Acto primero
A ninguna de las tres.
ACTO PRIMERO.
ESCENA I.
Don Timoteo, Doña Serapia, (de gala).
Vaya, Serapia, estás hoy
Muy elegante; ¡qué bello!
¡Qué rico vestido! ¡diablo!
Si no fuera por tu pelo
Un poco blanco, y las rugas
De tus mejillas, apuesto
Que ninguno te daría
Mas de treinta y cinco.
¿Cierto?
¿Conque no parezco mal?
¿Cómo mal? si poco menos
Estás hoy como aquel dia
Que nos casamos: me acuerdo
Como si fuera hoy.
Con todo,
Treinta y dos años y medio
Hace que pasó.
Es verdad,
¡Qué pronto se pasa el tiempo!
¡Y qué tiempos!
Muy felices;
No se parecen á estos:
¡Ay! hija, por mas que digan
Los,pisaverdes modernos,
Aquello era mucho, ¡mucho!
¿Te acuerdas con qué salero •
Bailabas una Gavotal
Y tú también, picaruelo,
Aquel Minuet de la corte.
Y el Calafat.
Y el Bolero.
No; pero nada, Serapia,
Como el Campestre: me acuerdo
Que estaba yo como tonto,
Mirando tus movimientos:
Desde la primera parte,
Sentí dentro de mi pecho
Cierta inquietud. . . cierta cosa.. . .
Lo que llaman los modernos,
Simpatía: pero ¡vaya!
Cuando hizo tu pié derecho
Aquel molinete, entonces
Se me trastornó el cerebro.
¡Ay! y qué noche me diste!
En toda ella estuve viendo
Tus pies en mi fantasía;
Y era tan grande el empeño
De recordarlos, que dije
Al punto á mi cocinero,
Que me guisara á otro dia
Unas patitas de puerco.
¡Ah! ah! ah!
Te ríes,
Y con razón, lo confieso,
Si digo que estaba loco,
Loco de remate, y luego
Con tus desdenes malditos
Me hacías rabiar.
Lo creo,
Me amabas mucho, me amabas
Como se amaba en mi tiempo;
Y yo también te quería;
¿Pero cómo luego luego,
Lo habia de confesar?
¡Oh! no, primero
Era preciso pasar
Unas noches al sereno,
¿No es verdad?
Cabal! Ahora
Todo es mas pronto.
Se han hecho
Muchos progresos en todo;
Llega un jovencillo lleno
De perfumes; media hora
De charla, suspiros tiernos^
Semblante triste; en la tarde
Una vuelta en el paseo
Junto al coche de la niña:
En la noche algún encuentro
En las cadenas ó el teatro:
Si un cómico dice un verso
Que hable de amor, al instante
El rendido caballero
Dirige ardiente la vista
Al palco, como diciendo:
"Esa Julieta, eres tú,
Y yo soy ese Romeo."
Con esto queda concluido
El asunto, y de concierto
Los amantes. A otro dia
Lleva el joven algún versa
A la novia: poco importa
£1 que sea suyo 6 ageno:
Cambia el nombre si es preciso,
En vez de Silvia, poniendo
Anastasia, porque al cabo,
Dos sílabas mas 6 menos
Poco importan; la sustancia
Es lo esencial.
¡Por supuesto!
Por fortuna en estos dias
Hace todo el mundo versos.
Pero no en latín.
¿Latin?
¿Pues estás fresca! yo apuesto
•; ; Que no saben declinar
A Musa Muses.
Ya; pero. . . .
D. ÚHím.T-Pero saben italiano,
Francés, ingles.
Mas no griego
Como en mis dias.
Serapia,
Para mí es un mundo nuevo
En el que vivimos hoy;
Ya ves, hasta el coliseo
Ha cambiado: ya no agradan
Las comedias de aquel tiempo:
Juana la Rabicortona,
El Mágico de Salerno,
La Fuente de la Judía,
El Príncipe Jardinero.
Estos eran comediones
Divertidos.
Y muy buenos,
Y muy morales.
¡Caramba
Si eran morales! me acuerdo
Que una vez salí llorando
Como chico de colegio,
De ver á San Agustín
Quedar convertido, ' : •
El ciervo. . . .
Qué ciervo, ni qué. . . .
Es verdad;
Tienes razón, ya me acuerdo,
Es en Santa Genoveva
Lo del venado. Ya eso
Acabó, y las tonadillas
Que llamaban intermedios.
Hoy está en boga un tal Fugo.
Hugo dirás.
¿Yo qué entiendo
De esos nombres que no están
En el calendario nuestro?
Hasta en eso entró la moda:
A nadie le ponen Diego,
Ni Jacinto, ni Macario,
Ni Roque, ni Timoteo;
Sino Arepo, Arturo, Adolfo;
En fin, santos estrangeros
Que ni estarán bautizados.
En todo caso me atengo
A los nuestros, que por fin
Son ya conocidos viejos,
Y el refrán dice: "Mas vale
Malo conocido, que bueno
Por conocer.' 5
Calla, calla,
Serapia, ¿qué estás diciendo?
¿Qué disparates ensartas?
¿Pues qué ,digo mal? El cielo (Aflojándose el
Sabe mi intención. ¡Dios mió! vestido.)
¡Y qué trage tan molesto
Es el vestido de gala!
Solo por ser, Timoteo,
Dia de tu santo, pude
Apretarme tanto.
Cierto;
¿Y piensas tú, mona mía,
Que yo no te lo agradezco?
Mucho, mucho; siempre has sido
Un acabado modelo
De esposas: tengo tal gusto,
Que no me cabe en el pecho»
Sí, Serapia, hoy es el dia
En que se van mis deseos
A colmar, con la elección
Que haga Juanito. Yo creo
Que le gusta mas Leonor,
Que las otras dos.
Yo pienso
Lo mismo; no, y la muchacha
Lo merece.
Por supuesto.
¡Pobreciila!
¿Y Don Antonio
Vendrá á comer hoy?
Lo espero.
Aquí viene ya.
ESCENA II.
Dichos, Don Antonio.
¡Oh! vecina,
¿Pues qué tenemos de bueno
Que está usted tan adornada?
Que diga á usted Timoteo
El motivo: yo me voy
A mirar por allá dentro
Lo que ocurre: ya usted sabe
Que para esto del aseo
Be la casa y la cocina,
Yo lo hago todo: no quiero
Que se molesten mis hijas,
A quienes ha dado el cielo
Inclinaciones mas altas.
Es verdad. (Can ironía).
Pues hasta luego.
(Se vá, haciéndole una gran cortesía á ZX Antonio).
ESCENA III.
Don Timoteo, Don Antonio.
¡Pobre Serapia! está loca
Con las muchachas, y cierto
Tiene razón: cada una
Es en verdad un portento.
Mariquita toca, canta,
Baila; en fin, es un modelo
De perfección: ágil, viva,
Siempre de broma y riendo.
Clara, por distinto estilo. . . .
¡Ah! Don Antonio, el talento
De mi Clara, es mucha cosa:
Ya ve usted, siempre leyendo
Periódicos literarios
Y políticos: apuesto
Que sabe mas ella sola,
Que tres ministros.
(riendo). En eso
No hay mucha ponderación,
Amigo Don Timoteo.
Adelante.
¿Pues Leonor?
¡Oh! Leonor es mucho cuento:
¡Qué corazón tan sensible,
Tan encendido, tan tierno!
¡De cualquiera cosa llora!
Antes de ayer, por ejemplo,
Estaba triste, bajando
Los ojos cada momento:
Otras veces los alzaba
Fijándolos en el cielo;
Y por fin, la pobrecilla
Se puso á llorar: yo lleno
De inquietud. . . •
(con ironía). Ya; como padre!
Yo le pregunté el objeto
De sus penas, y me dijo:
"¡Oh padre mió, yo muero
"De dolor! la pobre Clara."
— ¡Qué! le dije muy inquieto,
¿Le ha sucedido á tu hermana
Alguna cosa? volemos
A verla. "No, padre mió,
"Me respondió, nada de eso,
"No hablo de Clara mi hermana,
"Clara de Alva. . . ¡Qué tormento
"Pasó la infeliz! ¡Qué lucha
"Sostuvo entre sus afectos
"Y su deber!"
¿Conque todo
Su dolor y desconsuelo
Era por haber leido
Una novela? ¡muy bueno!
¿Y sabe usted por ventura
A qué se reduce el cuento
De ese libro?
No señor;
Pero dicen que es muy bueno.
¡Oh, sí, muy bueno! Se trata
De una joven, que algún tiempo
Resistir supo á un amante;
Pero como el bribonzuelo
Era tenaz, ella en uno
De aquellos fuertes momentos
De ternura, faltó al cabo
Al marido.
¡Diablo!
Pero
Eso sí, no faltó en nada
A la virtud.
No lo entiendo:
Sin faltar á la virtud
Hacer á un hombre . . . • San Diego
Nos preserve.
Pero, amigo,
Si fué tan solo un momento
De estravío.
Con mil diablos
¿Pues qué no basta con eso?
No señor, porque fué todo
Sin mala intención.
Reniego
De su intención.
Pues amigo,
Todo esto ni mas ni menos
Dice la tal novelka.
Sabe usted, Don Timoteo,
La franqueza con que siempre
He hablado á usted: yo no apruebo
Ese modo con que educa
A sus hijas.
Bueno, bueno;
Siempre está usted con lo mismo.
Sí señor, siempre: el afecto
Que profeso á usted, me hace
Hablarle así.
Según eso,
¿Usted quiere que sofoque
De mis hijas los talentos?
¿Que laven, cosan ó planchen,
Estén siempre en el brasero,
20 #
Disponiendo la comida,
Y en fin, que tengan empleo
De criadas?
No, señor;
Pero que sepan al menos
Aquellas obligaciones
Que son propias de su secso.
La música, la pintura,
El baile, todo es muy bueno,
Y sirve á una señorita
De atractivo y de recreo:
Pero amigo, todo es malo
Cuando se lleva al esceso.
Muy bien: agradezco mucho
Tan- saludables consejos;
Mas yo tengo mis razones:
Conque así, no disputemos:
Supongo que esto no turba
Nuestra amistad.
Nada de eso:
Mi cariño es siempre el mismo;
Yo digo á usted lo que pienso;
Pero solo á usted le toca
Hacer lo que quiera en esto.
Bien está: pues á otra cosa:
Usted, según lo que veo,
No sabe por qué motivo
Estamos hoy previniendo
Una fiesta?
No, en verdad.
Pues Don Antonio, yo debo
Quejarme de usted.
¿Por qué?
¿Cómo por qué? usted ha puesto
En olvido que hoy es dia
De mi santo.
Lo confieso:
No me acordaba*
• Pues bien,
Ya lo sabe usted, y cuento
Que nos acompañará
A comer hoy.
Lo agradezco.
Bueno; pues no es esto solo;
Tome usted ahora un asiento,
Y oiga el principal motivo
De mi gozo. (Se sientan.)
En otro tiempo,
Cercha de seis meses antes
De casarme, me vi lleno
De miseria, joven, libre,
Sin algún conocimiento
Del mundo, sin un amigo
Que me mostrara el sendero
De la dicha, y entregado
A juveniles escesos,
Agoté cuantos recursos
Me habían dejado, muriendo,
Mis padres; contraje deudas,
Y por fin, llegué al estremo
De no tener un asilo,
Ni aun el preciso sustento.
Los amigos, que algún día
Eran siempre compañeros
De mis vicios y locuras,
Que mientras tuve dinero
Solícitos me seguían,
Mis errores aplaudiendo,
Viéndome pobre, abatido,
Y sin recursos, se fueron
Retirando, y quedé solo,
De rabia y vergüenza lleno.
