaste á ese necio
todas las barbas á araños?'
desden. 3i
PoJ, Eso no es sino bramante.
¡Yo arrastrada de un soberbio!
¡yo rendida de un desvío!
¡yo sin mí!
Señora, quedo,
que eso parece querer.
Bian. ¡Qué es querer!
Serán torreznos.
Bian. ¿Qué dices?
Digo de amor.
Bian. ¿Cómo amor?
No sino huevos.
Bian. ¿Yo amor?
¿Pues qué sientes tú?
Bian. Una rabia y un tormento:
no sé qué mal es aqueste.
Venga el pulso y lo veremos:
Bian. Déjame, no me enfurezcas,
que es tanto el furor que siento,
que aun á mi no me perdono.
¡Ay señora! vive el cielo,
que te se ponen azules
las venas, y es mal agüero.
Bian. ¿Pues de aqueso qué se infiere?
Que es pujamiento de zelos.
Bian. ¿Qué decís, loco, villano,
atrevido, sin respeto?
¡Zelos yo! ¿qué es lo qué dices?
vete de aquí, vele luego.
Señora....
Bian. Vete, atrevido,
ó haré que te arrojen luego
de una ventana.
Agua vá. ap.
Voyme, señora, al moraénto,
que no soy para vaciado.
¡Madre de Dios, cuál la dejo! ap.
Voyme, que donde hay puñal,
el Caniquí corre riesgo. V ase.
Bian. Yo pierdo el entendimiento.
Pues pierde también las unas.
Caniquí, este es un incendio,
¿Fuego en mi corazón? no, no lo creo.
Siendo de marmol, ¿en mi pecho helado
pudo encenderse? no, miente el cuidado.
¿Pero cómo lo dudo, si lo veo?
Yo deseé vencer por mi trofeo
un desden, que á mí misma me ha abrasado:
fuego de amor, ¿qué mucho se haya entrado
donde abrieron las puertas al deseo.
De este peligro no advertí el indicio,
pues para echar el fuego en otra casa,
le encendí, y en la mia hizo su oficio.
No admire, pues, mi pecho lo que pasa,
que quien quiere encender un edificio,
suele ser el primero que se abrasa.
Sale el de Bearne,
Gran victoria he conseguido,
si mi dicha es cierta ya;
mas aquí -Diana está.
A vuestras plantas rendido,
' señora, perdón os pido
de venir tan arrojado
con la nueva que me han dado,
que yo pienso que aun es poco,
siendo vuestro, el venir loco
de un favor no imaginado.
D. No os entiendo: ¿hahlais conmigo?
¿Qué favor decís?
Señora,
el de Urgel me ha dicho ahora,
que de ello ha sido testigo,
y que yo el laurel consigo
de ser vuestro.
Dian Necio fue,
si os dijo lo que no sé,
y vos si lo habéis creido.
Ya ló dudó mi sentido;
mas quien lo creyó es mi fé,
que como milagro fuera
de vos el tener piedad,
os negára el ser deidad,
si mi amor no lo creyera.
V En el pecho que os venera,
haber mas fé es mas trofeo;.
y pues fé ha sido el deseo
de imaginaros deidad,
perdonad mi necedad
por la fé con que lo creo.
¿Pues no (?s mas atrevimiento
creeros digno de mi amor?
No, que vos con el favor
podéis dar merecimiento;
y en esto mi pensamiento,
antes que en mí el merecer,
creyó de vos el poder.
Bian. ¿Y él os ha dicho ese error?
Sí señora,
Bian. Eso es peor ap*
que lo que acaba de hacer,
porque supone estar yo
despreciada, y él amante,
pues al príncipe al instante
el aviso le llevó:
que él nunca lo hiciera, qo,
si á mí me quisiera bien.
Amor, la furia delén,
pues ya mi pecho has postrado,
que en él este hombre ha labrada
Señora, yo el modo erré
de aceptar vuestro favor,
y, lo que fuera mejor,
enmendado el yerro, iré
á vuestro padre y diré
la gracia que os he debido;
y rogaré agradecido
que interceda en mi pasión
por mi dicha, y el perdón
de haber andado atrevido. Vase.
Bian. ¿Qué es esto que me sucede?
yo me quemo, yo me abraso:
mas si es venganza de Amor,
¿por qué su rigor extraño?
Esto es amor, porque el alma
me lleva el desden de Carlos.
Aquel hielo me ha encendido,
que Amor su deidad mostrando,
por castigar mi dureza,
ha vuelto la nieve en rayos.
¿Pues qué he de hacer ¡ay de mí!
para enmendar este daño,
que en vano el pecho resiste?
El remedio es confesarlo.
¿Qué digo? ¿yo publicar
mi delito con el labio?
¿Yo decir que quiero bien?
Mas Cintia viene: el recato
de mi decoro me valga,
que tanto tormento paso
en el ardor que padezco,
como en haber de callarlo.
Salen Cintia y Laura
Laura, no creo mi dicha.
Pues la tienes en la mano,
lógrala, aunque no la creas,
Diana, el justo agasajo,
que, por ser tu sangre yo,
te he debido, ahora aguardo
que sea con tu favor
el que requiere mi estado.
Carlos, señora, me pide
por esposa, y en él gano
un logro para el deieo,
para mi iiobleaa un lauro.
Enamorado de mi
pidcy señora, mi mano;
solo tu favor me falta
para la dicha que aguardo.
J)ían. ¡Esto es justicia de Amor: ap,
uno tras otro el agravio!
¿No me doy ya por vencida?
¿qué mas quieres, Dios tirano?
Cini. ¿No me respondes, señora?
Estaba, Cintia, mirando
de qué modo es la fortuna
en sus inciertos acasos.
Anhela un pecho infeliz,
con dudas y sobresaltos,
diligencias y deseos,
por un bien imaginado:
solo porque le desea,
huye de él, y es tan ingrato,
que de otro que no le busca
se vá á poner en la mano.
Yo, de su desden herida,
procuré rendir á Carlos:
obliguéle con favores,
hice finezas en vano:
siempre en él hallé desvío,
y, sin buscarle tu alhago,
lo que huyó de mi deseo,
se vá á rendir 4 tus brazos.
Yo estoy ciega de ofendida,
y el favor que me has rogado
que te dé, te pido yo
para vengar este agravio.
Llore Carlos tu desprecio,
sienta su pecho tirano
la llama de tu desvío,
pues yo en la suya me abraso.
Véngame de su soberbia:
hállete su amor de marmol;
pene, suspire, y padezca
en tu desden, y llorando
sufra....
Señora, ¿qué dices?
Si él conmigo no es ingrato,
¿por qué he de dar yo castigo
á quien me hace un agasajo?
¿Por qué me has de persuadir
lo que tú estas condenando?
Si en él su desden no es bueno,
también en mi será malo:
yo le quiero, si él me quiere.
desden. 33
Dtan, ¿Qué es quererle? ¿tú de Carlos
amada, y yo despreciada?
¿Tú con él casarle, cuando
del pecho se está saliendo
el corazón á pedazos?
¿Tú logrando sus. cariños,
cuando su desden helado,
trocados efecto y causa,
abrasa mi pecho á rayos?
Primero, ¡viven los cielos!
fueran las vidas de entrambos
asunto de mi venganza,
aunque con mis propias manos
sacára á Carlos del pecho,
donde á mi pesar ha entrado,
y para morir con él,
matára en mí su retrato.
¿Carlos casarse contigo,
cuando yo por él me abraso,'
cuando adoro su desvío
y su desden idolatro?
¿Pero qué digo? ¡ay de mí! - op,
¿Yo así mi decoro ultrajo?
Miente mi labio atrevido, i
miente; mas él no es culpado,
que si está loco mi pecho,
¿cómo ha de estar cuerdo el labio?
Mas yo me rindo al dolor
para hacer de uno dos danos.
Muera el corazón y el pecho,
y viva de mi recato
la entereza. Cintia, amiga,
si á tí te pretende Carlos,
si dá amor á tu descuido
lo que niega á mi cuidado,
cásate con él y logra
casto amor en dulces lazos..
Yo solo quise vencerle,
y este i fue un empeño vano
de mi altivez, que ya veo
qu,g fue locura intentarlo,
siendo acción de la fortuna;
pues, como se ve en sus casos,
siempre consigue el dichoso
lo que intenta el desdichado.
El ser querida una dama
de quien desea, no es lauro,
sino dicha de su estrella;
y cuando yo no la alcanzo,
no se infiere que no tengo
en mi hermosura y mi aplauso
34 E L D
partes para merecerlo,
sino suerte para hallarlo.
Y pues yo no la he tenido
para lo que he deseado,
lógrala tú que la tienes;
dále de esposa la mano,
y triunfe tu corazón
de sus rendidos alhagos.
Enlace... ¿pero qué digo? ap*
que me estoy atravesando
el corazón; no es posible
resistir á lo que paso.
Toda el alma se me abrasa.
¿Para qué, cielos, lo callo,
si por los ojos-asoma
el incendio que disfrazo?
Yo no puedo resistirle;
pues cuando lo mienta el labio,
¿cómo he de encubrir el fuego,
que el humo está publicando?
Cintia, yo muero; el delito
de mi desden me ha llevado
á este mortal precipicio
por la senda de mi engaño.
El Amor, como deidad,
mi altivez ha castigado,
que es niño para las burlas,
y dios para los agravios.
Yo quiero, en fin, ya lo dije,
y á tí te lo he confesado,
á pesar de mi decoro,
porque tienes en tu mano
el triunfo que yo deseo: i
mira si habiendo pasado
por la afrenta del decirlo,
te estará bien el dejarlo. Vase,
¡Jesús! el cuento del loco
él por él está pasando.