En medio de mi desgracia,
Me quiso mandar el cielo
Un hombre, ó mas bien un ángel,
Porque tal era Don Pedro
De Miranda, rico, noble,
Con un corazón dispuesto
A hacer bien á todo el mundo:
Este amigo de colegio,
Que mil y mil ocasiones
Me reprendió mis escesos,
Viéndome luego abatido,
Me ausilió, me dio los medios
Para salir del apuro;
Y no tan solo le debo
La riqueza que hoy disfruto,
Sino la vida . . . . no puedo
Recordar sus beneficios
Sin llorar.
Bueno, muy bueno!
Esas lágrimas, que pocos
Derraman, Don Timoteo,
Honran á usted. (Aparte.) En verdad
Es lástima que los cielos
Como le han dado virtudes
No le den entendimiento.
En aquellos mismos dias,
Tuve una fiebre, y Don Pedro,
Siempre al lado de mi cama,
Siempre de ternura lleno,
Me sacó, como quien dice,
Del sepulcro.
Bien, ¿y luego?
Tuvo que marchar á Europa
Por asuntos de comercio.
Nos despedimos llorando,
Mas no pasaba un correo
Sin recibir carta suya
Y escribirle yo. Don Pedro
Era viudo y tenia un hijo
Que llevó á Europa. A su seno
Llamó, en fin, Dios á mi amigo,
Y durante mucho tiempo,
No supe del hijo suyo
La suerte: hará mes y medio
Que él mismo vino á mi casa
A visitarme, diciendo,
Que al morir su anciano padre,
Le encargó, que en el momento
Que pusiera el pié en su patria
Viniera á verme: no tengo
Que decir á usted el gozo
Que tuve al punto de verlo,
Y lo he alojado en mi casa:
Juanito, á quien tanto aprecio
Tiene u§ted, ese es el hijo
De mi amigo.
Y un modelo
De honradez: no se parece
A su tonto compañero,
Al Don Carlitos. ¡Caramba
Jamás he visto un muñeco
Mas fastidioso!
Yo al punto
Concebí el mejor proyecto
Que me ha ocurrido en mi vida,
Para pagar lo que debo
Al padre de Juan, y dije
A nuestro joven: yo tengo
Tres hijas, elige una
Para esposa, y heredero
De una parte de mis bienes
Serás.
Muy buen pensamiento;
Y él ¿qué respondió?
Me dijo
Que era preciso primero
Conocer bien á mis hijas;
Mas no me bastó con eso,
Y señalamos un plazo
Para que eligiera.
Bueno:
¿Y cuándo se cumple?
Hoy mismo,
Que es mi santo.
Pues veremos
Lo que resulta. ;
(levantándose) Ya tarda
En llegar.
¿Y el embustero
De Don Carlitos vendrá
Con Don Juan?
Así lo creo.
Pues no cuente ustec^conmigo
Para comer hoy: no puedo
Sufrir á ese charlatán.
Sin cesar está mintiendo:
A título de que ha visto
A Paris, todo lo nuestro
Le disgusta, todo es malo
Para él, si no es estrangero.
Criticar siempre de todo
En su pais, es un efecto
De una educación muy baja:
Si no encuentra nada bueno
En su patria, debiera
Por gratitud, por afecto,
Callarse, disimular,
Y compadecerla: cierto
Que tenemos cosas malas,
A mi pesar lo confieso:
Peto ¿qué nación, amigo,
Hay que no tenga defectos?
No; yo soy muy mexicano.
Pero Don Antonio, al menos
Haga usted el sacrificio
Siquiera por hoy: sí, cuento
Con usted: por un amigo
Se pasa un mal rato.
Cedo
Por usted; pero repito
Que soy muy duro de genio;
Y aunque quiera reprimirme,
No sé si podré. (Ruido de coche.)
(dentro) Cocheros
Mas tontos que los de aquí,
No se encuentran.
Ya tenemos
Al charlatán en campana:
Yo me voy por allá dentro
Al corredor, y me iría
Por no verlo, al mismo infierno.
Llevaré algún diario.
Ya!
Hasta luego.
( Vase, tomando de sobre la mesa un papel.)
ESCENA IV.
D. Timoteo, D. Juan, D. Carlos.
Muy buenos dias, amigo. (á D. Tim.)
Adiós, caro ¿cómo va? (al mismo, apretándole
Ya nos tiene usted acá. la mano.)
Me alegro mucho.
Testigo
Voy á ser de la ventura
De mi Juan, ¡dulce amistad! ,
Pero vamos, la verdad, (á D. Juan.) !
¿Quién ha de ser la futura?
i
¡Vive Dios, que Leonorcilla : ,
Es la que mas te ha petado!
Oh! ¿te pones colorado?
Pues la cosa es muy sencilla,
Sí; me gusta la elección;
Parece una parisiense:
No es menester que lo piense,
Tengo gran penetración:
Es ella ¿es verdad? es ella;
Si lo dije el primer dia:
Aquella melancolía,
Aquel aire ¡cómo es bella!
En fin, es una muger
Comme ilfaut; tan solo en Francia
Tendrá igual: ¡oh! no es jactancia:
Sé lo bueno conocer:
Solo en la fisonomía
Adivino si una hermosa
Es afable ó desdeñosa,
Si -es un ángel ó una harpía.
Miren ustedes: yo vi
Allá en la Plaza de Greve,
Una hermosura, y muy breve
Su carácter descubrí:
Bajo un hermoso semblante
Ocultaba un corazón
Tres mechant, era un dragón.
No pase usted adelante,
Sin que se sirva decirme
Qué es eso de tres mechant.
Vaya, si lo he dicho, Juan,
Yo no puedo discurrir
Por un momento siquiera
Sin hablar francés ¡qué diablo!
Es tan bello! yo lo hablo
Sin advertir, con cualquiera.
El idioma castellano
Es tan helado, tan frió:
Diera un brazo, amigo mió, (á D. Juan.)
- ^ Por ser francés ó britano.-
Pero el tres mechante por fin
¿Qué significa?
Un frippon.
Menos lo entiendo.
Un bribón,
Un hombre bajo y ruin.
Lo voy comprendiendo ya.
Mas ¿dónde están las hermosas?
¿En su toilette?
En sus cosas
Que tienen ellas allá.
D, Cárl
¡Sus cosas! Don Timoteo,
Ese es lenguaje muy llano.
Hablo mal el castellano,
Pero se entiende.
Lo creo. (A D. Juan,que se ha
sentado hace algún rato á leer los impresos.)
¿Y cuál es ese papel?
Es el Diario del gobierno.
¡Vaya el tal Diario al infierno!
Si fuera el Universel.
Ese es bueno: ya se ve. . . • (A D* Tim.)
¿Y me quiere usted decir
Quién lo da? Voy á escribir
Un poco de varíete.
¿Quién lo da? el repartidor:
Y no lo dá, que lo vende.
Amigo, usted no me entiende:
Que ¿quién es el redactor?
Ah! no lo sé.
¿Y está aquí? (Hojeando los papeles.)
¿Para qué pagar su abono
Si no lo entiendo?
Por tono.
¿Va usted á la ópera?
Sí.
Entonces hace usted mal^
Si el italiano no entiende.
Fácilmente se comprende.
Bravo! y que es universal
De la música el idioma:
¡Cuánto me agrada Rossini!
Pero es mas tierno Bellini,
Mas tocante: yo vi en Roma,.
No, no en Roma, fué en Milan y
Vi Pirata, vi Estrangera:
¡Oh qué hermosas! Creo que era
Por la fiesta de San Juan.
¡Cabalmente! Pero nada
Como Norma ¡qué belleza!
Habla allí naturaleza.
(Aparte.) ¡El tal Carlos ya me enfada! ¡Qué loco tan hablador!
(Aparte.) ¡Qué joven tan estupendo! ¡Según lo poco que entiendo,
Es alhaja de valor!
1 Si pudiera colocar
■ A Mariquita con él . , . .
Hombre, deja tu papel, (A D. Juan.}
Y acércate á conversar.
Me maravillo que en dia
Para tí de tal contento,
Estés ahí macilento,
Lleno de melancolía:
Vamos, hombre, ven aquí.
¡Qué paciencia! ¡Qué cachaza!
\ D. Juan-Si no dejas meter baza.
Pues no hagas caso de mí.
Yo soy completo francés,
Alegre, vivo, ligero:
¡Vaya! Si no hablo, me muero*
Habla cuanto quieras, pues.
¿Y esta noche qué comedia
En el teatro darán?
¡A que nos encajarán
Una clásica tragedia!
¡Vaya! no se puede estar
En el teatro, ¡qué feo!
No parece coliseo,
Sino viejo palomar.
No se encuentra una nación 1
Mas que México atrasada: \
Da vergüenza: aquí no hay nada:
Ni gusto, ni ilustración.
Ni ornato, ni policía,
Ni finura, ni alegría.
Ni hermosura, ni elegancia,
Repito que solo en Francia
Se vive con alegría.
En los soirées ¡qué finura!
¡Qué dulce afabilidad!
¡Cuánta sensibilidad!
¡Cuánta graciosa locura!
El amable aturdimiento,
El entusiasmo, el bullicio,
Vaya! si yo pierdo el juicio
Al verme aquí ¡qué tormento! (Mirando
¿Mas no es aquella Leonor? adentro.)
No hay duda que es ella, sí;
Juanito, ya viene allí
El objeto de tu amor.
¿Ño sientes un dulce afán?
¡Qué elegante! ¡Qué bonita!
¿Tu corazón no palpita?
Eres un clásico, Juan.
Eres hijo del pais,
No, no lo puedes negar.
(Parándose.) Ni tampoco remediar.
Para amar solo en París;
Allí sí se estudia el modo
Hasta de poner el pié,
Los ojos, la boca, ¡qué!
Por principios se hace todo.
Ven, y mírala, entregada
Toda entera á la lectura:
¡Cuánto es bella una hermosura
Distraída, abandonada!
Siempre usted la verá así,
No conoce otro placer.
Divina, charmante muger.
¡Qué lástima que esté aquí!
ESCENA V.
Dichos, Leonor.
(Sale leyendo sin ver á nadie, y se sienta en un sofá; después de una ligera pausa deja el libro y representa.)
¡Ha muerto, ha muerto el mísero
Joven desventurado,
Modelo acrisolado
De ternura y amor!
¡Ay! ese pecho candido
Despojo de la muerte,
Mereció mejor suerte,
¡Oh vida de dolor! >
¿Quién no derrama lágrimas
Al leer tu triste historia?
Y ¿quién á tal memoria
No se siente morir?
Recibe, triste víctima,
Recibe el llanto mió:
Yo tu destino impío
Siempre sabré seguir.
(Deja el libro: queda como meditabunda en el sofá.\
¡Qué pecho tan simpático.
Sí, es muy sensible, mucho.
Hija....
¡Qué voz escucho!
¡Oh padre! ¿Dónde estoy?
Mrrad .... Su rostro pálido:
Oid. ... ese sonido. .. .
¡Ha muerto! ¡Está perdido!
Escúchame: yo soy:
Vuelve en tu acuerdo ¡mísera!
Su corazón palpita.
jPaloma!
¡Señorita!
Habíale tú. (A D. Juan.)
¡Leonor!
¡Leonor! ¡Qué hombre tan frígido!
¡Qué pecho tan helado!
Dile á sus pies postrado:
(Postrándose delante de Leonor y tomándole una mano.)
"¡Mi bien! ¡Mi dulce amor!"
Dejadme, dejadme, (Levantándose y empu-
¿Y es esta la vida, jando á D. Carlos.)
Tormentos, horrores,
Continuo penar?
¿Y el hombre se afana
Por ella? ¡Insensato!
Mas vale á la tumba
Mil veces bajar.
Escucha, hija mia,
(Siguiendo á Lesnor, que se pasea agitada por el teatro.).
La voz de tu padre.
¡Oh padre! ¿Y es cierto? (Sosegándose.)
¿Fué todo ilusión?
Ya vuelve en su acuerdo:
¡Miradla qué hermosa!
Acércate, calma (A D. Juan.)
Su fiel corazón.
¿No sientes tu pecho
Saltar de ternura?
No.
¿No? Eres un mármol.
Palabra de honor.
¡Oh padre! Perdona:
La historia de Werter
• Mi pecho ha llenado
De horrible dolor.
jTan joven! ¡Tan tierno*
¡Tan bello! ¡Tan fina!
¿Qué suerte tan fiera!
21*
Olvida eso ya.
Amable belleza,
Aquí está Juanito;
Miradle qué triste,
Qué pálido está!
Amigo. (Tendiéndole la mano).
¿Ha pasado el rato funesto?
}0h! sí ha pasado.
Yn Vuelve á reir.
¿Y por qué leer libros
Que dan á usted pena?
Amigo, sin ellos
No puedo vivir.
El siglo en que estamos
Carece de encantos:
Pasiones comunes
Miramos no mas:
¡Mil veces felices
Los seres dichosos,
Que vieron el mundo
Mil anos atrás!
Entonces, entonces
Un buen caballero,
Cifraba su dicha
Tan solo en amar:
La voz de una amada
Mandaba en su vida,
Sabiendo por ella
La muerte arrostrar.
Diez años ó veinte
Pasaban sin verse,
Y no se entibiaba
Por eso su amor.
¡Terrible constancia!
¡No se halla en el dia!
¿Dos meses? que pase....
¿Dos meses? ¡qué horror!
No, yo no quiero
La vida presente;
¡Helada ecsistencial
¡Funesto vivir!
Yo encuentro en mis libros
Un mundo mas bello.
¡Oh Werter! yo debo
Contigo morirf
¿Morir? ¡San Franciseo!
¡Qué dices, muchacha!
¿Y á un padre que te ama
Quisieras dejar?
¡Oh padre! bajemos
Los dos á la tumba!
\Bien dicho!
¡Mal dicho!
No quiero bajar.
Es cierto que á veces
Amarga la vida; .
Mas siempre la muerte
Es mucho peor.
¡Ah! no, no, la tumba,
La tumba es el puerto,
El puerto seguro
Do acaba el dolor.
¡Muy bien! será puerto,
Será lo que quieras;
Mas yo estoy contento
Del mundo en la ijiar.
Amigo, en Europa
No se anda con esas;
Allí cuando albino
Se quiere matar,
Toma un pistolet.
La carga, y al punto
Del picaro mundo
Se vá sansfagon.
¡Oh! no hay como Francia,
Se vive contento,
Contento se muere!
¡Dichosa nación!
Muy buena es la moda;
Yo tengo mal gusto:
¿Y U3ted, Don Carlitas?
jD. Cárl. — ¡Oh! yo por mi fé,
Os juro que solo
En esta no he entrado.
¿De veras? (Riendo).
Te digo
Que no me maté.
No hablemos mas de esto;
;■ ■ De amores, de gozo,
En dia tan bello
Debemos hablar.
(dentro). Muchacha, mis flores.
(cantando). Cual voce io sentó " " *
Dejoia é di espeme
Mío sen palpitar.
Muy bien, Don Carlitos. (Aplaudiendo).
De risa jne muero.
Dichosos ustedes
Que pueden reir.
(á Leonor). Aliéntate, vamos.
No puedo, no puedo:
Mis nervios padecen,
Me siento morir.
Pues vé con Juanito:
El aire del campo
Te hará bien: Juanito,
Llevadla al jardín.
Iremos. (Presentando el trazo á Leonor),
Despacio,
(aparte). ¡El cielo me ampare!
Adiós, padre amado.
Adiós, serafín.
Adiós, Don Carlitoi. do: aparte).
Adío, cara. (A D. Jmm á tiempo de ir andan-
Aprieta,
Al uso de Francia,
Con mucho calor.
Si llora por Werter. (Aparte á Carlos),
Si Werter ha muerto.
Aprieta, te digo.
¡Qué amable candor!
ESCENA VI.
D. Timoteo, D. Carlos.
¿Ha visto usted en su vida,
Una joven mas sensible?
Vaya, vaya, no es posible;
Es muy tierna mi Leonor.
¡Es verdad, á fé de Carlos!
Es la mas tierna belleza:
¡No respira, qué pureza!
¡No son sus ojos, qué amor!
¿Usted no ha estado en París?
Mucho lo siento:
Allí sí que es un portento. . .
¡Oh la preciosa ciudad!
Allí no hay una muger
Que sea helada ni egoísta;
Hasta una triste modista
Tiene sensibilidad.
¡Todo es amor en Paris!
¡Cómo se inflama el deseo!
Hasta usted, Don Timoteo,
Fuera víctima de amor.
Vaya, vaya- yo me rio,
¿Amores yo? y á mi edad?
Pues es la pura verdad.
iGieito1
Palabra de honor.
Pero ya ve usted mis canas. ••»
¡Bueno! valiente friolera!
Esas las quita cualquiera. • . •
Aun aquí que es buen decir.
¿Y mis arrugas?
También.
Las quitan allí al momento.
Será por encantamiento.
Quiero reir....
¿Con que es decir que en París
Entra un achacoso anciano
Y sale un mozo lozano
Lleno de gracia?
Cabal.
Pues amigo, digo á usted,
Que ha llegado á mucho el arte.
No hay en el cuerpo una parte
Que no suplan muy igual.
¿Le falta á usted una pierna,
Un brazo, un ojo, una mano?...
Pues va usted á un artesano,
Y en un par de horas ya está.
¿Y las rugas?
Un licor
Hace rejuvenecer.
¡Hay qué gozo! ¡qué placer!
Pues señor, me voy allá.
¡Bravo! un hombre como usted,
Que tiene tanto dinero,
Es un tonto, un majadero,
Si no hace un viage.
Es verdad;
Pero á la mar tengo miedo.
¡Tontera! ¿Ve usted aquí
Cómo ando yo? pues allí
Hay mayor seguridad.
(Ojalá caiga este tonto, (Aparte), \
A ver si me voy con él \
Y hago un brillante papel).
Me voy animando á ir.
Bien hecho, amigo, bien hecho;
Pasará usted buena vida.
(Para que al fin se decida, (Aparte).
Voy á charlar y mentir.)
Verá usted, Don Timoteo,
Qué calles tan espaciosas,
Todos los pisos de losas
De mármol.
¡Cuánto primorí
Hay algunas que tendrán
Cuatro leguas.
¡Qué! ¿las losas?
No, las calles. ¡Y qué hermosas!
En las casas, ¡qué esplendor!
Las hay de mármol, de bronce,
De esmalte, y aun de marfil^ o, ■
Grabadas por un buril
Que parece celestial:
Teatros hay en que sin duda
Podrán caber dos millones.
¡Santo Dios! y qué pulmones
De los cómicos!
No tal,
Que cualquiera voz se escucha
Por todos perfectamente.
¿Y cómo?
Muy fácilmente,
Por medio de un tornavoz.
¿Y para ver de tan lejos
Será preciso un anteojo?
No señor, que cualquiera ojo
Ve sin él.
¡Válgame Dio»!
¡X cómo?
Hay ciertos espejos. . . .
Puestos de cierta manera,
Que... pues... así... no fuera
Fácil una esplicacion:
Todo es por máquina, todo.
¡Qué malditos estrangeros!
Si creyera en hechiceros,
Dijera que ellos lo son.
(aparte), A fé mia no encontraba
Cómo salir del apuro.
Amigo, yo os aseguro (Alto),
Que hay muchísimo que ver:
Allí dinero es el todo;
Lleve usted el suyo allá,
Y le digo que tendrá
Una vida de placer.
Mire usted cómo Juanito
Nada de esto me contaba.
(aparte). ¡Cielos! ya no me acordaba:
Juan me puede desmentir!!
Pues señor, estoy resuelto,
Me voy á Francia, me voy.
Si útil de algún modo soy. . . .
Si usted también ha de ir.
Pues en mí encontrará usted
Un cicerone.
¿Qué?
Un guia.
¡Ay qué gusto! ¡qué alegría!
Rabiando estoy por marchar.
(aparte). Ya cayó en la ratonera.
¡Oh! muy presto nos iremos.
¿Y cuándo?
Ya, ya veremos,
Yo podré necesitar
Para arreglar mis asuntos. . .
¡Oh! muy poco, muy poquito...
Veinte años.
(aparté), ¡Viejo maldito!
¡Si los pensará vivir!
Sí; para este tiempo creo
Que estaré desocupado.
(aparte). Pues señor, bien he quedado
Después de tanto mentir.
(Se oye cantar dentro á Mariquita)-
Ya viene allí Mariquita;
¿Oye usted? siempre cantando,
Nunca la he visto llorando;
Tiene un bello corazón.
Dejo á usted quien le acompañe,
Yo me voy con Don Antonio. (Se vá).
D. Cárl,
Bien, tres bien: ¡Anda al demonio!
¡Qué viejo tan socarrón!
Me divertiré un momento
Con esta preciosa loca:
Yo pensé viajar de coca,
¡Ay qué chasco tan fatal!
¡Vaya, si tengo razón!
Nada hay en México bueno:
He aquí un viejo de oro lleno,
Pero el mas grande animal.
ESCENA VII.
Don Carlos, María.
f Sale ésta cantando, sin ver á D, Carlos, y va derecha á un to-
cador que habrá al frente, á componerse el peinado).
Vamos, vamos, no estoy mal,
Este rizo me va bien;
¡Oh! yo tengo cierta sal....
Una cara angelical:
¿Y quién me resiste, quién?
Si, Mariquita es muy bella,
22 *
Dirán muchos elegantes.
Parece luciente estrella,
¡ Qué! si no hay otra como ella.
Hoy tendré muchos amantes,
Hasta seis puedo ajustar,
Sin contar con los ausentes;
Es número regulan
¡Qué placer es conquistar!
¡Pobrecillos inocentes!
Veamos si puedo traer
Sus nombres á la memoria. . . . (Se voltea, y al
ver á D. Carlos, queda como avergonzada).
¡Ay Dios!
¿Y no ha de haber
Una plaza que obtener
En esa tan larga historia?
María,
¡Ah! ¿qué estaba usted aquí?
Contemplando esa hermosura,
¿Y me ha escuchado usted?
Sí,
Mas no tema usted de mí,
Encantadora criatura.
¡Oh! yo hablaba necedades:
Cosas que en verdad no siento.
Pero hablaba usted verdades.
No, Don Carlos, vaciedades,
De que después me arrepiento.
No, no; yo puedo jurar,
Por mi propio corazón,
Que no puedo adivinar
Cómo es posible encontrar
Tal gracia en esta nación.
Casi, casi voy amando
A este mísero pais:
Estoy á usted contemplando,
Y en ese rostro mirando
Un destello de Paris.
Dejadme, ninfa del Sena,
Contemplar tanta beldad,
Esa frente tan serena
Que brilla cual luna llena
De apacible claridad.
Radiante, encantadora,
De gracia y beldad modelo,
¿Quién te mira y no te adora?
¿Eres Venus, ó eres Flora;
O mas bien ángel del cielo?