Cint, ¿Qué dices Laura, qué-dices?
Viendo prohibido el platoy
Diana' se hartó < de amor.
¡Ay Laura! ¿puesqné he de hacer?
¿Qué, señora? asegurarlo;
y al de Bearne, que es fijo,
no soltarle de la mano
hasta ver en lo que para.
Calla, que aquí viene Carlos.
Salen Polilla y Carlos.
Las unciones del desprecio,
señor, la vida la han dado.
¡Gran cura hemos hecho en ella!
Si es'cierlo, gran triunfo alcanzo.
Haz cuenta que ya está sana,
porque queda babeando.
¿Y has conocido' que quiere? -
¿Cómo querer? por san Pablo,
que me vine huyendo de ella,
porque la vi querer tanto,*
que temí que echase el resto,
y me destruyese.
i
¿Carlos?
¿Cintia hermosa?
Ciint. ' ' Vuestra dicha
logra ya triunfo mas alto
que el que en mi mano pretende.
Vuestro descuido ha triunfado
del desden que no ha vencido
en Diana el agasajo
de los príncipes amantes:
ella os quiere, y yo me aparto
de mi esperanza por ella, ‘
y por vos, si es vuestro el lauro.
¿Qué es *lo que decís, señora?
Querella me lo lia' confesado.
¡Toma si purga! Señor,
no hay en la ‘botica emplasto
para las mujeres docas,
como un parche de mal trato.
Mas aquí su padre viene
y los príncipes; al caso,
señor, y aunque esté rendida,
declárate con resguardo.
y del desden ha'sanado.
Salen el conde de Barcelona y los principes)
Príncipes, vos me dais tan buena nueva,
que es /justo que os la acepte, y aun os deba
i- lo que á vuestra persona
'pago en daros mi hija y mi corona.
Pues aunque yo, señor, no haya tenido'
la dicha que Bearne ha conseguido,
siempre estaré contento
de que él haya logrado el vencimiento,
ii
que tanto he deseado,
por la parle que debe á mi cuidado,
y el parabién le doy de este trofeo.
Y también le admitid de mi deseo.
Carlos, yo le recibo,
y el mió os apercibo,
pues en Ciulia lográis tan digno dueño,
que envidiára el empeño,
á no lograr el mió.
(al paño). ¿Dónde me lleva el loco desvario
de mi pasión?;Yo estoy muriendo, cielos,
de envidias y de zelos!
Mas los príncipes todos se ban juntado,
y mi padre con ellos:
sin alma llego á vellos;
pues si sil fin no alcanza,
yo tengo de morir con mi esperanza.
Carlos, pues vos pedís á mi sobrina,
yo, pagando el deseo que os inclina,
os ofrezco su mano;
y pues tanto sosiego en esto gano
háganse juntas todas
las bodas de Diana, y vuestras bodas.
¡Cielos! ya estoy mi muerte imaginando.
Señor, Diana allí te está escuchando,
y has menester un modo muy discreto
de declararte, porque tenga efelo;
que vá con condiciones el partido,
y si yerras el cabe, vas perdido.
V,
Yo, señor, á Barcelona
vine, mas que á pretender,
á festejar de Diana
la hermosura y el desden:
y aunque es verdad que de Cintia
el hermoso rosicler
amaneció en mi deseo
á la luz del querer bien,
la entereza de Diana,
que tan de mi genio fue,
ha ganado en mi albedrío
tanto imperio, que no haré
cosa que no sea su gusto;
porque la hermosa altivez
de su desden me ha obligado
á que yo viva por él;
y puesto que haya pedido
mi amor á Cintia, ha de ser,
siendo así su voluntad,
pues la mia suya es.
¿Pues quién duda que Diana
de eso muy contenta esté?
Eso lo dirá su alteza,
por hacerme á mí merced.
Sale
Sí diré; pero señor,
¿vos contento no estaréis,
si yo me caso, que sea
con cualquiera de los tres?
Sí, que todos son iguales.
¿Y vosotros quedareis
de mi elección ofendidos?
Tu gusto, señora, es ley.
Y lodos la obedecemos.
Pues el príncipe ha de ser
quien dé á mi prima la mano,
y quien á mí me la dé,
el que vencer ha sabido
¿Y quién es ese?
Tú' solo.
Dame ya los brazos pues.
Y mi bendición os caiga
por siempre jamas amen.
5;
Pues esta, Cíntia, es mi mano.
Contenta quedo también. *
Pues tú, Caniquí, eres mió.,
JPOLILLA. Sacúdanse todos bien,
que no soy sino Polilla;
mamola, vuesa merced.
Y con esto, y con un vitor
que pide humilde y cortés
el ingenio, aquí sé acaba