Soy solo una mexicana*
¡Imposible! no es verdad!
Eres francesa, italiana,
O siquiera de la Habana;
Pero no de esta ciudad.
Pues...
No me hables castellano,
Destruyendo la ilusión;
Ese rostro soberano
No puede ser mexicano,
Lo dice mi corazón.
(enfadada). Buen modo de enamorar,
¡Despreciar mi patria así!
(sumiso). Dígnese usted perdonar:
¡Es tan difícil hallar
Una cosa buena aquí!
Pues abierto está el camino,
¡Qué pesado y qué tenaz!
Llene usted su alto destino;
Vuelva usted por donde vino,
Déjenos usted en paz;
Si usted no está bien hallado
En el suelo en que nació,
Vaya usted al otro lado,
Que un galán almibarado,
No es mucha pérdida, no.
¿Con que quiere usted decir
Que aquí no hay una hermosura?
¿Y esto se puede sufrir?
Mas dígnese usted oir . . » •
¡Pues alabo la finura!
¿Y allá aprendió usted á ser
Tan galán? risa me dá. (rie).
(aparte\ ¡Oh! qué maldita muger!
Todo se ha echado á perder;
Mas todo se compondrá.
Vamos, vamos, señorita, (-Afóo).
He cometido un error:
Mas una joven bonita,
Perdona; sí, Mariquita,
Calme usted ese furor.
¿Con quién comparar es dado
Esa gracia, esa belleza,
Ese pié tan delicado,
Ese talle torneado,
Esa divina cabeza?
(Durante este diálogo, se va calmando Mariquita hasta
el grado de sonreírse, arrimándose al espejo).
¡Oh! pues hoy estoy muy mal,
Lo juro á fé de María.
D, Cárl
(animado). Esta usted. . . .angelical,
Adorable amiga mia.
(en el espejo). Mas, ¿no ve usted? esta flor
Está muy mal, ¡qué desgracia!
Mariquita, es un error;
Si la prendiera el amor,
No tuviera tanta gracia.
¡Y ese rizo tan hermoso!
El rizo está pasadero ....
¡Oh! muy bello, muy gracioso,
Todo, todo es delicioso.
El maldito zapatero
Nunca me sabe calzar:
Aquí caben mis dos pies; (mostrando los pies).
Si casi no puedo andar,
¡Oh! y usted se va á admirar:
El zapatero es francés!
¡Vaya! hermosa Mariquita,
No recuerde usted mi error,
Que el corazón me palpita;
Esa boca tan bonita
Hable solo del amor.
Pero si no soy francesa.
Pero es usted mexicana.
Es decir, tonta.
¡Traviesa!
Si ya digo que me pesa!
Es usted muy inhumana.
(al espejo). ¡Oh que trage tan mal hecho!
Me hace desairado el talle.
No tal: está muy bien hecho,
Palpitará mas de un pecho
Al ver su elegancia.
¡Calle!
¿Conque mas allá del mar,
Según lo que estoy oyendo,
Aprendió usted á adular?
No; pero es fuerza admirar
Prodigio tan estupendo;
¿Cree usted que es adulación?
Consulte usted á su espejo,
Verá que tengo razón:
Solo por moderación
Otras alabanzas dejo.
Vaya, brillante hermosura,
Pues hemos hecho la paz,
Colme usted mi ventura,
Oiga de esa boca pura
Un sí:
¡Y es usted tenaz!
¿Quiere usted que no lo sea,
Cuando su rostro he mirado?
¡Ojalá fuera usted fea!
¡Gracias! ¿habrá quién lo crea?
Yo estuviera sosegado,
22*
Pero su rostro divino,
Esos ojos brilladores,
¡Ay! este cutis tan fino (Tomándole una mano}.
Han fijado mi destino,
Y muriendo estoy de amores.
Míreme usted á sus pies, (Postrándose),
Alivie usted mi dolor.
(riendo). ¡Bravo! gracioso francés!
¿A una mexicana?
Es
El ídolo de mi amor;
Déme usted por Dios el sí,
O de pena moriré:
Mire usted, no estoy en mí,
Es fuerza morir aquí.
Amigo. . . .lo pensaré.
¡Oh qué respuesta tan fría
Para un pecho tan ardiente!
Por Dios, amable María,
Vuélvale usted su alegría
A este corazón doliente.
Pero si no puede ser,
Si está la plaza ocupada*
Un Iugarcito ha de haber:
¿Me verá usted padecer
Sin piedad? joven amada,
El séptimo seré yo
De la lista solamente.
No.
Pues el octavo.
No.
¿Ya el número se llenó?
Pues hágame usted suplente.
¿No me quiere usted dejar? (Queriéndose le-
(dentro). Blasa. vantar).
Perdí la ocasión;
Pero mientras vuelvo á hallar,
Esta prenda he de tomar,
Que alivie mi corazón.
( Quita á María un anillo de brillantes del dedo).
ESCENA VIII.
Dichos, Clarita.
Don Carlitos, buenos dias:
¿Sabe usted algo de nuevo?
¿Qué noticias corren hoy?
¿Se ha ocupado el ministerio?
¿Esa pauta de comisos
Se aprobó ya?
Nunca leo
Periódicos mexicanos.
Pues amigo, muy mal hecho,
Que todo buen ciudadano,
Debiera casi saberlos
De memoria: ¡venturosos
Fueran entonces los pueblos!
La imprenta, la imprenta sola
Es el ancla en que tenemos
Fundadas las esperanzas
De ilustración.
£>. Cárl. — Por supuesto.
Pensaba yo redactar
En periódico.
¡Muy bueno!
Y el artículo de modas
Desempeñarlo prometo.
¿Qué modas, amigo mió?
Si justamente pretendo
Criticar eso: si rabio
De ver nuestros diarios llenos
De vaciedades: ocupan
Una columnita, ó menos,
En el asunto importante,
Y lo demás en dicterios,
En insultos insufribles,
En avisos, y algún verso
Tan helado como inútil.
No señor, no es ese el medio
De ilustrar á los mortales:
Si copian, copien al menos
A Juan Jacobo, á Segur,
A Vattel, á algunos de estos
Cuyas magníficas plumas
Han escrito tanto bueno.
Esta sirviera de mucho,
O proponer al congreso
Alguna ley importante,
O hablar algo sobre fueros,
O los códigos antiguos
Arreglar, como el Digesto.
Me indigesta esa palabra.
Pues amigo, muy mal hecho,
Es un cuerpo muy antiguo.
Que lo lleven al Museo.
Sed fugit intere, fugit
Trreparabile tempo.
¡Bravo! bravo! Doña Clara, (Conteniendo la risa)
¿Parla usted latin?
Lo leo
Regularmente, y me agradan
Los clásicos. ¡Qué momentos
Paso leyendo á Virgilio,
A Cicerón, al modelo
De la elocuencia romana!
Vea usted qué trozo tan bello:
Quousque tándem abutere
Catilina.
(aparte, riendo), ¡Yo reviento!
Patientia nostra?
(con ironía), ¡Que hermoso!
Diga usted, ¿en los moderaos
Habrá una cosa tan grande?
Mas nada como aquel verso
De Ovidio: Cumsubscitillius. . . .
Vaya, vaya, me enageno.
Usted, hermosa Clarita,
Puede ocupar un asiento
En la cámara.
Mil gracias;
Algo hiciera de provecho:
No estuviera como algunos,
No mas calentando el puesto.
Yo no sé por qué injusticia
Se ha quitado á nuestro secso
Un derecho tan sagrado
Como legislar. Yo creo
Que lo hiciéramos mejor
Que muchos hombres; y luego
No encuentro razón alguna
Para no tener empleos
En otros ramos.
¡Bien dicho!
Como si solo el talento
Fuera esclusivo en el hombre.
Lo que es falso, porque vemos
En usted, que bien podia
Ocupar un ministerio.
Yo no lo digo por mí. • . •
Soy aficionada, cierto;
Pero nada mas.
¡Caramba!
Si estoy enchanW
Yo pienso (María, que se
ha estado viendo al espejo, entra en conversación).
En mis flores, en mis trages,
Y estoy contenta con eso.
Yo no he de estar mas bonita
Porque mande Juan ó Pedro:
Todo es lo mismo.
¿Lo mismo?
¡Jesús! qué poco talento!
No digas eso, María;
¿Qué no sientes en tu pecho
El amor patrio? Amor patriae
Como dijo. .. .No me acuerdo
Quién lo dijo.
Pero alguno
Lo dijo.
Sí, por supuesto.
ESCENA IX.
Dichos, Don Timoteo, Don Antonio.
¡Albricias, hijas, albricias! (Con un periódico
En esta noche tenemos en la mano).
Comedia nueva.
¿Es de Scribe?
O de Hugo?
Menos.
¿Es un Bodevil?
Tampoco:
No señor, no es nada de eso:
Es obra de un mexicano.
Puff. . . .¡Qué peste!
¿Qué tenemos, (A D. Carlos).
Que hace usted tan mala cara?
¿Por un mexicano? cierto
Que será un mamarrachon.
¿Por qué ha de ser, caballero?
¿Un mexicano no es hombre
Capaz de escribir en verso
Como cualquiera?
¡Oh! les falta
Todavía mucho tiempo
Para saber discurrir.
Gracias, por el cumplimiento.
¿Y usted qué es?
Yo? por desgracia
Soy mexicano, y lo siento,
Vergüenza me da decirlo,
Porque todo en este suelo
Está atrasado.
Sin duda:
Y la mejor prueba de eso
Es, que sufrimos, Don Carlos,
Muchos tontos, que debemos
Arrojar por los balcones.
Hay muchos.
Sí; por ejemplo
Usted.
¡Cómo! poco á poco:
Esplíquese usted.
Pues creo
Que hablo bien claro.
¡Caramba!
¿Sabe usted que no me dejo
Insultar? Yo ciño espada
Y aliento corage.
¡Bueno!
O el florete, ó la pistola.
Vaya, señores, ¿qué es eso?
Dejen ustedes por hoy
Las cuestiones.
Si no puedo
Reprimirme; no es posible.
Que hable mal un estrangero
De algún pais, es muy malo,
Pero señor, á lo menos
Si á la política falta,
No falta al deber mas bello
De un hombre, que es procurar
La fama, el nombre, el concepto
De su patria: yo me voy.
No.
No.
Dejemos
Cosas, Don Antonio.
*— Sí, yo también se lo ruego
A usted, y después acaso
Tratarán ustedes eso
Con calma.
Sí, sí, con calma,
Parole 6S honneur, lo prometo.
ESCENA X.
Dichos, Don Juan, Leonor.
(aparté), ¡Vaya! por fin respiro.
Oh Juanito, ¿aquí estás ya?
Leonorcita, ¿Cómo vá?
Me siento mucho mejor.
Si digo que hace bien
El aire libre.
Es verdad:
No hay como la variedad
Con un poquito de amor.
El semblante está mas bello,
Mas vivo, mas despejado.
¡Oh! con que usted se ha enfermado (A Leonor),
¿Y de qué?
Del corazón.
Nunca padezco ese mal:
Cuando mas de la cabeza.
Es verdad: no, de tristeza
No morirá usted.
Burlón.
(A Clara que se ha ido á sentar á leer).
¿Y usted qué lee, Doña Clara?
Una sesión importante,
Muy bien, muy bien: adelante,
Yo no quiero interrumpir.
(Pues todos en esta casa
Debieran ponerse en cura.
Cada uno con su locura,
Me da gana de reir.)
Amigo, ¿está usted cansado? (A D. Juo.;t\.
Un poquito, amiga mia.
¿Tiene usted melancolía?
Es usted de poco hablar.
Sí, Leonor, yo soy así,
Casi siempre estoy callado;
Si hablo mucho, creo que enfado.
¡Oh! no.
Mas vale callar.
¿Y qué, no le dá á usted gusto (Aparte á 1). An»
Contemplar cuadro tan bello? ¿o->i:ol
Todos están bien; en ello
Tengo gran satisfacción;
Es mi vejez venturosa:
Tres hijas, á cual mas bella:
¡Si cada una es una estrella!
(con ironía). Tiene usted mucha razón.
¿En qué piensas, hija mia? (A Lto/?:-r\.
¡Ah! ¿me hablaba usted? En nada: (Despuo: d>>
Tengo la vista clavada un rato).
Sin mirar.
(á D. Antonio), Esto ha de ser,
Según la esperiencia mia,
Que los dos están celosos:
Pronto serán venturosos.
Vamos, hijos .... (A ellosl
, 196
ESCENA XI.
Dichos, Doña Serapia.
A comer;
Ya la sopa está en la mesa.
¡Pues que viva la alegría!
Pasará usted un mal dia. (A D. Antonio).
Pero con satisfacción.
¡Eso siempre! Me parece
Que estoy en mis tiempos ahora.
¡Viva la buena señora!
Vamos, como procesión,
Usted, señor Don Antonio,
Dé á mi Clarita la mano:
si yo me afano (A Leonor).
Por darte el mejor lugar.
Usted, señor Don Carlitos,
A mi preciosa María;
Y yo á tí, paloma mia, (A Doña Serápia).
Hoy te debo cortejar. (Todos van dando á sus
compañeras el brazo, como lo indica el diálogo).
¿Te acuerdas de los piecitos? (A D. Timoteo)*
Bien me acuerdo: estás hermosa; (Riendo).
Si pareces una rosa.
Y tú un lirio, picaron.
Andiamo, andiamo.
A comer.
No me gusta el Don Antonio, (Aparte al salir).
Tiene cara de demonio!
Vamos. (Haciendo carabana).
Vamos, sansfagonl
Acto segundo
ACTO SEGUNDO.
ESCENA I.
Vaya, vaya, nunca vi
Un convite mas gracioso:
Cierto que ha estado chistoso:
¡Oh, qué bien me divertí!
Cada loco con su tema:
Con sus chuscadas María;
Clara, la sabiduría,
Y mi suegra con su flema.
¿Mas la heroína de amor?
¡Eso es lo mejor del cuento!
Casi de risa reviento:
— ¿Toma usted de esto, Leonor?
— No, Carlitos, me hace mal.
— ¿Pues de esto otro?— Nada, nada,
Está mi alma circundada
De una tristeza mortal.
Haciéndose desdeñosa;
Y tal vez en la cocina .
Se ha soplado una gallina.
Pero nadie mas graciosa
Que la vieja. ¡Qué tontera!
¡Qué barbarie! ¡Qué idiotismo!
Si no la oyera yo mismo,
Juro que no lo creyera.
¿Y Juanito? Hecho un patán;
Por nada pierde su calma:
¡Ay que Juan, si tiene una aliña,
Una alma, como de Juan!
En fin, he pasado un dia,
Si no bello como en Francia,
Comiendo con abundancia,
Y charlando con María.
Bella Mariquita, yo
Para adorarte nací;
Y me quedaré sin tí,
Mas sin la sortija, no, (Viendo el anillo.)
¡Oh prenda del amor mió!
En prueba de mi respeto,
Guardarte bien te prometo. . . .
Mañana en el Monte-pío.
¡Ay! ¿Quién te resiste, quién?
ESCENA II.
D. Carlos, D. Juan,
(que ha entrado algún tiempo antes, y ha oido los últimos versos)
Pues estará agradecida
Si te escucha, tu querida:
¡Bravo, Carlitos! ¡Muy bien!
Aprecias mucho el valor
De las prendas que te dan.
Yo sé aprovecharme, Juan,
De los dones del amor;
Y te aseguro á fé mia,
Que si así no hubiera sido,
Con tantas que he recibido,
Pareciera mercería.
¿Y no se puede saber
El objeto de tu amor?
¡Es una perla, una flort
¡La mas hermosa muger!
Cierto que es un poco dura,
Algo altiva y desdefiosa;
Pero vaya, es una rosa,
La reina de la hermosura.
¿Pero es mexicana?
Sí:
¿Pues qué pensabas que fuera?
Juzgué que alguna estrangera,
Pues nada te gusta aquí.
Nada me gusta, es verdad,
A escepcion de. las hermosas,
Los diamantes, y otras cosas.
Tú tienes mucha bondad.
¿Pero el nombre de tu bella
Cuál es por fin?
Mariquita:
¡Ay! mi corazón palpita
Al nombrarla.
¿Conque es ella?
¿Y estás muy adelantado?
tío; no mucho ciertamente,
Porque apenas soy suplente,
Pues la lista se ha llenado:
Siete propietarios son.
¿Y cuál será mi lugar?
No es fácil adivinar.
¡ Ay qué grande corazón!
Un corazón de oficina,
Donde hay muchos pretendientes,
Y cesantes, y suplentes;
¡Vaya una cosa divina!
Pero tú, por fin, Juanito,
¿Elegirás á Leonor?
Tiene un rostro encantador:
Tiene un cuerpo muy bonito.
Vamos, dímelo, maldito,
¡No he visto hombre mas taimado!
Eres, Juan, muy reservado;
Mas no lo seas conmigo,
Soy tu verdadero amigo,
Y estoy por tí interesado.
Vamos, di con claridad,
¿A cual de las tres prefieres?
A ninguna.
¡Cómo! ¿Quieres
Ocultarme la verdad?
Hablo con sinceridad.
¿Deveras? pues son hermosas,
Y ricas. /»,
Estas dos cosas,
Carlos, nwíbn suficientes.
¡Qué malditos pretendientes!
¿Qué buscan en sus esposas?
Clara es buena.
Tiene gracia,
Y un corazón escelente;
Pero si está eternamente
Hablando de diplomacia!
¿Conque aquesta es su desgracia?
Sí, Carlos, en mi opinión;
Habla de legislación,
De hacienda, de policía.
Ocuparse todo el dia
De Ovidio y de Cicerón,
Solamente por pasar
Por erudita; y en fin,
Disparates en latin
A todas horas hablar;
No se puede tolerar,
Amigo, en una muger.
¿Conque, no puede tener
Una joven instrucción?
Sí; pero no esa hinchazón
Que lo echa todo á perder.
¡Muy bien! mas de Mariquita
La hermosura....
Es una flor,
Que el vientecillo menor
La destruye ó la marchita;
No basta, no, ser bonita,
Ser graciosa y elegante,
Para tener un amante
Y fijar su corazón;
Es preciso discreción,
Y no ser tan inconstante.
La que solo piensa hacer
Diariamente una conquista,
Para tener en su listg.
Un nombre mas que poner:
La que no sabe querer,
Y pretende ser querida,
Pronto será conocida,
Y obtendrá en lugar de amor,
Desprecio; siendo el dolor
Patrimonio de su vida;
Aunque sea tan hermosa
Como el estrellado cielo,
Un acabado modelo
De las gracias, una diosa,
Yo no quiero para esposa
Una muger inconstante:
La que no tiene un amante,
Sino siete y un suplente,
¿Quién duda que de repente
Deje al marido cesante?
¡Bravo! mas si no te agrada
Por su inconstancia María,
La dulce melancolía
De Leonor. ...
Es demasiada:
Siempre se encuentra ocupada
En llorar.
¡Oh! sí, Leonor
Es un ente de dolor
Que se alimenta con llanto.
Si no derramara tanto,
Fuera sin duda mejor.
¿De qué me sirve tener
Una tan llorona esposa,
Que no piensa en otra cosa,
Que en suspirar y en leer?
No, Carlos, yo quiero ver
En mi amable compañera,
La sonrisa placentera,
La dulce sinceridad,
Y una sensibilidad
Moderada y verdadera.
Difícil de contentar
Eres, Juan: ¿mas no es aquella
Leonor? sí, mira qué bella;
Solos os voy á dejar. (Tomando su sombrero*
No, no; tengo que acabar (Deteniéndolo).
Cierto negocio, y así
Con ella te dejo aquí.
Eres, Juan, hombre muy frío.
Tú eres fuego, amigo mió;
Enamórala por mí. * v
Hasta luego. (Se vá\
ESCENA III.
Don Carlos.
¡Qué Juan! muestra una calma
Que no he visto mayor! ¿y quién pudiera
Al verlo así, pensar que de la Europa
Acaba de llegar? nada aprovecha
A ciertas gentes el viajar: en vano
Gastan en ver el mundo sus pesetas;
Van como en un baúl, vuelven lo mismo;
Siempre lo mismo, cuando no mas bestias;
Pero. . . .llega Leonor: jamas he visto
Mas llorona hermosura: no, con esta
Es preciso tomar otro semblante
Que con la Mariquita: ¡vamos, ea!
Dejemos un momento la alegría;
Ya soy otro hombre: la mirada inquieta,
Semblante melancólico, lenguaje
Lleno unas veces de calor y fuerza;
Otras dulce, estraviado, misterioso;
Un romántico en fin, á la moderna,
Un héroe de Dumas, ó Victor Hugo,
Un Antony, un Rodolfo. . • .mas ya llega;
Póngome en actitud de quien medita.
(Se sienta pensativo en un sofá).
ESCENA IV.
Don Carlos, Leonor.
(Sale leyendo Leonor, y se sienta en el mismo sofá en que está D. Carlos, sin verlo. Un rato de pausa).
D, Cárl
r-\Pue8 no repara en mí! ¡cómo se entrega
A la ternura! Si del mismo modo
Que se ocupa en romances y novelas,
Se ocupara en leer libros devotos,
Fuera santa Leonor, hecha y derecha!
Llamaré su atención con un suspiro. (Suspira)*
Otro mas fuerte. (Vuelve á suspirar).
Nada, ni por esas.
¡Infelice de mí! (Alto).
(Dejando de leer). ¡Qué voz! Carlitos,
¿Estaba usted aquí?
Sí, Leonor bella;
Pero no he visto á usted.
Ni yo tampoco.
Ocupada en mirar las cartas tiernas
De la sensible Julia, me encontraba
Muy lejos de este sitio; con qué fuerza
Saint-Preux, espresa su pasión terrible.
¿Mas qué milagro es este? ¿La tristeza
Aflige á usted, Carlitos?
Sí, señora;
Sí, Leonor adorable; mi alma llena
De amargura,...
^Amargura? es muy estraño
En usted ese humor.
Los hombres piensan
Que otro es feliz cuando en su labio asoma
La risa: ¡cuál se engañan! si pudieran
Descubrir los horrores, los martirios,
Los atroces tormentos que se encuentran
Bajo un rostro festivo!
¡Desgraciado!
¿Conque padece usted?
Horribles penas,
Que procuro ocultar bajo el semblante
De la felicidad.
¿Podré saberlas?
¡No, no; jamas! conmigo á mi sepulcro
Bajará mi secreto: ¡allí me espera
La dulce paz, asilo silencioso!
¡Único asilo que mi pecho anhela!
¡Cuándo por fin, bajo tu helada losa
Lograré reposar!
¡Tristes ideas!
Comuníqueme usted sus infortunios:
¿No ha conocido usted cuánto consuela
Confiar nuestros males á un amigo?
¡Muger encantadora! el alma tierna
De usted va á conmoverse y. . . . ¿mas qué digo?
Me arrojará tal vez de su presencia,
Cuando el velo se rompa que me cubre.
Me odiará usted.
¿Por qué? aun cuando fuera
El secreto de usted un negro crimen,
No le odiaré.
Pues bien, amiga bella;
Escuche usted mi desgraciada historia;
Penetre usted los males que me cercan.
En el asilo paterno
Pasaba alegre la vida,
¡No respiraba que gozo!
. ¡No probaba que delicia!
¡Ilusiones pasageras
Que duran tan pocos dias!
Es verdad, vea usted en Julia.
¿Julia, ó la nueva Eloisa?
Sí, señor; ¡la desdichada
Únicamente veia
En lo futuro placeres!
Mas prosiga usted.
¡Amiga!
¿Por qué no serán eternos
De nuestra infancia tranquila
Los instantes? Pero viene
La juventud, Leonor mia,
Y con ella los tormentos
Del amor; á nuestra vista
Se presenta este tirano
Como un niño, cuya risa
Nos engaña fácilmente;
Pero después su perfidia
Conocemos; es ya tarde,
Nuestra calma está perdida!
¡Perdida; sí, sin remedio!
Nunca olvidaré aquel dia,
En que vi por vez primera
Una hermosura divina,
Un ángel en el semblante;
Pero que ocultaba impía,
Un corazón inhumano:
Fué. . . .sí, fué en las Tullerías ....
Perdí mi calma al mirarla,
Y mi penetrante vista
Descubrió al fin su morada^
Me eché á sus pies, y creía
Ser ya dichoso: ¡inhumana!
Correspondió á mis caricias
Con palabras engañosas:
Sí, mi Carlitos, decia,
¡Cómo no amar á un Adonis!
(Pues todas, Leonor querida,
Me llamaban así en Francia).
¡Oh muger, muger inicua!
Mientras á mí me engañaba,
Supe que correspondía
A otro, y para mas vergüenza,
Para mayor ignominia,
Era mi rival un viejo
^Setentón, que no tenia
Esta pierna, ni este talle,
Ni este corazón, querida;
Este corazón amante
Lleno de honor: la barriga
De mi rival era inmensa,
Eran sus piernas torcidas,
Apagado el ojo izquierdo:
Nariz muy larga y raida:
Usaba siempre peluca,
Pues ni un cabello tenia»
Y lo que es mas, ¡oh tormento!
¡Oh colmo de la ignominia!
Era un clásico.
¡Qué monstruo!
¡Un clásico!
Ardiendo en ira,
Pido una satisfacción
A mi gordo antagonista:
Salimos al campo; el viejo
Conservaba todavía,
A pesar de sus achaques,
Una fuerza desmedida:
El esceso de corage
Me perdió al fin, y una herida
En el brazo de la espada
Recibí.
¡Suerte enemiga!
Desesperado resuelvo
Abandonar á la harpía
Que fué causa de mis males,
Y pasar siempre mi vida
Engañando á las mugeres.
Enamoré á una modista,
Luego á una vieja marquesa,
Después á una bailarina. • • .
¡Qué inconstancia!
Sí, Leonor,
Imaginé que podia
Vivir sin amar, ¡en vano!
Que los cielos me destinan
Otras penas; ¡ay! ¡qué poco
Mi corazón conocía!
Una beldad, una copia
Del cielo. . . .ved cuál palpita
Mi corazón: no, no puedo
Vivir en esta agonía;
Yo me abraso.
¡Desdichado!
Pronto acabará mi vida;
Pronto á la tumba bajando,
Terminarán mis desdichas.
¿Pero quién es el objeto
De vuestro amor? ¿Quién agita
De ese modo vuestro pecho? >
Decídselo á vuestra amiga.
Í). Cárl. — ¡Amiga, amiga! ¡oh tormento!
¡Palabra fatal! impía!!
¿Amiga? no. Para siempre
Adiós, Leonor! Compasiva
Derrame usted una gota
De llanto en mi tumba fría.
¿Pero no sabré?
Señora,
Señora, no mas ecsija
Usted que yo le descubra
Lo que en mi pecho se abriga,
¿Mi ya lánguida constancia
Por qué apurar? yo debia
Haber huido para siempre
De usted, fatal enemiga
De mi reposo: este objeto
Que idolatra el alma mia,
Este fuego en que me abraso,
Esta llama que me anima,
Es usted, sí, Leonor bella.
Desde aquel funesto dia
En que vi esos ojos bellos,
Esa boca purpurina,
A que presta mas encanto
Melancólica sonrisa,
Huyó mi razón: en vano
Ocultarlo á usted quería;
¡Era imposible! al instante
Que fijé en usted mi vista,
Olvidé mis aventuras,
Mi desafio, mi herida,
La crueldad de aquella ingrata,
•* La tienda de mi modista,
Los dones de mi marquesa,
Los pies de mi bailarina:
Todo, todo lo he olvidado,
Queriendo bajo la risa
Ocultar lo que padezco;
Pero en vano. . . .siempre fija
Aquí esa imagen preciosa. . . •
¡Carlosl
En mi fantasía
Está usted en todas partes:
En las calles, en la Viga,
La Alameda, Bucareli,
En el portal; hasta en misa,
Me parece que estoy viendo
Esa mirada divina,
Toujour! toujourf
Pero Carlos. • . •
Usted sin duda delira:
Yo pensé que usted amaba :
Á mi hermana.
¿A Mariquita?
No, Leonor; es muy ligera,
Es un papillom María,
Esto es, una mariposa;
Mi corazón necesita
Sensaciones mas profundas.
Pero como usted decia
Hace poco, que dos meses
Era constancia inaudita. • • •
Fué por solo disimulo,
¿Dos meses? ¡ay! una vida
Fuera, Leonor, un momento,
Para amar á usted: amiga,
Déme usted, déme su mano;
¿No siente usted cómo brinca
Este corazón?
Es cierto.
Una palabra la vida
Me dará, mi bien amada: (Arrodillándose)
Ma bien aimé, dona mia. . • •
- ¿En qué idioma decir puedo
Lo que tus ojos me inspiran?
Serás mi Julia, mi Clara,
Mi Pamela, mi Malvina,
Mi Andrómaca, mi Zoraida,
Mi Adelaide, mi Etelvina;
Y yo seré tu Abelardo,
Tu Polion, tu Osear, seria
Hasta trovador sin duda,
Si me amaras, ¿tanta dicha
No gozaré?
No, no Carlos,
Amo á Juanito.
(Levantándose despechado). ¡Áh! maldita,
Maldita mi vida sea!
Cálmese usted.
Decidida
Está mi suerte: un momento
De valor se necesita
Nada mas .... Adiós, señora,
Adiós; viva usted tranquila. ( Yéndose),
Oiga usted (se va á matar (Deteniéndolo).
Como Werter), de rodillas
Suplico á usted que no atente
Contra sus preciosos dias.
¡Levántate, ángel del cielo!
¿Tú postrada, tú abatida
A mis plantas? no; tú manda,
Haré cuanto tú me pidas;
Hasta el sacrificio inmenso
De vivir; pero á otros climas
Marcharé, Leonor, y solo
Por consolarme querría
Llevar conmigo una prenda,
Un souvenir.
¡Alma fina!
¡Cuánto engaña la apariencia!
¡Qué mal yo le conocía!
Sí, Carlitos, es muy justa:
Tal vez esta despedida
Será eterna: daré á usted
Alguna flor, una cinta,
Algún rizo de mi pelo.
Es mejor esta sortija, (Quitándole un anillo\
Que llevándola en mi dedo
La tendré siempre á la vista.
Sí, Leonor, hasta la tumba
Me acompañará. (¡Qué rica!) (Mirando el anillo).
Partiré, sí, estoy resuelto,
Dentro de muy pocos dias,
¿Pero qué voces? se acercan (Ruido dentro).
Los demás de la familia:
Es fuerza tranquilizarme;
Vuelvo pronto. Adiós, amiga.
(No es un comercio tan malo,
Dar suspiros por sortijas).^, (Se vá).
Pobre muchacho, me da
Su tormento compasión:
Mi sensible corazón
Se iba conmoviendo ya;
Pero es fuerza ser constante:
¿Qué se dijera de mí
Si cambiar pudiese así
De objetos en un instante?
Se contenta el pobrecillo,
Ya que no tiene mi amor,
Con engañar su dolor,
Llevando solo un anillo:
Haga el cielo venturoso
Su corazón, entre tanto:
Por él verteré algún llanto;
Mas no turbe mi reposo.
ESCENA VI.
Leonor, Clara, Mariquita.
Te lo repito, María,
También debe la muger
La política entender,
25*
Y las cuestiones del (lia:
¿Por qué tan solo el varón
A esto se ha de dedicar?
Yo puedo muy bien entrar
En cualquiera discusión;
Gracias á Dios, he podida
Los publicistas mejores
Entender, y no hay autores
Graves que no haya leído.
Horacio, el gran Cicerón,
Ovidio, Petrarca, Tasso,
Cervantes, y Garcilaso,
Mariana, Solis, Buffon,
Comedias de Moratin,
Burlamaqui, Pedarlieri,
De-Pradt, Humboldt, Filangien*
Por Dios que ya pongas fin
A esa lista interminable:
¿Es preciso acaso leer
Tantos libros, para ser
Una joven apreciable?
Tú con todos tus autores
No tendrás un solo amante;
Yo le conquisto al instante
Con mis rizos y mis flores:
Por las estampas no mas,
El No me olvides compré:
De mirarlas me cansé;
No le he vuelto á ver jamas*
Cantar, bailar y reir,
Debe solo la muger:
Esto se llama placer,
Y lo demás es morir.
¡Qué sistema tan fatal!
Pero ha de llegar un dia,
En que conozcas, María,
Que has heoho en esto muy mal:
Pensarás con madurez
En teniendo cierta edad.
Goce de mi mocedad
Mientras llega la vejez:
Entonces podré pensar
En lo que tú me aconsejas,
O como otras muchas viejas,
Me ocuparé en murmurar.
Pero por hoy todavía
Solo pienso en el paseo,
Los bailes, el coliseo.
¡Cuan feliz eres, María!
Nunca te he visto llorar,
No conoces el dolor.
¿Por qué afligirme, Leonor?
¡Quién te pudiera imitar!
¿Y tú qué ganas con leer
Cosas que te afligen tanto?
Hallo en el dolor encanto,
Hallo en el llanto placer.
A cual mas incorregible;
Predicar en vano fuera:
Una en estremo ligera,
Otra en estremo sensible.
Mi lectura seguiré (Toma un libro).
¡Oh qué tesoro es la historia!
Julia, vuelve á mi memoria. (Toma un libro.)
Yo, las estampas veré (Toma un cuaderno que ha-
En este diario de modas: brá sobre la mesa).
¡Qué bonito está este trage! . . . .
Estos adornos de encage
Le dan mucha gracia.
ESCENA VII.
Dichas, Don Timoteo, DoSa Serapia, Don Antonio.
(Observándolas desde la puerta),
Todas
Leen; ¡oh qué satisfacción!
Mírelas usted allí:
Vea usted el efecto aquí
De una buena educación.
¡Qué tal, si son de importancia!
Tiene razón de decir
Carlitos, que pueden ir
Al mismo París de Francia.
¡Muy bien, hijitas, muy bien!
Escelente ocupación!
¿Qué tal? (A D. Antonio, aparte)*
Tiene usted razón.
Dios me las conserve.
¡Amen!
¿Pero dónde está Don Juan?
fi Carlitos?
¿Q"é, se fueron?
Hace poco que salieron;
Pero pronto volverán.
¡Es dichosa mi vejez!
¿Quiere usted ver la instrucción (A D. Antonio
De Clara? una discusión. . . . aparte).
Juguemos al ajedrez.
Sí, sí;
Haber si sacudo el sueño
Viendo jugar.
El empeño
No era malo. — Usted aquí. (A D. Timoteo).
(Se sientan á jugar).
ilfarfa.— ¡Oh qué trage tan magnífico!
Tiene un estilo romántico;
Es precioso, elegantísimo,
¡Si tuviera yo uno igual!
¡A quién no le causa lástima,
Grecia, tu estado tristísimo!
¡Ya no eres hoy mas que un páramo!
¡Jesús, qué bonito schal!
¿Dónde está tu furor bélico?
¿Dónde tus héroes tortísimos?
Huyeron cual humo rápido,
Al soplo del aquilón,
ilfarfo.— Esto sí que está muy clásico;
Estos moños son feísimos.
Timoteo; ¡cómo, candido!
Jaque al rey; come el peón.
Es verdad; soy un autómata.
Pues Don Antonio es diestrísimo.
No tal.
¡Oh pueblo magnánimo,
Tu grandeza acabó ya,
Tus hijos, siervos tímidos,
Inclinan la frente lánguida,
Bajo un yugo despótico:
¿Y Leónidas dónde está?
En el sepulcro.
¡Mis lágrimas
Corren! ¡oh joven bellísima!
Pasaron como relámpago
Los placeres de tu amor.
Contra el destino tiránico,
Lucha en vano el hombre mísero,
La tumba es el puerto único
Donde se acaba el dolor:
Bajo su losa benéfica
Se goza un sueño pacífico;
La muerte es el solo bálsamo
Contra tanto padecer.
Ven, muerte; tu aspecto pálido
Llena mi pecho de júbilo:
Adiós, contentos efímeros,
Adiós, sueños de placer.
Europa, Europa, levántate,
Socorre á Grecia, apresúrate, .
En todo el mundo respétese
La libertad y la ley.
La negra sangre derrámese,
De guerra el estruendo horrísono
Se alce, y por do quiera escúchese
El grito de ... .
Jaque al rey.
Sí, sí, que resuene el cántico
De libertad.
¡Qué diabólico
Está este sombrero!
Víctima
Produce solo el amor.
Eres un sueño fantástico,
Felicidad.
¡Tronos góticos
De Europa, tocáis al término!
Este trage está mejor.
ESCENA VIII.
Dichos, Don Carlos.
Repito que no hay en México
Ilustración; son muy bárbaros,
Todo aquí es malo, malísimo;
Epouvantable: ¡qué horror!
Carlitos....
¡Estoy frenético!
¡Estoy rabiando de cólera!
¿Una mancha? ¡Santa Bárbara!
¡Una mancha!
¿En el honor?
Mejor fíiera; ¡oh calles pésimas!
En mi pantalón finísimo
Cortado en Paria. . ♦ . ¡Qué pérdida!
Qué pérdida, ¡santo Dios!
¡Oh mexicanos estólidos!
Pues es usted muy político:
Deje usted el tono trágico,
Y diga lo que pasó.
No se enfade usted, María;
Voy á contar el suceso,
Y verá usted si hay justicia
Para quejarme.
Acabemos.
Jaque mate, amigo mió;
He ganado á usted el juego.
Es verdad.
¡Hola! Serápia,
Te has dormido al mejor tiempo.
No me duermo, si ya he visto
Que te enrocaste.
¡Muy bueno!
Pues estás adelantada.
¿Y sales ahora con esto?
Si he ganado la partida.
¡Ah! ¿la ganaste? me alegro.
¿Aquí está usted, Don Carlitos?
Dio usted la vuelta muy presto.
Sí, señora, á pesar mió.
¿En qué quedamos del cuento?
No es cuento.
Pues será historia.
¿Historia?- ¿de qué?
Mi asiento
Voy acercando; me gusta
Oir historias: me acuerdo
Que leí hace veinte años
Los Doce pares. ¡Qué buenos
Y qué valientes señores!
Rajaban de medio á medio
Las peñas y los gigantes,
Como pedazos de queso!
Y el bálsamo milagroso,
¿No te acuerdas, Timoteo,
Que curaba las heridas
Como rasguños?
Dejemos
Que nos refiera Carlitos
Esa historia ó ese cuento
Que le ha pasado. Clarita,
Leonor, dejen un momento
La lectura»
Padre mió,
Tengo comprimido el pecho;
En verdad que necesito
De distracción.
Ya no puedo
Seguir leyendo esta historia
Sin llorar: ¡míseros griegos!
¡Pues vaya! fuera los libros,
Y á Carlitos escuchemos.
Si no es cosa de importancia;
Es un acontecimiento,
Un événement sencillo,
Aunque grande, ¡»i atendemos
A otra cosa.
¡Que cachaza!
Dígalo usted, y acabemos,
Que tengo mi genio vivo.
Como yo, ni mas ni menos,
Somos un couple dichoso!
¿Un cóuple?
Un par.
Yo me quemo.
Pues señor, salí de casa, • . •
María,
Bien, eso ya lo sabemos.
Ya estoy; pero es necesario
Un pétit ecsordio.
Bueno
Siga usted, por Dios.
Salia
Ocupado en pensamientos
Muy importantes: ¿qué cosa
Piensan que en aquel momento
Me ocupaba?
Algún romance.
O la Historia de los griegos.
O la de los Doce pares.
No señores; nada de eso;
Pensaba en que la otra noche
Estuve en un baile, de estos
Que aquí llaman del gran tono,
Pues, de gran tono. . . .por cierto
Que fueran en Francia nada. • . .
En Francia, que es un portento
En este ramo, no hay duda,
La Francia que es nada menos
La nación mas bailadora,
Que ecsiste en el universo;
Pues si la Italia ha logrado
Tener el lugar primero
En talentos de garganta
¡Ya escampa!
El francés ligero,
Es en el baile un prodigio.
¡Qué piruetas! ¡qué meneos!
¡Qué elegancia en las posturas!
¡Qué gusto en los movimientos!
Pero en fin, ¿en qué quedamos
De la historia?
No me acuerdo:
Como tengo tantas cosas
En mi cabeza, no puedo
/
Retenerlas todas: creo
Que hablaba á ustedes del baile
De la otra noche, ¿no es cierto?
Sí señor.
Pues como digo,
Ocupaba yo mi asiento
Junto á cierta marquesita
Que tendrá cuando menos,
Su medio siglo.
No es mucho.
* Si tenia algún talento,
Si alguna instrucción, ¿qué importa
Esa edad?
Pues yo prefiero
La juventud y las gracias:
Perdone usted si la ofendo
Por no ser del mismo aviso.
Vaya, Carlitos, ya veo
Que en tres dias no llegamos
Al desenlace.
%MH. ...
Lleguemos;
SPü vousplait.. . . Como decía;
Estaba yo muy contento
Mirando á mi marquesita,
Que sus descarnados huesos
Ocultaba entre brillantes,
Cuando de repente advierto
Una agitación muy grande
Y unos gritos descompuestos
Que clamaban: la Mazurca,
La Mazurca; y en efecto,
Se bailó la tal Mazurca;
Pero qué Mazurca, ¡cielos!
¡Horrendo mazurquisidio!
Ya no pude mas, y lleno
De rabia, dije: señores,
No es el baile verdadero
De la Mazurca, el que ahora
Ejecutáis. Ya sabemos,
Me dijo un elegantillo,
Que hay diferencias; mas, presto
La legítima Mazurca
Nos vendrá; pues al efecto
Un comisionado ha ido
A la Habana. ¡Bueno, buenoJ
Le respondí, y al instante
Me salí de allí, riendo.
'— ¿Pero quiefe usted decirme
Qué tiene que ver con eso
El lance de hoy?
Mariquita,
Espere usted un momento,
Que no soy foudre.
¿Qué cosa?
Que no soy rayo.
Comprendo,
Siga usted.
Cuando salia
Hoy de aquí, mi pensamiento
Estaba todo ocupado
De tan importante objeto.
Iba acordando el aire
De la música* y en esto
Sentí un empujón horrible
Por detras: el rostro vuelvo,
Y vi á un aguador maldito
Que me dice muy grosero:
Quítese, Don Alfeñique,
No estorbe con sus meneos
El camino á los que pasan.
Entonces de rabia lleno
Quise castigarle; en vano¿
Porque de cólera ciego,
No ví la losa de un cano
Que estaba floja, jr cediendo
Al peso, se hundió, llenando
De lodo mi pié derecho.
Y no fué poca fortuna
El no caer: ¡contratiempo
Fatal, que así me ha privado
Del pantalón mas bien hecho
Que se haya visto en Europa!
¿Y este era todo el suceso?
¿Y le parece á usted poco?
No es su valor el que siento:
Mas no sabe usted, hermosa >
Cuántos gloriosos recuerdos
Este pantalón tenia
Para mí; pues á él le debo
Muchas conquistas.
No he visto
Itombre mas fatuo.
D, Cárl
¡Y no tengo
Razones para quejarme
De este pais?
Por supuesto.
No hay policía, no hay nada;
El mas desdichado pueblo
De Francia, es mucho mejor
Que esta ciudad: si á lo menos
Fueran las gentes tratables!
Gracias por el cumplimiento.
Mariquita, yo esceptúo
Esta casa, donde encuentro
Ilustración y finura,
Sensibilidad, talento;
Pero yo hablo en general:
Aquí hay en el bello secso
Algunas caras hermosas;
Pero sin gracia. No puedo
Dejar de contar á ustedes
Un lance que ha poco tiempo
Me pasó con una joven.
jQué Carlitos! $s uu fuego*
Como tú cuando tenias
Su misma edad, Timoteo.
ESCENA IX,
Dichos, D. Juan.
Vamos, aquí está Juanito:
Llegas d propos: un asiento
Toma, y escúchame atento;
Es un lance muy bonito.
Siempre estás hablando.
Sí,
No lo puedo remediar:
Vaya! siéntate á escuchar.
Venga usted, Juanito, aquí.
Mil gracias.
Como decia:
Por la gran plaza marchaba
La otra noche, y me entregaba
A dulce melancolía;
Brillaba hermosa la luna
Como una bola argentée.
¿Qué es lo que usted dice? ¿qué!
No entiendo palabra alguna
De la tal lengua francesa;
¡Qué jerigonza del diablo?
Pues amigo, yo la hablo
Con mas gusto que la inglesa)
Es mas coulant, mas hermosa.
¿Mas qué?
Mas fácil, mas bella;
Instruiré á usted algo de ella.
Mil gracias.
Por fin; ¿qué cosa
Nos iba usted á decir?
Es verdad, se me olvidaba;
Por la gran plaza pasaba. . , .
W
ufaría.— Ya eso está.
Voy & finir:
De Catedral la banqueta
De gente se fué llenando;
Yo, con mi lente, pasando
Una revista completa:
Todos fijaban la vista
En mi frac de última moda;
Yí la concurrencia toda,
Et hice mas de una conquista:
Cuál al pasar yo, decia:
"¡Qué joven tan arrogante!"
"Es un francés elegante,"
La vecina respondía:
"Mira, mira la cadena
En que lleva el lente, hermana,"
Dijo otra . . • .
¿De aquí á mañana
Acabará usted?
Sirena,
No se enfade usted: preciso
Es contar los pormenores;
Pues, como digo, señores
Hombre, sé por Dios conciso,
Que ya es mucha pesadez
Ese continuo charlar.
Al punto voy á acabar.
Saldrá con una sandez.
En el paseo se hallaba
Con su familia una hermosa,
Tan fresca como una rosa:
Yo enamorarla pensaba,
Estaba de gracia llena,
De blanco lino vestida,
En mecerse entretenida
Sobre una dura cadena;
Ha poco la conocia,
Y á saludarla llegué:
A su lado me fijé;
Dispuse mi batería,
Y en un discurso elegante,
Y como mi pecho ardiente,
Le hice mi pasión patente
Declarándome su amante:
Por mas de un cuarto de hora
Escucharme parecía;
Fijos sus ojos tenia
En la luna brilladora:
Yo su respuesta esperaba,
O una lagrima siquiera,
Que venturoso me hiciera,
Y rendido la miraba.
Pero su meditación
Por nada se interrumpía,
Y le dije: amada mia,
¿Cuál es tu resolución?
¿Seré por fin venturoso?
¿Debo bendecir al hado?
¿O estaré al fin condenado
A no encontrar el reposo?
Deja de mirar la luna;
Vuelve á mí tus ojos bellos,
Que encuentre Carlos en ellos
Su placer y su fortuna;
Paga mi constante afán;
Ella entonces me miró:
¿Tres eclipses, preguntó,
Pone en este año Galvan?
¡Oh alma frígida, esclamé
Entre mí, cómo es posible!
¡Tan bella y tan insensible,
Tan tonta! yerto quedé.
D. 7%m. — Le hablaría usted en francés
Y por eso no entendió.
No, D. Timoteo, no;
Le hablé en castellano.
Pues!
Pero será castellano
Mezclado de esos méchants,
Y esos foudres y coulants¡
Y siempie se quedó á mano.
No señor, era el idioma
Que hablamos todos aquí:
Yo de pronto presumí
Que le gustaba la broma,
O que el romántico hablar
Al clásico prefería,
Y le dije: amada mia:
No me es posible esplicar
Este volcan, esta hoguera
Que siento en mi seno amante:
Mi corazón palpitante
Salir del pecho quisiera.
Muy temprano esta mañana
Por aliviar mi tormento,
Para mirarte un momento
Fui al frente de tu ventana;
Mas se engañó mi deseo;
La puerta estaba cerrada,
Tu aun estabas entregada
En los brazos de Morfeo.
Poco á poco, interrumpió,
Poco á poco, caballero,
Ya usted pasa de grosero,
¿Y he de sufrir esto yol
¿Yo dormir con D. Morfeo?
¿Yo en sus brazos entregada?
No señor, soy muy honrada,
Y no dar motivo creo
Para que traten así
De ajar mi reputación.
No conozco al picaron
Que usted me ha mentado aquí;
Sí, señor; yo soy doncella
Y muy bien lo saben todos;
Deje usted pues esos modos
De hablar. Basta, basta, bella,
Le dije, y sin esperar
Me retiré muy de prisa,
Pudiendo apenas la risa
En las calles sujetar.
¡Que Carlitos tan gracioso!
Se conoce luego luego
Que ha estado en toda la Europa,
Y en Paris; ¿ves, Timoteo,
Lo que aprovechan los viages,
Y no que ni hablar sabemos,
Ni contar cuentos graciosos
Los criollos, que jamas vemos
El mundo? No, yo te juro
Que si me quisiera el cielo
Dar otro niño . . . .
Es difícil!
Ya; pero hablo suponiendo;
Aunque mire usted: al cura
Del Sagrario ha poco tiempo,
Le oí hablar de una señora
De la Biblia, no me acuerdo
Si dijo que se llamaba
Clara, ó Lara; mas el cuento fué
Que parió muy grande.
Fué Sara, mamá.
Yo tengo
Mala memoria, pues, ahora:
Que cuando chica, en un credo
Como quien dice, aprendía
Cualquiera cosa: por ejemplo:
Nada mas que en quince dias
Aprendí los Mandamientos;
En diez y ocho los Artículos,
Y á los dos años y medio,
Ya sabia el Catecismo
De Ripalda todo entero.
Sin contar con que bordaba,
Cosía en blanco; un puchero
Componía, como dicen,
Que se chupaban los dedos.
Y bailabas, hija mia,
El Mambrum, que era un contento.
Y cantaba seguidillas,
Muy bonitas.
Bien me acuerdo.
Cuando tú me echabas ojos,
Picaron.
Sí, sí, ¡qué tiempos!
Pero mamá, ¿en qué ha quedado
Lo del niño?
Ah! si, pues bueno:
Como decia, si acaso
Tuviera otro hijo, á un colegio
De Europa, ó si no de España,
Lo mandaba en el momento
Que estuviera mancebito,
Aunque también yo recelo
Por otra parte, que allá
Lo hicieran herege.
¡Bueno!
¿Conque todos los de Europa
Son hereges?
Yo no veo
Que oigan misa, sobre todo
Los ángulos,
(¡Qué talento
Tiene la buena señora!)
Los anglos, mamá? (¡me quemo
De oir hablar á mi madre
Entre gentes, me avergüenzo!
¡Válgame Dios!. ¿de qué modo
Cortara yo en el momento
La conversación)? Señores;
Vamos nn rato á paseo
Al jardín.
* ¡Bravo, Clarita!
Después de table es bueno
Pasear.
¿Después de qué cosa?
De la mesa.
Sí, yo encuentro
La dulce melancolía
En las flores y en el viento
Embalsamado que corre
En el campo.
Bueno, bueno;
Vamos al jardín, y sirve
De hacer un ramito nuevo
Para mi peinado.
Hermosa,
Yo soy quien me encargo de eso:
Le haré á usted el mas hermoso
Bouquet.
Bu,... ¿qué?
Ramillete. (Viejo
Mas preguntón y mas tonto!
Siempre me sale al encuentro.)
Andiamo, andiamo.
Sí, vayan;
Yo con Juanito me quedo
A tratar de cierto asuntó.
Y usted, D. Antonio, espero
Que se quede con nosotros,
Pues estimo sus consejos.
Pues, vamos.
Vamos, vamos á paseo,
Que empiezo á sentir el cólico
Y el ejercicio es muy bueno. (Vánse).
ESCENA X.
Don Timoteo, Don Antonio, Don Juan.
Por fin, Juanito, ha llegado
El momento venturoso
De darte el nombre de hijo,
Que con tanto ardor deseo.
Habla sin rubor, declara
Sin disfraz tu pensamiento;
¿Cuál de mis hijas te agrada?
Dímelo, Juanito, luego.
Don Antonio es un amigo
De confianza, y los secretos
De mi casa le confio
Sin reserva alguna.
¡Cielos!
Llegó el momento temido!
Sí, Don Juan, yo aprecio
A usted, y estoy pronto
A servirle, si no puedo
En cosas de mas estima;
Siquiera con mis consejos.
Se halla usted, amigo, mió,
En un crítico momento:
Piense usted bien lo que diga;
Piense usted, que son eternos
Esos lazos; que es preciso
Hablar con franqueza.
Cierto:
Habla sin rubor, querido.
¿Cuál de mis hijas tu afecto
Ha ganado? dilo pronto:
Pon el colmo á mi contento.
¡Oh padre! si acaso el nombre
De padre, dar á usted puedo,
Cuando rehuso al beneficio
Que me propone: mas debo
Ser franco, y sufrir ahora
Su cólera y menosprecio,
O resignarle á pasar
Una vida de tormentos,
O á lo menos de fastidio,
Con una esposa de un g&fxip
Distinto del genio mió.
Perdone usted si le ofendo;
Sabe el cielo cuánto estimo
Ese cariño: cuan lleno
Mi pecho de sus bondades.
Prueba el agradecimiento.
Toda mi vida no basta
Para pagar lo que debo
Al que me ama como padre;
Pero señor, yo no puedo
Resolverle á ser perjuro.
¿Pronunciaré el juramento
De amor eterno á una esposa,
Cuando en mi pecho no siejjtto
Este amor? es imposible.
¡Imposible! ¿Conque debo
Renunciar la esperanza
Que alimentaba mi pecho?
Mas, dime ¿qué te disgusta
En mis hijas? ¿Qué defectos
Tienen que yo no he notada?
Yo las juzgaba un modelo
De perfeeeion.
Es preciso,
Amigo Don Timoteo,
Que escuche usted de mi .boca
La verdad, aunque su acento
Le parezca duro; acaso
Todavía será tiempo
De corregir unos males.
Que si tomaran mas cuerpo,
Incorregibles serian.
Lo he dicho á usted, y de nuevo
Lo repito. Usted adopta
Un gran error, suponiendo
En sus hijas, cual virtudes,
Lo que solo son defectos.
La falsa instrucción de Clara;
De Mariquita ese genio
Ligero que no se fija
En cosa alguna; el esceso
De la sensibilidad
De Leonor, Don Timoteo,
Son faltas, y faltas graves,
A que usted debiera cuerdo,
Haber atajado el curso;
Un hombre de juicio recto,
Elegirá por esposa
Una muger que cumpliendo
Su deber, cuide su casa:
Que cultive su talento
Con gusto: que si dedica
A la lectura algún tiempo,
No quiera pasar por sabia:
Que no esté siempre gimiendo
Por personages ficticios:
Que no ocupe su cerebro
Solamente con las flores,
Los bailes y el coliseo:
Ser sin ficciones sensible:
Ser instruida, sin empeño
De parecer literata.
La compostura, el aseo,
Usar sin afectación,
Y vivir siempre cumpliendo
Las dulces obligaciones
De su estado y de su secso,
¡He aquí una jóv^n amable!
He aquí, amigo, en mi concepto
Las virtudes de una esposa.
Usted sin duda está Heno
De bondad; su noble alma
Merece ser el objeto
De una constante ternura;
Pero escuche usted le ruego,
Los consejos de un amigo;
Corrija usted los defectos
De sus hijas, aun es dable.
Tienen un corazón recto,
Y escucharán de un buen padre
Los saludables preceptos:
Tal vez pronto corregidas,
Serán de todas modelo,
Y harán á usted verturoso,
Tanto, cual merece serlo.
Vaya, enjugue usted el llanto,
Que todo tendrá remedio:
Cuenta usted con un amigo.
Y cbn un hijo; yo espero
Merecer tan dulce nombre
Por mi cariñoso esmero;
Joven soy; aun es posible
Que de otro viage volviendo
Que voy á emprender ahora,
Y pague á usted lo que debo,
Halle en Leonor una esposa,
Tal como yo la deseo;
Si acaso usted, padre mió,
Me juzgare digno de ello.
Sí, Don Juan, Leonor es joven
De buen corazón, yo espero
Que si nuestro buen amigo
No desprecia mis consejos,
Será muy pronto una esposa
Inimitable.
Comienzo
A creer que usted, Don Antonia
Tiene razón.
¡Bueno, bueooi
Ya lo esperaba.
Juanito,
A pesar del sentimiento
Que tu conducta me causa,
Tienes razón, lo confieso;
Mas mi cariño es el mismo:
Jamas olvidarme puedo
De lo que debo á tu padre:
Y todavía, lo espero,
Te daré el nombre de hijo*
Sí señor, yo lo deseo.
Vengan los dos á mis brazos,
Que de esta manera quiero
Manifestar que aunque es dura
La lección, yo la agradezco'
ESCENA ULTIMA.
Dichos, D. Carlos, Doña Serapu, Leonor, María, Clara,
¡Bravo! bravo! esto va bien,
Ya tendremos desposorio;
¿Cuándo es por fin el casorio?
¿Quién es la dichosa, quién?
¿Conque habrá danse¡ festín;
Vaya, qué gusto tendré,
La Mazurca bailaré.
¿Cuál es la fianza por fin?
Ya están danzando mis pies.
¿A quién eligió?
Señora ....
¿A quién, á quién?
Por ahora,
A ninguna de las tres.